CAPÍTULO 19: BIENVENIDOS SEAN AL REINO DE LAS CRUCES FLORIDAS
¡Oh!
Inmensa maravilla son los
dorados veraniegos. Los infantes montan sus bicicletas para bañarse con las
brisas áureas. Los adultos lavan sus cuitas con tragos de dulce limonada. En el
preámbulo otoñal, el amarillo más esplendoroso se recuesta sobre el firmamento
omnipresente. El verano es un placer celoso de los humanos. Sin embargo, errados
seríamos si nos quejáramos de nuestro temporal. Aquí todo el tiempo es
primavera. Regocijo sempiterno que florece en espiral.
¡Oh!
¿Pero qué es esto? Dos
petirrojos se han postrado en mi balcón. ¡Rebosante maravilla! Vienen a
alborozarme con sus sublimes notas. Parece que en el pecho llevan un melocotón acurrucado
en parduzcos pétalos.
¡Canten! ¡Canten, mis
pequeños! ¡Sí! Deleiten al palacio con su parsimonioso ritmo. Porque hoy, hoy
es un día para celebrar. Nunca habrá otro igual en nuestro reino porque…
Dos gladiolas brotan dulces,
Todos las quieren mirar.
De este reino son las luces,
Han venido a salvar.
La apatía cae de bruces.
Hoy todo es felicidad
Pues la tierra de las cruces
Les acepta su amistad
To…
(El Rey Garañón cantaba en su
alcoba real. Reginaldo, su sirviente, entra intempestivamente interrumpiéndolo.
El Rey hace un gesto de furia)
REGINALDO:
¡Rey Garañón!, ¡Rey Garañón!
REY
GARAÑÓN: ¿Qué sucede, mi adorable sirviente Reginaldo? ¡Cómo es que osas
interrumpir mi melodía!
REGINALDO: Ni con mil flagelos
merecería su perdón (inclina una rodilla).
.
REY
GARAÑÓN: Aceptadas son tus disculpas. Es notable tu arrepentimiento. Pero dime:
¿a qué se debe esta caravana enjundiosa que te has montado?
REGINALDO:
¡Me ha vuelto dichoso con su misericordia! Briosas alabanzas en su nombre
entonaré toda la noche. Acudo a su majestuosa presencia porque le traigo buenas
nuevas. ¡Los turistas, Rey Garañón, los turistas están listos para conocerlo!
REY
GARAÑÓN: ¡Oh! ¡Sumamente extasiado me encuentro!
REGINALDO:
Cuando vuestra merced lo ordene los escoltaremos ante su presencia.
REY
GARAÑÓN: No hay momento más propicio que el ahora para hacer los honores.
¡Pronto, Reginaldo! Tráiganlos lo más pronto posible.
(Vase Reginaldo)
(En la sala principal. El Rey
está sentado en su trono con una corona de pétalos de azalea. Es un enorme
hombre de dos metros y treinta centímetros de altura. Viste un manto precioso
cubierto con girasoles y azucenas rojas. Tiene bejucos en lugar de barba,
pulpas de lichi en lugar de ojos. No hay nadie más en el inmenso salón. Las
gigantescas puertas se abren)
(Regresa Reginaldo. Detrás de
él, la Guardia Florida escoltando a dos muchachos. Reginaldo aclara la garganta
notablemente)
REGINALDO:
Ante sus ojos jamás verán presencia tan altiva como esta. Rindan pleitesía.
Ensalcen encomios en lo alto. Ofrezcan sus lisonjas ante aquel que fundó el reino
con un soplido. Aquel que hizo brotar flores en terrenos pantanosos, que
levantó un hogar para cada uno de sus súbditos, que protegió a su pueblo de
enemigos biliosos, que nunca le aparta su mano a un vasallo. Él, solo él es el
primero de todos, el magnánimo, el inalcanzable, el inigualable, el irrepetible,
el ser más glorioso que nuestra inmunda existencia pueda llegar a ver. Su
honorabilísima presencia (toma aire) … ¡El Rey Altazor Gastón Garañón
III, noble monarca del Reino de las Cruces Floridas!
(Reginaldo y los guardias
hincan la rodilla y ponen un puño en el pecho inclinando la cabeza hacia el
suelo)
(Los turistas no saben cómo
reaccionar. Uno de ellos intenta aplaudir, pero el capitán de la Guardia lo
obliga a hincarse)
REY
GARAÑÓN: Les concedo el derecho de ponerse de pie. Bienvenidos sean a nuestro hogar,
nobles turistas: el primaveral Reino de las Cruces Floridas. Nos sentimos
honrados con su visita. En todos nuestros años de existencia jamás habíamos
sido visitados por nadie de la realidad externa. He ofrecido un banquete en su
honor. Los guardias los escoltarán hasta el comedor real. Allí podremos
platicar mejor. Por favor, coman todo lo que deseen. Les aseguro que quedarán
sumamente complacidos con nuestra gastronomía. En un momento más estaré con
ustedes.
TURISTA
1: Ehh… Este… Chale. ¿Cómo decirlo?
REY
GARAÑÓN: ¿Deseas algo, noble visitante?
TURISTA
1: Pu’s sí. Pu’s este. ¿Cómo se dice?
TURISTA
2: Habla apropiadamente, no insultes al Rey.
TURISTA
1: Bueno, pues este… En primera: gracias por curarme, ¿ve’a? Tienen unos
médicos increíbles. Mis respetos. Pero mi hermana y yo queremos saber una cosa.
Bueno, en sí el de la duda soy yo.
TURISTA
2: Ahí vas.
TURISTA
1: ¿Estamos en el cielo? Sí, ¿ve’a?
(El Rey hace un gesto de
extrañamiento)
REY
GARAÑÓN: Pero dime, ¿qué cosa es el cielo, noble muchacho?
TURISTA
1: Ah, ¿no sabe qué’s? ¿Neta? Pu’s, o sea, es como lo que tienen acá afuera,
arriba, pero en lugar de morado es azul. Bueno, no ese cielo en sí, más bien el
otro, el que’s como metafísico.
TURISTA
2: Ya la estás cagando.
REY
GARAÑÓN: Ja, ja. Vaya, vaya, muchacho. No sé de qué estás hablando, pero
intentaré resolver todas tus dudas durante el banquete. ¡Guardias! Escolten a
nuestros invitados que los alimentos se enfrían.
(Vanse Reginaldo, los guardias
y los turistas)
(En el comedor real hay
músicos, mozos y guardias de pie. Sentados están los turistas, algunos
cortesanos y Reginaldo. Los guardias son hombres de tres metros, exageradamente
corpulentos. Se encuentran semidesnudos, cubiertos únicamente con un casco de
madera de guayacán y un taparrabos de hoja de maple. Están armados con escudos
de roble, lanzas y espadas. Reginaldo es un ser escuálido, de uno cincuenta y
ocho de estatura, con lianas de veinte centímetros en la cabeza y manos de ramas
de enredadera)
(Los turistas aparte)
TURISTA
1: ¿Entonces estamos muertos? Porque los alimentos no me saben a nada.
TURISTA
2: Pero bien que te los estás tragando, cerdo. No estoy segura de dónde estamos. Tampoco me
sabe a nada la comida. No puedo oler ni sentir. Lo que vemos y escuchamos es…
No sé. Es extraño. Pero de algo estoy segura: si estuviéramos muertos tú te
habrías ido al infierno. Yo, por supuesto, al cielo porque soy un ángel (hace
un gesto angelical).
TURISTA
1: ¡Mñah!
(Entra el Rey. Los músicos lo
reciben con fanfarrias. Todos se levantan excepto los turistas. Reginaldo los
mira con molestia)
REY
GARAÑÓN: No sería un buen anfitrión si no me sentara al lado de mis invitados.
Espero que el banquete sea de su agrado (se sienta).
TURISTA
2: Es un honor que nos acompañe personalmente, su majestad. Los platillos están
deliciosos.
REY
GARAÑÓN: ¡Me llena de gozo escuchar eso! ¡Qué felicidad!
TURISTA
2: “… Eso es lo que tú me das. Felicidad. Cada mañana al despertar”.
REY
GARAÑÓN: ¡Oh! Pero, ¿qué melodía estás entonando? ¿Podrías cantarla para todos?
Te prestaré a mis músicos (les hace una seña con el dedo índice a los
músicos. Ellos se aproximan).
TURISTA
2: ¡Ay, no! Ja, ja, ja. Es una canción muy cursi. No creo que la conozcan.
Mejor al rato les canto otra, ¿va?
(Los músicos tocan los acordes
que la turista estaba entonando. De sus instrumentos salen notas musicales
hechas de polen. Ella se sorprende)
TURISTA
1: Gracias por las delicias, Rey Regañón.
REGINALDO:
¡Garañón! ¡Garañón! ¡Qué falta de respeto!
TURISTA
2: Ya la estás cagando otra vez.
REY
GARAÑÓN: Ja, ja. No hacen falta las correcciones, Reginaldo, ellos no están
familiarizados con nuestros nombres. Qué muchacho tan simpático. Me agrada
bastante.
TURISTA
1: Es que Garañón me suena como a garapiñado. Como a cacahuate garapiñado. Me
recuerda a otro rey.
REY
GARAÑÓN: Vaya, vaya. Qué interesante. Dime, por favor, de quién se trata.
TURISTA
1: Uno. Pu’s un rey. Ahí tiene que este era un rey…
REY
GARAÑÓN: ¡Ajá!
TURISTA
1: …De chocolate…
REY
GARAÑÓN: ¡Sí!
TURISTA
1: …Con nariz…
REY
GARAÑÓN: ¡Ajá!
TURISTA
1: …De cacahuate.
REY
GARAÑÓN: ¡Sí!
TURISTA
1: Y ya (encoje los hombros, hace una mueca).
REY
GARAÑÓN: ¿Un rey de chocolate con nariz de cacahuate? ¡Formidable! (Aplaude efusivamente,
los invitados de honor lo secundan).
TURISTA
1: Ajá. Yo dije lo mismo cuando oí la canción.
TURISTA
2: ¡Déjate de babosadas ya! Disculpe, su honorabilísima presencia, ¿podría
decirnos exactamente dónde estamos?
REY
GARAÑÓN: Como ya lo mencionamos, este es el Reino de las Cruces Floridas. Se
llama así porque está repleto de cruces floridas enterradas en los campos o
colgadas en nuestros hogares.
TURISTA
1: ¡No es cierto!
REY
GARAÑÓN: Por cierto: qué descortesía la mía. No les he preguntado sus nombres.
TURISTA
2: Geraldine.
TURISTA
1: Videl (estira la mano para saludar a su alteza, pero él y Reginaldo se
sobresaltan).
REGINALDO:
¡Son ellos!
REY
GARAÑÓN: ¡Al fin pudimos conocerlos!
GERALDINE:
¡Wow! No sabía que éramos tan populares.
REY
GARAÑÓN: Su amigo nos ha hablado de ustedes.
VIDEL:
¿Cuál de todos?
REY
GARAÑÓN: ¡Rocco!
GERALDINE:
¿Qué?
VIDEL:
¿Ustedes conocen a Rocco?
REY
GARAÑÓN: ¡Claro! Es un viajero al que queremos mucho. Nos visita de vez en
cuando. Viene aquí cuando se siente triste. Cantamos canciones para alegrarlo.
Celebramos banquetes en su nombre. También elaboramos cruces floridas juntos.
Él nos enseñó a hacerlas. En su honor, hemos tapizado todo el reino con ellas.
VIDEL:
Conque viene aquí cuando está triste, eh… ¡Ay, güey! ¿No estaremos en su…?
REY
GARAÑÓN: Él viene de la realidad externa al igual que ustedes. Nos lo explicó
alguna vez. Solo que no es un turista, este es su hogar. A esta dimensión a la
que pertenecemos suele llamarle “cabeza”. También por aquí la llamamos
dimensión onírica. Así que nuestro reino pertenece a la dimensión onírica.
GERALDINE:
¡Madres! ¿Cómo llegamos aquí?
REGINALDO:
Nadie lo sabe.
(Los turistas aparte)
VIDEL:
Güey, ¿neta entramos en su cabeza?
GERALDINE:
¿No estás viendo? Pinche lugar raro. Te curaron poniéndote azaleas en las
heridas. ¿En qué parte del planeta existe un lugar así? Todo es muy de
fantasía, muy de cuento de hadas. Se siente como una ensoñación. Apenas me está
cayendo el veinte.
VIDEL:
Pinche Rocco, ve muchas películas de Disney. Ja, ja. ¡Oye! ¿No estaremos
soñando, más bien?
GERALDINE:
No estoy segura. Tendremos que hacer más pruebas para saber si estamos en
nuestras cabezas o en la de Rocco.
VIDEL:
Quizás él nos metió aquí para protegernos. Pero no sé de qué. ¿Recuerdas qué
estábamos haciendo antes? ¿Por qué estaba herido?
(Geraldine recupera macabras
memorias. Hace un gesto de terror)
REGINALDO:
Es una terrible descortesía ignorar al Rey durante un banquete.
REY
GARAÑÓN: ¡Oh! Vamos, Reginaldo. Sosiégate, por favor. Son amigos de nuestro
Rocco. Unos extranjeros. Tienen otras costumbres.
GERALDINE:
Discúlpenos, alteza. ¿Nos podrían explicar, por favor, cómo nos encontraron?
REGINALDO:
Los hallamos en la Bahía de los Cerezos. Fueron paridos por el oleaje. Rocco
suele llegar por ahí. Estaban desmayados cuando los recogimos. Los llevamos al
Hospital Jazmín y ahí despertaron. Es normal que sufran una ligera pérdida de
memoria y lucidez, nos lo comentó el Doctor Lirio.
GERALDINE:
Desgraciadamente yo ya estoy recuperando la memoria (llora desconsoladamente).
REY
GARAÑÓN: Dulce criatura, ¿qué te aflige?
GERALDINE:
Pasó algo terrible en nuestro mundo. Corríamos peligro. Estuvimos cerca de
morir. Ahora estamos en el lugar seguro de Rocco. Lo sentimos, Rey Garañón,
pero no pertenecemos a esta dimensión. Estoy asustada. Estoy viviendo cosas que
no pensé que serían posibles. No quiero ser grosera, pero tenemos que salir de
aquí.
REY
GARAÑÓN: ¡Oh! Dulce y noble florecilla, tus lágrimas ensombrecen mi corazón.
Pondré a su disposición a mis más diestros súbditos para que los ayuden a
abandonar este lugar.
REGINALDO:
Debe ser sencillo. Rocco solo desaparece y ya.
VIDEL:
No sabemos cómo hacer eso porque al parecer no es nuestra cabeza. Creo que ni
Rocco lo sabe. Él no controla esas acciones.
REY
GARAÑÓN: Nuestro pueblo padece el defecto de ser ignorante en muchas cosas.
Solo conocemos lo que es asible en nuestros límites. Pero quizás podrían pedir
ayuda en un pueblo cercano.
(Geraldine detiene su llanto
de golpe)
GERALDINE:
¿Hay otros pueblos además del suyo?
REY
GARAÑÓN: Hasta donde sabemos, sí.
REGINALDO:
Nosotros somos un pueblo alegre y pacífico, mas existen otras regiones que
viven en un constante conflicto bélico, como el pueblo vecino, que está
integrado casi en su totalidad por insurrectos. Quizá, no sean las personas más
accesibles para conversar, pero ellos, bueno, están prácticamente al servicio
de Rocco. Además, son expertos en hacerse de información privilegiada. Creo que
podrían serles de gran ayuda.
GERALDINE:
¿Nos podrían decir cómo llegar?
REY
GARAÑÓN: Los deseos de mis invitados son órdenes para mis vasallos. ¡Guardias!
(A la media noche, los
turistas están hospedados en una alcoba del castillo, acostados cada uno en una
cama, conversando antes de dormir)
GERALDINE:
Tú también recuerdas lo mismo que yo, ¿verdad?
VIDEL:
Me tardé un poco en recordarlo, pero sí.
GERALDINE:
Estábamos en la patrulla, los tres, luego vimos una luz blanca con violeta que
nos aturdió bastante. Después ya no supimos más.
VIDEL:
Sí. Fue como un mal viaje. Muy intenso. Llegando aquí no estábamos muy lúcidos,
por eso nos tardamos en agarrar el pedo de lo ajena que nos es esta realidad.
GERALDINE:
Se sintió horrible. ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde entonces? ¿Dónde está
Rocco? ¿Quién nos metió aquí y cómo?
VIDEL:
Nos faltó preguntar si el asimilador de Rocco podía operar a la inversa.
Materializa sueños, pero también debe ser capaz de desmaterializar realidades.
Usurpador no nos comentó eso. ¿También él estará aquí?
GERALDINE:
Yeti: ya sé que eres un valemadrista, pero seguro tienes tus límites. No
entiendo cómo esto parece no afectarte. No te he visto llorar, no te he visto
berrear. Solo te vi asustado y desesperado cuando nos persiguieron los narcos,
pero incluso ahora que Prr Prr Cat estuvo cerca de matarte te encuentras como
si nada. No mames. ¿Todo lo que hemos vivido no te afecta? Estás cabrón. ¿Por
qué los hombres reprimen tanto sus emociones?
VIDEL:
Claro que me afecta, pero no puedo ponerme a chillar porque tengo que estar al
tiro para resolver nuestros problemas. Cuando salgamos de todo esto vas a ver
que voy a chillar contigo hasta que me deshidrate.
GERALDINE:
No te creo. Yo también estoy tratando de resolver este pedo y me pongo a
chillar a cada rato. No por eso estoy menos comprometida. Me parece más bien
que quieres mantener una apariencia que a nadie le importa, también te
atribuyes responsabilidades que nadie te pidió.
VIDEL:
También la cosa es que ya llevamos varios días juntos. Nunca habíamos pasado
tanto tiempo sin separarnos. Por eso te estás sacando de cuadro.
GERALDINE:
Extraño a mi mamá y a la abuela. Un poco a mi papá y al abuelo Sigifredo.
Quiero volver a la casa.
VIDEL:
Yo también los extraño.
GERALDINE:
Me aterra el viaje de mañana. No sé cómo comportarme en esta dimensión.
Imagínate todos los peligros a los que estamos expuestos.
VIDEL:
Pero también piensa en todas las ventajas que tendríamos a nuestro favor. Si le
agarramos el pedo seríamos capaces de hacer cosas increíbles.
GERALDINE:
Es verdad. No se me había ocurrido. Si somos ensoñaciones ahora, ¿por qué
llegaste herido?
VIDEL:
Supongo que así me recordaba a mí mismo y mi mente o la mente de Rocco, no sé, mantuvo
esa apariencia. Aunque en realidad, no recuerdo que me haya dolido nada.
Tampoco me parece haber tenido ninguna otra sensación física.
GERALDINE:
Espero que la gente de este reino realmente sea buena con nosotros. No podemos
confiar en ellos del todo. Me da un no sé qué que sean tan felices. Hasta los cortesanos
se portaban igual. Creo que el único amargado es el tal Reginaldo. Aun así,
todos son raritos. Aunque el lugar es muy bello. Hay flores, plantas y frutas
por doquier. Con razón Rocco se refugiaba aquí.
VIDEL:
Tú confía. El Rey es chido. Igual, hay que estar al tiro.
GERALDINE:
Ya duérmete.
VIDEL:
Pues ya cállate entonces.
GERALDINE:
Tarado. Videl… Te quiero.
VIDEL:
¿Tengo que decir que yo también?
GERALDINE:
No.
VIDEL:
Te quiero, Gera.
(A la mañana siguiente en la
Bahía de los Cerezos, los turistas están a punto de partir en una balsa.
Reginaldo los acompaña escoltado por la Guardia Florida)
REGINALDO:
Les presento al Capitán Clavel. Él es el líder de la Guardia Florida. Será el
encargado, junto con sus hombres, de escoltarlos hasta su destino.
(El capitán, con un semblante
rígido, se pone a disposición de los turistas sin mirarlos directamente)
GERALDINE:
Muchas gracias, capitán. Viven en un lugar realmente bello, Reginaldo. Me
encantaría regresar.
VIDEL:
¡Sí! Qué chido que de camino a acá nos siguieron los conejitos, los Bambies,
los ruiseñores, las mariposas y las ardillas. ‘Ora sí que puro animalito del
bosque.
REGINALDO:
La fauna del reino es amigable.
VIDEL:
Todos son muy amigables. ¡Qué pedo!
(Se acerca el Rey en un tronomóvil
cargado por cuatro guardias. Unos cuantos jilgueros le sobrevuelan la corona de
azaleas. Un puñado de cortesanos le siguen detrás levantando su manto real,
también sus músicos personales, que anuncian su llegada con fanfarrias. Además,
una manada de diversos animales felices completa la caravana real)
REGINALDO:
De rodillas todos, que su alteza real, el valeroso Rey Altazor Gastón Garañón
III, está por llegar.
(Los guardias que lo cargan se
detienen. Entre músicos, cortesanos y animales forman un pasillo frente a él.
Suenan las trompetas)
REY
GARAÑÓN: De pie, por favor.
(Desciende con cuidado. Unos
cortesanos le sostienen el manto real mientras camina hacia los turistas)
VIDEL:
Qué onda, mi Rey. Yo pensé que ya no llegaba. Oiga, quería preguntarle algo
antes de irnos.
REY
GARAÑÓN: Me congratulo en despejar tus dudas, noble viajero Videl.
VIDEL:
¿Usted no tiene una reina, una princesa o un princeso? Como que lo veo muy
solo.
(Todos excepto los turistas
guardan un silencio solemne por cinco segundos)
(Geraldine a Videl aparte)
GERALDINE:
Ya la volviste a cagar.
REY
GARAÑÓN: La reina Margarita, el príncipe Tulipán, el príncipe Girasol y las
princesas Violeta y Buganvilia nos dejaron el año pasado.
(Todos guardan un respetuoso
silencio por quince segundos)
VIDEL:
¡Ay! ¡Qué feo!
GERALDINE:
Güey, ya cállate, por favor.
VIDEL:
¿Entonces ustedes qué son? ¿Son sueños? ¿También se pueden morir?
REGINALDO:
Lo único que sabemos es que el destino de nuestra existencia depende del noble
Rocco.
REY
GARAÑÓN: Ja, ja. Vaya, vaya. Pero miren cómo están. Dejemos atrás las caras
largas. ¡Aquí siempre reina la felicidad! La tierra de la eterna primavera
nunca llora a menos que sea de gozo. ¡Hoy estamos de fiesta!
(Los músicos interpretan una
alegre melodía)
(Videl y Geraldine son
cargados por dos grupos de jilgueros para llevarlos hasta la balsa)
(El Capitán Clavel y sus
hombres suben con ellos y además abordan otra)
(Los turistas aparte)
VIDEL:
Oye, ¿por qué el Rey y su esclavo son los únicos que no tienen nombre de flor?
GERALDINE:
Eso qué importa. Vámonos. Luego le preguntas a Rocco.
(En la arena, el Rey y toda su
caravana continúan la fiesta. Cuando ven que las balsas están listas para
partir, lloran de alegría para despedir a los turistas)
(El Rey gritando)
REY
GARAÑÓN: Una tremenda alegría inunda mis ojos. ¡Albricias para los nuevos
amigos del reino! ¡Geraldine y Videl! Son ahora ciudadanos honorarios del Reino
de las Cruces Floridas. ¡Que vivan nuestros amigos!
TODOS:
¡Que vivan!
(Geraldine desde la balsa gritando)
GERALDINE:
Oiga, Rey, acérquese tantito, por favor. Tengo que preguntarle algo.
(El Rey corre a su tronomóvil.
Los cortesanos lo persiguen para seguir levantando su manto. Sus guardias
personales lo cargan para llevarlo hasta las balsas. Se sumergen con el agua
hasta el abdomen mientras el Rey habla con los turistas. Ninguno de ellos hace
un gesto de cansancio)
REY
GARAÑÓN: ¿En qué puedo ayudarte, dulce jovencita?
GERALDINE:
¿Rocco no le dijo qué significan para él estas cruces?
(El Rey pide a uno de sus
cortesanos que le traiga una pequeña cruz clavada en la arena. Se la entrega a
Geraldine)
REY
GARAÑÓN: Obsérvala detalladamente. ¿Puedes ver las iniciales y los números que
tiene grabados en su centro?
GERALDINE:
¡Sí! Dice: “G. G. B. 20-VII-80 a 08-IX-96”. ¿Son las iniciales de un muerto?
REY
GARAÑÓN: La muerte es una terrible calamidad de la realidad humana. Lamento que
ustedes tengan que lidiar con ella. Sobre todo Rocco, quien pudo presenciarla
muy de cerca. La razón por la que él venía cargando con su tristeza a este
lugar era para llorar la muerte de un ser amado. Eso que leíste son las
iniciales de su hermano Gino. Las cruces floridas las hacemos en honor a él.
(Los guardias comienzan a
remar. Las balsas se separan del Rey)
GERALDINE:
No, esperen. Videl: ¿oíste eso? Quiero saber más, por favor.
(Debido al tumulto el Rey no
la escucha. Las balsas se alejan cada vez más)
REY
GARAÑÓN: ¡Adiós, amigos míos! Gracias por regalarnos un momento de júbilo.
Deseamos que vuelvan pronto.
REGINALDO:
¡Buen viaje! Tengan cuidado con los insurrectos. Podrían atacarlos si los
desconocen.
VIDEL:
¡Se te ocurre decírnoslo hasta ahorita!
(Todos los integrantes de la
caravana arrojan geranios, cerezos, crisantemas, caléndulas, camelias, flores
de loto, orquídeas, dalias, begonias y hortensias al agua)
(Las balsas se pierden en la
lejanía hasta que se encuentran con una panorámica membrana color púrpura a la
que se dirigen directamente)
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