CAPÍTULO 27: LAS OCULTAS FORTALEZAS DE LA NOBLEZA

En algún lugar

Una vista panorámica deja ver una ciudad inerte. Pero entre un montón de edificios, hay un detalle que no escapa al ojo humano. Podemos hacer un acercamiento para hallarlo. Es un destello que clama por ser mirado. Es un cristal que le ha tendido una trampa al sol para robarle un rayo y dispararlo a discreción. Encontramos al embustero o, mejor dicho, a los embusteros. Son dos cristales redondos anclados en dos cilindros estampados con un camuflaje militar. Una mano callosa con las venas del dorso a punto de estallarle los sostiene. Los enmarca en unos ojos con el pliegue de cejas abultado. Después, son retirados dejando una huella en la piel que nunca se convertirá en herida a pesar de su constancia. Este ciclo se repite más o menos unas cinco veces hasta que la mano se cansa y reposa unos segundos recargada en un muslo frondoso.  

Alguien, desde una azotea atiborrada de calor, vigila el que es considerado el recinto católico más visitado del mundo. Alterna el descenso de sus binoculares con el ascenso de un walkie tolkie. Observa y después envía el mensaje, el cual es recibido por un compinche suyo plantado en Calzada de los Misterios. Perdido entre la gente que viene y va, da los pormenores del acceso principal al templo. El vigilante, a su vez, se comunica con otros dos cómplices que están arriba de dos vehículos, cada uno ubicado en cada costado del templo.

Finalmente, un último aliado descansa sobre una silla de cuerdas de plástico en el interior de una bodega. Además del radio, se comunica airadamente por un celular. Mueve las manos con cada palabra como si enrollara hilos con los dedos. Se despega del respaldo, levanta los pies, da palmadas en sus muslos, se vuelve a recargar en el respaldo. Podemos verlo de espaldas, sin la luz a nuestro favor. Solo se ve su silueta, pero si ampliamos la imagen, seremos capaces de contemplar la pila de enormes cajas que ocupan la mitad de la bodega.

Mientras esta red de comunicación se asienta en los alrededores de la Basílica, el líder la organización reposa sobre su trono. Nuevamente esconde su cara tras una capucha. No por sus ojos, pero sí por los avistamientos de sus colmillos, podemos inferir que está molesto. Recarga su cabeza sobre un puño, se desparrama sobre el asiento real. Tiene las piernas extendidas con la cola en medio de ellas. Con la otra garra, tamborilea las falanges sobre el brazo del trono. Ahora tiene el estilizado cuerpo de una cheetah. Se encuentra a solas porque así lo ordenó. Vuelve a asomar los colmillos acompañados de un gruñido de ira. Se ha cansado de tamborilear las garras y las clava en la madera del brazo tan profundamente que logra desprenderle un trozo. Lo aprisiona en su puño. Lo pulveriza con una fuerza temible. Se levanta alebrestado, dispuesto a recuperar lo que le han arrebatado.  

En Periférico

Unas horas antes, debajo de un monstruoso puente vehicular, cinco personas aparecieron de repente en un camellón. Debido al apresurado ritmo de vida de los capitalinos, nadie se percató del fenómeno. No tienen tiempo ni interés de prestar atención a lo que pasa en un camellón cualquiera de su ciudad.

Los cinco individuos se inclinaron para tomar aire. Dos de ellos lo hicieron exageradamente. Se notaba que llevaban bastante tiempo sin respirar. Esos dos usaban trajes extravagantes similares a los de un astronauta, otros dos vestían como recién casados y el último parecía un mendigo. Los conductores que se percataron de la extraña combinación comenzaron a pitarles.  

—¡Ay! ¡Ah! —Exclamó Geraldine con la respiración agitada—. No chinguen. Salimos justo a tiempo. ¡Uh! Qué pesado es volver a respirar. No puedo creer que hagamos esto todo el tiempo de manera inconsciente. ¿Falta alguien?

—No.

—Nel.

—No. ¿Despertamos al chavo? —Preguntó Barragán.

—Estoy despierto.

—Mrrrgggrr —gruñó Dorantes—. ¿Y para qué me hicistes cargarte entonces?

—Para que saliéramos más rápido.

—Dorantes, hay que quitarnos esta chingadera, pero en fa. —Su compañera señaló su brazo derecho.  

—¿Tienes una navaja?

—Claro, mi oficial. —Barragán mostró orgullosa la daga que no soltó en ningún momento y que le ayudó a defenderse de las ratas. Sin una pizca de duda, la llevó hasta donde se localizaba el chip rastreador. Se clavó la punta con fuerza. Geraldine, Videl y Rocco no soportaron ver la autolaceración. Sus gestos perturbados le causaron gracia a la supuesta novia—. Una raya más al tigre. —Expulsó el chip fuera de su carne entre borbotones de sangre. Una vez en el suelo, lo trituró con una roca.  

—A ver, niña, pásame eso. —Dorantes hizo la misma operación. Su corte fue más limpio. Volvió a gruñir simiescamente. Pero en lugar de destruir el chip, se lo fue a entregar a un indigente que descansaba sobre la columna del puente—. Patrón, le doy un tostón si me guarda este cuadrito —le dijo.    

El indigente balbuceó una baraja de insultos. Tomó el billete y el chip para guardarlos en la bolsa delantera de su saco. Manoteaba hablándose a sí mismo. Dorantes regresó feliz por su travesura. Barragán entendió que era hora de moverse.

—Disculpen que los trajera a este lugar tan incómodo, pero fue para despistar al tigre ese. Yo creo que no tarda en llegar para acá, tons, mejor hay que movernos. ‘Ora sí que como dice la canción, agarrensén de las manos. —La policía le dio la mano a Geraldine. Del brazo aún le chorreaba sangre que rápidamente se alojó en el guante blanco de la veinteañera. Videl tomó de la mano a su hermana y luego a Rocco. Finalmente, Dorantes los alcanzó para tomar a su subalterna también de la mano con un evidente sonrojamiento—. No se suelten. Yo espero no perderme.

Silvana apretó los ojos como si los protegiera del shampoo durante la ducha. Los cinco exóticos personajes desaparecieron en un parpadeo. Solo un muchacho que estaba parado del otro lado de la avenida presenció el fenómeno, coleccionando así una nueva anécdota que contar.

En el refugio

Los cinco aparecieron de pronto en el patio oscuro de una casa, justo en medio de la subinspectora Luisa, la doctora Samantha, Mariano y Usurpador, quienes estaban sentados en el centro. Al llegar los cinco, los otros cuatro (con excepción de Usurpador) gritaron sorprendidos.  

—¡Lo logaron! —Celebró la subinspectora.

¡Yes! —Dijo Mariano.

La doctora forzaba un poco la sonrisa. Hizo el intento por aplaudir, pero se arrepintió en el último segundo. Prefirió aprovechar el momento para limpiar sus lentes.  

—¡Jefa! No invente. Casi nos morimos —exclamó Silvana mientras chocaba escandalosamente la mano con su superiora.

—Ya sé, mi chava. Estábamos escuchando todo a través de tu micrófono. Ya había mandado a los refuerzos, pero les ordené que se regresaran cuando escuché que llegaron los salvavidas.  

Un verdadero caos se desató en aquel patio de iluminación barroca. Todos hablaban a la vez, todos excepto Dorantes y Usurpador. La subinspectora con Silvana; el trío fenomenal entre sí; la doctora con Mariano. La supuesta novia hablaba de ratas gigantescas; los hermanos León repasaban su entrada triunfal, así como la impresionante guerra onírica en la que participaron unos minutos antes de volver; Rocco no podía conectar palabras, estaba trabado por la euforia. Después, los grupos se entremezclaron: la subinspectora y Mariano corrieron a abrazar al trío. Geraldine se apartó para saludar a la doctora. Silvana gesticulaba excesivamente frente a la sosa cara de Dorantes, quien únicamente movía sus facciones para subirse los mocos. Usurpador, con las manos detrás, adoptando una pose intelectualoide, se acercó al grupo de Samantha.  

Era un increíble reencuentro entre personas que tenían mucho que contarse. Sin embargo, todavía quedaban muchos asuntos por resolver. Luisa optó por sentar las bases de los próximos movimientos.

—A ver, muchachos. Plisito. Pónganme atención. A ver, ya, Mariano. ¡Shhh! Miren, ahorita seguimos con el chisme, pero, primero que nada, bienvenidos de vuelta a la realidad Rocco, Videl y Geraldine. La verdad es que nunca perdimos la fe de volver a verlos. Elaboramos todo un plan para ir en su rescate. Gracias a Dios funcionó. Así que démosles un fuerte aplauso a los revividos. —Todos hicieron chocar sus manos, algunos más animados que otros—. Traerlos con vida siempre fue nuestra prioridad. —La doctora y Mariano se miraron de reojo apretando los labios—. Se logró. Ahora quiero felicitar a los valientes policías que ayudaron a rescatarlos. El oficial Dorantes y la policía primera Barragán o, como nosotros la conocemos, la Kiki. Los dos son unos maestros del engaño, del encubrimiento. Otro aplauso para ellos, por favor. —Todos volvieron a aplaudir, pero con menos esmero. Silvana interrumpió.     

—Gracias, jefa, pero la neta es que si no llegaban estos dos niños astronautas yo creo que no la libramos. También reconocerlos a ellos porque prácticamente se salvaron solitos.

—No. Sí. Felicidades, muchachos. Todos estuvieron perfectos. Y ustedes dirán “¿ahora qué?”, “¿qué hacemos aquí?”. Están aquí, primero que nada, por su seguridad. Miren. —Su tono se tornó serio—. Esta rara combinación de gente que aparentemente no tiene un vínculo en común es clandestina. Mis superiores no saben nada al respecto. Diré que los rescatamos, pero voy a omitir detalles. La doctora, Mariano y el Usurpador están cooperando extraoficialmente. Es importante que nadie sepa de su participación. Lo que sigue inmediatamente es  atrapar a Purpur… A Prrprr… A Pupu... Al ese bicho.  

—Oiga, subinspectora Altamirano. —Interrumpió Geraldine—. Gracias. De verdad. Desde que fue a rescatarnos al museo y hasta ahorita… Bueno, creo que las autoridades nunca se han visto tan eficientes. Ja, ja. Sin ofender. Pero la verdad es que los tres ya estamos hartos de esto. ¿Qué día es hoy?

—Domingo 14 de septiembre.

—¡Madres! Ya pasaron como dos semanas. A lo que voy es que hace unos días estábamos muy comprometidos con ayudar a Rocco a deshacerse de su problema para que pudiera ir a una audición. Eso nos condujo a la bestia. Hemos pasado… Cosas horribles. —Empezó a llorar impulsivamente—. Ya ni sé cuál ha sido la peor. No hemos comido bien. No hemos dormido bien. Abandonamos nuestros deberes. Pero lo más importante es que extrañamos a nuestras familias. Es verdad que al principio nos ocultamos de ellos, pero ya no queremos hacerlo. Con lo incierto que es el mundo ahora, con lo cerca que hemos estado de la muerte, si esto va a tener un final trágico, queremos al menos vivirlo cerca de nuestras familias. No nos vamos a volver a enfrentar a ese fenómeno. Ya vimos de lo que es capaz. Hemos salvado a Rocco. Por lo que veo él ya puede controlar de alguna forma al asimilador de su cabeza. Ese era nuestro objetivo. Ya no queremos saber nada más. Somos unos morros normales, no somos héroes. Somos víctimas. La “aventura” se terminó y nos vamos a casa.

—Sí, jefa. Estoy de acuerdo con mi carnala. ‘Ora sí que no cuenten con nosotros.

—Los entiendo, muchachos. La cosa es que no les estoy pidiendo su participación directa en el siguiente paso. ¿Por dónde empiezo? Lo que quiero es protegerlos. No solo a ustedes, a la población en general. No sé si sepan que soy mamá. No quiero este mundo para mis hijos. Sus papis, hermanos, abuelos, amigos; todos están bien. Los vigilamos todos los días. Pero ustedes se han hecho de una fama que no saben, eh. Todo el país los conoce. Incluso sus papás se reunieron con el presidente. Ellos encabezan una cruzada para encontrarlos. Han movido cielo, mar y tierra sin rendirse. Por lo mismo se han ganado el apoyo y la simpatía de la gente. Desgraciadamente sus papitos se están metiendo en terrenos peligrosos. Me acaban de confirmar los elementos que los vigilan que, curiosamente, mientras ustedes estaban luchando contra las pinches ratotas, sus papás se reunieron en el templo con el bicho.

—¿Qué?

—¿Están bien?

—Sí. Ellos fueron a pedirle ayuda porque este orate se puso a cumplir milagritos los domingos. Todo en nombre del amor. A lo que voy, muchachos, es que si ustedes corren a encontrarse con ellos todo el mundo se va a enterar y van a ser blanco fácil para el gato loco. Además de que mis superiores nos van a cachar en la mentira y van a arruinar nuestros planes. Por eso están aquí, por eso no los llevamos directamente a sus casas. No porque yo sea una descorazonada. ¿Entiendes, mi niña?, ¿entiendes que no los puedo dejar ir todavía? Al menos hasta que cacemos al bicho.

—¡Eso es imposible! —Gritó Geraldine para después deshacerse en llanto sobre los brazos de su hermano.  

—Miren, chicuelos, váyanse a descansar. No voy convencerlos de nada. Entiendo su frustración. Lo de la caza del animalejo es asunto de las Fuerzas Armadas de este país. Ustedes coman, báñense y duérmanse un rato.

—Nos subestima porque no sabe de lo que somos capaces —dijo Rocco ofendido.

—¿Perdón? A ver, ya me confundí. ¿No me acaban de decir que no quieren involucrarse en esto?

—Comprendo el sentir de Geraldine. Respeto sus sentimientos, pero está hablando en mi nombre cuando yo no se lo pedí. Estuve cautivo unos días, eso me sirvió para descubrir mucho de la naturaleza y la forma de pensar de Prr Prr Cat. Además de que aprendí nuevas habilidades. Yo no voy a descansar hasta que ese monstruo desaparezca. Perdón, Gera, pero en parte soy responsable de esto. Si el asimilador de mi cabeza era la fuente de su poder, también puede ser la fuente de su destrucción. Así como el veneno es el origen de un antídoto. Sepan que en mi cabeza hay un valioso recurso para vencerlo.

—Ajá. Supongo que sí. Pero no, mi niño. No te podemos arriesgar y no podemos confiar en un poder que aún no dominamos ni comprendemos.

—¿Quiere matarlo entonces con bombas y pistolas?

—Con planes, mi niño. Un plan te liberó de tu secuestro. Planear estrategias es lo mejor que hago.

—Pues sus estrategias ya fracasaron cuando lo enfrentó directamente. Quizá pudo burlarlo ahora porque no es muy astuto, mas no lo ha vulnerado. Fracasó terriblemente cuando intentó herirlo con sus armas. Y ni siquiera era tan poderoso como ahora. En nuestra realidad no hay un arsenal que pueda hacerle frente. Lo único que lograrán será desatar una guerra en la que se perderán muchas vidas humanas.

—No es mi guerra, es la de mis patrones, pero si en algo puedo ayudar yo, es en colaborar para que se realice de forma eficiente.

—Yo quiero hacer lo mismo. Tengo un verdadero ejército a mi cargo, mucho más poderoso que el de sus patrones.

—Ja, ja.

—¿Me toma por un niño fantasioso? Después de todo lo que ha visto debería darme un poco de crédito.

—Te tomo por un inexperto en táctica militar. Puede que aparezcas muchos monitos sorprendentes, pero esta es la vida real, no un sueño. Allá adentro son tus reglas. Aquí afuera hay muchos factores que no dominas. No eres un estratega militar. Eres un actor. ¿De qué te sirve todo ese ejército si no sabes comandarlo? Dirías tú: lo único que vas a causar es que se pierdan muchas vidas humanas. Ya tenemos un plan. Vamos a atacarlo mañana. No podemos cambiarlo de un día para otro. No puedes cambiar todo un sistema para adaptarlo a tus deseos. Nadie te lo va a permitir. No vamos a improvisar una estrategia para aliarnos con sueños. Es importante improvisar, pero solo cuando es necesario.

—Yo no conozco las estructuras militares y ustedes no conocen la naturaleza del enemigo. ¿Qué será peor?

—Tienes un poco de razón. Lo único en que nos puedes ayudar es en decirnos las debilidades del bicho.  

Rocco la miró indignado. Decidió terminar la conversación. Optó por dejarse caer enfadado sobre una silla. La subinspectora volvió a hablar.

—Podemos seguir con la charla, pero primero lo importante: Dorantes, lánzate por unos tacos y unos chescos, ¿no? Las penas con tragadera son buenas.

—¡Bruh!

A pesar del desconcierto que causó la última discusión, los ánimos se relajaron un poco con el arribo de los tacos. Los chicos degustaron reflexivos el suadero. Los supuestos novios se despojaron de sus disfraces. Pronto, los hermanos León también abandonaron sus trajes. Se ubicaban en una casa desocupada que rentaba la mamá de Mariano.  

Geraldine se fue a dormir a una de las recámaras. Su hermano la consoló un rato. La subinspectora se comunicaba todo el tiempo con sus superiores para planear el ataque.

Las caras de todos eran un poco largas. Con la llegada del crepúsculo, uno de ellos decidió que incluso en el preludio del caos se puede gozar de los acordes de una buena salsa. Mariano encendió su sistema de sonido. Las notas tropicales les parecieron impertinentes a los demás. Mariano volvió al patio tarareando una canción de Adolescente’s Orquesta. La doctora lo reprobaba con su mirada.

—¿Qué es eso, Mariano? No seas naco.

—Pues es que estamos todos muy tensos, Samantha. Vente. Vamos a bailar.

—¡Ay, no! ¡Vete para allá!

Rocco sintió la necesidad de consultar algunas de sus dudas con la doctora. Se levantó a tirar el plato de unicel con restos de cilantro a la basura. Cerró bien la botella de su Coca y caminó hacia donde estaba la antropóloga.  

—Mira, Samantha, ya llegó Rocco para sacarte a bailar.

—¡Sácate a bañar, Mariano! Deja de estar de impertinente.

—Doctora, ¿puedo hablar un momento con usted?

—¡Ash! Pues ya qué. No es cierto, chamaco, es broma. ¿Qué pasa?

—Gracias. ¿Qué le pasó al tótem? —Dijo mientras se sentaba a su lado.

—Tu mascota me lo sacó de la bolsa. No sabía que tenía esas mañas. No sabemos con certeza para qué lo quiere. Tenemos un infiltrado en su secta, es un pastor. Al parecer su organización se estructura jerárquicamente. Su mano derecha es un tal Ceferino. Debajo de él hay otros cinco o seis fulanos que están a cargo de los templos que han tomado. Solo con ellos comparte información “sensible”; fuera de ese círculo, no habla del tótem para nada. El pastor ni siquiera ha visto la pieza. Creemos que la robó para tener un plan b en caso de que te perdiera, cosa que acaba de suceder, pero hasta ahora nuestro infiltrado no ha reportado las reacciones de tu minino.  

—Usted dijo que el tótem era capaz de emitir y recibir ondas.

—¡Ah, sí! Desde que regresamos aquí me he estado reuniendo con mi equipo de científicos en secreto. Todo es secreto porque el pinche gato nos debe estar vigilando. Por eso también me alié con la simpatiquísima subinspectora. Más que nada por protección. En fin, como te decía: tenemos un radiotelescopio casero que es capaz de captar estas ondas. Nos hemos acercado a los alrededores del templo. En un perímetro en donde las ondas pueden ser captadas sin problema no se han recibido señales. Nuestro único consuelo es que el gato no sepa cómo usar el tótem. Si lo hace pa’ qué te cuento, mi’jito. Dentro del plan de ataque de mañana está incluida la misión de rescatar la pieza. Ya no pudimos guardar más el secreto. Tuve que decirle todo lo que sabía a la SEDENA. Ayúdame a apostar: ¿cuáles son las peores manos en las que podría caer el objeto?, ¿las de los hombres codiciosos o las del gato demente?

—No me gusta apostar.

—Voy a pujar para que me permitan analizar la pieza con revisión gubernamental. Pero, cariño, lo veo prácticamente imposible. La única esperanza que tenemos es que alguien del equipo de la subinspectora la halle primero y no la reporte con sus generales. Es un movimiento muy arriesgado, sin embargo, a la postre podría ser el mejor. Tenemos el agua hasta el cuello porque unos científicos japoneses descubrieron algunas particularidades en tus monstruos híbridos de la famosa fiesta. Irradian una especie de “energía”, por así decirlo. Me va a regañar el doctor Juan Zapata por banalizar estos términos. Es un tipo de energía que no transmite ningún animal, pero que puede ser localizada en el cerebro humano.

—O sea que…

—Se están acercando. Quizá pronto relacionen esto con el tema onírico. La pinche NASA ya metió su cucharota. Malditos yankees, ¡los odio! Presionaron al gobierno de EU para que intervengan en la operación de mañana. Además de que se llevaron a unos monstruos alados a sus laboratorios. Si capturan a tu mascota se la van a terminar llevando a los yunaites. Nuestro presidente les lame las botas como siempre. Permitió que los soldados gringos colaboren con el ejército mexicano en el ataque, pero eso te lo puede explicar mejor la subinspectora. Si los gringos y los europeos se apoderan del tótem ya valimos madre. Obviamente me van a dejar fuera de cualquier investigación, sobre todo por insubordinada. ¿Cómo ves? Mejor nos quedamos con el dios actual, ¿no? Al menos él no se metía en nuestros asuntos.

—¿Entonces por ahora no piensa hacer nada?

—No. Espero no decepcionarte. Me quedaré aquí escuchando las canciones corrientes del doctor Mariano. Qué pésimos gustos.

—¡Ay, ya, Samantha! No pienso vivir el fin del mundo con Beethoven de fondo. No seas payasa.

—Pues fíjate que sería el soundtrack perfecto.  

En Periférico

Una Van se apareció justo debajo del trébol de cemento, del lado contrario al camellón al que arribaron los chicos y los policías unos momentos antes. Los porteros del templo de La Fe del Amor descendieron apresurados. Uno de ellos cargaba un pequeño gato negro. Cruzaron el Periférico con dificultad. Pedían el paso a los automovilistas, pero todos iban a una velocidad considerable. Nadie se quería frenar por ellos. Prr Prr Cat perdió la paciencia. Se metamorfoseó en un tigre de bengala. Los autos se obligaron a detenerse. Cruzó en posición cuadrúpeda hacia donde se encontraba el indigente. El hombre, fuera de sí, ni siquiera notó la felina presencia, nada interrumpía su soliloquio.

Prr Prr Cat lo olfateó ante las miradas de los curiosos que comenzaron a grabarlo con sus celulares. La bestia estaba poseída por la ira. Rugió agresivamente para ahuyentarlos. Los curiosos volvieron a sus autos. El amenazante mamífero conversó con sus hombres.  

—Se desprendieron de los chips. Hay rastros de su sangre. Es el aroma del hombre y de la chica. Destruyeron uno de los chips, el otro se lo dieron a este individuo para despistarnos. El aroma de Rocco aún se percibe aquí. La chica usó la teletransportación. ¡Llegamos tarde! —Dio un tremendo zarpazo a la pantalla verde que sostenía uno de los porteros. Volvió a su forma gatuna, mas no dejó que nadie lo cargara—. Volvamos al templo en auto. Reúnan a todos. Tenemos una junta de emergencia.  

En el templo Alianza del Sinaí

Todos los miembros de La Fe se reunieron, incluso los equipos que vigilaban la Basílica y la Catedral. Colocados en ambos costados del trono, donde descansaba el líder en su forma gatuna, se encontraban los cinco capellanes: El Suricato, Martín, Rosario, Aldahir y Dalia.

—¿Y ahora qué, muñeco?, ¿quién hizo encabronar al patrón? —Preguntó El Suricato a Martín en voz baja.

­—¿No te has enterado, m’ijo? Se llevaron al Rocco.

—¡No hables tus mierdas!

—¡Shhh! No hablen así adentro del templo —los reprendió Dalia.

—Pu’s sí, muñeco. No estoy de guaguara. Unos tiras se hicieron pasar por novios, engañaron al jefe y se chingaron a tus primos los ratas. Nada más estamos esperando a que llegue el Cefe. Vas a ver que ‘orita van a rodar más que cabezas.

—Unos tiras, dices. Unos tiras… ¡Cámara! Yo me encargo de ellos.

El vocero llegó apresurado abriéndose paso entre los presentes. Cuando se acercó al trono notó un completo estado de desasosiego en todos.  

—Maestro, perdone la tardanza.  

—Muy bien, ya estamos todos. —Se puso de pie—.  Amados hermanos, lo que pasó hoy ha sido completa responsabilidad mía, pero sirve para recordarnos una cosa: la nobleza en este mundo sigue siendo signo de debilidad. Hay hombres sin escrúpulos a los que no les importa a cuántas personas aplasten con tal de llegar a donde desean. Esa es la característica del abuso. Nosotros comenzamos a difundir un mensaje de amor en el mundo. Fuimos muy valientes al intentar conquistar los corazones de piedra de los desconocidos. ¿Y qué encontramos a cambio? ¡Violencia! Primero enviaron a un equipo de policías a agredirnos con sus armas. ¡Embuste! Dos muchachos se hicieron pasar por recién casados para hacerme una petición falsa. ¡Invasión! Entraron sin permiso a una zona prohibida de nuestro templo. ¡Rapiña! Me robaron a lo más valioso para mí. —Comenzó a ceder ante las lágrimas. Su cuerpo sufría ligeros espasmos. Su pelaje facial se empapaba con el agua de sus ojos—. Me arrebataron a mi amado Rocco. Uno de los pilares de nuestra misión. Nuevamente fue la policía, las marionetas del Estado. Ellos le han declarado la guerra a nuestra organización. Al Estado no le conviene que los hombres se amen los unos a los otros. Son los principales propagadores del odio. Saben que el amor nos hará libres y ellos nos quieren esclavos. Sí. Fue mi culpa. Soy responsable de haber sido noble. De haber confiado en mis amados. Ese es mi pecado. La nobleza es una mancha en la tierra de la inmundicia. Nos creen débiles. Creen que nuestra debilidad les da derecho a golpearnos. ¡Pues no! ¡No nos vamos a dejar! Declaro que el amor no es debilidad. ¡Es fortaleza! —El pequeño ser comenzó a engrandecerse. Sus músculos crecían de forma exagerada. Sus colmillos eran el triple de grandes, sobresalían de sus labios como los de un dientes de sable. Erguido, las garras delanteras le rebasaban las rodillas. Una melena parda le creció descontroladamente hasta el suelo. Se encorvó como un buitre. Ahora medía tres metros. Los ojos púrpuras se volvieron color luna de sangre. El hocico se le alargó. Gruñía como si fuera un animal enfermo, agonizante. Su aspecto preocupaba, pero sobre todo, aterraba. Sus discípulos retrocedieron. Hablaba con un tono aguardientoso. Los brutales colmillos no le permitían expresarse con claridad—. El amor es veneno para el anatema. No lo tolera. Le quema las entrañas. Nosotros tenemos cuantiosas dosis de ese veneno. Vamos a infectar a todos los traidores. Nunca más se burlarán de nosotros. ¿Dónde están los informáticos? —Ceceaba excesivamente escupiendo brisas de saliva.  

—Aquí estamos, mi salvador —dijo un hombre hablando en nombre de los tres informáticos, con algo de miedo por la apariencia de su líder.  

—¿Tienes los nombres de los policías que nos engañaron?

—Sí. Claudio Alfredo Dorantes Paredes y Silvana Barragán Paredes. A pesar de la coincidencia en los apellidos, no están emparentados, mucho menos casados. Son oficial y policía primera. Están bajo las órdenes de la subinspectora Luisa Altamirano Bustamante. Ella era la encargada de encontrar a Rocco y sus amigos.

—Fue la policía que me disparó en el museo. ¿Investigaron sus domicilios y los nombres de sus familiares?

—¡Señor! —Interrumpió abruptamente el vocero.

—No te he dado la palabra, Ceferino.

—No me parece adecuado. —Todos se sorprendieron con el arrojo desafiante del subalterno.

—¿Qué cosa no te parece adecuada? Sabes que una misión de tal envergadura solo se logra teniendo desde un plan a hasta un plan z. Voy a considerar todas las opciones. ¿Dónde están sus familias? —Preguntó a los informáticos. Ceferino se veía con intenciones de seguir replicando, pero no se animaba a articular alguna palabra.

—Maestro, no hay nadie en sus domicilios. Al parecer fueron evacuadas sus casas.

—Ja, ja, ja —rio macabramente tirando plastas de saliva. La horrible risa les helaba los huesos a todos. Ceferino se tranquilizó al escuchar eso—. Cierran el aeropuerto. Evacúan las casas de los policías. Envían a oficiales encubiertos a engañarnos. Están muy cerca, ¿ustedes también los huelen? Sí. Yo puedo olfatearlos muy bien. Ja, ja, ja. —El vocero veía a su maestro con preocupación. Intentaba acercarse para calmarlo. La bestia notó sus intenciones—. ¿Qué son esos titubeos, Ceferino? ¿Acaso me ves debilitado? —Tosía bastante enfermo.

—Maestro, creo que debería sentarse.  

—¿Tú también me consideras débil? Qué decepcionante sorpresa. —Un dolor abdominal lo doblegó. Se fue de bruces contra el suelo. Escupía un líquido color gris. Todos se preocuparon. Comenzó a gruñir agonizante. Era un sonido imposible de tolerar, pero cuando todos esperaban que se desplomara, se transformó nuevamente. El monstruo insano lentamente se volvió una criatura imponente con una apariencia cautivadora. Su aspecto no solo era saludable, sino también vigoroso. No era posible identificar en qué tipo de felino se había transformado. Parecía ser varios a la vez. Transmitía una confianza asombrosa. Con un tono de voz revitalizado volvió a tomar la palabra—. Vaya que te has equivocado, amado Ceferino. La debilidad no habita en mí ni en ti ni en ninguno de nosotros. Somos la cálida morada de la fortaleza. La verdadera fuerza nace cuando te arrebatan lo que amas. No vamos a quedarnos viendo cómo el odio secuestra el objeto de nuestros afectos. Pelearemos por recuperarlo. Dejemos que crean que tienen la ventaja. Dejen que los títeres del Estado vengan a mí.   

En el refugio

Videl y Rocco conversaban en una habitación, lejos de los demás. Los grillos nocturnos armonizaban la charla.

—Güey, no te lo dije hace rato, pero estoy de acuerdo con mi carnala.

—Lo intuía. Discúlpenme, es que simplemente no me puedo detener.

—Tu papá siempre me decía que nunca te detenías o que siempre te levantabas, algo así.

—Yeti, las audiciones son la próxima semana.

—¡Ja! ¿Sigues pensando en eso?

—Déjame terminar. Sé que mi participación en ellas está perdida. No existen las condiciones para que yo me presente. Sin embargo, es un sueño que quiero cumplir algún día. Soñé mucho con Gino cuando estaba cautivo en mi mente. Recordé muchas cosas de él. Se lo debo, pero también me lo debo a mí. Este es el sentido de mi vida, de lo que conozco acerca de mi vida hasta ahora. Quiero vivir. Quiero vivir como vivía antes del 11 de agosto. Y con Prr Prr Cat al acecho no podré. Voy a poner todo de mi parte para eliminarlo. Tuve un sueño muy raro. Creo que Prr Prr Cat me indujo en él. Estaba en el futuro, como dentro de sesenta años. Tenía esposa e hija. El mundo era una mierda, como todos suponemos que será y como siempre ha sido, solo que en sesenta años será una mierda con energía sostenible y escasez de agua. Sin embargo, eso no es lo más triste, lo peor es que mi vida era una simulación; no como en Matrix, sino que era un autoengaño. Me esforcé para tener una esposa, una hija, un empleo, salud abundante, sin embargo, no era lo que realmente me gustaba. Hasta logré ser un héroe nacional y seguía insatisfecho. Todo eso por haber abandonado la actuación, por estar solo, sin ti ni Geraldine. Ni siquiera los recordaba. Solo estaba aferrándome a vivir. A vivir por vivir. Mira, quizá la actuación llegó de manera fortuita a mi vida. Quizá no nací para esto. Quizá no estoy completamente involucrado en el mundo del teatro, pero es lo único que me gusta hacer. Realmente lo disfruto mucho. Sé que es lo que quiero hacer por el resto de mi vida.

—¡Mñah!

—¿Qué, güey?

—Qué chido tu sueño, pero, viejo, tienes 22 años. No creo que a esa edad uno descubra el sentido de la vida. Tampoco lo descubrirás a los 80 si es que llegas, porque la vida no tiene sentido. Es y ya. No te esfuerces para encontrar algo que no existe. Yo por eso no estudié una carrera. No por huevón, aunque no lo creas. Solo pienso que uno está muy chaqueto a esta edad para definir el rumbo de su vida. Voy a donde las olas me lleven. Estudié Parapsicología, pero seguramente al rato me va a gustar otra cosa y ahí estaré, dedicándome a lo que se me antoje cada cierto tiempo. Nada más es eso. No coincido contigo en esa parte.

—Lo entiendo. Aun así, eres mi hermano.

—Seguro, ca’ón.

—Videl, voy a enfrentar a Prr Prr Cat.

—Mucha suerte. Yo elijo no rascarle los huevos al tigre. Literal. Me retiro.

—Cuídate mucho. Gracias por todo.

—No hay tos. Te seguiremos apoyando.

La subinspectora entró a la habitación sin disculparse por no tocar.

—Supongo que viene a hablar con Rocco.

—Supones bien.

—Entonces los dejo. Voy por un cigarro y una chela.

—No. Dile a Dorantes que te los traiga. No puedes salir.

—¿Dorantes es el carotas?

—Ja, ja, ja. Sí. ¡Ah! —Lo detuvo antes de que cruzara la puerta—. Dile que me compre un cigarro.  

—Por favor, ¿no?

—Por favorcito, plisito. Gracias.

Yeti regresó al patio. Encontró a Mariano y a Silvana bailando Sobredosis de amor. Dorantes los veía malencarado. La doctora y Usurpador se encontraban adentro platicando.

—¿A dónde vas, niño? No puedes salir —dijo Silvana mientras le daba una vuelta a Mariano.

—¿Por qué me dices niño si te ves más chica que yo?

—¡Oh! ¡Por eso! ¿Qué vas a hacer? ¡Ay! —Ahora a ella le tocaba darse una vuelta.

—Me dijo su patrona que le dijera al tal Dorantes que si por favor se lanza por unas chelas y unos cigarros.

—¡Bruh! —Replicó el oficial tomando el dinero de mala gana.

—¡Mñah! —Contestó Videl casi aventándole las monedas.

De vuelta en el cuarto, Luisa se sentó en la cama para platicar con Rocco, quien estaba recargado en la pared.  

—¿Me vas a decir cómo vencer al bicho?

—¿Por qué lo haría? No lo van a lograr.

—Porque yo lo digo.

—No me gusta el lenguaje coercitivo de los policías.

—¿Y qué tal las bromas? No lo dije en serio.

—Prr Prr Cat es un mamífero y es mortal. Lo puede herir con un balazo. La cosa es atinarle a una criatura que puede teletransportarse en cualquier momento. Usted misma ya lo comprobó.

—Entonces necesitaremos buenos tiradores.

—Necesitan experiencia con ese tipo de oponentes. ¿Al menos sabe cuáles son sus poderes base?

—El pelón que habla raro nos hizo el favor de comentarnos que tiene fuerza sobrehumana, capacidad de curar cualquier enfermedad, capacidad de transformarse en cualquier felino y de teletransportarse, por supuesto.

—Sí, pero después de secuestrarme adquirió nuevas habilidades: puede aparecer cualquier objeto que él imagine. Crear barreras invisibles e impenetrables. Incendiar e implosionar objetos o personas. Todo eso lo escuché de sus esbirros.

—¡Uf!

—Pero seguramente posee más poderes que desconozco. ¿Cómo será el ataque de mañana? No sé nada de estrategia militar, ya lo platicamos, pero ayúdeme a entender. Supongamos que disparan misiles a su templo.

—No se puede. La zona está protegida por una barrera invisible e impenetrable, como bien dijiste. Sería contraproducente. Vamos a evacuar la zona, pero aun así un ataque con misiles sería una estupidez. Causaríamos una enorme destrucción.

—Supongamos que un soldado lo ataca de frente. Se protegerá a sí mismo con barreras individuales. Qué tal que se le da la gana aparecer una bazooka o incendiarle la cabeza al soldado. Él no solo los va a derrotar. Los va a masacrar.

—Ja, ja. Me agrada tu imaginación. No lo atacaremos directamente hasta que estemos seguros de que podemos hacerlo. ¿Por qué piensas que solo podemos vulnerarlo a través del físico?

—¿Me está diciendo que van a usar armas químicas?

—Si es un mamífero, puede respirar.

—¿Cómo se acercarán? También les ha dado habilidades a sus colaboradores. Ya vio que pueden transformarse en ratas. Cada uno de ellos debe tener poderes similares a los suyos.

—Eso lo hace más emocionante.

—¿Los piensa matar? Ellos están siendo manipulados. No son culpables del todo.

—Son personas sumamente peligrosas. Son una amenaza. Esto es una guerra. ¿Estás consciente de ello? Los enemigos mueren. Son adultos perfectamente responsables de sus actos.

—Es inhumano.

—Es lo mejor. Rocco, quizás no fui del todo sincera en el discurso de hace rato. Uno de los planes más viables para acabar con esto era matarte. Sigue siendo el plan más eficiente. “Muerto el perro se acabó la rabia”. No me tiemblan los labios para decírtelo. Este pequeño escuadrón secreto que planeó tu rescate estuvo de acuerdo en asesinarte si era necesario. Y aunque ninguno de nosotros tiene un vínculo sentimental hacia a ti, no lo hicimos porque se me ocurrió un plan para sacarte de ahí con vida. Si el plan fracasaba, que estuvo cerca de suceder, un francotirador te habría metido plomo en la cabeza. Somos policías. Los de mañana serán militares. No actuamos en pro de los derechos humanos. Eres lo suficientemente inteligente para saberlo. Si tú me das una mejor opción para salvar a todas esas personas de La Fe del Amor, te juro que haré lo posible para detener la masacre, de lo contrario atacaremos sin miramientos porque no tenemos alternativa.

—Más bien no quieren contemplar otras alternativas. La prioridad del Ejército es atacar porque quieren hacerse del tótem. La doctora ya les explicó su función.

—Yo no sé nada de eso. Solo soy una policía.

—Puede que tenga razón. Pero no deja de ser cómplice.

—Vendrán algunos militares a cuidar de ustedes mañana. Intentamos evacuar las casas de sus familias, pero se negaron. No podemos obligarlos porque todos los medios están al tanto de lo que les suceda. La Policía Federal quedaría mal. Nuestros familiares fueron llevados a Estados Unidos. Eso le cagó al idiota de mi exmarido. Me alegro. Ya le informé a mis superiores sobre el rescate, pero les hice hincapié en no hacerlo público todavía para no sabotear el ataque de mañana. No los podemos llevar a ustedes a Estados Unidos porque si Prr Prr Cat se entera de ello se teletransportará hasta allá. No podemos molestar a los pobrecitos gringos con eso, ¿verdad? Prefieren arriesgar a los mexicanos. Nuestras vidas son menos valiosas para el mundo. Eso me lleva a otra pregunta. ¿Cómo podría el bicho rastrearlos a ustedes sin vigilarlos o seguirlos?

—Por el olfato. Él se teletransporta únicamente a lugares en donde existe un objeto que haya olfateado previamente.

—¿Por qué no se ha teletransportado acá?

—¿Dónde estamos?

—Muy al oriente de la ciudad.

—Él se encuentra en el poniente. No puede olfatearnos hasta acá. Su nariz no es tan extraordinaria.

—Entonces ni se les ocurra salir de aquí hasta que termine la operación.

—Usted dijo que era una guerra. Las guerras duran semanas, meses y hasta años.

—Ya sé que a tus amigos les urge estar con sus papitos, pero si lo hacen, los pondrán en peligro. Sé prudente y contrólalos. Queremos acabar con esto lo más pronto posible. Me voy a llevar a Dorantes y a Silvana porque son buenos en este tipo de enfrentamientos.

—¡Ah! Olvidé decirle una cosa: cuando Prr Prr Cat nos secuestró en San Topotenango utilizó un poder que jamás había visto. Nos cegó con una luz intensa que salía de sus ojos. Perdimos el conocimiento. Llegamos hasta despersonalizarnos. Fue muy raro. Como si nos condujera a otro plano. Perdimos también la memoria. Los tres acabamos dentro de mi mente sin saber cómo llegamos ahí. Debe tener cuidado con eso.

—¿Y hasta ahora me lo dices? Eso suena muy peligroso. ¿Cómo podemos defendernos? ¿Cerrando los ojos?

—No lo sé. Tal vez.

—¡Ash! Tengo que ir a hablar inmediatamente con mis superiores. Ya casi no hay tiempo.  

La subinspectora abandonó la habitación sumamente estresada. Rocco tampoco se quedó tranquilo. No confiaba para nada en el plan de los ejércitos norteamericanos. Fue a buscar a Videl para pedirle un último favor.

A pesar de los intentos de Mariano para relajar las cosas, conforme la noche se hacía vieja la tensión regresaba. Todos sabían que estaban en peligro. Prr Prr Cat tenía suficientes razones para vulnerarlos a ellos y a sus familias. El ataque tenía muchas posibilidades de fracasar. Apagaron la música y se fueron a acostar, sin embargo, ninguno de ellos podía dormir. Cada uno pensaba en las personas que más amaba.

Ya en plena madrugada, la subinspectora, Dorantes y Barragán se prepararon para dirigirse a los cuarteles militares. Se pusieron sus uniformes. Recibieron a los militares que los relevarían. Les dieron las instrucciones finales. Salieron de la casa sin tener ningún reparo en hacer ruido. En una de las habitaciones, Rocco dormía tranquilamente como hace mucho tiempo no lo hacía: con una enorme libertad. En una de sus manos descansaba un pequeño frasco de somníferos.

A la mañana siguiente

Un leve zangoloteo desconectó a Rocco de sus sueños. Poco a poco su mente tomó consciencia de la realidad. La visión borrosa se aclaró hasta que pudo reconocer a Videl parado a lado de la cama.

—Güey, ¿no escuchaste tu alarma? Ya van a ser las 8.

—Perdón, es que los somníferos son un poco fuertes.

—¿Estás bien?

—¡Excelente! Pude hablar con el general Astro de Luca y el Rey Garañón. Tenemos una gran estrategia para atacar. Todos los miembros de la Nueva Alianza Rebelde están listos para venir en cualquier momento.

—Viejo, espérate. Tienes que ver esto primero.

—¿Qué pasó con el ataque? ¿Les fue bien?

—Por eso te digo que tienes que venir a ver esto.

Rocco se levantó preocupado. El semblante de Videl era frío. El chico que se acababa de despertar caminó hasta la sala como no queriendo ser rebasado por la verdad. Encontró a Mariano, Usurpador y Geraldine viendo la tele en la sala. Todos estaban lamentándose. Su amiga lloraba llevando sus manos a la cabeza. Estaba tan asustada que parecía que iba a caer en una crisis nerviosa. Afuera, en el patio, la doctora discutía con un soldado. Quería saber si había noticias sobre el tótem, pero el hombre carecía de respuestas. El corazón de Rocco se cristalizó con hielo cuando vio a su papá en las noticias. Estaba en su casa dando una entrevista. Lo acompañaba un hombre semicalvo, con sobrepeso y una camisa tipo polo color violeta.

—¿Qué están viendo? ¿Qué hace mi papá en la tele? ¿Quién es el tipo de al lado? Creo que lo he visto en sueños.

Nadie pudo responder nada. Geraldine, gimoteando, lo volteó a ver. Rocco puso atención a la entrevista de su padre.

—…Por eso digo que no se me hace justo que el Ejército nos haga esto. Hace unos días nos reunimos con ellos y con el presidente y nos mintieron en la cara. Exigimos que nos entreguen a nuestros hijos con vida en este momento, porque si no vamos a irlos a sacar de esa casa.  

—Señor Ceferino, ¿podría explicarnos cómo funciona la organización a la que pertenece? —Preguntó el entrevistador. En la pantalla apareció un cintillo que decía “Ceferino Montes Aceves: vocero oficial de La Fe del Amor”.

—Nuestro salvador fue enviado a este mundo porque la ausencia de amor ya era insoportable. Él nos propuso cambiar nuestra fe antigua por una más sensata. Somos una organización sin fines de lucro que lucha por llevar un mensaje de amor a todo el mundo. No se vale lo que intentó hacernos el Ejército hoy en la mañana. No somos una amenaza. Ellos nos temen porque sus intereses responden a los juegos de poder y eso es justamente lo que pretendemos abolir. A sus actos de violencia nosotros responderemos con cariño. No los enfrentaremos en un campo de batalla, sino con palabras de afecto que llevaremos a cada rincón del mundo.

—Cuéntenos un poco sobre la apariencia de su líder. ¿Es verdad que le gusta disfrazarse de felino?

—La imagen de mi redentor es algo difícil de asimilar. No voy a explicarlo ahora. Él mismo se presentará públicamente en breve para aclarar todas sus dudas.

—¿Cómo descubrieron que el Ejército secuestró a los cuatro muchachos?

—El grupo de padres que encabeza el admirable Isaac fue a visitar al Redentor el día de ayer. Nos dijeron que el Gobierno les había fallado. Ellos solo querían saber dónde estaban sus hijos. Nuestro salvador es un hacedor de milagros. Todos en San Miguel pueden dar testimonio de ello. Les pidió amablemente a los padres que le dieran unas horas para encontrarlos. Llevamos a cabo una urgente investigación. Tenemos a mucha gente infiltrada en los principales organismos del Gobierno. Fue así que descubrimos que los militares, en complicidad con la Policía Federal, trasladaron a los muchachos a una casa de seguridad. No sería la primera vez que el Estado desaparece a un grupo de jóvenes que le incomoda. Sabemos que los culpan del asesinato de unos criminales hace unas semanas. Probablemente estas autoridades están ligadas con peligrosos cárteles y buscan venganza. Les advierto una cosa ahora que todo el país me escucha: si el Ejército no los entrega en una hora, revelaremos todos los nombres de los policías implicados en este secuestro. Aquí estoy yo dando la cara, al igual que mi organización. No tenemos miedo porque el amor y la verdad son fuerzas indestructibles.

—¿Qué pruebas tienen de que los chicos están ahí dentro?

—Uno de nuestros hermanos valientemente tomó unas fotografías desde una casa cercana al inmueble a donde los llevaron. En la imagen aparecen los cuatro desaparecidos en el patio de la casa. Aparentemente se encuentran en buen estado físico. Un poco más delgados quizá, pero nada grave. En otra imagen aparece una chica llorando; ella responde al nombre de Geraldine. No me parece que los jóvenes estén a salvo. —Ceferino mostró unas hojas con las fotografías impresas.

Mientras el vocero seguía dando la entrevista, Rocco, contagiado por el desconcierto general, interrogó a sus compañeros.

—Ya fue suficiente. ¿Qué pasó con el ataque?

—Asaltaron el templo con suma facilidad —contestó Usurpador—. No había ninguna defensa. Adentro había cinco adultos mayores, nadie más. Cuando vieron a los soldados se rindieron inmediatamente. Revisaron todo el lugar, pero no encontraron ni a Prr Prr Cat ni a nadie de la organización. Aproximadamente a las 6 de la mañana, todos los canales de noticas hicieron un enlace en vivo desde tu casa. Ceferino y tu padre comenzaron a denunciar el supuesto secuestro. Llevan dos horas hablando de lo mismo.

—¿Qué pasó con los soldados que cuidaban a nuestras familias?

—Los encontraron desmayados. Aún no despiertan para dar testimonio.  

—¿Ya se comunicó la subinspectora?

—No. Los soldados de aquí nos han estado diciendo todo lo que saben. Dicen que por el momento no se han reportado bajas. No hubo ninguna batalla. Les tendieron una trampa.

—El minino no es el idiota que creíamos —respondió la doctora entrando iracunda a la sala—. La subinspectora se concentró tanto en la fuerza que se le olvidó que el animal también es un ser pensante o que se rodea de gente muy inteligente. No encontraron el tótem. Nuestro infiltrado no responde y… —Una enorme piedra golpeó la puerta principal haciendo que todos se sobresaltaran. Un soldado se acercó para vigilar—. Lo que me imaginaba. Están llegando turbas a exigir su liberación. Ceferino dio la dirección de la casa en sus entrevistas.

—Rocco, hay que hacer algo. Todas nuestras familias están en tu casa. Hasta Carmela está ahí. Ese maldito monstruo está cerca de ellos. Hará lo que sea para presionarte —dijo Geraldine.

—¿Qué hago? ¿Me entrego?

—Don gato está listo para su show. Un soldado nos confirmó que la Basílica y la Catedral ya están tomadas —dijo la doctora bastante nerviosa—. Su sirviente ese dijo que se iba a presentar en público. Seguramente va a dar un discurso lavacocos al rato. Me huele más a que será una demostración de poder.

—Vaya fiesta patria la que nos espera —comentó Mariano.  

—Rocco, si te entregas le darás poder ilimitado a tu mascota —volvió a hablar Samantha—. Puede que si lo haces deje en paz a tu familia por un rato para quedar bien con el público, pero si le das todo el poder vas a condenar no solo el futuro de tu familia, sino el del mundo. Yo te recomiendo que no te entregues.  

—¿Qué hacemos entonces?

—Si me permiten. —Intervino Usurpador—. Por lo que nos contaron, Rocco ya tiene mayor dominio del asimilador. Recuerda que, así como puedes materializar, también puedes desmaterializar. Prr Prr Cat es muy poderoso, pero sigue siendo parte de tu mente. Tú eres el único que puede regresarlo a tu cabeza.  

—Si todos estamos de acuerdo —dijo Rocco temblando de los nervios—, vamos a enfrentarlo entonces. —Volteó a ver con pena a sus amigos—. Perdón Yeti, Gera. Sé que no querían participar en esto, pero ya no tenemos de otra.  

—No. ¡Vamos a partirle el culo al desgraciado! No le vamos a permitir que toque a nuestras familias —exclamó Geraldine con renovados bríos. Videl puso una de sus manos en el hombro de su mejor amigo.  

—Cuenta con nosotros, compa.

—Ok. Ok. Ok. Ok —decía el joven actor sacudiéndose las manos de los nervios—. Pero vamos a necesitar ayuda. ¡Voy por refuerzos! —Sacó el frasco de somníferos y se recostó en un sillón.    

—No. Ya no hay tiempo. Tienes que hacerlo despierto. —Le indicó Videl—. Con los sueños lúcidos.

En el templo

Luisa estaba en cuclillas en medio del inmueble abandonado. Se tocaba las puntas de los dedos. Tenía la cabeza agachada. Vestía un equipo táctico con todo y máscara de oxígeno. Tenía una metralleta colgando sobre uno de sus hombros.  

Afuera, soldados norteamericanos se paseaban por los alrededores. Algunos tanques se retiraban. En inglés y español eran los mensajes que los hombres intercambiaban por sus radios.

Nuevamente adentro del recinto, Luisa se levantó desmotivada. Tomó una piedra del suelo. Miró hacia el vitral de colores cálidos. Corrió furiosa hacia él. Le arrojó con todas sus fuerzas la piedra. Golpeó justo donde estaba la imagen del gato, pero el vitral no se rompió, ni siquiera pudo hacerle un rasguño.

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