CAPÍTULO 30: LET'S GET READY TO RUMBLE!

 

This is the moment we’ve all been waiting for…

Let's get ready to rumbleeeeeeeeeeeeeeeee!

 

Ha pasado aproximadamente un mes desde que la mitad del planeta fue devorado por un vórtice sombrío.

La humanidad se ha adentrado en una zona de definición: ¿quemar las viejas creencias cualesquiera que estas sean y abrazar la nueva fe? O ¿rechazar la reciente oferta espiritual para construir algo mejor?

En la duela, las dos fuerzas se enfrentan. En medio, una nación desamparada busca salir bien librada.

La batalla ha iniciado y por supuesto que serás testigo de su desenlace desde cada uno de sus frentes.

En la bodega: equipo Gama vs El Conectes

Melgarejo, Manríquez y Ahsoka Tano entraron a la bodega seguidos por un escuadrón de rebeldes. Apuntaban en todas las direcciones. El lugar estaba completamente oscuro. La almirante de flota activó el interruptor de la pared y las luces se encendieron. En medio de una cuantiosa pila de cajas había un joven sentado en una silla. Algunos rebeldes se acercaron a revisar las cajas. Estaban abiertas. Adentro solo había protectores de unicel. Manríquez le apuntó al chico.

MANRÍQUEZ: ¿Dónde está el pinche gato?, ¿dónde está el tótem? —Pero al mirarlo de cerca lo reconoció—. ¿Eres Marco? ¿El Conectes?

EL CONECTES: ¿Cuál pregunta le respondo primero, señor? —Dijo con risa burlona.

MANRÍQUEZ: O nos dices dónde está el tótem o te vamos a obligar a que nos digas.

VOZ: ¡Ah! ¿Esto es una amenaza de tortura, oficial? —Desde las penumbras se escuchó una voz gruesa que emergía. Melgarejo apuntó inmediatamente y se sorprendió al ver quién hablaba—. Pero, ¿por qué me mira así, oficial? No es miedo lo que deseo transmitir, sino seguridad. —Prr Prr Cat abandonó las sombras para empaparse con la luz artificial. Tenía el tótem en su mano izquierda.    

MELGAREJO: ¡’Pérense, cabrones! No vayan a disparar. Tiene el tótem en las manos.

PRR PRR CAT: Sé que han venido por esta pieza tan singular. Lamentablemente no puedo entregarla. No debo permitir que caiga en manos equivocadas.

MELGAREJO: Ya está en manos equivocadas.

PRR PRR CAT: Pronto sabrás que no es así. De hecho, muy pronto. Los espero en la explanada. Está a punto de comenzar el espectáculo. Les encantará a todos.

La bestia tomó del hombro a El Conectes, quien continuaba con su cínica sonrisa. Ambos desaparecieron dejando en su lugar una estela de vapor.

Melgarejo se cansó de mentar madres. El equipo no daba crédito de lo que acababa de ver. Manríquez se comunicó de inmediato con la doctora. Cuando le informó lo que pasó Samantha exprimió lágrimas del coraje. Los científicos estaban a punto de caer en pánico. Mariano era el único que trataba de calmarlos a todos.

El equipo Gama se reagrupó. Mientras que los rebeldes querían ir a luchar, la mayoría de los especialistas abortó la misión cuando supo que la amenaza estaba cerca. Todos argumentaban que sería imposible recuperar el tótem. Ninguno de ellos quería quedarse a ver cómo Prr Prr Cat tomaba el control de la ciudad.  

La doctora no hizo ningún esfuerzo por retenerlos, únicamente jaló del brazo a un historiador para confirmar un dato que la tenía muy inquieta durante las últimas horas. Unos segundos después lo dejó ir. Los científicos bajaron de la nave y cada uno huyó como pudo. Solo ella y Mariano volverían a monitorear el radiotelescopio para seguir buscando la pieza.  

Samantha contactó inmediatamente a Rocco para saber qué había pasado puesto que tenía entendido que el enemigo había sido derrotado. El muchacho les contó con vergüenza su fracaso a los tres equipos. Se disculpó por haberles fallado, pero, sobre todo, por las sensibles bajas que sufrió la Alianza. Nunca se sintió tan valiente como cuando anunció las muertes del general Astro de Luca y el Capitán Clavel. Aunque la noticia ensombreció a todo el ejército, Adara Milakis le recordó algo importante al deprimido muchacho.

ADARA MILAKIS: Entiendo que has pasado por una cruenta batalla, supremo líder. Comparto el dolor de haber perdido a estos dos bastiones de nuestra alianza. No puedo ser indiferente a la tristeza que me produce saber que mi hermano sufrió una dolorosa muerte. Pero no olvides que nosotros somos ensoñaciones encarnadas. Nuestro verdadero plano existencial se encuentra en tu mente. Ahí nacimos y ahí siempre vamos a estar. Nunca nos perderás.

ROCCO: Lo sé, pero aun así me tortura verlos morir.

HARRISON FORD: Rocco, te hablo más como un amigo que como tu jefe de inteligencia. Afronta las consecuencias de la guerra. No puedes vivir el luto durante la batalla. Ya habrá tiempo para eso, pero primero tienes que sobrevivir. No te preocupes por nosotros. A las únicas a las que nunca volverás a ver si mueren son a las personas por las que estamos luchando. Mantén eso en mente y concéntrate puesto que nuestro enemigo se fortalece mientras tú te debilitas. Aún estás a tiempo de remontar esta partida.

El jefe de inteligencia no podía ser más acertado. Sus palabras calaron no solo en el supremo líder, sino en cada uno de los rebeldes. El chico intentó retomar su liderazgo repartiendo nuevas indicaciones.

El plan ahora era derrotar a Prr Prr Cat a toda costa. Las vías para lograrlo se reducían. Tendrían que apostar por los caminos más riesgosos. Además, todo se había complicado ahora que tenía la capacidad de estar en varios lugares a la vez.

En la cañonera de Rocco

El chico voló en su nave hacia una fragata que se encontraba estacionada a veinte kilómetros al noroeste de la televisora. Dejaría ahí a los guerreros heridos y los cuerpos de los asesinados. Pensó en que tenía que crear una medicina especial para curar a los que aún podía salvar. No estaba seguro de si sería capaz de algo así. Una vez que se encargara de eso, partiría rumbo a la Basílica.  

En la Plaza Mariana y el Zócalo

Las luces en ambas plazas se encendieron. Todo estaba listo para dar lugar a un gran espectáculo. Los escenarios eran similares a los de un megaconcierto. Los símbolos patrios y las imágenes religiosas fueron removidas; en su lugar se colocaron grandísimos mantos púrpuras con el emblema de la nueva fe. Los vendedores ambulantes hacían su agosto con la mercancía no oficial del naciente guía espiritual. Había pantallas gigantes, así como bafles apilados haciendo vibrar los suelos. El público reaccionó inmediatamente desde la primera llamada. Se oyó un enorme alboroto. Algunos gritaban de la emoción mientras otros lo hacían de nerviosismo.  

Dieron las 7 en punto. El momento de mayor expectación en la historia del país había llegado. Todas las luces se apagaron. Los públicos se conmocionaron. Muchos empezaron a corear las palabras “¡gato mágico!”. No había un consenso general para nombrar a la criatura. Los celulares de todos se elevaron al cielo. El sol perdía lentamente su brillo, se ahogaba en la negrura del espacio.

Las pantallas se encendieron. Se visualizó un gigantesco número 10 en ellas. Un estruendo reventó las bocinas. Comenzó una cuenta regresiva. La aglomeración acompañó el conteo con un coro grupal: “10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1…”. El 1 se quedó en la pantalla haciéndose más grande hasta cubrirla por completo. La locura invadió los escenarios.

Una luz cenital se encendió en medio de los templetes. Por fin, el personaje esperado por todos estaba a punto de hacer su aparición. Se oían unos tambores retumbar al ritmo del frenesí. De unas escaleras que estaban debajo de los escenarios lentamente fue ascendiendo una criatura de tamaño monstruoso. Inició una transmisión por internet. Arrancó con cien mil espectadores. Todo el país la sintonizaba, incluso, desde muchas partes del extranjero empezaron a conectarse para presenciar el fenómeno que ya se había vuelto viral. Ahora era un asunto de interés global. Sobre todo, los grandes líderes políticos y religiosos vigilaban el espectáculo.

El personaje continuaba ascendiendo. Portaba una enorme túnica púrpura con una capucha que velaba el misterio de su apariencia. Era de un material satinado que la mantenía reluciente, casi como si fuera de tonalidades plata. La capucha no dejaba ver ni el más mínimo ápice de su rostro. Parecía que el anfitrión era la mismísima Muerte. Ni manos ni pies se mostraban. Incluso algunos pensaban que no había nadie debajo.

El anfitrión al fin se paró en medio de los escenarios. La gente coreaba “gato negro”, “gato amoroso”, “el amor encarnado”, “Redentor”, “Salvador” y un montón de honoríficos que se le fueron agregando.

Dentro la Catedral: Barragán vs Aldahir

Ambos edificios sacros fueron encapsulados por una esfera similar a la que resguardaba el templo Alianza del Sinaí. Era imposible entrar o salir de ahí.

En las naves de la Catedral, las fuerzas del equipo Beta no cesaban la lluvia de blasters en contra de los humanos bendecidos por los dones del amor. Cada uno de los defensores se protegía con escudos color grafito adheridos en sus antebrazos. El interior había sufrido importantes daños. Esculturas religiosas de pasta de caña estaban hechas pedazos en los suelos. La hermosa sillería del coro había sido carbonizada por los puños de fuego que uno de los hermanos lanzó en la batalla.

Apoyado por unos propulsores integrados en sus pies de hierro, Noketzal Ijupi azotaba contra el órgano a un soldado rival. El hombre se defendía convirtiendo sus dedos en gruesas lianas para sujetar las extremidades del droide e intentar arrancárselas.

En el altar de los reyes, Harrison Ford esquivaba los afilados discos que una mujer le lanzaba con una especie de bazuca. Uno de ellos estuvo cerca de rebanarle la cara. Se clavó con sus orillas de sierra en la madera de cedro blanco y ayacahuite de estilo churrigueresco. El forajido lo miró de reojo a dos centímetros de su cabeza. Levantó la ceja derecha, hizo un aspaviento y cargó en contra de la peligrosa hermana.

Barragán iba de capilla en capilla buscando al cardenal. Cuando estaba cerca de revisar la última oyó un ruido que la alertó. Venía desde adentro. Desenfundó sus dos blasters para apuntar contra el altar barroco dedicado a los Santos Ángeles a cargo de San Miguel. Miró con desconfianza las siete estatuas doradas que tenía enfrente. El ruido volvió a inquietarla. Se oía como si un hombre amordazado pidiera ayuda. Revisó debajo de cada banca y en cada rincón, pero no encontró nada. El hombre murmuró más fuerte. La policía le dio entrada al nerviosismo. Los vellos erizados de los brazos le advertían que algo andaba mal. Si había un prisionero en esa cámara, si era el cardenal, evidentemente no estaría a la vista. Buscó pasadizos secretos o puertas falsas en las paredes. Se sintió ridícula por recurrir a artilugios sacados de la fantasía fílmica. Percibió un movimiento en lo alto de la pared derecha. Con sus manos enfundadas en unos guantes de carnaza apuntó el par de cañones hacia una enorme pintura sacra. No le despegó la vista en ningún momento. Creyó haber encontrado al enemigo. No sabía cómo, pero estaba ahí, en las paredes.   

BARRAGÁN: No, papi, te juro que no me la vas a aplicar —dijo en voz alta con la seguridad de ser escuchada.

Podíamos verla de perfil con la vista clavada en el muro, pero poco a poco su rostro se fue desenfocando para clarificar lo que sucedía en el altar. La estatua de San Miguel perdió su rigidez. El arcángel extendió sus alas y voló contra la joven uniformada. Barragán estiró su brazo izquierdo para descargar un disparo, pero la superficie del cuerpo de su enemigo lo rebotó hacia ella; tuvo que esquivarlo dando una marometa en el suelo. Se recargó sobre una banca y apuntó de nuevo, pero se arrepintió al pensar que sus impactos no le harían ningún daño. El jefe de los ángeles se pitorreó con la desventaja de la chica. Estaba tan confiado que quiso echárselo en cara.

ALDAHIR: Qué pena que ni con un arma tan avanzada puedas lastimarme.

BARRAGÁN: ¡Chinga tu madre!

ALDAHIR: Óyeme bien, escuincla majadera, estás frente a uno de los capellanes de la Fe. Nuestro maestro nos ha brindado dones superiores a los de nuestro rango. Veme respetando o me vas a obligar a tratarte mal. ­—La estatua juntó sus alas. Descendió al suelo y se aproximó a su rival, quien yacía en el piso.

BARRAGÁN: A mí me vale tremenda verga. Yo hablo como se me hinchen los ovarios. Me da igual que seas una estuatua de bronce o un viejo hediondo.   

ALDAHIR: Tengo la habilidad de adoptar la forma de cualquier superficie que toque. Ya sea una escultura, una pintura o una pared. Prácticamente me puedo escabullir en cualquier momento.

BARRAGÁN: ¿Quién chingados te preguntó?, ¿te hago un mole o qué? No creas que somos tan pendejos como para venir a enfrentarlos nada más con estas pistolitas. El padrino Rocco también nos dio poderes.  

Aldahir la tomó del cuello. A la novata le lastimaron sus dedos rígidos. El hombre ángel la levantó, pero en ese momento Silvana lo sujetó del antebrazo con sus singulares guantes, los cuales se iluminaron de un rojo color lava y perforaron con un calor endemoniado la extremidad de la estatua. El capellán aulló de dolor. El antebrazo se rompió casi a punto de desprenderse. Barragán lo arrancó rápidamente y pudo zafárselo a tiempo ya que la alta temperatura también la estaba lastimando. Quedó con quemaduras leves en su cuello, pero a salvo, a diferencia de su contrincante, quien volvía a su forma humana retorciéndose por el suplicio de haber sido mutilado. Barragán lo tomó del tobillo arrancándole un lamento. Mientras el calor le derretía el hueso le dijo lo siguiente:

BARRAGÁN: Le dije, pinche ruco, que nosotros también teníamos con queso.

En la sala capitular, Videl volaba con ayuda de un jetpack que a la vez disparaba balas de distintos calibres desde los mandos. Su objetivo era una escurridiza Rosario que tenía un manejo envidiable de los escudos color grafito. Yeti, con una pantalla en sus googlees, seleccionaba los tipos de bala girando una rondana desde su mando izquierdo. Pensó en arrojarle esta vez una granada. El cañón de su mando derecho se hizo más amplio. No era un tipo meticuloso. Arrojó la bomba sin miramientos, pero de inmediato se vio rodeado por un laberinto de espejos. La granada los hizo estallar. Buscó a la capellana entre la lluvia de pedazos, mas se vio rodeado por nuevos cristales. Para su mala suerte tendría que ayudarse de su escasa astucia si quería ganar el encuentro.  

Dentro de la Basílica: Dorantes vs El Suricato

Mientras tanto, el equipo Alfa lidiaba con sus propios demonios. La enorme imagen de la Virgen de Guadalupe era testigo del sangriento enfrentamiento entre ensoñaciones y personas. Los disparos láser se impactaban sobre el mármol del altar mayor. Freya Leonore dirigía las acciones en la nave central. Apoyándose en un bastón de dos metros con las puntas en llamas, peleaba hábilmente con los poderosos hermanos. La capellana Dalia, que tenía el don de hacer levitar cualquier objeto, le arrojó las geométricas lámparas hexagonales del techo, pero Geraldine la rescató al destruirlas todas con los disparos de una moto voladora que conducía con algo de miedo.  

Corriendo por las criptas del sótano, Adara Milakis y Jar Jar Binks buscaban al cardenal. El gungan usaba La Fuerza para someter a los enemigos y hacerlos hablar. Se toparon con Martín, quien se había recuperado del golpe que le asestó Dorantes y estaba dispuesto a manipular las losas de los nichos para usarlas en contra de sus enemigos. El profano caballero formó un sinfín de picos al moldear las piedras a su gusto. Cuando los arrojó hacia los rebeldes, ambos activaron el modo incorpóreo de sus trajes. El capellán los perdió de vista.

MARTÍN: ¿Dónde andan estos cabrones?

ADARA: Impresionante demostración de tu habilidad. Creo que ya sé para qué nos puede servir.

El muchacho recibió un disparo aturdidor en el cuello que lo dejó sacudiéndose en el suelo. Adara se volvió visible de nuevo. En la mano izquierda portaba un aturdidor que Rocco le entregó antes de la batalla.

JAR JAR BINKS: ¡Tusa muy intrépida!

ADARA: Los que fuimos elegidos por La Fuerza debemos hacer gala de nuestros instintos más aguerridos, Jar Jar. ¡Rápido! Contrólalo para que nos lleve al jefe sacerdotal.

En el exterior del edificio, Dorantes se encontraba cerca del escenario. Llevaba un rato siguiéndole la pista a El Suricato. Aunque no estaba muy contento con usar la tecnología onírica de Rocco, sabía que la única forma de acercarse al capellán era sin ser visto. Caminaba invisible, pero haciendo ruido a cada paso. Afortunadamente para él, el escándalo del evento le permitió colarse hasta la zona de backstage. Encontró a un montón de profesionales vestidos con túnicas al pendiente de cada detalle del escenario. Se sorprendió al ver lo bien estructurada que estaba una organización de reciente surgimiento. Encontró a El Suricato bromeando escandalosamente con un miembro del staff. Apostó por su 9mm en lugar de un blaster. Nadie le iba a decir cómo hacer su trabajo. Miraba la cabeza de su objetivo por encima del cañón. Jaló del gatillo con la certeza de que había apuntado a la perfección. En realidad lo hizo, pero tanto él como su disparo se trasladaron al edificio de la Antigua Basílica en un segundo. La bala se alojó en una de las pechinas de la cúpula debido a que el oficial se resbaló por la inclinación del suelo. No tenía la certeza de qué había pasado, pero sabía que era el momento de cambiar el cartucho.

EL SURICATO: Usté no sienta frío hasta no ver pingüinos, maestro.

DORANTES: ¡Bruh! ¿Quién dice que “tengo frío”, pinche naco? ¿Te vas a rifar como hombre o me vas a querer chingar con tus truquitos de magia?

EL SURICATO: No, jefe, aquí estoy. Siempre dando la cara. —Salió detrás de una columna. Vestía una túnica distinta con unas letras bordadas en la espalda que decían “capellán”. Se plantó frente al oficial con una actitud retadora—. Huevos son los que me sobran. Nada más que nos saqué del escenario porque no nos van a venir a tumbar el bisne que llevamos días planeando. Si quieres que nos rompamos la madre va a tener que ser aquí.

DORANTES: Yo soy un hombre de Dios y no voy a mancillar la casa de mi Señor. ­—Se persignó mirando hacia el altar—. Así que, ¿por qué no mejor nos llevas al cerro del Tepeyac?

EL SURICATO: Ah, ja, ja, ja. ¡Eso! Pinche don. Esa es la raza que me agrada.

Dorantes fue complacido con el cambio de escenario dejando a la antigua sede a solas con sus imágenes.

En las plazas

De vuelta a los escenarios, después de pararse sin hacer nada durante unos minutos, el personaje del momento se llevó lentamente las manos a la cabeza. Al levantar los brazos, las mangas se recorrieron dejando ver un poco de su pelaje blanco como la nieve. La gente enloqueció al verlo. Para ese momento la transmisión ya tenía un millón de espectadores. Por momentos la imagen se congelaba. El individuo colocó las garras en la capucha. Rechiflas y gritos vibraban en el fondo. El público se mantuvo expectante. Lentamente bajó la tela satinada dejando ver una regia melena marrón, casi color bronce. La espectacular corona peluda era tan abultada como un penacho. Coronaba un rostro similar al de un león. Nadie lo podía creer. Era un león negro con brazos blancos moteados parado en dos pies. Los que veían el streaming se llevaron las manos a la boca por el impacto. La cámara hizo un close up a su rostro. Algunos decían que era una máscara, un disfraz muy realista, pero la precisión de sus facciones feroces asustaba. Respiraba majestuoso aún con las manos en la capucha. Portaba una especie de diadema con micrófono como si fuera un artista de clase mundial. Para despejar dudas, rugió como nunca arrancando el bullicio de su público. Después comenzó a hablar.

PRR PRR CAT: Buenas tardes a todos, a los aquí presentes y a los que nos miran desde otras partes del mundo. —Su impactante voz instauró un silencio sepulcral—. Por favor, que no los distraiga mi apariencia. Es lo de menos. Lo importante son mis palabras. Lo que diré a continuación es importante para todas las personas que vagan por el mundo en busca de amor. Si tú tienes la necesidad de ser amado escucha mi mensaje. El amor es una fórmula intrínseca al ser humano. Intrínseca a la vida. Somos capaces de manifestarlo de muchas formas. Es un sentimiento al que no podemos escapar. Sin embargo, todo tiene su contrapeso. El odio nació con la intención de acabar con el amor. Es nuestro principal obstáculo. El odio es tan perenne como el amor. A pesar de eso, yo soy un creyente. No creo en deidades. Creo en un mundo en el que el amor se sobreponga al odio, en el que la gente aprenda a amar, en el que nadie se quede sin recibir ni una pizca de este sentimiento tan hermoso. Soy un enamorado del amor. Mi creador a quien le debo todo, aquel que me dio esta misión, me creó para salvarlo del odio que lo atormentaba dentro de su mente. Él es una persona noble con un enorme sentido por la justicia. Podrá ser un idealista, un soñador, pero no un ingenuo. Él me hizo saber que su mundo estaba rebasado por el odio. Guerras, violencia, conflictos, abusos. Tristemente los humanos se odian entre sí. Existe un organismo esencial en la historia de la humanidad. Se supone que su misión es aliviar las pericias de los hombres. Estoy hablando de la religión. —Resonaron miles de abucheos. A través de la transmisión, los líderes religiosos en todo el mundo empezaron a temblar. Las palabras del felino, dobladas en inglés por un traductor oficial, sonaban amenazantes—. Sí, yo sé que la religión ha sido importante para el desarrollo de la humanidad, sin embargo, al ser dirigida por personas sometidas por el odio está condenada al fracaso. Tardaría días en enlistar los horrores que se han cometido en nombre de la religión. No vengo a perder el tiempo acusándola. Hace mucho que sus líderes fueron desenmascarados. ¡Vengo a abolirla! —La gente vitoreó fervientemente el discurso. A pesar de eso, había algunos cuantos presentes que se mostraban inconformes.    

UN HOMBRE DEL PÚBLICO: ¡Pinche monstruo loco! No te metas con la religión. —Estaba muy cerca del escenario en la Plaza Mariana. La bestia lo escuchó claramente.

PRR PRR CAT: No, amado mío. Te equivocas. La religión se metió contigo, con tus ancestros. Se meterá con tu descendencia si no la detenemos.

UNA MUJER DEL PÚBLICO: ¡Eres un monstruo! No confiamos en ti. La religión a mí me salvó la vida. No vengas a lavarnos el cerebro.

PRR PRR CAT: No juzgo las experiencias individuales. Las excepciones existen en todo lugar. Sin embargo, los aciertos aislados no anulan el daño generalizado que ha dejado la religión en el mundo. Pero si no me crees, te daré un pequeño ejemplo de lo que es capaz el odio religioso.

Prr Prr Cat fue tras bambalinas. Apagó un momento su micrófono. Se acercó con algunos asistentes. Les hizo una señal. Al parecer ordenó que le llevaran algo. Rocco, que escuchaba todo por los intercomunicadores, aprovechó la pequeña pausa.

En la cañonera

El supremo líder se encargó de crear un medicamento capaz de curar cualquier herida. Era una tableta diminuta que se ingería fácilmente. Los guerreros sobrevivientes la tragaron. En segundos recobraron su salud. Se culpó por no haberlo hecho antes de la batalla. Tenía tantas cosas en la cabeza, tantos planes, tantas improvisaciones. Jamás había hecho algo así. Evidentemente habría cosas obvias en el papel que un muchacho de su edad pasaría por alto en una situación de crisis, pero ni así dejaba de culparse.

Narciso, Amapola, Cempaxúchitl y una docena de guerreros más recibieron la noticia de sus muertos con tranquilidad. Ellos estaban acostumbrados a ver la desaparición de sus connacionales con frecuencia. Se ofrecieron a ayudar al supremo líder en la batalla decisiva. El chico agradeció su lealtad. Recibió una llamada de auxilio del equipo Beta y tuvo que cambiar su destino a la Catedral.

Dentro de la Basílica: Geraldine y Freya vs Dalia

Geraldine seguía teniendo problemas para manejar su moto voladora, sin embargo, Freya le agradeció el haberla salvado protegiéndola de Dalia. Al ver que las bancas o las lámparas eran fáciles de rechazar por las chicas, la capellana decidió que tenía que ser más agresiva. Destrozó cada una de las vidrieras que se encontraban en los muros del edificio. Geraldine no ocultó el pavor que le provocó verse rodeada por un centenar de trozos vidrio. Freya se forzaba a improvisar un plan para proteger a ambas. La hermana lanzó la primera tanda. Freya subió a la moto de Geraldine, movió el volante con todo y las manos de la chica para elevarse hasta el techo. Los pedazos chocaron entre sí. La hija del hombre ciego enfureció tanto que envió una tanda más numerosa a perseguirlas. La soldado rebelde tuvo que conducir el vehículo hasta una de las lámparas que estaban en el suelo. Le indicó a Geraldine que saltaran dentro de ella. Ahora estaban protegidas de los vidrios, pero lejos de poder contraatacar. A Dalia se le ocurrió una idea macabra: manipuló el aluminio del refugio de las chicas para aplastarlas dentro. Cuando la rebelde notó que las paredes se contraían colocó su bastón en medio para detener el aplastamiento. Sabía perfectamente que no resistiría mucho. Geraldine, muerta de miedo, no tenía idea de qué hacer. Mientras el arma se tensaba, la chica pensaba en que la actual batalla no era nada parecida a la que libró en la dimensión onírica. El peligro del mundo real aterra a cualquiera. No dejaba de repetir la frase “no debí haber hecho esto” con los labios temblorosos. La soldado le colocó una mano en su hombro. La chica se sobresaltó. Cuando la volteó a ver vio a la confiada rebelde sonreír con una paz inverosímil.

FREYA: Geraldine, recuerda que nosotros somos prescindibles, ustedes no. De ninguna manera voy a permitir que te pase algo.

GERALDINE: ¿Qué quieres decir?

FREYA: Desenfunda tu blaster.

GERALDINE: Mi… ¿Mi blaster? ¿Para qué?

La rebelde lo desenfundó por ella. Se lo colocó en las manos. Las levantó para que apuntara hacia el frente. El bastón comenzaba a quebrarse. La hermana juntó una cincuentena de vidrios mientras mantenía la presión y caminó hacia la lámpara.

FREYA: Cuando llegue el momento vas a disparar.

GERALDINE: No, no, no, no sé cu… Cu… Cuándo será el momento.

FREYA: Claro que lo sabrás. Eres muy inteligente.

GERALDINE: ¡Espera! ¿Qué haces?

Freya usó su hombro para empujar con todas sus fuerzas uno de los muros interiores de la lámpara. El objeto se tambaleó, pero no cedía. Lo intentó una vez más. La cazadora intuía lo que planeaban hacer. Saltó hacia atrás para alejarse de la enorme lata. Se alistó para lanzar los vidrios. Geraldine no sabía exactamente qué planeaba hacer la soldado. Freya Leonore embistió una tercera vez contra el interior del objeto hexagonal. Luego repitió. Una vez más. Otra y otra hasta que la enorme lumbrera geométrica dio atisbos de vencerse. Entonces las paredes de aluminio y cobre fueron castigadas con la frenética embestida de la mujer ensoñación. Ineludiblemente se vino abajo. Las chicas tropezaron. El bastón se partió a la mitad. Los focos de la lámpara se quebraron provocando una lluvia de chispas. Había humo por doquier. El hueco superior de la lata quedó frente a la hermana. Inmediatamente envió el conjunto de cristales. Freya se puso de pie. Cubrió con su cuerpo a Geraldine. Ofreció su carne para alojar la mayoría de los pedazos. Otros se estrellaron en el fondo de la lámpara. Con el cuerpo totalmente perforado utilizó su último aliento para voltear a ver a su protegida.  

FREYA: Este es el momento, Geraldine.

Mientras la audaz rebelde caía agonizante al suelo, Geraldine usó la furia como un resorte. Se levantó y disparó una ráfaga de láseres con su blaster. El odio hacia su oponente barrió con la cobardía que la paralizaba. Dalia intentó protegerse con otra lámpara, pero no tuvo tiempo de arrastrarla hasta su posición. Los disparos la hirieron de gravedad. Geraldine escapó de la lata. Todavía disparó una ráfaga más sobre el cuerpo reptante. Una vez cumplido su objetivo, se dejó caer sobre su salvadora para llorarle por el sacrificio. Entendió perfectamente a qué se refería Rocco cuando habló del dolor que causa ver morir a una persona tan valiosa aunque pueda renacer en sueños.   

El resto del escuadrón Alfa sometió a los enemigos. La protección en la Basílica se esfumó. Los rebeldes le indicaron a Geraldine que debía salir a detener a Prr Prr Cat. Dos twi´leks se quedaron cerca del cuerpo de Freya, mientras, el resto del ejército acompañó a la chica aún perturbada por la pérdida hacia el escenario. Pero el arribo de una nave se interpuso en su camino. El equipo Gama llegó para apoyarlos. Ahsoka Tano descendió junto con un grupo de rebeldes para ofrecerle su ayuda a Geraldine. La doctora les avisó por el intercomunicador que había hallado la nueva ubicación del tótem. Al parecer estaba en el sótano de la Basílica. Mientras Samantha, Mariano, Usurpador, Melgarejo y Manríquez se dirigían hacia las entrañas del santuario, los demás tendrían que ir a pelear con la amenaza. Los equipos estaban a punto de partir cuando Rocco los detuvo.

ROCCO: Escúchenme todos. Estamos llegando a la Catedral. Ya no nos quedan opciones. Tenemos que hacer la formación Omega ahora. No importa quiénes estemos. ¡Es imperativo terminar con esto!

Ascendiendo por las escaleras de los pasillos, Adara, Jar Jar Binks y Martín, controlado por el gungan, se dirigían hacia la Cripta Guadalupana donde estaba maniatado el cardenal. El capellán fue obligado a revelarles la ubicación. Al llegar, encontraron al pobre hombre implorando su rescate con las palabras ahogadas por una mordaza.  Adara les comunicó a todos que habían recuperado al líder católico. Rocco les ordenó salir del sótano lo antes posible.

En el interior de la Catedral: Harrison Ford vs la Hermana Tempestad

El forajido galáctico lidiaba con la desagradable sensación de sudoración. No entendía cómo los humanos soportaban empaparse durante la actividad física. La hermana de la bazuca lanzadiscos lo tenía corriendo la milla. Al reconocer el cansancio como desventaja intentó negociar con su perseguidora.

HARRISON FORD: Ok. ¡Suficiente! Jovencita, no puedo seguir haciendo esto. Te tengo una propuesta.

La chica no se molestó en responderle. En lugar de eso lo golpeó en el estómago con su arma. El hombre recién encarnado estrelló sus glúteos en el suelo.

HARRISON FORD: ¡Ay! ¡Maldita sea! Todo duele. Ahora veo por qué los hombres son tan infelices. Jovencita, baja tu arma. Te aseguro que te fascinará lo que estoy por ofertarte.  

Con la sangre más fría que las cordilleras de Plutón, la creyente del amor accionó el gatillo de su bazuca sin mediar palabra. El disco de sierra se frenó con el mármol que recubre el suelo. Trazó sobre el viento finas tiras de sangre que aterrizaron segundos después de él. El jefe de inteligencia no sintió la mutilación, pero alcanzó a observar cómo su brazo moría sobre la sagrada superficie del santuario. Acostumbrado en su realidad de origen a ver escenas semejantes todo el tiempo, no le dio importancia hasta que su sistema nervioso instauró un dolor infernal por todo su cuerpo. Mientras el forajido recorría su rosario de lamentaciones conteniendo la hemorragia con su mano, la mutiladora se percató de un detalle importante.

HERMANA TEMPESTAD: “Jovencita” nada, pendejo. Me dicen la Hermana Tempestad y soy aspirante a capellana. Te voy a matar para ganarme ese puesto. Deja de retorcerte y no te muevas. Espera, ¿tú no eres...? ¿Eres el Indiana Jones?

El lacerado líder rebelde no perdió ni un solo segundo más y tomó su blaster para aprovechar la distracción. La joven creyente del amor cayó de espaldas con los ojos en blanco. Su cráneo rebotó dos veces en el suelo hasta que su cabeza quedó inmóvil permitiendo visualizar el gris de la loseta a través del agujero humeante dibujado en su frente.

 HARRISON FORD: ¿Indiana Jones? ¡Ah! ¡Ah! De haber sabido le hubiera ofrecido un autógrafo primero.

Con el brazo que le quedaba sano envió una señal a Rocco para que fuera a asistirlo.  

Videl vs Rosario

Videl se fastidió de aniquilar espejos. Nunca había odiado tanto su reflejo como en ese momento. Pensaba que Rosario pronto lo contraatacaría, pero habían pasado algunos minutos y solo lo tenía entretenido lidiando con los laberintos. Se ofendió por no ser considerado un oponente serio. Mientras se cansaba de que jugaran con él, su intercomunicador se encendió avisando que el canal de Rocco estaba activo. Escuchó la orden de realizar la formación Omega.

VIDEL: No. No. ¡Esperen! Yo todavía no estoy listo.

GERALDINE: No mames, patón. No estés perdiendo el tiempo en un momento tan serio.

ROCCO: No importa. La realizaremos los que estemos disponibles.

VIDEL: ¡Puta madre!

Giró sobre su propio eje por un minuto destruyendo los espejos que se regeneraban uno tras otro. Se impulsó con su jetpack para escapar por arriba pero otro cristal lo techó. Lo mismo sucedía cuando buscaba una salida por abajo. La impaciencia lo tenía manoteando sobre los mandos. Un enorme estruendo lo sacó de su suplicio. Cada uno de los paneles estalló. Se encapsuló con su propio cuerpo para protegerse de los vidrios. Cuando retomó la vista frontal descubrió que la ilusión había caído. Había sido liberado de su prisión reflejante. Lo que ahora le inquietaba era saber quién había destruido el muro de la sala capitular estrellando el Halcón Milenario. Sus respuestas no tardaron en llegar cuando vio descender a Noketzal Ijupi de la rampa.

NOKETZAL IJUPI: Señor Videl, tenemos que reagruparnos de inmediato para la formación Omega.

VIDEL: Ya lo sé, pero primero tengo que derrotar a mi oponente.

NOKETZAL IJUPI: ¿De qué está hablando? No hay nadie más aquí.

VIDEL: ¿No? Pinche ruca, nomás me estaba vacilando.

NOKETZAL IJUPI: Dese prisa. El jefe de inteligencia está muy malherido.

Al llegar a la cabina del Halcón encontraron a Harrison Ford en el suelo desangrándose. Ni el mismo forajido ni el droide sabían cómo detener una hemorragia. Además, Noketzal le actualizó al piloto principal de la nave los nombres de todas las bajas del ejército, resaltando entre ellas a Freya Leonore. El chico jamás imaginó probar el amargo sabor de la guerra en carne propia.

En la televisora

Mientras que en el centro de la ciudad se vivían momentos trascendentales, los familiares de los aún desaparecidos libraban su propia batalla.

Después de ser auxiliada por los hombres de Ceferino, estos repentinamente abandonaron a Candelaria sin despedirse. La mujer no tuvo mayores complicaciones por lo que tanto ella como el resto de los familiares fueron a buscar a Isaac y Gilberto en la televisora.

Cuando llegaron se impactaron con el terrible escenario: el exterior del edificio era un verdadero campo de guerra. Había cuerpos tirados por todos lados. El Ejército cercó la zona. Paramédicos atendían a los heridos. Del techo del inmueble salía un extenso humo negro. Había incendios espontáneos alrededor. La abuela Rosalinda se desmayó. Candelaria volvió a sentir ligeras molestias. Paloma y Michelle se separaron para buscar a Alexis. Los demás intentaron detenerlos, pero no hicieron caso.

Cuando vieron a los dos padres regresar les preocupó el terrible semblante que transmitían sus rostros. Isaac fue incapaz de explicar lo que vivió con Rocco.

En una ambulancia muy cerca de la entrada principal, Javier, el aclamado periodista, le ordenaba a Cristóbal que buscara a los dos hombres que lo ayudaron a salir del edificio. Les prometió apoyo por haberlo salvado. Les brindó dos vehículos y cuatro escoltas para llevarlos a todos hasta su casa.  

El asistente y dos guardaespaldas encontraron a las familias merodeando la zona. Subieron a todos ellos a las camionetas. Buscaron a Paloma, pero no dieron con ella. Antes de retirarse, Isaac vio cómo sacaban a un cuerpo del edificio en una camilla. Pudo reconocer a Nabucodonosor, quien agonizaba. Al parecer alguien le había dado una tremenda golpiza. Tenía el símbolo de la Fe del Amor marcado en su pecho con algún objeto punzocortante. La mezcolanza de emociones atrofió la capacidad de reacción del padre.

Apenas iban abandonando las inmediaciones cuando un militar de alto rango acompañado por seis soldados les ordenó detenerse. Les informó que no podían volver a casa tan pronto. Sabiendo que estaban implicados directamente con el ahora enemigo público número uno, sus vidas corrían gran riesgo. Las familias fueron llevadas a un albergue a pesar de que se negaron a hacerlo.

Al llegar al refugio temporal les dieron atención médica y comida. Los soldados del albergue tenían una lista de gente desaparecida. Ahí estaban los nombres de sus hijos. Los padres anhelaban la muerte.

Isaac les explicó todo con calma: jamás hallaron a los hermanos León, tampoco a Alexis. Rocco no les dijo dónde estaban, además, el muchacho, vestido con un extraño uniforme, huyó por su cuenta. A todos les costaba trabajo entender cómo lo que Isaac narraba fue posible, desde las ratas gigantes hasta la capacidad de Rocco para volverse invisible, pero con Gilberto como testigo confiaron en que no mentían. Después de todo, lo verdaderamente inverosímil fue que Rocco se marchó abandonando nuevamente a su familia. Cuando Isaac se los dijo no se atrevió a revelar cada una de las dolorosas palabras de su hijo; Gilberto lo entendió y tampoco mencionó nada.

Las pantallas del albergue transmitían todo lo que pasaba en el Zócalo y la Plaza Mariana. La gente estaba perturbada con el discurso de Prr Prr Cat. Los familiares de los chicos no tenían ni idea de que sus seres amados disputaban una feroz batalla dentro de los santuarios.  

En el sótano de la Basílica

Adara Milakis cortaba la soga que maniataba al cardenal. Jar Jar Binks notó que el jefe sacerdotal estaba desesperado por hablar. Liberado de la cuerda, el arzobispo no tuvo tiempo de darles las gracias porque estaba desesperado por advertirlos del peligro.

CARDENAL: ¡Ahí está otra vez! —Apuntó con el dedo hacia enfrente.

ADARA: ¿Ahí está quién?

CARDENAL: ¡Lucifer!

Los rebeldes voltearon solo para encontrar a su principal enemigo espiándolos desde el silencio y la quietud. Prr Prr Cat en persona se había trasladado hasta la Cripta. El gungan usó La Fuerza contra él, pero jamás en la vida se sintió tan decepcionado como cuando notó que la bestia era inmune a su poder.

PRR PRR CAT: Eres la segunda persona en este día a la que tengo que informarle que soy lo suficientemente fuerte como para verme sometido por La Fuerza. Algún día entenderán que no la necesitan cuando aprendan a usar el amor como arma y escudo. Pero mientras sigan con esta absurda rebelión dudo que suceda.

El felino imperial azotó a Jar Jar contra el altar. Adara lo atacó con el aturdidor, mas solo le provocó un hormigueo en las clavículas. El Redentor arrastró al cardenal y a Martín hasta sus brazos. Se dio media vuelta y se detuvo en la entrada de la Cripta para despedirse de Adara. No se molestó ni siquiera en mirarla de reojo.

PRR PRR CAT: Almirante: la estaré esperando en la explanada. Por favor, todos tenemos que ser parte de esto. Confío en que usted será más razonable que su general, que en paz descanse.

El bestial fundador de la Fe del Amor desapareció dejando a la frustrada almirante cayendo de rodillas arrastrada por la culpa.

En las plazas

Prr Prr Cat regresó a los escenarios luego de haber hecho esperar a su público por un minuto. En el Zócalo estaba solo, pero en la Plaza Mariana iba acompañado de una persona vestida con sotana y una bolsa que le cubría la cabeza. Aunque no llevaba esposas, daba la impresión de ser su prisionero. Ambos se pararon en el centro del escenario. A la gente le perturbaba un poco la imagen. El amo del show colocó una garra sobre la bolsa de tela. De forma agresiva la arrancó de la cabeza de su acompañante. Las cámaras le hicieron un close up al rostro descubierto. Cuando lo vieron a través de las pantallas algunos pudieron reconocerlo.

PERSONA DEL PÚBLICO: ¡Es el cardenal Lorenzo! —Todos los demás se alborotaron.

PERSONA 2: ¡Pinche corrupto!

PERSONA 3: ¡Viejo depravado!

PERSONA 4: ¡Es un mentiroso!

PERSONA 5: ¡Mátalo, gato mágico!

PERSONA 6: ¡Queremos que pague!

Los gobernantes del país, así como el papa y algunos de sus asesores entraron en pánico al ver la cara del cardenal. El papa ordenó que se hicieran algunas llamadas. En la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos se encontraba fuera de sí. Daba órdenes por todos lados. Se comunicó con el jefe de Estado Mayor de su ejército. Le pidió encarecidamente que detuvieran los ataques de los soldados infiltrados quienes ya se encontraban suficientemente bien posicionados. No quería que lo recordaran como el responsable de la muerte de un cardenal. Los militares estadounidenses tuvieron que parar la dispersión de armas químicas. Los gobiernos de todo el mundo enloquecieron. Comenzaron a llamar a la oficina de la Presidencia. El secretario de Gobernación y el de Relaciones Exteriores no se daban abasto con el caos.

Inmediatamente después de ver cómo Prr Prr Cat desaparecía, la almirante les comunicó a todos los rebeldes la desafortunada situación. Rocco les ordenó a sus fuerzas reunirse en el Zócalo para iniciar la formación Omega. Los únicos que permanecerían en la Basílica serían el equipo de la doctora, cuyos miembros ya se habían infiltrado en el templo para recuperar el tótem, y un escuadrón comandado por Geraldine que les serviría de escolta.  

En el escenario de la Plaza Mariana, el cardenal también tenía una diadema con micrófono. Después de unos minutos de abucheos, Prr Prr Cat retomó el discurso.

PRR PRR CAT: Creo que la mayoría de ustedes conoce a este hombre. —El abucheo se intensificó. El Prr Prr Cat de la Catedral solo miraba hacia la pantalla—. Pero para que no quede ninguna duda dinos quién eres tú. —Lo volteó a ver. El cardenal tardó un poco en reaccionar. Se veía débil. Se le notaban unos cuantos moretones en la cara. Al fin reunió aire para poder hablar.

CARDENAL: Soy el cardenal Lorenzo Ulloa Salinas. —La gente enardecida le arrojaba objetos. Mientras tanto, los católicos presentes lloraban por el angustiante estado de su líder.

PRR PRR CAT: ¿Y a qué has venido hoy, cardenal?

CARDENAL: Vine a confesarme.

Los católicos que seguían la transmisión estaban indignados. Creían que el hombre era forzado a mentir.

PRR PRR CAT: Qué interesante. ¿Qué es específicamente lo que vas a confesar?

CARDENAL: Mis crímenes.

Los públicos querían sangre. Intentaron subirse al escenario, pero un equipo de seguridad privada lo impidió.

PRR PRR CAT: Es muy admirable de tu parte. No es fácil reconocer nuestros errores, menos nuestros crímenes. Ahora tienes el poder de la verdad en tus manos. No temas usarlo. Confiésanos todo.  

El hombre cautivo pasó saliva. Los labios agrietados le temblaban. Balbuceaba. Miraba nervioso a todos lados. Intentó remojare los labios con su lengua blancuzca. Volteó a ver con pavor a la impresionante bestia de tres metros. No tuvo más remedio que hablar.

CARDENAL: Bueno. Yo… Yo…

PRR PRR CAT: Dilo fuerte y claro para que todos te escuchen, pero no te demores tanto, por favor. —Le dejó caer una pesada garra sobre la cabeza. El prisionero encogió los hombros con la presión. Se veía vulnerable como un hombre cualquiera.

CARDENAL: Yo… Yo soy culpable de mentirle al pueblo.

PRR PRR CAT: ¿Cuáles son tus mentiras? Dilo ya o…

CARDENAL: No, por favor. ¡Eso no! Lo diré. Lo diré. Discúlpame. Es que es muy difícil. —Inhaló una enorme bocanada. Parecía que le iban a estallar los pulmones. Exhaló—. Yo… He protegido a sacerdotes pederastas.

PERSONA 7: ¡Desgraciado!

PERSONA 8: ¡Hijo de perra!

PERSONA 9: ¡Maldito cerdo!

CARDENAL: He lavado dinero del narcotráfico. He sobornado a jueces de la Suprema Corte. He mandado a asesinar periodistas. He cometido fraudes con dinero de la iglesia.

PERSONA 10: ¡Te vamos a matar, culero!

PERSONA 11: No, cardenal, no diga eso. Lo están obligando a mentir.

PERSONA 12: Qué Dios lo perdone, ¡malnacido! Usted no nos representa.

CARDENAL: He sido corrupto. He participado en orgías organizadas por grupos de poder y he… —Se soltó a llorar acobardado—. Ya es todo —le dijo a Prr Prr Cat entre susurros.  

PRR PRR CAT: Sabes bien que no es todo. Por favor, termina. Debes hacerlo si realmente quieres ser perdonado. No le falles más a la verdad.

CARDENAL: No, por favor. No puedo decir esto.

PRR PRR CAT: Si no lo dices tú lo diré yo, pero quizá eso enfade más a la gente. Ten el valor de reconocerlo. Quiero que lo digas ya. Una…

CARDENAL: Por favor.

PRR PRR CAT: Dos… Sabes que no estoy jugando.

CARDENAL: No puedo.

PRR PRR CAT: Tres. —El anfitrión sacó las garras de su mano derecha. Rugió en sus adentros. Mostró su enorme colmillo de veinte centímetros.

CARDENAL: ¡Está bien! ¡Está bien! No se enoje. —Carraspeó la garganta. Se le salieron unos gallos. Se dirigió al público—. Yo también he cometido abuso sexual contra más de sesenta personas, entre mujeres, adolescentes y niños.   

Se tiró a llorar de rodillas pidiendo perdón. La gente estaba fuera de sí. Comenzaron a jalar las vallas de protección. Algunos se las saltaron. Prr Prr Cat tuvo que crear un escudo transparente para protegerlo de todo lo que le arrojaban.

En una habitación del Vaticano, el papa veía horrorizado hacia todos sus consejeros. Los sacerdotes corrían de aquí para allá haciendo llamadas.

Los líderes de todo el mundo exigieron inmediatamente un rescate. El presidente de México veía hacia el techo, apretando con las sudadas manos la banda presidencial, manchando el blanco central con la mugre de sus palmas. Rezaba porque el mandatario estadounidense resolviera todo.

El presidente de Estados Unidos tiró enfurecido unos papeles de su mesa. Apuntaba con el dedo a sus hombres para dar las indicaciones.

Los rebeldes de los equipos Alfa y Gama arribaron al Zócalo. Sobrevolando el techo del Palacio Nacional con sus naves en modo furtivo, los miembros del equipo Beta los esperaban: Videl, Noketzal y Harrison Ford desde el Halcón Milenario; Barragán desde la nave base del escuadrón. El último en llegar fue Rocco acompañado por los valerosos guerreros floridos. Se reunieron en el destructor estelar que pertenecía al general Astro de Luca. Ahí, Rocco les dio tabletas medicinales a los heridos. Narciso, quien ahora era el capitán florido, le recordó al supremo líder que ellos no eran pilotos, por lo que recibieron la orden de inmiscuirse en el backstage para combatir a los hermanos que aún quedaban de pie. Barragán y Jar Jar Binks fueron asignados para guiarlos. Harrison Ford se recuperó milagrosamente cuando estaba a milímetros de la muerte. Videl se acercó para expresarle algunas dudas al supremo líder.

VIDEL: ¡Rocco! ¿Cómo funciona esta nueva habilidad de Prr Prr Cat?

ROCCO: ¿La ubicuidad? No lo sé bien. Solo dijo que podía estar en varios lugares a la vez, pero no en todos.

VIDEL: ¿A la vez? ¿O sea que es la misma presencia? No son clones suyos.

ROCCO: No lo sé. Podría inventarse cualquier cosa. ¿Por qué lo preguntas?

VIDEL: Quiero saber qué pasa si dañas al Prr Prr Cat de aquí. ¿El de la Basílica sufriría el mismo impacto?

GERALDINE: Es posible —dijo a través del intercomunicador—. Recuerda que lo vimos maltrecho atrás de los escenarios. Quedó así porque Rocco lo hirió en la televisora. Cuando lo curaron en las plazas se curó también en los otros dos lugares.

ROCCO: ¡Es verdad! —Gritó animosamente. Si esto es cierto significa que…

GERALDINE: Podríamos…

VIDEL: ¡Atacarlo con todo en la Catedral ya que aquí no está el cardenal!

ROCCO: Y sufriría el mismo daño.

GERALDINE: Aunque esté en varios lugares a la vez.

VIDEL: Y así no llevaríamos en nuestras consciencias la muerte del degenerado padrecito.

ROCCO: ¿Escucharon todos?

TODOS: ¡Sí, supremo líder! —Confirmaron al unísono.

ROCCO: ¡Todos a sus puestos! Es hora de que el Dios Máquina Supremo haga su espectacular entrada.

Prr Prr Cat intentaba tranquilizar a la horda.

PRR PRR CAT: Hermanos. Hermanos en el amor. Sé que las palabras de este hombre indignan a cualquiera. Esto solo es un ejemplo de lo que los líderes religiosos son capaces de hacer cuando sus corazones están corrompidos por el odio. Pero es solo la punta del iceberg. En todo el mundo, las cabezas de la religión, corrompidas por el poder, no han hecho más que cometer barbaridades a espaldas de los feligreses. Desde el Vaticano hasta la Meca. Nadie se salva. Más que la confesión del responsable, tenemos todo tipo de pruebas: documentos, fotografías, facturas, llamadas grabadas, capturas de chats. Todo lo necesario para sentenciar a los culpables. Podríamos llevarlos a la justicia oficial, otro órgano corrompido y cómplice. —Nuevamente predominaron los abucheos—. Pero la verdadera justicia es la que uno mismo fragua. Las autoridades lo van a proteger para protegerse a sí mismas. —Los gobernantes que veían la transmisión dejaban caer gotas de sudor por la frente—. O lo van a condenar solo a él para callarnos a todos. ¡No permitiremos eso!  

PÚBLICO: ¡No!

PRR PRR CAT: El sistema está corrompido. No podemos arreglarlo, ¡pero sí podemos derribarlo!

PÚBLICO: ¡Sí!

PRR PRR CAT: Para de los escombros levantar un nuevo mundo.

PÚBLICO: ¡Sí!

PRR PRR CAT: No regido por la religión.

PÚBLICO: ¡No!

PRR PRR CAT: Lo que necesitamos es una nueva fe. —Levantó al cardenal clavándole una garra en la sotana. El hombre se asfixiaba con su propia ropa. Pataleaba y manoteaba desesperado como si nadara en el aire. Los rebeldes abordaban sus naves lo más rápido que podían—. Necesitamos volver a creer. Necesitamos confianza. La confianza se gana con hechos, no con palabras.  

PÚBLICO: ¡Exacto!

PRR PRR CAT: Ningún dios ha podido probar con hechos su existencia y si existiera no nos habría abandonado.

PÚBLICO: ¡Sí!

PRR PRR CAT: Dejemos de rezarle a figuras inmóviles, a dioses imaginarios, a imágenes que no responden. Fundemos juntos una nueva fe basada en hechos. Ya no más mártires. El odio miente. El amor es la verdad. La verdad es el amor.

PÚBLICO: ¡Sí!

PRR PRR CAT: Los odiadores nos subestiman porque nos creen débiles. Todo lo contrario. ¡El amor es fuerza! Demostraremos lo fuertes que somos cuando nos unimos.

PÚBLICO: ¡Lo haremos!

PRR PRR CAT: ¿Dónde está su fuerza, hermanos? Quiero ver su fuerza.

PÚBLICO: ¡Aquí está! Déjanos demostrártelo.

Con las naves totalmente encendidas, los rebeldes iniciaron la formación, pero cuando empezaron a arribar a sus posiciones, la integridad del cardenal pendía de un hilo que lentamente se desprendía de sus tejidos.

PRR PRR CAT: ¡Vamos, hermanos! Demuéstrenle al mundo lo fuertes que son.

Sin darles tiempo a sus enemigos de terminar su ensamblado, arrojó al cardenal a la multitud. Como perros hambrientos recibiendo un bistec, como pirañas cuando cae un pedazo de carne al agua, el pueblo devoró al pecador. Trozos de su ropa volaron por el aire. Fue masacrado. Su sangre comenzó a filtrarse entre el abundante mar de pies. Las cámaras filmaron todo el incidente. Muchas personas se asustaron e intentaron huir, pero la mayoría, en ambas plazas, comenzó a organizarse para quemar los templos.

Prr Prr Cat observaba todo con los brazos cruzados e indolente. Se arrancó la túnica con una garra. Las cámaras lo enfocaron. Todo el mundo estaba a punto de ser testigo de su poder. Mostró su vigoroso cuerpo reforzado por extremidades de diversos felinos. Posó con fuerza frente a su pueblo. La transmisión llegó a cinco millones y se estaba saturando. La pantalla se congelaba con la regia figura del felino. El mundo se volvió loco.

Desde entonces, algo cambió en la humanidad. Una nueva era comenzaba. Había nacido la era de la Fe del Amor.

Cuando Rocco llegó a su posición, el corazón del cardenal palpitaba fuera de su cuerpo. El muchacho vio ante sus ojos el encumbramiento de sus pesadillas. Lo que lo atormentaba en su mente ahora se propagaba por multitudes. El mundo que deseó jamás conocer emergía desde la sangre del sacrificado. Tenía una sola oportunidad de terminar con todo. Contaba con un ejército valiente preparado para la emergencia, unas fuerzas mermadas, pero no vencidas y un ímpetu que le emanaba desde el alma. Montado en el Destructor Estelar clase Nebulosa de Astro de Luca, dio la orden a los que, más que sus soldados, eran sus amigos.

Como lo había dicho, su última gran esperanza era la formación Omega, la cual consistía en formar un Dios Máquina Supremo. La formación era similar a la del anterior, con una excepción: en lugar de la fragata Nebulón-B que fungía como el torso del súperguerrero, ahora se ubicaría en esa posición el Halcón Milenario pilotado por Videl. En cuanto a las otras naves, la formación sería casi la misma solo que Astro de Luca sería reemplazado por Rocco y Freya Leonore por Ahsoka Tano.

ROCCO: Muy bien, amigos. No hemos podido salvar al cardenal, pero todavía podemos acabar con esta guerra. Confío plenamente en este plan, así como Astro y Freya creyeron en él. Lo haremos por ellos, por el Capitán Clavel y por todos los miembros de esta alianza que ofrendaron su vida para salvar al mundo. No los decepcionaremos. ¿Están listos?

HARRISON FORD: Listo. —Activaba los controles de su nave.

ADARA: Listos. ­­—Veía con sobriedad el caos a través del parabrisas de su nave.

AHSOKA TANO: Lista.

NOKETZAL IJUPI: Listo.

VIDEL: ¡Ay, güey! Listo. ­—Encendió un sistema de sonido que Rocco le había integrado. Sacó de su cartera las fotos de sus padres. Era la misma foto partida en dos. Yeti la rompió cuando se divorciaron. Sacó una más de sus abuelos y, finalmente, un retrato de Geraldine. Los acomodó en el tablero muy tranquilamente mientras silbaba la tonada de Tiempo de Híbridos. 

Las naves encendieron sus propulsores. No podían verse, pero se escuchaban. En el Zócalo, la gente que estaba hasta atrás sintió el denso calor de los propulsores. Voltearon asustados hacia al cielo, pero no vieron nada. También olía a combustión. Empezaron a desalojar la zona. El alboroto se veía a lo lejos. Prr Prr Cat, aún con los brazos cruzados, notó el movimiento. Veía a la gente apuntar hacia arriba. Buscaban algo. El monstruo terminó dándose cuenta de todo. Un nuevo espectáculo estaba por comenzar.

Ahsoka Tano planeó su X-Wing magistralmente sacudiendo las cabelleras del público. Descendió la altura de su vuelo para acomodarse frente a la parte inferior izquierda del Antiguo Palacio de Ayuntamiento. La pierna izquierda estaba lista.

Inmediatamente después, haciendo acrobacias dignas de cualquier piloto profesional, Noketzal Ijupi emprendió el vuelo hacia su destino: la parte inferior derecha frente al Edificio de Gobierno de la Capital. Al instalarse dio aviso a su supremo líder para que la siguiente nave se posicionara.

Con un estilo de vuelo más sobrio, la respetada almirante de la Nueva Alianza Rebelde sobrevolaba por encima de la nave de su almirante de flota. La enorme Cañonera Braha’tok arribó. Tenía al público aterrado por no saber cuál era la gigantesca amenaza que tenían sobre sus cabezas.

En un mismo modelo, pero manejando con mayor arrojo, el intrépido forajido galáctico tuvo su momento de presentación. Conducía con renovadas fuerzas al haber recuperado milagrosamente su brazo izquierdo. Adara le festejó todos sus aspavientos. Se dijeron tiernos “te amo” por medio de su canal personal, sin la interferencia de los otros rebeldes que no pertenecían a ese vínculo especial. También se desearon suerte en la batalla y comenzaron a prepararse para el montaje, puesto que los últimos dos miembros del guerrero más poderoso de la galaxia estaban por hacer su entrada.

A Videl le surgió un ímpetu irreconocible. Las manos le sudaban. Sentía una extraña emoción que nada tenía que ver con el miedo. Era frenesí. Con la piel erizada manejaba el milenario carguero corelliano que se sentía como ir montado en un furioso toro. Era mucha bestia para un espacio tan pequeño. La nave que otrora cruzara galaxias ahora estaba merodeando unos insignificantes 46 800 m². Como si llevara milenios pilotándolo, el joven guitarrista se posicionó en medio de las otras cuatro naves con un movimiento sencillo. Los rebeldes más experimentados fueron revolcados por el asombro.

VIDEL: ¿Qué pasó, mi campeón? ¿Dónde andas? Ya namás te estamos esperando a ti.

ROCCO: No me corretees, güey. No pensé que estuvieras tan ansioso.

El inmenso destructor hizo su aparición obligando al público a despejar la zona. Era insoportable la ventisca que desató con sus monstruosos propulsores. En la Basílica estaban confundidos por ver en las pantallas que los asistentes del Zócalo corrían despavoridos para todos lados. Prr Prr Cat no se volvió loco y aguardó pacientemente a hacer su movimiento. Rocco se colocó en posición. El muchacho se ajustó los guantes. Temblaba por dentro, pero por fuera era ecuánime. Sabía perfectamente todo lo que estaba en juego. La orden esperaba a saltar fuera de su boca.

ROCCO: Amigos, me estoy comunicando por todos los canales. Sé que me escuchan tanto dentro de sus naves como corriendo hacia el escenario o hurgando en los sótanos de la Basílica. Sé que están a orillas de la Plaza Mariana o completando su misión especial en los bosques de la ciudad. Ya no hay tiempo para más. —Los pilotos principales accionaron un botón púrpura que se encontraba encima de ellos. Sus naves comenzaron a transformarse. El escándalo de los engranes llegó hasta los oídos felinos—. Con ustedes he pasado grandes momentos dentro y fuera de mis sueños. Hoy no estamos aquí por diversión ni para venir a recolectar anécdotas. Esto es muy serio. Hay vidas que se están perdiendo y las que permanecen se están corrompiendo. Esta es nuestra última estocada. —Rocco accionó su botón. El destructor modificó su forma hasta parecer un enorme rostro robótico—. Solo quiero decirles una cosa: gracias por creer en esto. Cuando todo termine volveremos a ver las pesadillas únicamente al cerrar los ojos. —El poderoso y renovado súperguerrero estaba completamente ensamblado—. Muy bien, comencemos a cargar el minireactor de hipermateria. Espero que esto no nos sobrepase.

El torso del Dios Máquina Supremo, formado por el Halcón Milenario completamente modificado, abrió un círculo enorme desde su casco. Adentro había ocho ejes secundarios que fueron encendidos por los seis pilotos. El reactor estaba casi listo.

Como meteoros fugaces atravesaron la mente de Rocco cientos de memorias. Recordó en milésimas de segundos cuando jugaba en el patio de la casa de Videl. Los dos pequeños simulaban que un par de cajas de cartón eran dos cazas estelares. Usaban los viejos discos de acetato de Real de Catorce y Jaime López como volantes. Portaban los opacos lentes que Gilberto usaba en su trabajo como albañil. Aunque les quedaban flojos, ellos sentían la emoción de lucir igual que Luke Skywalker. Geraldine solía salir a molestarlos. Ellos la declaraban su mayor enemiga a vencer y descargaban sobre ella una lluvia de disparos imaginaros. Los tres chicos terminaban riendo sobre el suelo, uno encima del otro; aprovechaban para hacerle bolita al que mostrara mayor flaqueza.  Como si los hubiera invocado con la mente, los canales personales de Videl y Geraldine se encendieron.

VIDEL: Güey, ¿te acuerdas de cuando usábamos las cajas de mi casa como naves?

ROCCO: Ja, ja. Justamente estaba pensando en eso

GERALDINE: Hasta que se les cumplió su sueño, cabrones.  

ROCCO: Los sueños se cumplen, Gera.

GERALDINE: Y también las pesadillas.

VIDEL: Oigan, fui un inútil hace rato. Dejé ir a una capellana. Ya sé, qué pendejo, pero les juro que ahora mismo me voy a enmendar.

GERALDINE: Deja de preocuparte por pendejadas y dispara esa cosa.

VIDEL: Ahora sí empieza lo chido. —En el tablero de Videl apareció una señal que informaba que el reactor estaba completamente cargado.

ROCCO: No, Yeti, te equivocas. Aquí se acaba todo. —El supremo líder activó todos los canales—. ¿Están listos?

TODOS: ¡Listos!

Prr Prr Cat vs Dios Máquina Supremo

El nuevo terror al fin mostró su rostro. Apareció levitando un colosal guerrero mecanizado que portaba armas por todos lados. Sus brazos y sus piernas eran del tamaño de un edificio. Adoptó una pose de pelea. Su torso era como un triángulo isósceles que apuntaba el ángulo distinto hacia abajo. En el centro tenía un círculo gigantesco del cual emergía un brillo que se acrecentaba a cada segundo. La cara era cuadrada, con el símbolo de la Alianza Rebelde como una corona. Los ojos eran dos farolas amarillentas que manchaban el cielo con su brillo. Por si fuera poco, detrás tenía cientos de naves sobrevolándole como luciérnagas. Las cazas comenzaron a adoptar una formación. Algunos más avezados descifraron que estaban formando la letra Omega que, gigantesca, fungía como la coraza del guerrero. El mundo conoció al poderoso Dios Máquina Supremo y se rindieron ante su magnificencia. Su aspecto no era muy amigable que digamos. Más que un defensor, el público lo consideró una amenaza. Todo empeoró cuando la gente notó que la luna tenía una pigmentación inusual. Las señales de una catástrofe eran abrumadoras. “¡Es el apocalipsis!”, gritaban los más alarmistas.

La explanada completa se despejó. La gente se aglomeró en las calles aledañas, pero no encontraron una vía de escape porque el ejército norteamericano hizo su aparición. Retenían a los ciudadanos. Los obligaban a encapsularse en puntos estratégicos para que no huyeran.

Una avanzada militar se introdujo en la Plaza de la Constitución. Toda la artillería estaba ahí. Tanques y algunos jets arribaron para colocarse frente al escenario. Otros apuntaron hacia el Dios Máquina. Con los civiles desalojados, ya no había pretextos para no autorizar un ataque destructivo. Sin embargo, los dos oponentes se miraban fríamente sin preocuparse por la artillería que los rodeaba. Prr Prr Cat se veía insignificante a lado de su enemigo. Los hermanos de la Fe comenzaban a dudar que sobreviviera a algún ataque.

VIDEL: Cuando tú digas, Rocco. Ya estoy listo para mandar a la chingada a este pelmazo.

ROCCO: ¡Ataquen!

Una lluvia de misiles intentaba trazar el camino que el disparo fulminador cruzaría más tarde. El felino descruzó los brazos. Levantó la mano izquierda. Abrió las falanges de la garra. A través de ellas se veía la luna enfermiza emergiendo. El cielo estaba despejado. Incluso, como en muy raras ocasiones, el firmamento capital dejaba ver algunas estrellas. El astro cobrizo casi se sumergía en la oscuridad. El gato sobrenatural fue cerrando lentamente la mano. Cuando terminó de formar el puño, una barrera grafito se erigió frente a él para absorber todos los ataques. Al ser rebotados por la dureza del escudo, las ráfagas fueron arrastradas por la gravedad. Un diluvio de explosivos se aproximaba contra los soldados norteamericanos. Cuando Prr Prr Cat vio el daño que estaba a punto de ocurrir, estiró la mano derecha, ahora hacia el frente, con la palma hacia arriba volvió a cerrar el puño; creó otra barrera para proteger la superficie del granizo ardiente.

Sin perder la concentración, levantó nuevamente la mano izquierda, esta vez con el dorso viendo hacia él. Volvió a abrir los dedos, lentamente cruzó el índice con el de en medio. Los apretó como si formara un nudo. Tejió una red enorme de hilos de lava entre las naves que formaban la Omega gigante. Las conectó a todas. Los pilotos estaban desconcertados porque no conocían esa habilidad. Encendieron sus propulsores para intentar escapar, pero el tejido tenía una resistencia descomunal. Los reportes empezaron a llegar al supremo líder.

ROCCO: ¿Qué está pasando?

ADARA: Al parecer las cazas de la formación Omega se están sobrecalentando. —Vigilaba a los vehículos desde un monitor—. Ese monstruo las tiene pegadas con una especie de… ¿Cuerda? Es una red. Parece que está hecha de un material incandescente. —Rocco previó que se aproximaba una tragedia.

ROCCO: Abandonen las naves, ¡ahora!

VIDEL: ¡Puta madre! Rocco, hay que disparar ya.

ROCCO: Tienes razón.

Videl localizó en una pantalla a su objetivo. Lo tenía en la mira. Las maniobras de acción se reducían vertiginosamente. Los rebeldes no quisieron rendirse tan pronto. Ni siquiera habían lanzado un ataque. Intentaron disparar a la bestia, pero la energía de sus cañones era insuficiente. Asfixiados por la frustración, estaban siendo orillados a tomar la salida más difícil, la que implicaba vergüenza. Rocco les ordenó nuevamente salir, pero la energía no era suficiente ni siquiera para abrir las puertas.

ADARA: Las naves están sobrecalentándose. Se acaba la energía. No pueden abrir las puertas. Estamos perdiendo la comunicación con ellos.

ROCCO: ¡Chingada madre!  

Mientras el supremo líder intentaba desesperadamente materializar algo para ayudarlos, Prr Prr Cat, aún con la mano izquierda levantada, ahora subió la mano derecha. Realizó el mismo movimiento para cruzar los dedos. Ahora, una enorme soga de lava ascendió como un espiral por el cuerpo del Dios Máquina. El gigante quiso sostenerla con sus manos, pero su extrema temperatura comenzó a dañar las cañoneras. El felino superlativo volvió a trazar un nudo imaginario y ahora el Dios Máquina estaba apresado por la cuerda. A Rocco le vinieron las memorias de su pesadilla el día del Eclipse Fantasma, cuando se encontraba atado en unas vías a punto de ser aplastado por un monstruo. Intentó conservar la calma.

ROCCO: Videl, ¿cómo se encuentra el reactor?

VIDEL: Todavía no está dañado. Solo que con el movimiento es difícil tenerlo en la mira.

AHSOKA TANO: Supremo líder, intentemos cortar esta soga infernal con la espada.

HARRISON FORD: Aunque las naves están dañadas creo que podemos hacerlo.

ADARA: ¡Aquí vamos!

Apareció la legendaria espada llamada Trueno Apocalíptico en el brazo izquierdo del superguerrero. Adara la maniobró para asestarle múltiples estocadas a la soga, pero solo rebotaban chispas.

Por otra parte, los militares norteamericanos autorizaron atacar con todo su poderío. Al ver que la mayor amenaza seguía sobre el escenario se fueron con todo contra ella. Dispararon ojivas con toxinas en el interior. Querían debilitar al oponente. Sin embargo, Rosario apareció de pronto sobre el templete para formar una barrera de espejos, aunque estos eran diferentes a los que se había enfrentado Videl, ya que rebotaban todo lo que se estrellara en ellos. Cada una de las ojivas volvió hacia donde fueron disparadas provocando que el químico se liberara frente a los soldados. Poco a poco se fueron intoxicando con la sustancia.

ROCCO: Bien. Si ya no queda otra opción, intentaré disparar yo.

VIDEL: ¡Güey! Ahora nosotros estamos perdiendo la energía.

GERALDINE: Rocco, sepárate y atácalo tú. Intentamos vulnerarlo nosotros acá en la explanada, pero se protegió con sus escudos. No tenemos el arsenal de ustedes para intentar otra cosa. Ya no hay tiempo.

El supremo líder comenzó a desmontar el destructor para regresarlo a su forma habitual, pero los reflejos felinos son más agudos que los humanos. Prr Prr Cat descruzó los dedos lentamente. Al irlo haciendo la temperatura de la red aumentó insoportablemente. Era un calor descomunal. Los rebeldes sufrían quemaduras severas. El Redentor abrió los brazos como si estuviera crucificado. Con las palmas hacia el cielo, flexionó los codos acercando sus manos hacia sus hombros. Iba cerrando el puño como si quisiera atrapar una de sus cuerdas de lava. Cuando los cerró, hizo un movimiento como si jalara unas sogas invisibles. Detonó una explosión desde la orilla de la formación Omega que se fue propagando por cada una de las naves. Era un estallido en efecto dominó. Los vehículos explotaban uno por uno de derecha a izquierda. Rocco aprovechó que el gato estaba concentrado en atacar a los rebeldes para ajustar la mira de su nave.

ROCCO: Ya me liberé para poder disparar.

VIDEL: Yo también estoy listo.

GERALDINE: ¡Ya, cabrones!

El potente reactor se iluminó. Los cañones del destructor apuntaron a la bestia. Las naves entraron en turbulencia para escupir sus más poderosos disparos. Ambos pilotos sabían de las consecuencias avasalladoras que podían provocar los cristales kyber, pero ya no había ningún mañana. El objetivo no se movía de la mira. Prr Prr Cat visualizó dos potentes esferas de energía emergiendo debajo de la luna oxidada. Arrasó con la formación Omega y ahora iba por el pez gordo. Volvió a hacer el mismo movimiento para iniciar la detonación de la soga espiral. Las naves que aún permanecían ensambladas corrían peligro. Abrió los brazos con las palmas hacia el cielo, flexionó los codos acercando sus garras hacia sus hombros. Cerró el puño. Tiró de las sogas invisibles. Detonó la explosión.

VIDEL: El último en disparar se come la caca de Jabba the Hutt.

ROCCO: ¡Fuego!

Los disparos de Rocco y Videl viajaron hasta su objetivo, pero antes de impactar en el gato, Rosario subió al templete para levantar un espejo frente a su líder, sin embargo, esta vez el cristal no pudo contener el disparo. Tanto la mujer como la bestia fueron arrastrados varios metros por los proyectiles. Rosario pereció con el fuego. El escenario de la Catedral quedó hecho trizas. El impacto se propagó hasta el santuario y lo destruyó por la mitad. Los soldados que estaban cerca no pudieron sobrevivir. La transmisión se cortó por completo.

A pesar de que los chicos acertaron en su disparo, no pudieron detener la explosión de la soga ardiente. Fue un espectáculo terrorífico. Rocco vio morir uno a uno a Ahsoka Tano, Noketzal Ijupi, Harrison Ford y Adara Milakis. Pero lo que más le dolía era que la cadena de explosiones terminaría por llegar hasta en medio, en donde se hallaba el Halcón Milenario.

Esa nave legendaria, diferente, que sobresalía por su hermoso diseño, estaba ahí, rodeada por el hilo de lava esperando su destino. Lucía majestuosa, pero no imbatible.

Videl permaneció dentro. Se le acabó la energía para escapar. Sabía lo que se acercaba. Resignado aceptó su destino. El chico despreocupado, al que no le importaba nada, más que lo verdaderamente importante, no cambió ni a instantes de su muerte. Tomó las fotos individuales del abuelo, la abuela, papá, mamá y al final la de Geraldine. Una familia dividida hace muchos años, pero que se volvió a unir en sus manos, manos que danzaron hasta su corazón. Las vio por última vez. En el Halcón sonaba a todo volumen Tiempo de Híbridos. El sonido se distorsionaba por el excesivo calor, aunque se alcanzó a escuchar la frase “… En la campechana mental”. Yeti le dijo adiós a Rocco y adiós a Geraldine por medio de sus canales individuales. Nunca supo si alguno de los dos lo escuchó. Miró la foto de Geraldine una última vez. Sus ojos resplandecientes por las lágrimas se fundieron con la luz del estallido, refulgiendo hasta su punto más alto, desapareciendo su típica sonrisa y repartiéndola en meteoros fugases que viajaron hasta desintegrarse por el viento.

En el cielo había una lluvia de fuego. Un escenario apocalíptico. Como si un furioso volcán hubiera escupido torrentes de magma. La noche se tornó roja. Por momentos parecía de día. Si el 11 de agosto la noche se había entrometido en el día, ahora parecía lo contrario.

Rocco lloraba dando manotazos sobre el volante de la nave. Geraldine sostenía el intercomunicador en su mano. Vio que el canal de Videl estaba apagado. Intentó llamarlo estúpidamente. Nunca obtuvo respuesta. Estaba en shock por lo que acababa de ver en las pantallas. Las lágrimas se le salían solas. Escuchó los llantos de Rocco por su canal y empezó a llamarlo.

GERALDINE: Rocco, Videl no me responde. ¿Rocco? ¿Qué le pasó al Halcón? —El chico no se atrevía a decirle la verdad—. Rocco, ¡chingada madre, Rocco!, ¿me estás escuchando o no? No me ignores, pinche idiota. ¡Puta madre! ¡No me hagas esto! —Cayó en crisis. Gritaba y maldecía—. No puede ser. ¡Ten huevos para decírmelo! No, no, no, no, no. ¡Maldita sea! ¡No! ¿Qué le pasó a mi hermanito? ¡Lo mataron! ¡Era mi hermano menor!

ROCCO: Gera —dijo el muchacho atragantándose con su llanto—, lo siento mucho. —La chica ya no respondía—. Gera, lo siento. No pude salvarlo. Gera… ¿me oyes? —Había apagado su canal.  

Geraldine caminaba por la plaza en medio de un caos que la ignoraba. La gente corría en dirección contraria a ella. Se tiró al suelo. Daba manotazos contra el pavimento. Le salió sangre de las palmas, sangre que se mezcló con sus lágrimas. Con las manos llenas de tierra sacó la armónica de Videl. Se la había quitado un día antes para molestarlo. La abrazó profundamente en medio de aquella zona de guerra, la guerra entre el odio y el amor.

Rocco estaba destrozado. Era difícil explicar específicamente lo que sentía. Tenía una mezcla de todo. Como si el termostato que regula sus emociones hubiera hecho corto circuito. Serio, aún sin saber cómo reaccionar a sus multitudinarios duelos, empujó la manivela para avanzar con su vehículo. No tuvo ninguna duda en dirigirse hacia las ruinas de la catedral. Volando en línea recta, tuvo la fortuna de no ser golpeado por ningún meteoro de los pedazos que llovían del cielo.

Sobrevoló la zona de guerra. La gente estaba desquiciada. Cada uno asimilaba los eventos a su manera. Algunos buscaban refugiarse en los edificios aledaños. Otros aprovecharon la locura para sacar sus instintos más salvajes: peleas, asesinatos, saqueos, destrozos, robos. Lo que menos se percibía en ese par de explanadas era amor.

El chico ni siquiera se molestó en mirar hacia abajo. Pasó por encima de los restos del escenario y las enormes pantallas. Todo se destruyó con los disparos de los dos amigos. Se estacionó al pie de lo que quedaba de la Catedral. Con suma calma se desabrochó el cinturón, se ajustó los guantes, se acomodó el casco. Tomó su blaster y el sable de luz que le heredó el general Astro de Luca. Descendió de la nave. Agudizó su olfato de topo. Activó la ecolocalización de murciélago. Afiló su vista de gekko. No tardó mucho en encontrar el olor a vinagre. Caminó hacia la fuente del aroma.

A unos metros del muchacho, en el suelo, con el pelaje chamuscado y algunas partes de su carne exhibidas, estaba el orquestador del desastre en medio de las ruinas de media Catedral. Respiraba con dificultad mirando hacia el cielo, viendo a los meteoros pasar. Estaba arruinado. Su plan fue estropeado en el último momento por el odio de los rebeldes. Cuando Rocco se paró junto a él pudo soltarle algunas palabras.

PRR PRR CAT: Terrible ironía, ¿no lo crees, mi amado? Dije que demostraría con hechos el poder del amor y con hechos entregué a esta gente al odio total. Es una derrota absoluta. Mi corazón no puede soportarlo. Sin embargo, si algo nos ha enseñado tu amor, es a volver a luchar. Tú siempre te levantas. Eres tenaz incluso en la desgracia. Mírate ahora, buscando venganza contra mí que no he hecho nada más que protegerte. Esa tenacidad tuya es la que nos inspirará a reponernos. Vamos a lograr este sueño contigo como estandarte. Cambiaremos el emblema de la Fe del Amor. Pondremos tu rostro en los bordados. Eres nuestra bandera.

ROCCO: Se acabó. Cruzaste límite, tras límite, tras límite. No se te permitirá ninguna estupidez más. —El chico encendió el sable de luz. La punta casi se estrella en el ojo de la bestia quedando solo a unos milímetros de distancia. El brillo púrpura del felino también se activó y ambos resplandores chocaron.

PRR PRR CAT: ¡Ah! Rocco —dijo un poco fastidiado—. Ya hemos pasado por esto. Una lucecita no es un arma que pueda dañarme.

ROCCO: No te pienso dañar a ti, pedazo de mierda. —Apartó el sable de él y dio unos pasos hacia atrás. El gato convaleciente lo siguió con la mirada. Rocco levantó la cara. Lo miró desde arriba desafiante. Se colocó el sable sobre su cuello. Prr Prr Cat se puso bastante nervioso.

PRR PRR CAT: Las decisiones desesperadas son estériles. Ningún evento trascendental en la humanidad se llevó a cabo bajo la influencia del impulso. Tu carácter intempestivo no te va a sacar de esta.

ROCCO: ¡Cállate! ¡Solo cállate, chingá! Nunca te callas. No soporto seguir escuchando tus pendejadas. Voy a callar tu asquerosa voz en estos momentos. —Rocco amagó con decapitarse. Con algo de trabajo el felino se puso de pie. Intentó acercársele para despojarlo del arma—. ¿A dónde vas, idiota? ¡No te muevas!

PRR PRR CAT: Dulce amado, no lo hagas. Nunca me repondré de tu pérdida.

ROCCO: No lo harás porque también te vas a morir, imbécil. ¿Crees que no lo sé? ¿Que no sé que la forma más segura de matarte es matarme a mí primero?

PRR PRR CAT: Eso no es verdad.

ROCCO: Sé que intentaste clonarme, pero no tuviste tiempo. Es verdad que no eres tan listo como dicen. No en cualquier lugar puedes encontrar a un biotecnólogo que te ayude a hacer tus mierdas, pero por eso te robaste el tótem. Era tu tercera opción en caso de que me perdieras a mí. ¿Te quieres emancipar de mí? ¿No que me amas tanto? ¿Cómo van tus experimentos?

PRR PRR CAT: Muy bien. Estamos cerca de controlar la conexión del puente. Más que biotecnólogos, me preocupé por conseguir buenos astrofísicos. Te sorprendería el alcance de nuestra organización. Quizás logre emanciparme de ti. Nadie puede detenerme, pero ese no es el punto. Ya te lo dije: te necesitamos. Eres nuestra inspiración.

ROCCO: ¿Ahora son una organización?, ¿ya no una simple “fe”? Me encanta cómo solito revelas tu mezquindad. Quizá no necesites un emblema, sino un mártir, como Jesucristo. Quizá sí te convenga matarme. 

PRR PRR CAT: Jamás lo haría. Te amo.

ROCCO: Igual que a todas las personas que mataste, porque se supone que amas a todos.

PRR PRR CAT: Me orillaste a hacerlo. No pude detenerme. Estoy muy consternado.

ROCCO: Eres un pinche majareta. Violento. Impulsivo como yo. Pero eso vamos a solucionarlo ahora mismo.

PRR PRR CAT: La cosa es, Rocco, que no tienes el valor para hacerlo.

ROCCO: ¿Ah, no? ¿Y por qué estás nervioso?

PRR PRR CAT: Te has demorado bastante.

ROCCO: Me estás provocando. Hoy he perdido todo. Ya no tengo a qué atarme. Mi vida puede concluir de manera perfecta. Será un final espectacular. Se hablará de esta porquería por décadas. No deseo otra cosa más que barrer con nuestra dañina existencia.

PRR PRR CAT: ¿Estás seguro de que ya no hay nada terrenal que te ate? ¿Qué me dices de tus hermanos? ¿No quieres conocer a tu futura hermana? ¿No quieres acompañar a Geraldine en su duelo?

Rocco titubeó. Abrió bien los ojos. Por un momento, las palabras de su enemigo le hicieron sentido. Le temblaban las manos, pero inmediatamente después se llenó de rabia. Se propuso no caer en la trampa del embustero.

ROCCO: ¿Te atreviste a chantajearme con mi familia?, ¿con mis amigos?, ¿de veras estás tan podrido? Ya habías hecho esto antes, cuando fuiste a buscar a mi familia. Serías capaz de tocarlos para conseguir lo que quieres. Eso no lo voy a permitir. No voy a dejar que te metas con ellos. No te puedo vencer en una batalla. Ambos lo sabemos. Resististe nuestros disparos más potentes. Deben ser tus asquerosas siete vidas felinas, pero de esto no te salvas. —Se volvió a acercar el sable.

Rocco tenía los ojos desorbitados. Lucía con poco autocontrol. Nuevamente sus emociones hicieron corto circuito. Tenía una expresión perturbadora. Se notaba en los ojos de Prr Prr Cat, que por primera vez se veían llenos de pánico. El imponente monstruo se acobardó. Rocco parecía ir muy en serio. Intentó teletransportarse cuando el chico movió su brazo para decapitarse, pero antes de que el láser tocara su piel, la mirada del joven actor se iluminó inhumanamente. Sus ojos se convirtieron en cañones de luz. Algo completamente surreal estaba por suceder. La luz era blanca con tonalidades lilas. Se propagó por toda la plaza. Los que aún quedaban presentes en el Zócalo presenciaron el fenómeno. Todos, incluido Prr Prr Cat, comenzaron a desmayarse con la luz.  

En el sagrario de la Basílica: equipo Gama vs El Conectes

En las entrañas de la Basílica, la doctora, Mariano, Usurpador, Melgarejo y Manríquez se infiltraron para hallar el tótem. Tenían un dispositivo electrónico que mostraba de dónde provenían las ondas captadas por el radiotelescopio. Los policías iban al frente para abrirse paso.  

El grupo llegó hasta el sagrario, era donde el dispositivo indicaba que se encontraba la pieza. Los policías abrieron la puerta después de varias patadas. Entraron apuntando con sus blasters. El lugar estaba mayormente iluminado por velas. Frente a la sagrada caja dorada, un hombre los esperaba de espaldas. Manríquez se dirigió a él.

MANRÍQUEZ: ¡Manos arriba, cabrón!

MELGAREJO: ¿No escuchaste, pendejo? ¡Levanta las pinches manos!

La figura volteó lentamente dejando ver que algo andaba mal con su cara. Tenía un pelaje abundante, espinoso, afelpado; bigotes duros como alambres y un hocico triangular que mostraba las filas de sus fieros colmillos.

MANRÍQUEZ: ¡Ah, la chingada! ¡Es una rata!

MELGAREJO: ¡Dispárale, güey!

El hábil hombre rata se trepó en las paredes aterciopeladas. Cuando las velas iluminaron su rostro notaron que se trataba de El Conectes. Los otros tres miembros del escuadrón llegaron derrapando al sagrario solo para ver a la criatura híbrida sobre la pared.   

MARIANO: ¡Ah, no mames! ¡Es un nahual!

DOCTORA: Te dije, Mariano, te dije que nos íbamos a encontrar con porquerías así. Ay, por favor, que ya se acabe esto.

El Conectes se lanzó sobre los policías. Al derribarlos intentó roerlos, pero una fuerza extraña lo jaló de la cola y lo impactó en el sagrario. Después se llevó las manos al cuello como si alguien lo asfixiara. En pocos segundos perdió el conocimiento.

DOCTORA: ¿Qué fue eso?

MARIANO: ¿Fue Dios? —Dijo volteando a ver al sagrario.

Entonces se apareció frente a ellos la figura de Usurpador, quien fue el único que aprovechó la invisibilidad de su traje para defenderlos. Los otros cuatro vitorearon a su héroe. La doctora aplaudía con un brillo singular en las pupilas.

Usurpador ayudó a los policías a incorporarse. La doctora miraba aliviada el dispositivo. Exhalaba aire con tranquilidad. Sabía que estaba muy cerca de por fin recuperar el tótem.  

Le pasó el aparato a Melgarejo. Tanto ella como Mariano se colocaron guantes quirúrgicos y un cubrebocas. Los dos se voltearon a ver decididos. Dijeron que sí con la cabeza con tanta firmeza que casi se golpean. Caminaron hacia el sagrario. La doctora volteó a ver a Usurpador. Le sonrió de una manera tan obvia que ni el cubrebocas lo pudo disimular. Él, por supuesto, no tuvo la capacidad de corresponder al afecto.

Mariano abrió el sagrario con cuidado. Sobre una hostia en una almohadilla de terciopelo estaba el tótem, tan insignificante y descolorido como siempre. La doctora metió emocionada su mano sobre el cofre dorado.

Las velas se apagaron con un viento helado. Únicamente una lámpara tenue en el techo auxiliaba la vista de los humanos. La doctora sintió una presencia tan cerca de ella que dio un brinco hacia atrás gritando.

PRR PRR CAT: De verdad lo siento, doctora Samantha —dijo con una temible voz justo cuando la antropóloga colocaba las manos sobre la pieza. Todos voltearon asustados a la puerta. El animal estaba sumamente herido. Apenas si podía mantenerse de pie. Aun así, eran conscientes de su peligro—. Sé lo importante que es para usted este objeto, pero como ya se lo dije una vez: no está preparada para comprender su magnificencia.

DOCTORA: ¡Ay!, ¡no!, ¡no!, ¡no! ¿Otra vez tú? ¡Carajo! Estuve tan cerca.

PRR PRR CAT: No teman. No les haré daño. No estoy en condiciones para luchar —lo dijo mientras metía su mano al sagrario—. Solo me llevaré este objeto enigmático. Ya casi es el momento de usarlo.

MARIANO: ¿Para qué lo vas a usar? —Preguntó resignado.

PRR PRR CAT: Justo en estos momentos, Rocco y yo estamos teniendo una conversación interesante en el Zócalo, pero no se encuentra bien. Debo actuar antes de que se haga daño a sí mismo.

DOCTORA: No, gatete —dijo con firmeza—. El chavo con el nombre de galleta…

MARIANO: Más bien se llama igual que una caricatura de los noventas.  

DOCTORA: Tú cállate, metiche. Como le decía, monstruo horrible: el chavo con el nombre de galleta lleva años sufriendo. Es obvio que un día iba a explotar. Usted no quiere ayudarlo. No mienta. Déjelo en paz. ¿Qué más le quiere hacer?

PRR PRR CAT: Se equivocan. Solo yo puedo salvarlo. Por eso mismo requiero la ayuda de este objeto. Cuando lo vean repleto de felicidad me agradecerán.

DOCTORA: ¿Entonces solo lo haces por eso?, ¿por el agradecimiento?, ¿por el aplauso fácil? ¡Qué necio eres! Ojalá Rocco te parta tu madre de una vez por todas.

PRR PRR CAT: La lucha no es contra mí, es contra el odio.

DOCTORA: ¡Ay, mi vida! Tú sí estás bien mensito. Hagas lo que hagas no vas a acabar con el odio. Es una emoción humana. Los humanos nacemos con ellas. Las pulimos a lo largo de nuestras vidas. Odiamos porque a veces es necesario hacerlo. Yo lo practico muy seguido.

MARIANO: Muy.

DOCTORA: Si yo no te odiara no estaría rescatando el tótem en lugar de estar en mi casita con aguacate embarrado en la cara viendo al Doctor Who. Y mira, aquí estoy de necia, intentando salvarnos a todos de tu apocalíptica mentalidad.

PRR PRR CAT: Me gusta pensar que el ser humano nace limpio como el agua de manantial, pero que poco a poco se va contaminando con la basura que otros le arrojan. Creo que el odio es aprendido por una cadena contaminada. Soy de la idea de que podemos forjar una generación de humanos capaz de rechazar al odio.

DOCTORA: Este pinche hippie idealista ya me está cayendo gordo.

PRR PRR CAT: Lamento incomodarla de esta forma. Me retiro. Me llevaré a Marco quien me pidió encarecidamente unirse a nuestra fe. Es leal y nos ayudó a conseguir todo lo necesario para la presentación. Necesito a alguien así ahora más que nunca. Hasta pronto.

Melgarejo y Manríquez le dispararon sin pensar que poseía el tótem. Querían detenerlo a toda costa. Prr Prr Cat recibió los disparos sin protegerse, apenas si le irritaron la piel. A todos les pareció extraña la actitud tan dócil del monstruo, pero lo más extraño era que dejó de moverse. Los policías volvieron a disparar. Nuevamente no se defendió. Ni siquiera reaccionaba. Recibió nuevas ráfagas que le estaban haciendo mella. Lucía desorientado.

PRR PRR CAT: ¿Qué me está pasando? —Se susurró a sí mismo.

La doctora les pidió a los policías que se detuvieran. La enorme bestia se tambaleaba. Un cuerpo de sus dimensiones a punto de caer era una amenaza. Todos mantuvieron su distancia. Deliraba. Estaba perdiendo el conocimiento. Movía la cabeza buscando orientación, pero su vista estaba perdida.

PRR PRR CAT: ¿Qué es esto?, ¿cómo me llamo?, ¿quiénes son ellos?

El mamífero finalmente se desvaneció. Cimbró el piso alfombrado con todo su peso y el del cuerpo de El Conectes. Levantó una nube de polvo provocando tosidos y estornudos. Usurpador aprovechó ese momento para recuperar el tótem y se lo entregó a la doctora. Tras unos segundos de desconcierto los cinco abandonaron corriendo la habitación.

En las plazas

En el Zócalo parecía que el día se aproximaba para desmontar a la noche. Toda la explanada brillaba. Cualquier ojo que captara la luz intensa sucumbía a su poder.

En la Plaza Mariana había sucedido el mismo fenómeno. El animal cayó inconsciente. La expresión de la bestia era de un sufrimiento intolerable.

Un poco más lejos del escenario, Geraldine tenía los párpados apretados por el sollozo. La nuca y la frente le dolían de tanto llorar. De tanto apretar los ojos se le taparon los oídos, se le trabó la quijada. Escuchó unos conocidos pasos ir rumbo a ella. Forzó su memoria para recordar de quién eran. Aún con los ojos cerrados preguntó:

GERALDINE: Rocco, ¿eres tú?

ROCCO: Abre los ojos, Gera. Lamento interrumpir tus lágrimas, pero necesito tu ayuda.

GERALDINE: ¿Para qué?

ROCCO: Vamos a acabar con Prr Prr Cat ahora sí. Vamos a vengar a Videl. Nosotros lo creamos, nosotros lo extinguiremos.

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