CAPÍTULO 20: TROUBLE IN PARADISE
¡Hoy es el día más feliz de mi
vida!
Por fin, después de tantos
años de pedirlo, mis papás aceptaron llevarnos a Paraíso Prehistórico. Estoy
muy emocionado. Ya quiero subirme a los Dinocars, entrar al Cementerio
Embrujado. ¡Ay! ¡Qué miedo! No, mejor no. Ojalá tenga la altura suficiente para
subirme al Pterotransbordador Galáctico. Tengo que superar el uno cuarenta de
estatura. La última raya que hice en la pared llegaba hasta el uno treinta y
ocho. Al menos sí me alcanza para subirme al Vulcano. ¡Ay! Hay muchas
atracciones. Quiero tomarme una foto con Pánfilo el Dinosaurio. También jugar a
los Triceratopos para ganarme un peluche de él o de sus amigos Leoncio el
Dientes de Sable o Infanta la Elefanta. Aunque ella más bien es un Mamut, pero
bueno… ¡Oh! Ya me está hablando mi mamá para desayunar. ¿Dónde dejé mis tenis?
[En el comedor de una casa.
Una familia se prepara para desayunar. El padre, la madre y el hermano mayor
esperan al menor de la familia]
MAMÁ: [De
pie, sirviendo los platos] Gino, ¿puedes ir a apurar a Rocco? Se le va a
enfriar su plato.
GINO: Pero
ya empecé a comer. No sé por qué siempre se tarda tanto.
PAPÁ: [Sentado,
leyendo el periódico] ¿No le habrás escondido su zapato otra vez?
GINO:
No.
MAMÁ:
[Voltea a ver a Rocco que va bajando de la escalera] ¿Qué tanto haces? Se está
enfriando tu comida.
ROCCO:
Perdón. Es que no encontraba mi tenis.
PAPÁ:
[Volteando a ver con insinuación a Gino] Mmm…
GINO:
Tú me preguntaste por su zapato, no por su tenis.
ROCCO:
[Rebotando alegremente los cubiertos con ambas manos] ¡Hiciste salchipulpos!
PAPÁ:
¿Ya estás listo para ir al Paraíso Prehistórico, Rocco?
ROCCO:
¡Sí! Apúrense que se nos va a hacer tarde.
GINO:
No comas ansias, carnalito, que se te va a atorar un salchipulpo.
PAPÁ: Hijo:
¿no va a venir tu novia?
GINO: No,
anda de vacaciones con su familia. ¿Y tu novia no va a venir, Rocco?
ROCCO:
[Gritando muy molesto] ¡Yo no tengo novia!
GINO: [Sonriendo
burlonamente] ¡Cómo no! ¿Y la niña con la que estabas el martes a la salida de
la escuela? Creo que los vi besándose.
ROCCO:
¡Eres un chismoso! No nos besamos. Ella es Estefany, es mi amiga. Le estaba
enseñando la tarea.
GINO:
Los niños y las niñas no pueden ser amigos.
ROCCO:
¡Ya no me estés molestando!
MAMÁ:
¡Apúrense a comer!
[En el auto de la familia
rumbo a Paraíso Prehistórico. Papá conduce, mamá se maquilla en el asiento del
copiloto. Gino, en el asiento de atrás, ve aburrido por la ventana. Rocco, a su
lado, está distraído con un videojuego portátil]
GINO: ¿Es
neta que no habías venido? Yo recuerdo que mi papá nos trajo una vez.
MAMÁ:
Rocco todavía no nacía.
GINO:
¿Pues cuántos años tienes? Estás bien tierno.
ROCCO:
[No le responde por estar distraído con el videojuego. Gino le tapa la pantalla
con la mano] ¡No! Me vas a hacer perder.
GINO:
Ni que estuviera tan chido tu juego rascuacho. Un Tetris, ¡no ma’! Lo de hoy es
el Gameboy. Dile a mi papá que te compre uno.
PAPÁ:
Están muy caros esos aparatos.
GINO:
Bueno entonces pídeselo a Los Reyes.
PAPÁ:
[Mira enfadado a Gino por el retrovisor. El chico lo ve con un semblante burlón,
poniéndose el ápice de la lengua en los dientes de leche. El padre lo ignora y
se dirige a su hijo menor] Rocco: ¿no quieres ver por la ventana?
ROCCO: ¿Qué hay?
PAPÁ:
Si te lo platico no tiene chiste.
ROCCO:
¡Wow! ¿Ese es el Paraíso Prehistórico? ¡No te pases!
MAMÁ:
[Baja el rímel de golpe para voltear efusiva a ver su pequeño hijo] Este es tu
día, mi amor. ¡Disfrútalo!
[Cruzando la entrada del
parque. Rocco corre feliz. Sus padres, detrás, caminan tomados de la mano.
Obligan a Gino a ir tras él]
GINO:
Rocco, no te pierdas porque si no te voy a dejar aquí, ¿eh?
ROCCO:
[Con una enorme sonrisa que le tensa la cara] ¡Ven! Vamos a subirnos a los
Troncosaurios.
GINO:
No. Yo no me quiero mojar.
PAPÁ:
Hijo, ven para que te dé dinero.
MAMÁ:
No dejes de vigilar a tu hermanito. Córrele que ya se te perdió. Nos vemos en la
zona de comida, en las Brontoburgers en una hora.
GINO:
[Corriendo, buscando a Rocco entre la gente] ¡Carnal! ¡Rocco! ¿En dónde andas?
Pinche chamaco. No se puede esperar. [Atraviesa una sección del parque. Gira en
trecientos sesenta grados, pero no logra verlo. Se distrae viendo un par de
señoritas pasar. Sin darse cuenta, entra en La Jungla de Pánfilo]. ¡Ah, chingá!
¿Qué son estas enredaderas? [Ve a un niño de espaldas parecido a Rocco parado
detrás de una enorme roca de unicel. Lo toma del hombro con un poco de
brusquedad] ¿Rocco? ¡Ay, perdón! Te confundí con mi hermanito. Ya se me perdió
este cabrón.
ROCCO:
[Acechando a Gino de espaldas. Salta detrás de un volcán de unicel de metro y
medio de altura al mismo tiempo que este emite un ruido de erupción. Unas tiras
de papel celofán rojo ondean en su cráter para simular la lava] ¡Roar! ¡Soy un
tiranosaurio!
GINO:
[Voltea evidentemente asustado. Al reconocerlo, le da un coscorrón en la cabeza.
Le desacomoda una gorra de dinosaurio con la que no había llegado al parque]
¡No te vuelvas a separar así, cabrón!
ROCCO:
[Se acomoda su gorra. Se soba la cabeza llorando] Tú dijiste que si me perdía
me ibas a dejar aquí.
GINO:
Sígueme dando razones y lo voy a hacer. No llores, chilletas. ¿De dónde sacaste
esa gorra?
ROCCO:
[Señalando a una tienda de souvenirs] Estaba en unos ganchos de ese
salón.
GINO:
[Arrastrándolo de la mano para llevarlo a la tienda] Sí, menso, pero hay que
pagarla. ¿Viste cuánto cuesta?
ROCCO:
Creo que doscientos pesos.
GINO: ¿Alguien
vio que la agarraste?
ROCCO:
No.
GINO:
[Se queda unos segundos reflexionando y luego camina en la dirección opuesta a
la tienda de souvenirs] Vente, mejor vamos a subirnos al Vulcano que se
nos va a hacer tarde.
[Los dos hermanos en la fila
del Vulcano]
ROCCO:
¿Por qué te gusta el teatro?
GINO:
Pues está chido.
ROCCO:
Me gustó mucho tu última obra.
GINO:
¿Apoco? Tuve bien poquitos diálogos.
ROCCO:
Pero lo hiciste muy bien. De hecho…
GINO: [Lo
interrumpe para avanzar en la fila] ¿De hecho qué?
ROCCO:
Pues estaba pensando que yo también quiero ser actor.
GINO:
¿Neta te gusta el teatro? Pero si nada más has ido como dos veces y a ver mis
obras chafonas.
ROCCO:
Sí. Bueno. Pero tú me motivas a hacerlo. Es que… ¡Ay! Te vas a reír como
siempre, pero lo quiero decir: te admiro.
GINO: [Le
da un ligero zape en la nuca que le desacomoda la gorra] No empieces con tus
joterías.
ROCCO:
[Le da un puñetazo en la cadera que le duele más a él] Por eso no te quería
decir nada, pinche manchado.
GINO:
No estés de niña. Mira, te voy a decir algo: lo que sea que quieras hacer,
hazlo por ti. A la gente le vale pito tu vida. Eres al único al que le
interesa. Si quieres ser actor hazlo porque te gusta el teatro. Por eso te
digo: ¿qué sabes del teatro? Investiga. Conócelo. Ve a ver más obras para que
estés seguro de que realmente te gusta, pero no lo hagas nada más porque
alguien más lo hace.
ROCCO:
Me quieres desanimar. Yo solo quiero que tengamos algo en común. Tengo un amigo
que toca la guitarra y la armónica porque su papá y su abuelo las tocan. Son
una familia de músicos. Yo quiero algo así. Que digan que tengo una familia de
actores.
GINO:
¿Para qué?
ROCCO:
[Haciendo pucheros] Se siente chido.
GINO: ¡Uy!
No, carnal. Y menos lo vayas a hacer por el reconocimiento. A lo mejor piensas
que todos están al pendiente de lo que hagas, pero no es cierto. Si eres o no
actor a la gente le va a valer madres. Mira, no es cierto que te quiera
desmotivar. Hazlo si quieres. Métete a un taller de teatro o lo que sea, pero
si no te gusta no lo fuerces. No te tienes que crear ninguna imagen para llamar
la atención. Simplemente hazlo porque lo disfrutas. Piensa bien en eso, porque
hay muchos niños en el mundo que no pueden hacer lo que quieren. Como en África
o en esos países.
ROCCO:
[Limpiándose las lágrimas con la manga de su camisa] ¿En serio?
GINO:
Te lo juro, carnal.
[En la zona de comida. Papá y mamá están
abrazados en unas mesas ubicadas afuera de las Brontoburgers. Ambos comen un
algodón de azúcar. Gino y Rocco se aproximan a ellos]
PAPÁ:
Qué bonita gorra, hijo. ¿Cuánto les costó?
GINO:
Estuvo barata.
MAMÁ:
¿Por qué se tardaron tanto?
GINO:
Había mucha gente en el Vulcano.
PAPÁ:
Ya los íbamos a vocear. Pidan algo de comer. Nosotros ya comimos.
ROCCO:
¡Yo quiero una raptoburger!
PAPÁ:
[Le da un billete] Órale. Ve a pedirla [el niño se dirige a la barra].
GINO: ¿Y
ustedes no se van a subir a ningún juego chido?
MAMÁ:
Ya estamos viejitos. Nada más nos subimos a la rueda de la fortuna y entramos a
la casa de los espejos, que aquí tienen otros nombres, pero es lo mismo.
GINO:
Qué flojera.
PAPÁ:
Y ahorita vamos para el carrusel.
MAMÁ:
Tu papá anda en plan romántico
PAPÁ:
¿Qué quieren? Soy un cursi [los esposos se rozan las narices sonriendo
románticamente. Luego se dan un beso. Mamá arranca un pedazo de su algodón para
dárselo a papá en la boca].
GINO:
Todavía ni como y ya se me revolvió el estómago.
[Los chicos terminan de comer
y nuevamente se separan de sus padres. Se suben a distintas atracciones. Gino
se gana un peluche de Pánfilo el Dinosaurio en el martillo de fuerza. Se lo
regala a Rocco. Los muchachos realmente disfrutan su visita. Al atardecer,
pasan al lado del Cementerio Embrujado. Justo ahí, Gino se detiene]
GINO:
¿Cuántos años tienes?
ROCCO:
[Un poco nervioso mirando hacia el Cementerio] Amm… 10.
GINO:
Ya puedes entrar.
ROCCO:
¿Seguro? Creo que es hasta los 12.
GINO:
No. Mira. Ahí dice que desde los 10.
ROCCO:
Pero no podemos entrar con el peluche.
GINO:
Sí. En la entrada te lo cuidan.
ROCCO:
¿Y si nos lo roban?
GINO:
No digas pendejadas.
ROCCO:
Se ve que está caro. Dijiste que ya casi no teníamos dinero.
GINO:
[Carcajeándose. Dándose cuenta de que Rocco tiene miedo de entrar] Pinche
collón. Le voy a decir a tu novia la Estefany que andas de marica.
ROCCO:
[Haciendo aspavientos con los brazos] ¡Que no es mi novia!
GINO:
Entonces le voy a decir a tu amigo ese, el de la guitarra, ¿cómo se llama? De
seguro él si entraría. Se ve que es más macho que tú.
ROCCO:
[En un notable arrebato de envidia al verse comparado] ¡No es cierto! Él es más
chillón que yo. Él… Se llama… ¿Cómo se llama?
GINO:
[Carcajeándose fuertemente] No manches que no sabes cómo se llama tu amigo. Tu
único amigo.
ROCCO:
[Desorientado, balbuceando] Es… Este… ¡Qué importa! ¿Vamos a entrar sí o no?
GINO:
Órale. De repente te llegaron las ganas. Vamos, pues. Ahí está la taquilla.
[Gino paga las entradas. Se
dirigen al punto de acceso, pero Rocco se encuentra dubitativo]
GINO:
Ya no te eches para atrás porque ya pagué.
ROCCO:
[Con la mirada desviada] Ya te dije que no.
GINO:
¿En qué tanto andas pensando? Te tengo que agarrar de la mano todo el tiempo.
No te vayas a soltar porque tú eres bien impulsivo.
ROCCO:
¡Ya déjame en paz!
GINO:
También eres reenojón. ¿Viste que mis papás andaban de ridículos?
ROCCO:
Sí. Qué raro, ¿no? ¿Eso es normal?
GINO:
¡Claro! Siempre han sido así. Hasta parece que no los conoces.
ROCCO:
No sé. Como que tengo la impresión de que ellos no son así. No sé por qué [el
anfitrión de la atracción, vestido de pterodáctilo vampiro, salta desde dentro
del cementerio. Golpea las tablas del piso con su suela provocando un gran
estruendo. Rocco se sobresalta].
GINO:
Ja, ja, ja. Sabía que te ibas a espantar con eso.
ROCCO:
No. Es que estaba distraído.
[El anfitrión da su speech
con poca motivación. Recoge el peluche de Rocco para resguardarlo con un trabajador
del parque. Abre las rejas del cementerio las cuales expulsan humo desde su
interior. Adentro se oyen lamentos y se ve completamente oscuro. Rocco vuelve a
sentir miedo. Las personas que van a entrar forman una fila detrás del
anfitrión. Avanzan]
GINO:
[Caminando con Rocco delante de él. Le sostiene la mano] Estás sudando un
montón. Límpiate bien las manos porque no quiero que te me resbales.
ROCCO:
Está muy oscuro.
GINO:
Pues sí. De eso se trata.
[Entran todos los que pagaron
el recorrido. Se cierran las rejas de un azotón. Rocco se sobresalta
nuevamente. Aprieta la mano de Gino. Personas con máscaras salen
inesperadamente de los costados durante el recorrido. Lanzan amenazas
aterradoras. Se oyen voces en las paredes. Hay muy pocas luces de neón. Cruzan
puentes movedizos y pisos endebles. Rocco se encuentra sumamente estresado.
Caen esqueletos de animales desde el techo. Se escuchan carcajadas terroríficas
por todos lados. Hay sangre en las paredes, presas de depredadores
desangrándose en el suelo. Rocco comienza a sentirse mal]
ROCCO:
Gino, vámonos de aquí.
GINO:
[Le habla a Rocco con una voz distorsionada como si no fuera natural] ¡Yo no
soy Gino!
ROCCO:
¡Ah!
GINO:
[Gritando con su verdadera voz] Soy yo, menso. Te estoy asustando. Te digo que
no me sueltes.
ROCCO:
Me quiero salir.
GINO:
¡No manches! Vamos a la mitad del camino.
ROCCO:
Dijeron que podíamos salirnos en cualquier momento.
GINO:
[Al ver que la persona que va delante de ellos se molesta con la actitud de su
hermano] Estás molestando a todos en la fila. Ya aguántate. No pasa nada. Todo
es seguro.
ROCCO: No, Gino. Me estoy sintiendo mal de verdad. Además huele muy feo [Gino no responde. No se le ve la cara por el exceso de humo]. Hazme caso [nuevamente no responde. Rocco le jala la mano con fuerza]. Otra vez me estás molestando. Te estoy hablando. No me gustan esas bromas [sigue sin responder y su mano comienza a sentirse fría. Él se preocupa]. Hermano, ¿estás bien? ¡Gino!, ¡Gino! Estás muy frío.
VOZ 1:
[Una voz aguda le habla cerca del oído derecho] Gino no está aquí.
ROCCO:
[Sobresaltado] ¿Quién es?, ¿quién está hablando? ¡Gino!, ¡Gino!
VOZ 2:
[Otra voz le habla ahora por el oído izquierdo] Esto no es lo que crees.
[Se queda paralizado del miedo.
La mano de Gino comienza a sentirse huesuda. Rocco la siente extraña y la
suelta. Da un paso hacia atrás, pero choca con una persona. Al voltear a ver el
cuerpo grita horrorizado. Un hombre de gran estatura con una máscara de jockey,
guantes y una sierra motorizada está parado detrás de él. De los hoyos de la
máscara sale una luz roja intensa. Enciende la sierra]
VOZ 3:
[Una tercera voz, un tanto áspera, le vuelve a hablar por un oído] Nunca más
vas a volver a salir de aquí.
ROCCO:
[Intenta escapar hacia su izquierda, pero se topa con lo que parece ser un lobo
con el cuerpo de un hombre. La oscuridad no le permite ver sus facciones. Rocco
cree que es un empleado del parque disfrazado. El sujeto le pone las manos en
los hombros] Ustedes no pueden tocarme. Nos dijeron que estaba prohibido [se
libera del monstruo que lo sujetaba. Intenta correr hacia el otro lado y entonces
alguien lo toma de la mano. Siente uno de los anillos de Gino por lo que piensa
que su hermano volvió por él]. Gino, vámonos de aquí, esto se está poniendo muy
raro.
[Una luz roja cenital se
enciende dejando ver que la supuesta mano de Gino no tiene cuerpo. Rocco la
suelta asustado. Corre hacia donde estaba la entrada. El punto de fuga se aleja
de él volviéndose más pequeño. No puede pasar por ahí. La luz se apaga.
Comienza a llorar y a pedir auxilio. Las personas que estaban delante de él se
han ido. Otra luz roja, pero tan pequeña como una luciérnaga, aparece
revoloteando frente a él. Rocco la sigue con la mirada]
LUZ 1:
[La luz le empieza a hablar. Cada que lo hace se enciende y se apaga] ¿Esto es
lo que quieres? [De pronto aparecen más luces. Todas le hablan al mismo tiempo].
LUZ 2:
[Seseando] ¡No vassss a conssseguir nada!
LUZ 3:
[Gritando con un tono gutural] ¡Tienes que renunciar!
LUZ
4: “¿Qué es la vida?...
LUZ
5: “Dejen a los niños…
LUZ
4: … ¿Un frenesí?...
LUZ
5: … Y no les impidan que vengan a mí…
LUZ
4: … ¿Qué es la vida?…
LUZ
6: “Porque sueño, yo no lo estoy…
LUZ
5: … Porque de los que son como estos es el Reino de los Cielos”.
LUZ
4: … Una ilusión”.
LUZ
6: … E iré a descansar con la cabeza entre dos palabras…
LUZ
7: “Bienaventurados los que lloran…
LUZ
6: … Parce que moi je rêve, je ne le suis pas”.
LUZ
7: … Porque ellos serán consolados”.
[Se
oye cómo se acciona el interruptor de una luz de un teatro. Las voces se apagan
al unísono. Reina el silencio. Rocco se encuentra sentado en cuclillas, con los
ojos cerrados y cubriéndose las orejas. Llora tan fuerte que le da tos. Hace
arcadas de náuseas. Nuevamente se oye el interruptor y se enciende una luz
cenital circular a unos metros frente a él. Rocco se percata del silencio. Abre
los ojos. Ve en medio de un círculo de luz a un gato negro sentado. La
presencia del animal le causa escalofríos. Rocco, un poco fuera de sí por el
pánico, siente la necesidad de hablarle al gato]
ROCCO:
Ayúdame.
GATO:
No me permites ayudarte.
ROCCO:
Por favor.
GATO:
Deja de resistirte.
ROCCO:
No lo hago. Haré lo que quieras, pero sácame de aquí. Ya no quiero tener miedo.
GATO:
[No le responde. Camina hacia él. Lo mira compasivamente. Sus ojos color
púrpura comienzan a brillar. Una capa del mismo color brota de su cuello. Le
coloca enternecido su pequeña garra en la rodilla]. Eres solo un niño, un pobre
niño que necesita ser salvado.
ROCCO:
[Se deja consolar. Detiene su llanto. Aspira con fuerza para subirse los mocos.
Se seca las lágrimas con las mangas. Lentamente va dejando de gimotear. Toma la
garra del gato como señal de confianza. Afirma las palabras del felino con su
omisión].
GATO:
Nadie más hará las cosas que yo hago por ti porque nadie te ama como yo.
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