CAPÍTULO 17: ESPEJO

El maestro Leandro estaba en un campo minado. Se vislumbraba difícil que algún dios se amparara de él. La subinspectora Luisa lo tenía cercado. No solo a él, también a Adán quien libraba su propia batalla a kilómetros de distancia. La uniformada tenía la ventaja a pesar de disputar dos partidas al mismo tiempo. Leandro adolecía en territorio enemigo. El mentor exprimió su cerebro hasta extraer la excusa que le pareció la más idónea para escapar del asedio, pero es imposible burlar a quien ha anticipado todos tus movimientos. La sagacidad de la subinspectora no era ningún mito. El maestro cayó en la trampa. Pisó una mina que no solo lo consumió a él, sino también la suerte de los lozanos fugitivos. Luisa tenía amarrada la victoria desde antes de entrar al ministerio.

—¿Qué fue lo que me delató?

—¿Quieres venir a darle misa al padre? No, profe’. Cuando tú apenas vas yo ya vengo de regreso. Eres el vivo reflejo de todos los güeyes a los que he encerrado por andarle jugando a los justicieros. Muchos huevos para romper la ley, pero en los interrogatorios se andan empinando para que los dejes ir. Mírate en ese espejo y dimensiona el pedo en el que te estás metiendo. El mismo presidente me encargó encontrar a esos chamacos. Mejor ve cooperando porque no hay mentira que un policía no haya escuchado.

—Dejen a mi novio en paz. Asumo la culpa de todas mis equivocaciones.

—No, profe’. Aquí no catafixiamos castigos. ¿Quieres asumir algo? Asume que tú y tu viejo se chingaron solitos.

Después de consumar la victoria, la insaciable subinspectora se abalanzaba sobre su siguiente triunfo de la madrugada.  

—¿Ya aflojó el teacher, jefa?

—Pos ¡ah! ¿Tú qué crees, Manríquez? Si estos pinches charlatanes son reblanditos. ‘Ámonos pa’ San Topo, pero en chinga. Dile a Melgarejo que te diga su posición.

—Acabo de hablar con él. Ya localizaron al novio, aunque no vieron a nadie más en su camioneta.

—Usté’ no sienta frío hasta no ver pingüinos. Ya están acorralados. Me urge acabar con esto para concentrarme en el desmadre de la custodia de mis hijos. Esos pinches chamacos y el ruco pelón se nos complicaron más de lo debido, pero ten fe en tu superiora, Manríquez. Este pedo está a punto de tronar.

En las afueras de San Topotenango, una serie de destellos rojiazules obligaron a Adán a detenerse cuando viajaba de regreso a casa. Los policías revisaron minuciosamente su vehículo, sin embargo, no hallaron a los desaparecidos. El dueño de la camioneta tuvo que comparecer ante las autoridades.

Parecía que la suerte de los muchachos se agotaba. Ellos no eran ajenos al cerco policial, por eso buscaban fraguar su propia fortuna.

La prometida reunión con la Dra. Samantha estaba a punto de llevarse a cabo. Al caer la noche, el policía del Museo de las Culturas Precolombinas le entregó las llaves a la directora interina cuando ya nadie más quedaba en las instalaciones. Ella le informó que se quedaría con Mariano a revisar unos pendientes de la coordinación. Le agradeció y le dio permiso de retirarse. Quince minutos después le dio la orden a Mariano de ingresar a sus nuevos amigos por el estacionamiento.

Ella los esperaba en una compacta sala que improvisaron para hacer juntas. Desde que ellos llegaron, tuvieron que adaptarse a las carencias que el modesto recinto les ofrecía. Aunque eran quisquillosos, cualquier incomodidad valía la pena con tal de estar lejos de la vigilancia oficial en la Capital.

A la doctora se le acabó la indiferencia cuando vio que Mariano venía escoltado también por el atractivo treintañero que se apareció en la sala principal la mañana anterior. En el intento por no escupir el café, este terminó escurriéndosele por la nariz. Cuando los muchachos entraron a la sala la encontraron de espaldas lidiando con unas servilletas.

—Ya llegamos, Samantha. ¿Estás bien?

— Sí. Sí. Siéntense —respondió un poco atribulada—. Buenas noches a ti también, Mariano, ¡eh! ¿Dónde están tus modales? —Un poco más aliviada, pudo darse la vuelta para observarlos, aunque el hombre de la cabeza centelleante la ponía un poco nerviosa—. Contigo es imposible, eres un irrespetuoso. Como sea, me da gusto que mi asistente los haya convencido de venir. Él es más diplomático que yo. Acabemos con esto rápido, por favor, que no me gusta desvelarme. ¿Entonces tú eres Rocco y los dos stalkers eran los famosos hermanos León? Ayer que me acosaron en la cafetería pensé que eran novios. No se parecen. Aunque sí están bien prietitos los dos, debí haberlo sospechado. —Los chicos se voltearon a ver incómodos—. No me digan que siguen jugando a fingir que no son ustedes. De menos se hubieran caracterizado con unas narices y unos bigotes falsos, no frieguen, manos. Por favor, corazones, están en todas las noticias. No hay nadie en el país que no los reconozca. Mariano, ¿sí les dijiste que ya sabíamos quiénes son?

—Los motivé para que lo dijeran por su cuenta. No me gusta presionar a las personas.

—Esa es la razón por la que la jefa soy yo. Eres un zacatón para las confrontaciones. Así no vas a llegar muy lejos, doctor. No me estés haciendo tus caras que sabes que tengo razón. A ver, Rocco, ¡despierta! Te estoy hablando. No te vayas a quedar dormido porque te echo a la policía, ¡eh!

—¿En qué puedo servirle?

—En nada. No te me pongas servicial. Te estoy haciendo una pregunta, no te estoy dando órdenes. Si tú eres el líder de esta pandilla, explícame por qué te aliaste con el señor Alexis Cárdenas López, a quien su familia está buscando en la Capital. Explícame esta relación tan rara porque creo que ni la policía sabe qué onda con esto.

—Lo sabrá en unos minutos. Primero queremos agradecerle por recibirnos y por no avisarle a las autoridades.

—¿Quién dijo que no les he avisado?

—Es… ¿broma?

—Prosiga, Rocco, lo veo a usted muy inspirado. Ya pasaron los formalismos. Ahora dígame algo que me interese.

—Venimos a que nos diga todo lo que sabe del tótem. Supongo que Mariano ya le comunicó lo que le contamos ayer. Tenemos una fuente de información valiosa para ustedes, solo queremos que nos respondan lo que deseamos.

—Mmm… “Deseo”. Así que esto se trata del deseo. Pero no me estás preguntando nada en concreto. Suéltalo ya sin tantos rodeos.

—Bueno, para empezar. Díganos si el objeto que ustedes resguardan aquí, el tótem o no sé qué nombre específico le pusieron, es un portal a otra dimensión. —La doctora no ocultó la risa extremadamente burlona que la palabra portal le causó. A Rocco le empezaron a desesperar sus descortesías—. No le veo la gracia. No entiendo por qué su actitud. ¿Sabe por todo lo que hemos pasado estos días? No nos hemos comunicado con nuestras familias para protegernos a nosotros, pero también a ustedes. No nos trate condescendientemente como si nos hiciera un favor al recibirnos. Sabe muy bien que también nos necesita.

—¡Uy! Cuánto drama. Me encanta el drama. —Rocco se levantó sumamente irritado.

—¿Se divierte? ¿Somos un pinche chiste para usted?  

—¿Por qué gritas tanto? ¡Qué carácter! ¿Tienes novia? Se ve que te hace falta una. Me divierto, señor, porque cree que los necesito tanto como ustedes a mí. Yo no viajé cientos de kilómetros para verlos, aunque sé que los misterios que fueron dejando atrás por su viaje en carretera están relacionados con mi investigación. Si tu información fuera tan valiosa como dices sabrías que la pieza no es un portal, es un puente. Por eso me río. Me divierte tu audacia. Mariano me dijo que tienen un ente de otra dimensión que asimila consciencias o algo así, que los trata como humanos insignificantes, pero que ni siquiera sabe cómo funciona el puente. ¿No es gracioso? ¿Por qué los necesitaría? Podemos seguir nuestra investigación sin su ayuda.  

—¿Entonces por qué nos recibió?

—Yo sé que soy sangrona, ¿sí?, ni crean que me voy a controlar porque aunque quisiera no puedo. Si aceptan quedarse pues allá ustedes. Yo la verdad ya me quiero librar de ustedes. No me conviene que me anden visitando porque tienen a toda la pinche policía del país detrás ¿Sabían que su caso es federal? La subinspectora de la Policía Federal los está buscando. Me van a arruinar mi investigación. Los recibí para advertirles en su cara esto: váyanse de aquí lo antes posible o los voy a denunciar con las autoridades. Les estoy dando ese chance. A veces me da por ser medio buena onda.

—Eso no fue lo que acordamos con Martín —dijo Yeti.

—Soy Mariano. Y no, no lo fue. Pero si se los decía no iban a hablar. Pensamos que podrían tener información valiosa, pero ya nos dimos cuenta de que no.

Los chicos hervían del coraje. Sintieron vergüenza por haberse dejado engañar de esa manera. Pospusieron el reencuentro con sus padres con la esperanza de encontrar una solución. Involucraron al maestro y a Adán en un asunto peligroso. Y todo para irse con las manos vacías. El rostro tan intransigente de la doctora les indicaba que nada la haría cambiar de opinión. Rocco, tan impulsivo a veces, pensó por un momento en someterla por la fuerza, pero la situación lo hacía sentirse tan insignificante que se paralizó sin desearlo. Geraldine maquinaba opciones y Videl estaba a punto de deshacerse en insultos hacia los doctores cuando Usurpador se atrevió a rescatar la misión.  

—Lamentablemente los humanos no tienen la capacidad de leerse la mente entre sí. No sé qué es lo que ha descubierto sobre el puente, pero sé que no conoce la dimensión de donde provengo porque si se hubiera trasladado a ella se habría vuelto incorpórea y no podríamos percibirla más que por el olor. Entonces tampoco sabe de los peligros provenientes de mi plano natal que podrían vulnerar su integridad.

—¿Me está amenazando, Alexis, Usurpador o lo que sea? Porque mi guardia de seguridad tiene la orden de venir hasta acá con refuerzos si yo le marco. —Mostró que su celular estaba listo para iniciar una nueva llamada —. Además, él les avisaría a los federales que ustedes están acá. Podrán haber intimidado a Mariano, pero a mí no. Encima de todo, este señor Rocco ha demostrado ser arrebatado, no les voy a permitir ningún tipo de amenaza.  

—Sé en qué consiste el acto de amenazar. No es lo que yo pretendo. No tengo motivos para interponerme en sus deseos ni tampoco para defender a los jóvenes ya que no tengo sentimientos. Lo único que sé es que debo regresar a mi dimensión para depositar los conocimientos que asimilé en el banco receptor de la entidad que me ha creado. Nací con ese propósito y mi naturaleza me ha programado para hacer todo lo que sea necesario para cumplirlo.

—Otro al que le gusta andarse con rodeos. Se ve que ya se contagió del morenazo. ¿Qué es lo que quiere decirme?

—Que usted no conoce los peligros que amenazan su realidad. Cuando una dimensión se conecta con otra forman una especie de vínculo.

—Ya lo sé, es como las neuronas espejo. Por lo mismo las clasificamos como dimensiones espejo. Yo seré una simple antropóloga, pero tengo un equipo de especialistas a mi cargo. No crean que nada más trabajo con el Mariano.

—Supongo que también sabe que si las dimensiones establecen contacto se abre la posibilidad de que se vuelvan a cruzar.

—Sí. Es una hipótesis que manejamos, pero con las millones y millones de realidades que existen, ¿de cuánto cree que es la probabilidad de que eso vuelva a pasar? Del cero punto cero, cero, cero, cero… No sé cuántos ceros más. Ya les estoy diciendo mucho. Les dije que no iba a conversar. Váyanse ya o le llamo al guardia.

—Como bien lo mencionó, las conexiones dimensionales funcionan igual que las de las neuronas espejo. Yo también las conozco desde que estoy asimilando un cerebro humano y sé que a pesar de que ustedes tienen miles de millones de neuronas, estas pueden volver a coincidir con otras con las que ya se han conectado antes porque el cerebro se los ordena. Es decir, la probabilidad se reduce cuando existe una voluntad que puede manipular su reconexión. —La doctora pareció haber escuchado algo que llamó su atención. Lucía un tanto preocupada. Entreabrió la boca para susurrar y movía los ojos rápidamente de un lado a otro.

—Aprendió muy bien la insinuación humana. Esta es la última vez que se los digo: sin-ro-de-os. ¿Qué me está queriendo decir? ¿Que esto no es una casualidad sino una causalidad?

—Me parece que únicamente han contemplado la hipótesis de que los cruces se dan involuntariamente.

—¡No juegue conmigo! O habla usted o hablo yo. —Señalaba su teléfono amenazadoramente. Como si ya no lo reconociera, miraba enfurecida al rostro que hasta hace un día veía con interés. El resto de los reunidos se mostraban desconcertados—. Dígame qué sabe.

—No sé nada más que lo que le he dicho. Yo no miento porque no tengo motivaciones para hacerlo. No trato de asustarla. Mi petición es clara. Coopere para que volvamos a nuestro mundo. Es algo que nos conviene a nosotros y a ustedes. Es probable que nuestra naturaleza no sea alterada porque los humanos no serían una amenaza para nuestro entorno; sin embargo, su planeta si se ha visto afectado por nuestra presencia, aunque ni siquiera hemos tenido la voluntad de hacerlo. Ahora imaginen qué pasaría si una entidad de nuestras características tuviera claras intenciones de alterar su mundo.

—Ya, Samantha. Enséñales el tótem. Esto es muy serio. —A la doctora no le importó que Mariano haya omitido su grado académico porque un pánico inesperado comenzaba a infectarla.

—No. No te creo. Me estás mintiendo para espantarme. ¡Otra vez me estás amenazando! —Poco a poco perdía el control—. No lo voy a tolerar más. Le voy a llamar al guardia, ya me decidí. —Rocco y Videl se preparaban para arrebatarle el teléfono y Geraldine para someterla, pero de pronto la doctora cambió de parecer—. Acabo de recordar algo. —Volteaba a ver a Mariano quien la comprendía sin que le dijera nada—. Vamos a la bodega, todos. Ustedes, háganse para atrás que ya no le voy a llamar a nadie —les decía a los dos varones veinteañeros—. Malditos escuincles. ¡Me chocan!

—¡Uy! Cuánto drama. Me encanta el drama. —Rocco aprovechó el momento para desquitarse remedándola. Ella lo miraba con desprecio.

El traslado a la bodega estuvo lleno de silencio. Las intenciones de la doctora y Mariano no eran claras. Los chicos no estaban dispuestos a dejarse sorprender nuevamente. Sin embargo, la expresión de la directora interina era algo nuevo para todos. Por primera vez desde que inició el ríspido encuentro se le veía en una posición vulnerable. Toda la confianza que desbordaba antes estaba extraviada. Cuando llegaron a la bodega tiró las llaves al intentar abrirla. Estaba imprecisa. Mariano sacaba un pañuelo para secarse el sudor que le empapaba la frente.

Al entrar pudieron identificar poco porque la luz era escaza. No estaban seguros de si lo que había en los anaqueles eran penachos, si lo que estaba grabado en aquellas rocas eran glifos o si esas vasijas de barro eran prehispánicas o contemporáneas. La única persona capaz de explicar la valiosa colección que se guardaba en ese sótano tenía el habla atrofiada.

Fueron conducidos hasta el rincón. Detrás del último anaquel, se encontraba un estante metálico con las puertas abolladas. Tenía unos tags marcados con plumón sobre la pintura. Una cadena cobriza por la oxidación era la única defensa para proteger el que podría ser el objeto más misterioso resguardado por la raza humana. Mariano removió la cadena, la cual ni siquiera estaba sellada por un candado; únicamente tenía un nudo a medio apretar. Los muchachos no podían creer que una pieza capaz de alterar el orden mundial estuviera tan desprotegida. La doctora se justificó.

—¿Qué esperaban? ¿Una caja fuerte con mil combinaciones y rayos láser alrededor? Lo que menos queremos es llamar la atención.

—¿Dónde dejaste el desarmador, Samantha?

—Los tornillos no están apretados.

El único objeto visible dentro del estante, además de las telarañas con cochinillas adheridas, era un enorme costal de croquetas económicas a punto de vaciarse. Nuevamente el silencio agobiante de los foráneos obligó a la responsable a defenderse.

—Aquí guardamos la comida para los perros también.

—¿Cuáles perros?  ̶ Cuestionó Yeti.

—Los que cuidan el museo. No me miren así. Acuérdense que yo nada más estoy de paso.

El estante tenía un techo falso elaborado por el herrero del pueblo. Mariano lo empujó y al contraerse se botó a sí mismo permitiendo su fácil desprendimiento. Adentro, el verdadero techo tenía un recuadro de lámina atornillado al centro. Mariano removió los flojos tornillos con los dedos para retirar la placa que cubría un recuadro. Ahí dentro se encontraba una caja de madera pegada al estante con varias capaz de cinta canela.

—Pero si tienen permiso para estudiar al tótem, ¿por qué lo esconden? —Preguntó Rocco.

—Para que no se lo robe el Gobierno cuando descubran algo. ¿Has trabajado en el Gobierno? No conoces la maña de esa calaña.

Mariano tuvo que ayudarse de su navaja suiza para liberar la caja. Cuando al fin pudo desprenderla notaron que simplemente era una caja de dominó de madera sin barnizar. A Geraldine le causó simpatía el hecho de utilizar cajas falsas para estafar a incautos.

El vicedirector del museo, que era el único que realizaba las acciones, desplegó una mesa tan corta que medía casi lo mismo que los únicos bancos que tenían disponibles. Al sentarse, los muchachos vieron asfixiados sus muslos por la poca diferencia de tamaño de los objetos; se vieron obligados a despegarse un poco de la mesa.  

La doctora se dispuso a hablar, pero primero quiso conocer el funcionamiento de los asimiladores y las características de la dimensión ahogada por las tinieblas de la que provenían. Usurpador, más familiarizado con la economía lingüística, se expresó de manera fluida y concisa, sin embargo, las constantes interrupciones de la directora alargaron el discurso por cerca de una hora. Cuando terminaron, ella se dispuso, ahora sí, a decirles el porqué de su exaltación previa.

 —Al fin llegó el momento que tanto estaban esperando. Les voy a presentar al amiguito con el que me he encariñado desde hace algunos años. Lo quiero más que a Mariano, eso es obvio, porque él no me falta al respeto. 

La doctora se colocó unos guantes blancos de látex y un cubrebocas. Deslizó la tapa de la caja estrecha. Sacó una pieza de no más de quince centímetros. Era de una madera bastante gruesa y resistente. Tenía tallados tres rostros de lo que parecían ser unos animales. Desfilaron las palabras lobo, perro, león, jaguar, mono, hipopótamo y hasta cocodrilo, pero ninguno era plenamente reconocible. No tenía pintura encima, solo un poco de moho. Tenía una forma cilíndrica. Su grosor era parecido al de un micrófono. No tenía nada de especial. Rocco pensó que les podrían estar tomando el pelo nuevamente, pero la doctora sacó su celular para mostrarles fotografías de los diversos estudios que le realizaron en distintos laboratorios. Videl preguntó si pertenecía a este mundo o venía del espacio exterior.

—No sabemos —dijo su poseedora—. Fue descubierto en el sureste del país.

—¿Quién la tenía?

—La desenterraron, mi vida. Por las características de los rostros se cree que pudo haber pertenecido a la cultura olmeca. Encontraron en sus detalles grandes similitudes con su arte y está bien, estoy de acuerdo con eso. Sin embargo, los olmecas no elaboraban tótems. Como bien saben, los ritos totémicos son característicos de lo que hoy es Canadá y el noreste de Estados Unidos, principalmente. Las culturas mesoamericanas no hacían eso. Los olmecas tampoco eran muy adeptos a trabajar la madera. Como yo me especialicé en esa cultura, me llamaron del Museo de Antropología para investigarla. Se pensaba que era un nuevo hallazgo que cambiaría radicalmente lo que sabemos de ellos. Pero yo nunca quise apoyar esa hipótesis. Me metí a revisar libros y libros y a consultar a grandes especialistas, incluso internacionales, pero no encontré nada. Insistí para que la retiraran de exhibición. La llevé a la ENAH, de donde soy egresada. Ahí conocí a algunos científicos que me ayudaron a revisarla. Hasta ahora no se ha descubierto qué tipo de madera es, por qué le sale moho si no es roca, tampoco parece haber sido tallada por los utensilios de alguna cultura precolombina, y otras cosillas que ustedes no van a entender. La mandamos a Canadá para analizarla, pero tampoco pudieron comprobar que perteneciera a alguna de sus culturas. Busqué por todo el mundo y, sin embargo, nada. Esta pequeña es muy reservada y no nos dice mucho de ella.

—A nadie le importa esta pieza. Algunas revistas científicas publicaron artículos dirigidos a ella, pero nadie se interesó en su estudio. De hecho, en los últimos dos años nos recortaron el presupuesto para su investigación. Nadie más quiere financiarnos. La Secretaría de Cultura se está echando para atrás y puede que nos obliguen a parar las investigaciones.

—Me sentía bloqueada. Ni siquiera podía pensar en que viniera de otro planeta. Le escribí a la NASA y me ignoraron. Pero entonces llegó el bendito Eclipse Fantasma a iluminarme. Por cierto, qué nombre tan más horrible. Juraría que se le ocurrió a la prensa, siempre se inventan tarugadas así, pero creo que esta vez fue obra de un astrofísico. Ja, ja, Qué oso. En fin, les decía que teníamos el tótem en un laboratorio de la ENAH cuando ocurrió el oscurecimiento. Al parecer, este chicuelo tan reservado se mostró un poco más desinhibido durante ese fenómeno porque se comportó como un receptor de señales de radio muy extrañas. Utilizamos un radiotelescopio casero para interceptarlas. Lo logramos, pero jamás detectamos su origen. Fue entonces que comenzamos a manejar la hipótesis de que provenían de otra dimensión. El tótem podría ser un radiotelescopio natural que recibe señales de radio de otro plano existencial. Al recibirlas su superficie cambió un poco. La pieza estaba caliente, muy caliente. De hecho, brillaba un poco como si acabara de ser forjada por el fuego. Hicimos pruebas y rápidamente descubrimos que el objeto también estaba emitiendo esas señales. Las atrajo y las rebotó. Es como lo que hace el espejo con la luz. ¿Sí me siguen? ¡Fue asombroso! Tras doce años de estudio no teníamos nada y en unos cuantos minutos dimos un avance tremendo en comprender su comportamiento.  

—Nos puede explicar lo del portal o puente, por fa —exclamó Geraldine.   

—Hablé con un amigo mío que es físico y que está en una universidad en Bélgica. Me contó un poquito sobre los portales a otra dimensión y me explicó de qué forma esto sería posible. Bueno, pues no vamos a cruzar a otra dimensión abriendo una puerta y ya, cruzando un umbral, no. No es magia. Por eso me reí de ustedes. “Qué mamona”, ya sé, porque hace ocho días yo era igual de ignorante, pero bueno, ya lo hice y me vale. Me explicó que una posibilidad para entrar a otra dimensión es encontrar un puente. No es lo mismo que un portal. El puente tiene dos extremos unidos por un sendero, el portal únicamente es una delimitación. Es un poco lo que pasa con los agujeros para los viajes en el tiempo; si es que han leído sobre el tema me entenderán.

—Yo sí —dijo Videl orgulloso mientras la doctora se asombraba.

—Quién lo viera. El que parece más burro es el más avezado en el tema. La cosa es que no podemos buscar el puente y ya. No tiene una localización fija. Es como buscar el final de un arcoíris. Más bien, tendríamos que esperar a que el extremo de nuestro puente conecte con un extremo similar en otra dimensión. Que se pueda ver reflejado en un semejante. Es como encontrar a tu media naranja, para los enamorados. Algo me dice que todos aquí somos solteros. Qué pena. Pues nuestra hermosa pieza no, ella sí encontró a su tal para cual. No sé exactamente cómo funcionan estos cruces de los que nos habla Usurpador. Si es que en algún momento los dos extremos del puente se pueden alinear como las estrellas y si eso pasa porque están en una posición donde sean capaces de recibir las ondas del otro extremo para así conectar ambas dimensiones. Sin embargo, lo que dijo este hom… Lo que dijo él. No sé de qué especie seas. Aquí te clasificaron como asimilador. ¿Eres macho o hembra?

—Para mayor practicidad en la comunicación me identifiqué como un masculino.

—¡Qué bueno! Porque las viejas somos bien complicadas. Me estoy desviando mucho. Les decía que yo pensaba en la hipotética alineación como un acto involuntario. Las estrellas y los planetas se alinean por su naturaleza, no porque a alguien se le dio la gana que lo hicieran. Pero este señor mencionó que podría ser posible que alguien tenga injerencia en esa alineación, ¿o me equivoco?

—Considero que podría ser posible.

—Entonces me vino a la mente una cosita que Mariano y yo descubrimos. Si algún ente todopoderoso nos está usando como piezas para su juego macabro, ya nos chingamos. Aunque queramos no vamos a poder contrarrestar eso. Pero si alguien un poco más ordinario, definitivamente no todopoderoso, pero sí bastante mal de su cabecita, tiene los escrúpulos de, digámoslo así, forzar un cruzamiento. ¡Ay! Qué fe se oyó eso, pero no me voy a desgastar con la terminología adecuada. En fin. Eso evidentemente sería peligroso, pero tendríamos una posibilidad de enfrentarlo. Los trastornados siempre cometen errores. Son víctimas de sus impulsos.

—Ya diles lo que dedujiste.  

—¡Ya voy, fastidioso! Pensaba en eso un día que Mariano y yo estábamos viendo las noticias sobre todos los sucesos paranormales acaecidos en los últimos días. Me dije a mí misma: ¿cuáles son las variantes que se repiten? Tenemos el vapor, las criaturas extrañas y violentas y, además, ustedes o, mejor dicho, Rocco. Hace rato Mariano me habló para decirme que le habías explicado cómo funciona tu naricita mágica. Más que preocuparme por él, confirmé lo que ambos ya habíamos teorizado. Esos monstruos se originaron por el vapor que probablemente tú o tus amigos propagaron. Todo eso era cosa suya. Vaya, yo que conozco al Gobierno sé que sí se les da el crear cortinas de humo, pero no son tan ingeniosos. O sea, ¡El Chupacabras!, ¡hazme el favor!, hasta ahí llega su creatividad. Regresando al tema, con respecto a tu magia nasal dije ¡ay, equis! Quizá es algo que viene de otra dimensión, pero a mí no me sirve de mucho en mi investigación. La cosa es, mi querido Rocco, que no sé si sepas, pero en los últimos días hay rumores que vienen de la Capital. Nosotros vivimos ahí, tenemos familia ahí. Terminando esta misión vamos a regresar para allá. La mamá de Mariano, muy linda, por cierto, no como él, le dijo que hay un chisme de que una nueva secta se está formando, ¿sabías esto?

—Para nada. He estado un poquito ocupado últimamente, la verdad.

—Bueno, ya lo sé, pero yo lo decía porque esos rumores vienen de tu colonia. Eres de San Miguel, ¿verdad?

—Sí.

Pues una amiga de la mamá de Mariano también. Además, San Miguel está muy cerca de la ENAH, donde estaba resguardada mi pieza. ¿Sí estás uniendo los puntos? Cuando el tótem actuó como un puente, las entidades, dígase los asimiladores, que cruzaron a esta dimensión se desplazaron en las zonas aledañas; las primeras cosas que encontraron fueron a ti y al tal Alexis. Después de eso comenzó todo este show paranormal. Ahora, volviendo a los rumores. La amiga de la mamá de Mariano le habló de esta secta. Lo que saben es muy poco porque parece ser que sus líderes son muy cuidadosos con la fuga de información. Sin embargo, la gente habla de una especie de sacerdote o líder supremo que fundó una nueva fe. Dicen que hace milagritos. Tú pensarás que es un charlatán, pero no, de repente hubo ciegos que recuperaron la vista. Niñas con síndrome de Down o algo así de feo que se curaron. Gente hasta el cuello de deudas que de un día para otro tiene lana. Mujeres que han dejado de menstruar para siempre. Eso me dio mucha risa, pero también se dijo.   

—¡Ay! Yo también quiero ese favorcito —dijo Geraldine con pesadumbre fingida.

—Ya sé, mujer. Una bendición. Pues si son habladurías de la gente o no, los rumores siguen creciendo. Eso apenas nos lo dijeron ayer. Nadie habla de la apariencia del líder porque están como asustados. Pero se dice que tuvo la fuerza para tomar un templo evangélico con pocos seguidores apoyándolo. La suegra de México, ¡ay, sí! La mamá del Mariano pues, le dijo a su retoño que lo único que saben es que el sacerdote usa una capa.  

—¿De qué color? —Dijo Rocco sobresaltado.

—No sé, mi vida. ¿Por qué? —De pronto la doctora guardó un silencio sepulcral que alarmó a todos—. ¿Cerramos la puerta Mariano?

—Sí. No sé. ¿Por qué? —Respondió el joven tartamudeando.

—Creo que se metió uno de los perros. —Mantenía una posición tensa. Con los hombros comprimidos, los pies cruzados y las manos entrelazadas, sin subir ni un milímetro la mirada—. ¿Puedes ir a ver?

—No.

—Te estoy hablando no como amiga, ¡sino como tu jefa! —Los nervios la alteraban tanto como a su asistente quien no dejaba de temblar.  

—¿Por qué dices que se metió un perro? Yo no escucho nada.

—No se oye nada, pero sí puedo oler algo. —Se involucró Rocco—. Gera, ¿estoy despierto?

—Sí, güey. ¿Qué pedo? ¿Qué está pasando?

Rocco se ponía los dedos frente a las fosas nasales. Intentaba percibir vapor, pero no veía ni sentía nada. Se llevó las manos a la garganta, parecía que le ardía. Videl, acostumbrado al proceso, estaba alerta para intentar mantener despierto a su amigo. Geraldine volteaba a ver a los anaqueles para detectar una presencia extraña, pero el foco de pocos watts le dificultaba la vista. La doctora y Mariano seguían discutiendo. Ella apretaba fuertemente el tótem y su asistente corrió a arrancárselo de las manos para que no lo rompiera con la presión. Ambos comenzaron a forcejear. Usurpador estaba tan inmóvil como siempre hasta que algo lo hizo ponerse de pie, cosa que llamó la atención de todos por lo inusual de su acción. Mantenía la vista firme hacia el frente. Los demás apuntaron sus miradas hacia la misma dirección esperando que no hubiera otra presencia más que el perro vigilante. No se veía nada, no se escuchaba nada, pero se sentía como si hubiera alguien más en la bodega. Rocco sabía que olía a vinagre, solo que esta vez la intensidad era grotesca. Cuando el ardor disminuyó, con la respiración entrecortada comenzó a conversar con las sombras.

—¿Qué se te ofrece? ¿Por qué te apareces hasta ahora? Más te vale que vengas con buenas intenciones porque no tenemos tiempo de lidiar contigo. —Todos permanecieron en silencio aguardando la respuesta del interlocutor, sin embargo, pasaban los segundos y nadie respondía. Rocco volvió a la carga—. Sé que puedes hablar. Hablaste conmigo miles de veces. Fuiste creado para ayudarme, espero que vengas a eso.  

—No te equivocas, amado mío. He regresado para ponerme a tu servicio. —Una voz aterradoramente sonora, pero a la vez solemne, inundó a la bodega de pánico.

—¿Entonces por qué te ocultas? Si estás a mi servicio te ordeno que salgas de las sombras.

—Ponerme a tu servicio no significa volverme tu esclavo. Me diste una conciencia y libre albedrio, así como una oportuna sabiduría. Yo también tengo una mente como los humanos. Sembraste en mí tus ideales, tus miedos, tus inquietudes, tus necesidades; todo aquello que te llena de rabia, que no te deja vivir en paz. Mi misión es suprimir los malestares de tu mente. Me has dotado de poder para ello y también me enseñaste la compasión por el prójimo. He sido expulsado de tu subconsciente por una razón. Sé que alguien lo planeó así. Desde entonces me he permitido tomarme la libertad de decidir qué es lo mejor para ti y para el mundo con base en lo que me enseñaste. He emprendido una misión con el objetivo de llenar este mundo de amor. Amor era lo que me pedías. Está en mi naturaleza amarte, pero también amar a los demás. Tú soñaste muchas veces con un mundo así, mas sabías que era imposible conseguirlo ya que existen enormes cantidades de enemigos que han sembrado el odio en las personas. Tú me dijiste quiénes son esos enemigos. Te prometo que los apartaremos del camino y llegaremos cuanto antes a ese mundo ideal con el que siempre has soñado.  

—No me gusta cómo habla, Rocco. No me gusta —decía Geraldine temblando y casi a punto del llanto.

—Este cabrón está loco. ¡Vámonos de aquí! —Sugirió Yeti.

Pero Rocco sintió un poco de responsabilidad en las amenazadoras palabras de su creación. Inclinaba un poco la cabeza intentando contenerse. Entendía que su interlocutor tenía un comportamiento sumamente hostil. Después se preocupó al pensar que quizá el intruso podría haber escuchado gran parte o toda la explicación de la doctora y eso lo volvería peligroso.

—¿Eres tú el profeta milagroso del que se habla, Prr Prr Cat? —A Geraldine y a Yeti casi les da un infarto cuando escucharon ese nombre.

—Ese es el nombre que tú y Geraldine me dieron, pero últimamente me han concedido otros apelativos en agradecimiento: Salvador, Redentor, Mesías, El Amor Encarnado, El Verdadero Profeta, Él. No voy a mentirte. Se siente bien que el amor sea recíproco. Me diste la capacidad de sentir también. Cuando los humanos me devuelven el amor entiendo por qué es tan necesario para este mundo. No sé qué has escuchado de mí, pero lo que quieras saber te lo puedo contestar… Si me acompañas.

—¿A dónde te tendría que acompañar?

—A liberar al mundo.

La criatura dio un solo paso. Se sintió cómo la pesada pata del animal gigante cimbraba el suelo. Todos se replegaron. No había a dónde escapar. Entre ellos solo estaban la pared, un anaquel, el estante y la amenaza por el frente. El orador dio otro paso, esta vez una de sus patas recibió un baño de luz. Era amarilla como el sol vespertino, adornada con tres garras frontales y una lateral. Videl y Geraldine esperaban que su pelaje fuera negro, pero Rocco no parecía sorprendido. La fiera dio otro paso, esta vez se descubrió una pierna, la mitad de su garra delantera y una capa púrpura que le hondeaba a las espaldas. No había duda, era un león, un león más grande de lo normal, parado en dos patas, erguido como un humano y corpulento como un guerrero. La doctora se ocultaba tras Mariano, rezando y llorando al mismo tiempo. Había guardado el tótem en la caja cuando escuchó la voz. Metió la caja en la bolsa de su chamarra y rogó porque la figura que acechaba no fuera por ella.

Al notar el pavor que los humanos le tenían, el autoproclamado salvador extendió sus patas delanteras hacia el frente mostrando docilidad. Adoptó una imagen parecida a la del Cristo del Sagrado Corazón. Con total delicadeza mostró una parte de su melena. Los ánimos no se relajaban.

—¿Por qué es un león, Rocco? Debería ser un gato. ¿Seguro que es Prr Prr Cat? —Preguntaba Geraldine, pero Rocco no respondía por la tensión.

Finalmente, el animal mostró ligeramente una parte de su rostro. Lo que sorprendió a todos fue que tenía los ojos cerrados. Él único que parecía saber el porqué era Rocco, quien, previniendo el próximo movimiento, gritó en voz alta:

—¡Corran!

El chico se abalanzó contra el anaquel intentando crearse una salida, pero este era mucho más pesado de lo que esperaba. Mientras la estructura de fierros se tambaleaba, dos poderosos faroles se encendieron frente a ellos cuando la amenaza abrió los ojos. Tenían una tonalidad violácea y una fuerza cegadora. Rocco volvió a arremeter contra el anaquel. Las luces frontales lo obligaban a actuar con los ojos cerrados. Cuando por fin logró derribar su obstáculo intentó hacer correr a todos por encima de él y de los objetos derribados, mas nadie se encontraba en condiciones de huir. Todos estaban en el suelo sometidos por el brillo intenso. La criatura abandonó el estoicismo y dio un salto tremendo de más de tres metros. Voló por los aires para aterrizar a los pies de la doctora quien no tuvo ni tiempo de gritar cuando vio a semejante bestia a unos centímetros de ella. El animal la miraba fijamente. Solo la mirada le bastaba para contenerla. Extendió su cola más de lo que la normalidad le tenía permitido. La cola serpenteaba como si tuviera vida propia. Con una elasticidad inesperada, se alargó hasta entrar en la bolsa de la doctora. Ella sostuvo la caja de dominó con todas sus fuerzas, pero las del animal la superaban. Le arrebató la caja con el tótem dentro y antes de ir sobre Rocco le brindó algunas palabras a la mujer vencida:   

—Gracias por la información. Es realmente una persona que domina el don de la sabiduría como pocos. Pero le aseguro que sus augurios pesimistas no se harán realidad. Nuestra misión tendrá un desenlace satisfactorio para todos. El tótem está en buenas manos.    

Geraldine le ordenó a Videl que sacará a Rocco cuanto antes del lugar. Su hermano dudaba de dejarla atrás. Reflexionó por unos momentos, tiempo suficiente para que el león se les acercara. Rocco lo atacaba con objetos valiosos para los estudios históricos. Piezas importantes en otras eras de la humanidad estaban siendo degradadas a armas improvisadas. La bestia hacía gala de su habilidad felina. Esquivaba los ataques con suma facilidad. Rocco se disponía a enfrentarlo con sus manos, pero sorpresivamente Usurpador cargó contra el mamífero. La fortaleza física del desaparecido Alexis era utilizada con gran destreza por Usurpador que controlaba los hilos desde su cerebro. No era rival para el monstruo, pero les dio algunos segundos a Rocco, Videl y Geraldine para escapar. Como era de esperarse, la fiera antropomorfa arrojó sin esfuerzo a Usurpador por los aires. Valiéndose únicamente de sus patas traseras, las utilizó como catapulta para liberarse del intento de sometimiento por parte del hombre controlado.  

Prr Prr Cat adoptó una pose cuadrúpeda para desplazarse mejor. Saltó por encima de los anaqueles con extrema agilidad. Brincaba de uno en uno para perseguir a sus amados. Al llegar a la puerta de la bodega los vio huir hacia la izquierda con rumbo a la salida del museo. Sin ningún problema, apoyó las patas en la pared izquierda y de ahí se impulsó hasta la puerta. Lucía muy cómodo, desplazándose libremente como un practicante de parkour. Aunque no podía verlos los percibía por el olfato. Cruzó el pasillo que conectaba al sótano con unas escaleras. De un sato superó todos los escalones y vio que la puerta que conducía a la sala central estaba atrancada. De un feroz zarpazo desprendió la chapa. Jaló la puerta con una fuerza tan brutal que la arrancó de las bisagras. Rugía señorial, parecía decretar que no había escapatoria para nadie. Pudo notar que la puerta principal seguía cerrada. El olor de los chicos se percibía cerca.   

Consideraba que sus intenciones eran pacíficas, pero nada detendría su deseo. Podría llegar a un extremo indeseable si alguien más lo orillaba a tal opción. Andando a cuatro patas relajó su marcha. Buscaba a sus presas entre los exhibidores de acrílico. Las colecciones del museo eran cómplices de los tres amigos. Aquello parecía un juego de escondidillas macabro. El león se acercaba sigiloso a algún exhibidor, en un instante lo destrozaba de un zarpazo pensando que alguno de los chicos estaba detrás. Los pedazos de acrílico llovían por todos lados y el estruendo al romperlos era el soundtrack de la cacería. El felino orador vio cómo un pie se escondió rápidamente detrás de un exhibidor. Se relamió los bigotes. Con la mirada fija adoptó una pose de cacería. Acechaba a sus presas con sumo cuidado. Se engarrotó. Estiró sus patas delanteras inclinando su melena sin dejar de mirar fijamente a su objetivo. Tamborileó las garras un par de veces. Volvió a relamerse los bigotes. Esperó unos cuantos segundos y saltó asombrosamente creyendo que al fin atraparía a sus presas, pero cuando estaba a punto de tocar el piso una enorme vasija de barro (que no se sabía si era contemporánea o prehispánica) se estrelló contra su endeble melena provocando que rugiera del dolor. Cayó de bruces. Intentó reponerse, pero tenía la mirada borrosa. Estaba un tanto mareado. Se tambaleaba. Entre su neblina interna vio cómo Usurpador huía del lugar con las argollas de la vasija rota en sus manos. La paz se estaba esfumando. Comenzaba a considerar usar un poco de fuerza para capturar a Rocco.  

Mientras tanto, la doctora seguía en shock. Mariano la asistía aún en la bodega. Ambos estaban en el suelo temblando de miedo. Más que el impacto de lo que acababa de ver, lo que tenía mal a la antropóloga era el hecho de haber perdido la pieza.

Rocco, Yeti, Geraldine y Usurpador se reagruparon. Estaban a unos metros de la puerta principal. Usurpador les explicó que Prr Prr Cat estaría fuera por unos segundos. Era ahora o nunca. Tenían que aprovechar esa ventaja. Estaban a punto de correr cuando Rocco percibió el olor a vinagre una vez más. El cazador nuevamente se acercaba. Echó un vistazo rápido hacia atrás, pero no vio nada. Ya no le parecía tan seguro correr hacia la puerta, la cual se encontraba justo delante de ellos. Además, probablemente estaba cerrada con llave y la doctora estaba muy lejos de ellos para ayudarlos. Videl les hizo saber a todos que no tenían otra oportunidad. El temible felino estaba tan cerca que el único camino que tenían libre era el que estaba enfrente. Nadie se atrevía a hacerle caso cuando de pronto notaron las sombras de algunos pies que se alcanzaban a ver por debajo de la puerta. Había un ligero tumulto. Probablemente alguien habría ido en su ayuda. Las personas que afuera se agrupaban comenzaron a golpear la puerta con un objeto. Se notaba pesado. Oyeron un segundo golpe y Rocco se alegró al descubrir de quién se trataba.

—¡Son policías! ¡Son policías! —Gritó de una manera efusiva e irónica dado que hasta hace unos minutos a quien menos deseaban ver era a la policía.

Tras el tercer golpe la puerta estaba a punto de vencerse, pero en ese momento alguien jaló a Videl. Cuando los muchachos voltearon lo vieron ser arrastrado detrás de un exhibidor. Fueron en su ayuda, pero se internaron en un laberinto en donde cada que creían alcanzarlo su captor lo alejaba de su campo visual. Rocco llamaba a Prr Prr Cat, le decía que se entregaría si soltaba a su amigo. Se plantó en medio del laberinto para dejarse atrapar. Antes de obtener una respuesta, el cuarto golpe derribó la puerta. Entró un equipo táctico con sus armas y linternas apuntando a todos lados. Hallaron a los chicos, los reagruparon y los pusieron de rodillas. Ellos balbuceaban que ayudaran a su amigo. Uno de los policías escuchó los gritos de Videl y fue en su auxilio.  

La subinspectora Luisa entró en escena. Se acercó a los chicos arrodillados y le mencionaron que buscaban a un león. Mientras ella descifraba si era literalmente un león a lo que se referían les pidió que se pusieran de pie. Por radio, los hombres de la lideresa le informaron que habían rescatado a un muchacho y tenían acorralado al león muy cerca de la cafetería. Ella se dirigió inmediatamente hacia allá acompañada de Manríquez y Melgarejo. 

La subinspectora arribó a la cafetería solo para encontrar a sus hombres apuntando firmemente a un león antropomorfo que vestía una capa. Aunque iba preparada para cualquier sorpresa paranormal, la siniestra imagen le causó repulsión. Ordenó a dos de sus elementos que escoltaran a un Yeti herido con sus amigos. Por radio le dio la indicación a Dorantes de sacar a los chicos del museo. Apenas estaba intentando explicarse lo que veía cuando sintió la mirada fija del acorralado. La veía directamente a los ojos, sin parpadear. Ella se sintió reconocida, amenazada. Sostuvo con fuerza su arma. Tenía un inexplicable ímpetu por aniquilarlo. Cuando se disponía a apuntarle, observó cómo el monstruo le sonreía burlonamente. La lideresa no pudo soportar el desafío y disparó cinco veces hacia su objetivo con las manos temblándole como nunca antes. Jamás olvidaría ese momento.

Unos segundos antes afuera del museo, Dorantes solicitó que llamaran a control animal y a más refuerzos. Rocco le informó que en la bodega se encontraban la directora y el vicedirector interinos del museo. El oficial mandó a unos policías en su auxilio. Por el radio de Dorantes, se escuchó cómo su superiora disparaba a discreción al enemigo. Cuando el segundo al mando creyó que habían acabado con él, ordenó a dos hombres que se llevaran a un hospital a los cuatro rescatados.

Los tres amigos ingresaron en un vehículo oficial y Usurpador abordó otro. Una patrulla más los escoltó. Dos elementos, un piloto y un copiloto viajaban en cada auto. Todos sintieron que el peligro se había terminado. No lograron lo que se propusieron al viajar a San Topotenango, pero más importante que eso, lograron salvar sus vidas una vez más. Ya no les importaba descubrir nada, solo llegar a tiempo para curar las heridas de Videl.

Unos kilómetros después la patrulla que los escoltaba se detuvo inesperadamente. Detrás venía el trío de muchachos y hasta el final el vehículo de Usurpador. Los tres autos se estacionaron en fila. El policía que protegía a Rocco y compañía lucía preocupado. Llamó por radio a su compañero de enfrente y este le comunicó que se bajaría a revisar. Al parecer un cuerpo obstruía el camino. Todos sospecharon lo peor. El miedo regresó. Geraldine les pidió encarecidamente no detenerse, pero el policía que los custodiaba esperaba el reporte de su compañero. Por el cristal empañado, con la dificultad de la densa oscuridad, intentaron divisar qué sucedía. Apenas si se alcanzaba a ver. Geraldine gritaba desesperada que podría tratarse de una trampa. Videl se lamentaba por el dolor. A Rocco tampoco le pintaba bien el asunto. De pronto, el uniformado que se bajó a revisar accionó su arma. Se escucharon dos detonaciones. Uno de los elementos que viajaba con los chicos salió a ayudar ante los gritos desesperados de Geraldine. Nuevamente intentaron asomarse y oyeron otro disparo. Después unos gritos y al final vieron cómo una ráfaga amarilla barrió con uno de los servidores públicos. Los muchachos no sabían qué hacer. El policía que los cuidaba quería ir a auxiliar a sus compañeros, pero no podía dejarlos solos.   

Pasaron unos segundos y no se oía nada. Los segundos se convirtieron en minutos. Lo único que se escuchaba era la respiración entrecortada de todos. El custodio hablaba por radio, mas nadie le respondía. Cortó cartucho, puso su mano en la puerta. Geraldine intentó detenerlo cuando una luz enorme de color violeta se encendió frente a ellos a través del parabrisas. El uniformado pareció desmayarse con la intensidad. No era una luz cualquiera. Era un violeta tan intenso que se tornaba blanco. De pronto todos oyeron un sonido penetrante, como cuando se te tapan los oídos y te quedas oyendo un chillido por unos minutos. Comenzaron a sentirse cansados. Perdían las fuerzas de sus cuerpos poco a poco. Sentían que la energía se les escapaba. Rocco miró sus dedos, se veían desfasados. El sonido no se iba. Un mareo intenso los aquejaba. Empezaron a olvidar quiénes eran, también dónde estaban. Perdieron la noción del tiempo. Los ojos se les entrecerraban. El silbido aumentaba de intensidad mientras que el blanco los difuminaba. No reconocían al de al lado, al voltear a verlo veían su propio reflejo, pero no sabían de quién se trataba. Sufrieron una total despersonalización frente a un espejo siniestro. La luz se los tragó y no volvieron a saber nada de sí mismos por un rato.



FIN DE LA PRIMERA PARTE

Comentarios

  1. Felicidades, Cato!! Ha sido un agasajo leer esta obra literaria.

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  2. Felicidades por tu obra literaria! Te deseo éxito en todo lo que escribas y publiques.

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