CAPÍTULO 29: POCOS SE LEVANTAN DE UN GOLPE DE REALIDAD
***
(Cortinilla)
(Suena música intensa)
“Las noticias con Javier
López-Mendiola. El periodista número uno del país. Las noticias con Javier
López-Mendiola. Veracidad. Imparcialidad. Profesionalismo. Las noticias con
Javier López-Mendiola. Nuestro compromiso es con la verdad. Las noticias con
Javier López-Mendiola”
(Cápsula inicial)
Habla Isaac Guerrero González:
La paternidad es un compromiso
para toda la vida. Es uno de los regalos más bonitos que le pueden dar a uno.
Cuando cargué a Rocco por primera vez y lo vi tan chiquito, tan vulnerable,
supe la enorme tarea que había recaído sobre mis hombros. Uno como padre sufre
mucho. Se vive todo el tiempo en preocupación.
Hace muchos años me
arrebataron a un hijo y ahora… [solloza]. No hay palabras para describir lo que
siento [se intensifica el llanto].
(Voz en off del
reportero)
Este es el dolor que sufren
miles de padres todos los días en el país de los desaparecidos. Hace una semana
que nadie ha visto a Rocco Guerrero Blanco, Videl León Bravo, Geraldine León
Bravo y un adulto más que aún no ha sido identificado. Los jóvenes se encontraban
en una fiesta en la capital del estado angelino. Aproximadamente a las 8 de la
noche se suscitó un evento paranormal que hasta la fecha no tiene explicación.
Entre bestias aladas, nubes viscosas y relámpagos coloridos, se desató el caos
en el lugar de los hechos. Los cuatro implicados escaparon de la fiesta junto
con otros dos jóvenes que pudieron llegar a casa. Según el testimonio de uno de
ellos, de quien no diremos su nombre por razones de seguridad, la desaparición
de los muchachos fue voluntaria ya que, cito textualmente, “Rocco afirmó ser el
responsable de aparecer a las criaturas misteriosas en la fiesta, puesto que
considera que su mente es capaz de materializar sus sueños. Por eso ha decidido
aislarse, para encontrar una solución a este problema. Está loco”, finalizó.
Aunque Isaac Guerrero aseguró
que su hijo se notaba perturbado últimamente e incluso fue a dar al hospital el
mismo día del Eclipse Fantasma, “jamás mencionó ser capaz de nada parecido a
tener una habilidad de materializar sueños. Quizá Rocco requiere atención psicológica,
pero no es un mentiroso. Sería incapaz de inventar un disparate así”. En todo
caso, sugieren las familias de los desaparecidos, el testimonio de este
muchacho es una absurda invención. Él también quedó afectado por el suceso y no
piensa claramente.
Lo que es un hecho es que las
autoridades no han sido capaces de encontrar pistas certeras para resolver el
caso, aunque la subinspectora de la Policía Federal, Luisa Altamirano, afirma
lo contrario.
No se necesita un evento
paranormal para que una familia mexicana sea castigada con la pérdida de un ser
querido. En nuestro país esto es el pan de cada día. Según cifras del INEGI, en
el último sexenio se han reportado más de veinte mil desapariciones. La responsabilidad
del Gobierno con estos lamentables hechos es ineludible.
Mientras tanto, los familiares
de los tres amigos se alistan para realizar su propia búsqueda. Diversas
asociaciones de padres que sufren la misma violencia se han acercado a ellos. La
esperanza de volver a ver a sus hijos es la fuerza que los mantiene de pie.
“¿Dónde están?”, grita el país entero conmocionado. Ni los Guerrero Santos ni
los León Bravo descansarán hasta encontrar la respuesta.
Para las noticias con Javier
López-Mendiola… Tonyyyyyy Martiiinoooo.
(Javier López-Mendiola desde
el estudio)
Muy buenas tardes.
Este fue uno de los seis
reportajes que presentamos hace poco más de dos semanas sobre el caso de los
cuatro desaparecidos en el sureste del país. También entrevistamos a la familia
León Bravo y, posteriormente, a la familia del último desaparecido, quien fue
identificado posteriormente. Estos reportajes los presentamos cuando la
desaparición era reciente.
Al final de esta excelente
cápsula a cargo de nuestro reportero Tony Martino se dice “¿dónde están?,
grita el país entero conmocionado”. Todos, me incluyo, todos los mexicanos
anhelábamos tener esa respuesta pronto.
Bueno, pues hoy, en medio de
una crisis nacional, de una guerra civil que se ha desatado en las calles de
nuestra ciudad, hay espacio para las buenas noticias.
Al fin, al fin vamos a saber
dónde estaban estos cuatro jóvenes pues Rocco, uno de los desaparecidos, se
comunicó a este estudio para hacernos saber que desea contar toda la verdad.
¿Escaparon voluntariamente?, ¿son ciertos los testimonios del muchacho que volvió
a casa?, ¿cómo es posible que volvieran a desaparecer cuando la policía ya los
había rescatado? Y, sobre todo, ¿su desaparición está relacionada con todo el
caos que desató La Fe del Amor?
Señoras y señores, esta es
primicia nacional. Está aquí en el estudio Rocco Guerrero Blanco para darnos su
testimonio de primera mano. Y no solo eso, más adelante arribarán también las
tres familias para reencontrarse, frente a los ojos de todos los mexicanos, con
sus seres amados.
Te saludo con mucho gusto, Rocco.
Dinos por favor, ¿cómo estás? [Javier voltea hacia su izquierda. El cuadro se
amplía mostrando también a Rocco sentado al lado del conductor. Ambos están en
una mesa. El muchacho sonríe serenamente antes de contestar].
Adentro de una Suburban prestada
por la televisora, los familiares de los muchachos se consumían con las ansias
de llegar al estudio para el reencuentro. El grupo estaba integrado por Isaac y
Candelaria, los tutores de Rocco; Constanza Bravo y Gilberto León, los padres
de Videl y Geraldine, quienes iban acompañados de Sigifredo y Rosalinda, los
abuelos de los hermanos; también iba Paloma Beltrán, la esposa de Alexis
Cárdenas (a quien Usurpador había asimilado). En la cajuela se zangoloteaban
todos los hermanitos de Rocco y el pequeño Michelle Cárdenas, el hijo de
Alexis. Un chófer y un asistente de Javier López-Mendiola, llamado Cristóbal,
trataban de tranquilizarlos haciéndoles saber que ya estaban cerca. Además, Cristóbal
les explicaba paso a paso todo lo que tenían que hacer al llegar a su destino.
Como en la radio también se estaba transmitiendo la entrevista, el asistente la
encendió para que los padres no se perdieran ningún detalle.
Detrás de ellos, una caravana
de automóviles comandada por Ceferino los custodiaba. Los hermanos de la Fe se
ofrecieron para acompañarlos en todo momento hasta asegurarse de que finalmente
se reencontraran con los chicos.
De vuelta en el estudio, el
esperado testimonio del desaparecido más famoso del país había comenzado.
ROCCO:
Gracias, Javier, por prestarnos tus micrófonos y a tu audiencia. Vengo en
representación de mis otros tres amigos, porque he de decir que Alexis Cárdenas
ya también es nuestro amigo. Vinimos aquí porque sabemos que todo el país ha
estado al tanto de nuestro caso y creemos que la gente merece saber la verdad.
No queremos robarle la atención a cosas más graves que están sucediendo allá
afuera. Al contrario, somos muy conscientes de la terrible situación en la que
se encuentra nuestra ciudad o bueno, tal vez todo el país. Hemos venido a
hablar contigo porque queremos ayudar. Lo que vamos a decirles a continuación
puede que sea demasiado para todos, pero créanme, es la verdad. Podemos
probarlo. Y sobre todo lo hacemos para desenmascarar a los verdaderos
responsables de toda esta cadena de mentiras.
JAVIER:
Cuánto misterio. Pues adelante, Rocco. Exprésate todo lo que quieras. Los
micrófonos son tuyos.
ROCCO:
Te lo agradezco. Quiero empezar por comunicarles que los cuatro estamos bien,
al menos físicamente. Quizá un poco desnutridos, pero en general bien.
Psicológicamente todos estamos muy tocados. Hemos vivido experiencias muy duras
y créanme que ninguno se las buscó. Sí, los cuatro desaparecimos
voluntariamente. Si nuestros papás están escuchando esto, les pedimos una
disculpa y también a todos los que se preocuparon por nosotros.
En la Suburban, las tres
familias recibieron la noticia de una forma no muy agradable. A lo largo del
país, algunos televidentes se indignaron al saber la verdad.
ROCCO:
Pero lo hicimos por una importante razón: para protegerlos. ¿De qué? Pues de
amenazas como las de la fiesta, como las de la carretera al Puerto y como la
que nos atacó en el museo de San Topotenango, que es la misma que
descaradamente se quiere presentar hoy en los templos. El testimonio de este
chico que estaba con nosotros en la fiesta tiene algo de verdad. Les pido a
todos que por favor escuchen bien lo que estoy a punto de decir: todas esas
amenazas salieron de mi mente.
JAVIER:
¿Qué estás diciendo, Rocco?, ¿tú creaste a todas esas criaturas?
ROCCO:
Algo así.
La indignación aumentó. Los
ciudadanos no daban crédito de lo que escuchan. Se sentían burlados. El
resentimiento germinaba dentro de ellos.
ROCCO:
No lo hice a propósito. Yo también soy víctima de esto. Por increíble que
parezca es verdad. Lo puedo demostrar.
JAVIER:
¡Vaya confesión! No nos esperábamos esto. Por supuesto que estamos a la
expectativa de la demostración, pero primero cuéntanos, ¿desde cuándo puedes
hacer esto?
ROCCO:
Desde el día del Eclipse Fantasma. Verás, te lo explicaré cronológicamente.
Desde las espaldas de Rocco se
observaba un apuntador en su oreja izquierda. Se desenfocó el objeto para
enfocar la imagen que estaba frente a él, era todo el equipo de producción
consternado.
El floor manager estaba
preocupado. Comenzó a pensar que en algún momento sería viable cortar la
transmisión.
El testimonio de Rocco no era
lo que nadie esperaba. El muchacho estaba describiendo todo el martirio por el
que pasó desde aquel 11 de agosto. Mientras pasaba de héroe a villano a causa
de sus propias palabras, su relato resonaba en todas las calles del país. De
hecho, en algunos lugares el sonido de tres o más televisores se fusionaba
aumentando su potencia en toda la cuadra. Era extraño. Todos esperaban oír
crímenes de Estado, pero en cambio escuchaban la ingenua pesadilla de un
muchachito capitalino.
Cuando el chico estaba a punto
de introducir a Prr Prr Cat en la historia, algo aún más extraño sucedió. Su
voz dejó de escucharse. El audio se esfumó. Todos los televisores, los radios y
los dispositivos estaban en mute. No era una falla mecánica, tampoco de
la transmisión. El mismo floor manager no entendía qué pasaba. Los más
hábiles para leer los labios identificaron algunas palabras que se dibujaban en
la boca del muchacho: gato-negro; capa-púrpura; salvador. Pero cuando trataban
de darle coherencia al relato, la imagen se perdió por completo dejando a todas
las pantallas en negro.
En el estudio, Javier notó que
el micrófono de Rocco estaba apagado. Solamente él escuchaba lo que decía. Su
voz propagaba un eco ininteligible. Se vio obligado a interrumpirlo.
Las palabras inaudibles se
viralizaron al instante. Los buscadores de internet se saturaron con la
actividad de la gente que intentaba descifrar qué significaba gato-negro; capa-púrpura;
salvador.
En el área de Langley,
Virginia, sede de la CIA, también estaban monitoreando la transmisión. Grabaron
todo antes de que se cortara. Revisaron las palabras de Rocco minuciosamente.
Un traductor se encargó de hacer la lectura de labios. Entendieron que Prr Prr
Cat se originó en su mente y que se materializó el mismo 11 de agosto. De
acuerdo con la investigación que previamente habían realizado, tenían registros
de que los testimonios de avistamientos de un gato negro con una capa púrpura
eran posteriores a esa fecha. Nunca antes se había hablado de un ser con tales
características. “Gato-negro; capa-púrpura; salvador”. Las palabras del joven
actor aún no podían ser consideradas disparates.
Habían pasado cerca de cinco
minutos y la transmisión no podía retomarse en la televisora. Javier le pidió a
Rocco que aguardara, estaba entretenido discutiendo con su floor manager
cuando una irruptora voz les puso la piel de gallina.
VOZ: Definitivamente
hoy es un día de júbilo. De todas las cosas buenas que han pasado esta es la
única que no me esperaba.
JAVIER:
¿Quién dijo eso? No estén jugando, muchachos. —Fingía tranquilidad. La voz hizo
una pausa. Javier seguía sin ver a nadie.
VOZ: Ver
hacia abajo está subestimado. Tiene una connotación negativa, pero a veces las
respuestas que buscamos se encuentran al sur de nuestra orientación.
Javier volteó hacia abajo pero
no veía nada. Observó a Rocco, quien tenía la mirada fija en una sola
dirección. No parpadeaba. El conductor dirigió su vista hacia esa dirección y
encontró la fuente de la voz: un diminuto felino negro con una capa púrpura.
“Gato-negro; capa-púrpura…”.
JAVIER:
Rocco, ¿es… Él? —El chico no contestó.
PRR
PRR CAT: Puedo escucharte. Si deseas saber quién soy me lo puedes preguntar
directamente. —El periodista temía comunicarse con el gato—. Pero ¿por qué la
desconfianza? Te aseguro que no muerdo ni rasguño. Me sorprende que un comunicador
con tu trayectoria no tenga la mente abierta a las sorpresas. A mí me encantan
las sorpresas —decía mientras se acercaba a paso elegante hacia la mesa. Javier
se paró asustado y dio un salto hacia atrás. Rocco ni se inmutaba—. Siempre
estoy abierto a recibir la más grande de todas las sorpresas, pero esta que
acabo de presenciar ha sido la más gratificante de todas: Rocco, mi gran amado,
se encuentra con bien. Da la cara de forma pública para defender su verdad. Me
parece maravilloso. —Dio un ágil salto para subir a la mesa. Javier intentó
correr, pero se estrelló con la pared. Le extrañaba que el joven estuviera tan
tranquilo—. Sin embargo, me voy a permitir meter mi cuchara. Ya sé que soy un
maleducado por hacer esto, pero juro que mi única motivación es el amor. —Se paseaba
elegantemente de un lado a otro por encima de la mesa—. He venido a cortar la
transmisión, Rocco, porque te quiero sugerir algo. Más bien, proponer una idea
mejor.
ROCCO:
¿Sugerir? ¿Proponer? No me agradan tus eufemismos —dijo con un tono frío, pero
lleno de seguridad.
PRR
PRR CAT: Entiendo tu desconfianza, amado mío. El mundo te ha fallado. Cuando
intentas acercarte a una persona a través del amor siempre habrá alguien que se
oponga, alguien lleno de odio que no pueda escapar de esa condición maldita.
ROCCO:
Desprecias a los líderes religiosos, pero cada vez suenas más a uno.
JAVIER:
No soporto esta horrible tensión. Abraham. —Se dirigió al floor manager—.
¿Qué estás haciendo? Saca a este pinche gato loco de aquí.
PRR
PRR CAT: ¿Lo ves, mi amado? He aquí la prueba. Por cada persona predicando el
amor siempre habrá dos predicando el odio. Lo hacen porque creen que los
amorosos somos débiles. Por eso, a veces hay que mostrar un poco de fuerza para
impedir que aplasten tu voluntad.
Prr Prr Cat volteó rápidamente
a mirar al staff. Los ojos le brillaron como faros. La mirada de los
hombres se puso en blanco y cayeron desmayados. Javier se echó a correr, pero
un hombre con una corpulencia impresionante, vestido con una larga túnica
púrpura, se interpuso en su camino.
Rocco seguía sentado en su
silla, observando todo seriamente. Javier cayó de espaldas cuando se topó con
el hombre. Otros dos individuos que también portaban la clásica vestimenta de
los hermanos de la Fe entraron al set, cerraron las puertas y fundieron
los cerrojos con una especie de lava que salía de sus dedos. Javier tiritaba de
miedo en el suelo. El chico rompió su voto de silencio.
ROCCO:
¿Así es como justificas tu violencia?
PRR
PRR CAT: No he sido violento con nadie. Todo está bien.
ROCCO:
Sabemos bien lo que haces y de lo que eres capaz. Si no te arrepientes de
asesinar gente te podemos considerar una amenaza y te vamos a combatir.
PRR
PRR CAT: Yo no he venido a combatir. Vine a proponerte algo. Ni siquiera me has
dejado hablar.
ROCCO:
No me interesa tu propuesta.
PRR
PRR CAT: Porque no la has oído.
ROCCO:
¿Por qué escucharía a alguien que no acepta un no como respuesta?
PRR
PRR CAT: Porque te daré lo que quieres. Eso es lo que hago. Cumplo los deseos
de la gente.
ROCCO:
Tienes una visión distorsionada de lo que deseo.
PRR
PRR CAT: Te equivocas. Mi visión es muy clara. En primer lugar, te daré un
espacio idóneo para contar la verdad. No aquí, con los magnates de las
telecomunicaciones manipulando todo, con los mezquinos periodistas utilizándote
para aumentar el rating, sino frente al pueblo, cara a cara, sin filtros.
ROCCO:
Quieres que vaya a tu acto masivo en la Basílica o el Zócalo.
PRR
PRR CAT: Exacto. Sé lo que vas a decir. No temo a ello. Si deseas confrontar mi
discurso aceptaré complacido el debate.
ROCCO:
Todo siempre tiene que ser bajo tus términos. La coercitividad es violencia,
¿ves? Te dije que no sabías lo que quiero.
PRR
PRR CAT: Que alguien cure tu mente para que puedas hacer una audición la
próxima semana. Eso es lo que quieres y puedo hacerlo. Puedo sacar al
asimilador de tu cabeza. Tu vida volverá a la normalidad. No tendrás que pasar
por todo esto de nuevo. Además, tu familia, así como tus amigos, recuperarán su
bienestar.
ROCCO:
¿Quién te va a creer esa estupidez?
PRR
PRR CAT: ¿Por qué crees que tengo el tótem en mi poder? No he estado jugando
con él. Comprendo su naturaleza.
ROCCO:
Ni siquiera comprendes tu propia naturaleza. Si lo hicieras te detendrías.
PRR
PRR CAT: Rocco, puedo salvarte. Como siempre. Para eso me creaste. Esa es mi
naturaleza. Todo esto que ves lo hago por ti, porque sé lo que quieres, porque
sé lo que deseas.
ROCCO:
¿La audición?, ¿curarme? Eso no es lo que quiero en estos momentos. Te dije que
no lo sabías.
PRR
PRR CAT: Si deseas algo más solo dímelo.
ROCCO:
¡Ay, gatito! No sabes lo ignorante que eres. Lo que yo quiero más que nada en
este instante, lo que realmente deseo… ¡Es matarte!
Rocco extendió sus manos sobre
la mesa. Con un veloz movimiento hizo aparecer una extraña esfera transparente
con una sustancia gaseosa dentro. En un abrir y cerrar de ojos dio un aplauso
para aplastar la esfera. Ni con sus asombrosos reflejos Prr Prr Cat pudo
detenerlo. La esfera translúcida reventó y un polvo dorado como el polen se
esparció. El felino estaba tan cerca que no pudo evitar respirarlo. La
abundante cantidad de esa sustancia que entró en su nariz le provocó
estornudos. Inútilmente intentaba limpiarse el polvo con su garra. Con sumo
trabajo logró abrir los ojos solo para ver cómo una barra de luz neón verde se
extendía frente a él. Se sorprendió al ver a Rocco manipular un sable de luz
como si fuera un maestro Jedi.
PRR
PRR CAT: ¿Un Jedi?, ¿en esta dimensión? Vaya, me pregunto quién podrá ser —dijo
sarcásticamente, pero Rocco no respondió. En cambio, dio una pirueta para
aterrizar encima de la mesa. Se plantó cara a cara frente al gato para
apuntarle con el sable. Lo estaba sentenciando—. Deja de ocultarte. Revela tu
verdadera identidad. Desde que llegué al estudio supe que no eras Rocco porque
no reconozco tu aroma. Tienes un olor desagradable. Cuéntame, ¿qué se siente
estar vivo, general Astro de Luca?
ASTRO
DE LUCA: No sé si ya te diste cuenta, pero no puedes teletransportarte. Inhibí
tu olfato con ese polvo. Te quedarás aquí a luchar dignamente —dijo con otro timbre
de voz y una acentuación más heroica.
PRR
PRR CAT: ¡Ah! Un plan. Tenemos a alguien con un plan. Me agrada la gente que
planifica. Siempre estará un paso más adelante del éxito que alguien sin
planes. Sin embargo, si me consideras a mí un oponente al que deseas combatir,
más que un plan, necesitas una estrategia. Tu estrategia será tan buena como
mala sea la de tu oponente. Lamentablemente para ti, yo nunca doy un paso si no
me respalda una estrategia. —Lo volteó a ver y ya no tenía la apariencia de
Rocco. Ahora era completamente el general Astro de Luca con un traje de Jedi.
Prr Prr Cat cambió a su forma bípeda.
Lucía como una imponente pantera negra. Apareció también un sable de luz color
azul en sus manos. Sin dudarlo, se fue con todo contra el general iniciando así
una épica batalla de luces.
En la planta baja del edificio
de la televisora la gente corría asustada. Sabían que había una emergencia en
el estudio principal. La seguridad privada de la empresa intentaba irrumpir,
pero las puertas lucían impenetrables. Se alarmaron cuando oyeron unos extraños
ruidos. Se escuchaba como si dos personas estuvieran luchando, también unos
extraños zumbidos sobresalían. Intentaron comunicarse con el staff, pero
solo identificaron los gritos de horror de Javier. Fue entonces que pidieron la
ayuda de la policía capitalina. Las autoridades no tardaron en llegar y
comenzaron a evacuar el edificio.
Corriendo en alguno de los
pasillos, el verdadero Rocco, acompañado de Geraldine, Videl y los cinco
policías aliados vestidos con unos trajes similares a los de la Alianza
Rebelde, entraron a un estudio vacío para organizarse. Abrieron dos enormes
puertas. El lugar estaba despejado. Se encontraron con la típica escenografía
de una telenovela. Frente a un vecindario de cartón, discutieron el siguiente
paso de su plan.
ROCCO: Bien, el general Astro de Luca ya está
luchando contra Prr Prr Cat. —Monitoreaba la actividad del líder rebelde por
medio del dispositivo en su muñeca al que nombró intercomunicador—. La Guardia
Florida ya va en camino al set para apoyarlo. Es hora de ponernos en
movimiento. Recuerden: Geraldine, Dorantes, Adara Milakis, Freya Leonore y un
escuadrón de la Nueva Alianza Rebelde se dirigirán a la Basílica; ustedes son el
equipo Alfa.
GERALDINE: Ok.
DORANTES: Ajá.
ROCCO: Videl, Kiki,
Harrison Ford y Noketzal Ijupi comandarán al equipo Beta para ir a la Catedral.
VIDEL: Simón.
BARRAGÁN: ¡Simón!
ROCCO: Melgarejo y Manríquez custodiarán a
la doctora y se dirigirán hacia una bodega que está cerca de la Basílica. Al
parecer, los miembros de su equipo captaron unas ondas propias del tótem en esa
ubicación. Ustedes, como el equipo Gama, los protegerán junto con Ahsoka Tano.
MELGAREJO:
Está bien.
MANRÍQUEZ:
Sí, señor.
ROCCO:
Todos cuentan con naves y armamento. Recuerden que los equipos de búsqueda
tienen que hallar al cardenal. Ese es el primer paso. Puede estar en cualquiera
de los dos templos según nuestro infiltrado. La misma fuente nos ha confirmado
que El Suricato, Martín y Dalia lideran al equipo de la Fe en la Basílica;
Rosario y Aldahir hacen lo propio en la Catedral. No sabemos quién custodia la
bodega, pero todos ellos y muchos otros miembros de la organización poseen
habilidades. El siguiente paso será inhabilitarlos a todos. Tengan mucho
cuidado. Son capaces de hacer lo que sea. Mientras tanto, la subinspectora y yo
iremos por nuestras familias. Ceferino y otro grupo de hermanos los custodian. Nos
encargaremos de ellos. Una vez terminada esa misión, iré a deshacerme de Prr
Prr Cat. Confío en que el general logrará retenerlo mientras tanto. Estaremos
en comunicación constante todo el tiempo. Lleven los enfrentamientos lo más
lejos posible de los civiles. Si soldados gringos o mexicanos los atacan, usen
los aturdidores a distancia, no respondan sus ataques. Esta es nuestra
oportunidad de terminar con esta pesadilla. Estamos conscientes de que el
futuro de nuestra realidad está en juego. Gracias por todo. A sus posiciones.
Cuídense mucho.
Los policías se pusieron de
acuerdo. Rocco, Videl y Geraldine se apartaron un momento.
GERALDINE:
¿Este es el momento sentimental en el que nos decimos que no muramos?
ROCCO:
A ti te encantan estos clichés. Te toca decirlo.
GERALDINE:
No se mueran, zopencos, por favor. ¿Recuerdan cuando salimos victoriosos de la
mansión embrujada?
VIDEL:
Estuvo chingón. Nos rifamos. Pero ahora será muy diferente. Hay muchas vidas en
riesgo. Güey, te encargamos a nuestros papás y abuelos. Es lo que más nos
interesa de esta misión.
ROCCO:
¿Pudieron hablar con ellos?
VIDEL:
Sí, güe’. —Sollozó unos segundos—. Rescátalos de ese pinche loco, por favor.
GERALDINE:
No mames, patón, ¿hace cuánto que no veíamos a nuestros papás juntos?
VIDEL:
Uhh… Pues creo que desde que se divorciaron. Es bien cagado. Pensé que no me
alcanzaría la vida para volver a ver esto. Tus carnalitos ya deben estar bien
grandes.
ROCCO:
Sí, pinches chamacos. Son un desmadre. Al menos salieron bonitos gracias a los
genes de Candelaria.
VIDEL:
No como tú, pinche muppet.
Los tres se carcajearon. Videl
se disculpaba palmeando el lomo de Rocco en repetidas ocasiones, una de las
escasas muestras de afecto masculino. Geraldine tomó a los dos de la mano. En
otras circunstancias, los varones las habrían retirado de inmediato, pero, por
el contrario, ambos le dieron un fuerte apretón a la chica. El trío fenomenal
se miraba con los ojos vidriosos.
ROCCO:
Pues no estoy pedo, pero cabrones, los quiero un chingo. Cuídense los culos,
por favor.
VIDEL:
Cuenta con ello, señor supremo líder. Yo también los quiero.
GERALDINE:
No mamen, qué los voy a querer, ¡los amo!, ¡abrazo, perros! Ya me hicieron
chillar.
Con un fraternal abrazo
sellaron el emotivo momento. Antes de partir cada uno en su propia dirección,
se alcanzaron a rozar las puntas de las yemas de los dedos un momento antes de
soltarse.
Los equipos abandonaron el set
de “Entre el amor y el deseo”. Cada uno se fue por su lado deseándose
suerte. Los únicos que se quedaron en el edificio fueron la subinspectora y
Rocco.
Unas calles atrás se
encontraba estacionada una fragata de escolta Nebulón-B. Videl, Geraldine y los
policías la abordaron. Adentro estaba la almirante Adara Milakis
esperándolos. La piloto Freya Leonore y el copiloto Noketzal Ijupi hicieron
despegar el vehículo. Se dirigieron hacia un terreno baldío en donde aguardaba
el resto de la flota rebelde con todas las naves en modo furtivo. Desde ahí,
cada equipo partió hacia su destino iniciando sin más la guerra en contra de
los falsos profetas del amor.
Justo antes de que la subinspectora
y Rocco salieran en busca de los padres, un hombre desesperado comenzó a dar
manotazos en la puerta principal. Rocco miró extrañado a Luisa, pero ella no
parecía muy sorprendida.
SUBINSPECTORA:
Creo que ya llegó.
ROCCO:
¿Quién?
SUBINSPECTORA:
Olvidé decirte que el pastor este, nuestro infiltrado, escapó de los hermanos
amorosos. Al parecer lo descubrieron. Huyó antes de que “lo llenaran de amor”.
Por eso es que alcanzó a darme toda la información, pero me pidió protección a
cambio.
ROCCO:
¿Crees que sea él?
SUBINSPECTORA:
Sí. Le dije que me buscara acá. ¿Quién toca? —Gritó hacia la puerta.
PASTOR
NABUCODONOSOR: ¿Subinspectora Luisa? ¡Soy yo! El pastor.
ROCCO:
¿Cómo se llama?
SUBINSPECTORA:
Nab… Condón… ¡Ay, no me acuerdo! Tiene un nombre árabe. Ya sabes, de esos de la
biblia.
ROCCO:
¿Abrimos?
SUBINSPECTORA:
Tú abres y si nos quieren sorprender me los chingo. —Sacó su blaster y
apuntó hacia la puerta.
PASTOR
NABUCODONOSOR: ¡Rápido, por favor! Creo que me están siguiendo.
SUBINSPECTORA:
Vas.
Le hizo una seña con la cabeza
a Rocco para que abriera. El chico apresuró el paso hacia la puerta. Luisa no
quitaba el ojo de la entrada ni el dedo del gatillo. Cuando abrieron observaron
a un hombre completamente aterrado, andrajoso, sucio y un tanto lastimado. Se
fue de bruces adentro del edificio.
SUBINSPECTORA:
Rápido. Métete que la policía anda por aquí.
PASTOR
NABUCODONOSOR: Usted es policía.
SUBINSPECTORA:
Ahorita no. Estoy de vacaciones. ¿Estás seguro de que te están siguiendo?
PASTOR
NABUCODONOSOR: No lo sé. No sé nada. —Empezó a llorar—. Siento que me siguen
todo el tiempo. Estoy paranoico. Ayúdenme. Ustedes dos… —Sintió la pesada
mirada de Rocco. Lo volteó a ver temeroso. El chico jadeaba de furia mientras
apretaba los puños. El pastor percibió demasiada aversión—. ¿Nos conocemos?
ROCCO: De hecho sí, imbécil. Te conozco muy
bien. —Lo levantó con rabia de la camisa y lo estrelló contra una pared.
A pocos kilómetros de ahí,
Cristóbal intentaba comunicarse con alguien de la producción, pero nadie
contestaba. La transmisión nunca se reestableció. Los familiares estaban
seguros de que algo malo había sucedido. Cerca de ellos pasaban algunas
patrullas que se dirigían a la televisora. Ante la inoperancia del asistente
por ofrecer soluciones, los padres decidieron que lo mejor era llegar caminando
al edificio. El chófer, por órdenes de Cristóbal, bajó los seguros de las
puertas para evitar que todos perdieran el control, pero la ira familiar fue
incontenible. Los padres descendieron uno a uno. Con cuidado fueron bajando a
los niños y a los abuelos. Justo detrás de ellos, en su propia camioneta,
Ceferino observó cómo todos se disponían a ir a pie. Como estaba al tanto de
que su redentor se batía en una pelea, sabía que no podía dejar que los padres
lo encontraran así, por lo tanto, él y cuatro de sus hermanos en fe bajaron de
sus vehículos para detenerlos. Los padres avanzaron cuatro cuadras cuando
Candelaria sintió un dolor en el vientre.
CONSTANZA:
Cande, ¿qué te pasa?
CANDELARIA:
¡Ay, no sé! Me está doliendo mucho. ¡Auh!
CONSTANZA:
No me digas que ya vas a parir.
CANDELARIA:
Se supone que no, todavía falta, pero ¡ay!
Isaac se acercó a ayudar a su
esposa. Los padres de los hermanos León la sostenían de los brazos.
MARÍA
MARGARITA: Mami, ¿qué tienes?
CARLOS
ALFREDO: Mami, ¿estás bien?
CANDELARIA:
Isaac, tú adelántate. Estamos perdiendo tiempo.
ISAAC:
No manches. No te voy a dejar así. Que tal que ya vas a…
CANDELARIA:
No es eso. Estoy segura. Adelántate, mi amor.
CONSTANZA:
Váyanse ustedes dos, Gilberto. Nosotros la atendemos.
JESÚS
RAMÓN: Papá, voy contigo.
ISAAC:
¡No! Cuida a tus hermanos y a tu mamá. Por favor, se las encargo mucho —dijo
todavía titubeando—. Si le pasa algo me hablan. Amor. —Se acercó a darle un
beso en la frente—. Vas a estar bien.
Justo cuando él y Gilberto se
preparaban para irse, Ceferino les dio alcance. Cuando se pusieron al tanto del
malestar de Candelaria, dos de los hermanos de la Fe se ofrecieron a ayudarla
ya que tenían la habilidad de curar a las personas. Isaac les agradeció la
enorme ayuda. Solo así pudo partir seguro hacia la televisora. Entre él,
Gilberto, Ceferino y dos hermanos más emprendieron la carrera para ayudar a los
muchachos.
En el estudio, una asombrosa
batalla se libraba. Astro de Luca se movía cual esgrimista profesional. A Prr
Prr Cat le bastaba su fortaleza para poner en aprietos a su oponente. Ni los
altisonantes zumbidos de los sablazos despertaban a todos los desmayados.
En el suelo, Javier se
encontraba en shock por todo lo que estaba presenciando. El resplandor de cada choque de espadas se
reflejaba en sus pupilas perdidas.
El Capitán Clavel y su Guardia
Florida arribaron al escenario de la batalla. Se encontraron con un escuadrón
de granaderos que iba subiendo por la escalera. Los policías les apuntaron con
sus armas. Al principio los confundieron con actores de la empresa, pero al ver
que sus lanzas eran reales les pidieron identificarse.
POLICÍA:
¿Qué hacen aquí? Ya habíamos evacuado todo el edificio. ¡Bajen esas
chingaderas!
La guardia hizo una formación
de falange. No respondieron nada bien a la actitud de los uniformados. Estaban
preparados para atacar. Los granaderos pusieron por delante sus escudos.
CAPITÁN
CLAVEL: Tenemos la orden de resguardar esta zona. Lo que está pasando allá
adentro es muy peligroso para ustedes. Salgan de aquí si no quieren terminar
lastimados.
POLICÍA:
Óyeme bien, pendejo. A mí no me vas a dar órdenes. Ahorita les vamos a ir a
romper su puta madre.
Pistolas y lanzas se apuntaron
mutuamente. Los dos escuadrones se protegían detrás de sus escudos. Solo
estaban esperando a que alguno atacara primero.
En la planta baja Rocco golpeaba a Nabucodonosor. La subinspectora,
sin entender la rabia del chico, lo tomó del brazo para someterlo, pero antes
de hacerlo, Rocco le asestó otro golpe al pastor haciéndolo besar el suelo.
NABUCODONOSOR:
Allí eshtá. Ya te deshquitaste, ¿no? —La sangre de la boca le dificultaba la
pronunciación.
ROCCO:
Me la debías, hijo de la chingada.
NABUCODONOSOR:
Mira, shamaco, no te conozhco o no te recuerdo. —Escupió un gargajo de sangre
para poder hablar bien—. Es probable que te haya hecho algo en el pasado. Lo
admito. He hecho cosas muy malas. No eres el único que desea pegarme. Pero
estoy intentando redimirme. Por eso le digo todo lo que sé a la subinspectora.
SUBINSPECTORA:
Rocco, no tenemos tiempo para estas babosadas. Cálmate. Hay que irnos de aquí
porque están llegando muchos policías.
ROCCO:
Suéltame.
SUBINSPECTORA:
¿Te vas a calmar? Aunque me saques veinte centímetros soy experta en controlar
a monigotes como tú. Ese es mi trabajo.
ROCCO:
Me voy a calmar si esta rata se larga de aquí.
NABUCODONOSOR:
No quiero estar con ustedes. Solo necesito un refugio. La subinspectora me lo
debe.
SUBINSPECTORA:
Eso es verdad. Lo voy a cumplir.
ROCCO:
No me interesa lo que le pase. —Movió bruscamente su brazo para liberarse.
SUBINSPECTORA:
Bueno, ¿pero por qué tanto rencor?
ROCCO:
Este cabrón tuvo la culpa de que mi papá dejara de ser evangélico. Mi padre es
un buen hombre. La persona más buena que conozco. Por eso esta rata se
aprovechó de él.
NABUCODONOSOR:
¿Quién es tu papá?
ROCCO:
¡Te vale madres! —Amagó con patearlo.
SUBINSPECTORA:
¡Que te calmes, pues!
NABUCODONOSOR:
Me disculpo por lo que sea que le haya hecho a tu papá.
ROCCO:
¡No mames! No me vengas con eso. Te podríamos disculpar porque le robaste
dinero a él y a mi mamá o porque les lavabas la cabeza en cada reunión, pero lo
que nunca te vamos a perdonar es que dañaste su reputación. Inventaste muchos
chismes.
NABUCODONOSOR:
Discúlpame, pero no. Yo podré ser muchas cosas, pero no soy un difamador.
ROCCO:
¡No te hagas pendejo! Bien que sabes que lo hiciste.
NABUCODONOSOR:
Ni siquiera sé quién es tu papá.
ROCCO:
¡Isaac Guerrero! Soy hijo de Isaac Guerrero. ¡Pinche estúpido! ¿Ya te acordaste?
NABUCODONOSOR:
¿De El Guerrero?, ¿el de la calle Buenavista?
ROCCO:
Bien que sabes que lo chingaste.
NABUCODONOSOR:
No. —Se puso de pie. Tenía el rostro muy serio. Se sacudió el pantalón. Tomó
aire—. Te lo repito: jamás lo difamé.
ROCCO:
Y lo niegas, pinche rata. ¡Te voy a dar otros madrazos para que te acuerdes
bien!
Rocco lo embistió con toda la
violencia posible. El pastor se abrió la cabeza. La subinspectora intentó
detener al chico, pero se había vuelto una bestia incontrolable. Incluso le
abrió un labio a ella en el forcejeo. Golpeó a su víctima obligándolo a pedir
clemencia.
NABUCODONOSOR:
¡Todo es cierto! ¡Todo lo que dije de él es cierto! Estás golpeando a un
inocente.
Luisa logró colocarle esposas
en una muñeca. Solo así pudo jalarlo para detenerlo.
ROCCO:
Tú eres la persona menos inocente del mundo. Deja de decir pendejadas.
NABUCODONOSOR:
Es en serio. —Se replegó contra la pared. Se cubría la cara con las manos por
el miedo. Sus dientes eran totalmente escarlatas. Respiraba agitadamente en el
suelo—. Te lo digo en serio. Tu padre lo hizo. Sí lo hizo.
ROCCO:
¿Qué hizo?, ¿eh? ¡Dilo si tienes huevos! —Estaba completamente esposado. Luisa
veía la escena con miedo, no por la actitud de Rocco, sino porque entendió lo
que el pastor quería decir.
NABUCODONOSOR:
Tú sabes bien qué fue. Me da pena decirlo.
ROCCO:
¡Ah! Pero no te dio pena regar el chisme por todo el templo. Y ahora sí muy
penoso, ¿no? Pinche miserable. Pero ya no llores. Lo voy a decir por ti para
que se te quite la pena. —Luisa se mordía los labios por la ansiedad—. Mi papá
no le fue infiel a mi mamá, como tú les dijiste a todos. Fue al revés. Ella lo
dejó por otro hombre. Entérate bien del chisme primero.
NABUCODONOSOR:
¿Eh? ¿Eso? ¿Hablabas de eso? —Luisa se relajó un poco al escuchar la confesión
de Rocco.
SUBINSPECTORA:
Bueno, ya te desahogaste. Tenemos que irnos. —Lo jaló de las esposas, pero él
puso resistencia.
ROCCO:
No me voy a ir todavía. ¿Cómo que “hablabas de eso”? —Lo remedó—, ¿pues de qué
otra cosa iba a hablar?
NABUCODONOSOR:
Ese no fue el chisme que la gente decía por ahí. Ni siquiera sabía eso. No fue
lo que yo dije.
ROCCO:
¿Entonces qué? —Puso cara de preocupación.
SUBINSPECTORA:
¡Ya!, no le muevas. Vámonos ya. —Nuevamente intentó arrastrarlo.
NABUCODONOSOR:
Pues lo otro. Lo de… No me digas que no sabes.
SUBINSPECTORA:
¡Ya cállate, Nabo! —Se puso muy ansiosa—. Vete de aquí. Después te consigo un
refugio.
ROCCO:
No. —Se plantó frente a él—. Déjalo que hable. Quiero ver qué chingadera va a
decir. ¡Órale, perro! ¡Habla!
NABUCODONOSOR:
Lo de tu hermano.
ROCCO:
¿Mi hermano? —Ardió en furia—. ¿Tú qué sabes de mi hermano?
NABUCODONOSOR:
Pues lo que todos saben. Menos tú, al parecer.
SUBINSPECTORA:
Rocco, en serio. No quieres escuchar esto.
ROCCO:
¿Qué?, ¿tú también lo sabes? —Luisa bajaba la mirada para evitar verlo a los
ojos—. ¡Ya dime, chingada madre! ¡Dime!
NABUCODONOSOR:
¿Cómo es posible que no lo sepas?
ROCCO:
¡Que me digas! —Le gritaba en la cara.
NABUCODONOSOR:
¿Tu papá te lo ocultó? Pobre niño. Con razón estás tan loco.
ROCCO:
¡Habla! —Lloraba de la desesperación.
NABUCODONOSOR:
No lo puedo creer.
ROCCO:
¡Dilo!
NABUCODONOSOR:
Tu papá mató a tu hermano.
Las emociones de Rocco se
cimbraron. Se tambaleaba su cordura. La cabeza le zumbaba como si su cráneo
fuera un panal de abejas. Las rodillas se le vencieron unos segundos, como
cuando estás dormido y sientes que te vas a caer. Lo atormentaba una acidez
estomacal. Sufrió las inclemencias del reflujo. Un calor inexplicable lo
abochornaba como en una sauna. Mareado, veía casi todo negro con puntitos
blancos, como cuando tienes migraña. Cuando el desequilibrio casi lo lleva al
desmayo, lo salvó el primer instinto. Cumpliendo su función de mecanismo de
defensa, le dio la fuerza para no derrumbarse.
ROCCO:
¡Ja!, ¡ja! —Escupió una risa brumosa—. Ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja, ja. Ja,
ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. —Reía, reía y reía. Reía aturdido, pero reía—. Ja,
ja, ja, ja. —No paraba de reír. Así lo hizo durante tres minutos. Nabucodonosor
se quedó sin palabras. A la subinspectora le dio tiempo para asimilar la
verdad. ¿La verdad? ¿Esa era la verdad? ¿Un tipo despreciable que no tenía
relevancia en su vida era el poseedor de la verdad? ¡No! Se negaba a creerlo. Él
no era digno de la verdad. Alguien que usa la mentira como oficio más que como
artificio jamás será dueño de la verdad—. ¿De dónde sacaste esa mamada?, ¿qué
te dio valor para inventarte algo así? —Nuevamente, el primer instinto—. ¿Qué tan
pendejo me consideras?, ¿o te estás sobrestimando?, ¿los madrazos que te metí
no te dejan percibir la realidad?, ¿ahora vives en otra realidad? No me explico
cómo tienes la osadía de pensar —elevaba gradualmente el tono de voz— que me
voy a creer esa reverenda estupidez. Yo estuve presente en el momento en el que
mataron a mi hermano, ¡idiota!, ¿sabías eso?, ¡idiota! Mi papá no lo mató. Lo
mataron en un asalto.
Reinó el silencio incómodo.
Rocco siguió riendo, pero los otros dos se notaban invadidos por la vergüenza
ajena. Pena, no sentían más que pena por Rocco. Aunque no lo deseaba, Luisa
sintió la obligación moral de intervenir.
SUBINSPECTORA:
Mi niño, lo siento mucho. Lo que dice el pastor es cierto.
ROCCO:
¡No!
SUBINSPECTORA:
Sí lo es, mi niño.
ROCCO:
¡Que no!, ¡chingá!, ¡dije que no!
SUBINSPECTORA:
Escu… Escúchame —le hablaba con templanza—. Tu papá no mató a tu hermano
directamente. Pagó para que lo mataran. No fue un asalto casual. Fue un
encargo.
ROCCO:
¡Tú qué chingados vas a saber! ¿Por qué de repente dos desconocidos saben algo
tan delicado de mi vida? Las personas más cercanas a mí saben realmente cómo
murió Gino. ¡Todos en mi círculo lo sabemos! ¿Ahora resulta que ustedes dos
saben más que ellos?
SUBINSPECTORA:
No sé. Rocco, no sé. Así son las cosas. Esto que te digo lo sé porque yo estuve
en ese caso.
ROCCO:
Esto es una pendejada ridícula. Mi papá no tendría motivos para matar a mi
hermano. Él lo amaba. —Bajó estrepitosamente la voz cuando pronunció la última
sílaba de “amaba” como si hubiera sido violentado por la duda. Pensó en
aquellos horribles sueños que tuvo cuando estaba secuestrado.
NABUCODONOSOR:
Sí tenía motivos —dijo el pastor con pena—. Yo hablaba con tu papá y tu mamá.
Mucho. Era su consejero matrimonial. Sí. Ya sé que no tengo la calidad moral
para nada de eso. Ese no es el punto. El chiste es que ellos me contaban todo.
Quizás ya no conociste a tu hermano o no lo conociste bien. Era un chico muy
problemático. Sumamente problemático. Desde muy pequeño anduvo en malos pasos.
Se empezó a juntar con amistades que no le dejaron nada bueno. Al principio
solo hacía travesuras en la calle. Rompía ventanas, ponchaba llantas. Después
empezó a robar cosas insignificantes: dulces de la tienda, dinero a tus papás.
Hasta que empezó a robar autopartes o casas. Pronto comenzó a vender droga.
Portaba armas. Llegó a las grandes ligas cuando robó un banco, pero entonces
tocó fondo: secuestró a algunas personas. Tu papá pasaba por un momento muy
difícil. Sufrió el abandono y la infidelidad de tu madre cuando tu apenas eras
un bebé. Después, cuando se volvió a casar, Gino, así se llamaba, ¿no? Bueno,
tu hermano comenzó a mostrar su mala conducta. No aceptaba a Candelaria.
Despreciaba a tu papá por haber permitido que tu mamá los abandonara e incluso —le
costaba trabajo decir eso—, te despreciaba un poco. Sintió muchos celos cuando
tú naciste. Tu padre sabía cada una de las cosas que Gino hacía. Por si fuera
poco, justo cuando empezó lo de los secuestros tu hermano embarazó a una chica.
ROCCO:
¿Qué?
NABUCODONOSOR:
Conque tampoco lo sabías. Gino hizo de todo para obligarla a abortar, pero
Isaac intercedió para que no sucediera. A final de cuentas, no pudo eludir el
hecho de ser papá, pero evidentemente jamás se hizo responsable de su hijo.
ROCCO:
¿Qué pasó con ese niño?, ¿dónde vive?
NABUCODONOSOR:
No tengo idea. Lo siento. Aquello sucedió justo cuando tu padre abandonó el
templo. Como bien dijiste, se decepcionó de mí, de la religión. Además, tú eras
un niño pequeño. Candelaria se embarazó de uno de tus hermanos. Sumado a que tu
papá le daba algo de dinero a la madre del hijo de Gino. Isaac se vio rebasado
por la situación. Lo que detonó todo fue descubrir que su hijo era un
secuestrador. Los rumores decían que la banda de tu hermano alguna vez
secuestró a un niño de seis años. Los padres pagaron el rescate, pero aun así
Gino lo asesinó. No se saben los motivos, pero eso provocó una disputa interna
entre la banda. Lo expulsaron ya que el asesinato atrajo a la policía. Esos
cabrones planeaban matar a tu hermano. Llegaron a amenazarlos de muerte a ti y
a tu familia. Gino tuvo que esconderse. Le confesó todo a Isaac y este lo
corrió de tu casa.
ROCCO:
No sabía que había sido por eso.
NABUCODONOSOR:
No soy nadie para juzgar a Isaac. Solo puedo decir que, al estar aterrado por
la conducta de tu hermano, tomó su propia decisión. ¿Cruzó la línea? Eso lo
decidirá el Creador. Lo único que sé es que su desesperación lo llevó a buscar a
la banda de Gino. Les dijo que entregaría a su hijo a cambio de que dejaran de
amenazarlos a ustedes. Ellos accedieron. Les dio el pitazo de dónde podrían
encontrar a tu hermano.
ROCCO:
Cuando me fue a recoger a la escuela.
NABUCODONOSOR:
Lamentablemente sí. Lo único que te puedo decir es que el desprecio entre padre
e hijo era mutuo. No me extrañaría que un día Gino le hubiera hecho lo mismo a
tu papá. En realidad, este problema se desató mucho antes. ¿Conoces la historia
del matrimonio de tus padres?
ROCCO:
No. Mi papá nunca me ha querido contar eso.
NABUCODONOSOR:
Ahora sabrás por qué. Tus papás nacieron en el occidente del país. Ya sabes, en
agavelandia. Era un pueblo muy pobre en donde solo vivía una familia rica: la
de tu mamá. Ella era hija de un expresidente municipal que se casó con una
actriz argentina de ascendencia italiana.
ROCCO:
Eso era lo único que sabía. Mi abuela fue la que sugirió nuestros nombres.
NABUCODONOSOR:
Tu papá venía de una familia de herreros. Evidentemente no tenían estatus
social. Se conocieron cuando la familia de tu padre fue a hacer un trabajo de
herrería a la casa del exalcalde. Isaac la veía todos los días. Tu madre,
Aurora Blanco Fontana, no entendía tanto las diferencias de clase como tus
abuelos. Era una jovencita muy desinhibida, amigable y algo embustera, además
de maldosa. Le encantaba molestar a tu papá. Se cayeron muy bien. Se hicieron
amigos en poco tiempo. ¿Te suena muy telenovelesco? ¿La historia del pobre y la
rica que se enamoran? Pues no fue tanto así. Las familias apenas se estaban
dando cuenta de su amistad cuando tu madre se embarazó de Gino a los 15 años.
Isaac tenía 16. Como buenos católicos, la familia de Aurora los obligó a casarse
para que el niño naciera dentro del sacramento matrimonial. Esto le cayó como
anillo al dedo a la familia de tu papá. Se habían sacado la lotería. Obviamente
lo obligaron a casarse. Tuvieron una gran fiesta. Una luna de miel envidiable.
La familia de la novia les regaló una casa muy cerca de la hacienda de los
Blanco Fontana. Todos pensaron que Gino sería un niño afortunado, sin embargo,
olvidaban un pequeño detalle: sus padres, apenas unos adolescentes, ni siquiera
se conocían. ¿Cómo podían esperar que ese matrimonio prosperara? Dios no se
haría cargo de ellos.
ROCCO:
No puedo creer que me hayan ocultado todo eso.
NABUCODONOSOR:
Se vieron obligados a madurar. Solo tuvieron un mes de tranquilidad. El resto
de su matrimonio fue un martirio. Gino nació siendo la víctima de unos padres
inexpertos, aunado a que siempre fue un niño problemático. La suerte monetaria
de los Guerrero Blanco se terminó cuando acusaron a tus abuelos de lavado de
dinero. Imagino que habrán hecho enojar a alguien porque la investigación fue
impecable. Perdieron todas sus propiedades. Fueron a la cárcel. Tus papás
tuvieron que mudarse a la Capital. Una tía de tu mamá les prestó una casa. Era
mucho más pequeña y con muchas carencias, pero nadie más los podía ayudar.
¿Adivina a quién de los dos le costó más trabajo adaptarse a ese estilo de
vida?
ROCCO:
Sí. Lo sé.
NABUCODONOSOR:
Aurora no era indiferente a sus privilegios. Rubia, ojos azules, piel blanca;
de familia adinerada; con ascendencia europea. Su brillo opacaba a la piel
morena de Isaac, a sus ojos cafés y a su cabello mestizo; a su origen modesto. Quizás
no era una mala persona, pero no iba a cambiar de la noche a la mañana su
concepto del mundo. No faltó mucho para que su ejército de pretendientes se
ofreciera a devolverle la cómoda vida que había perdido. Aurora e Isaac eran
unos niños que se caían bien. ¿Eso bastaba para mantener un matrimonio? Por
supuesto que cuando se empezaron a conocer realmente descubrieron lo mucho que
se detestaban. Aunque hicieron loables esfuerzos nunca hubo las condiciones
para que formaran un vínculo. Simplemente no coincidían y no era culpa de ellos.
Una infidelidad de ambos era inminente. Tu mamá fue la primera en decidirse a
hacerlo. El desfile de pretendientes ricos que le devolverían su mundo comenzó.
Cuando Isaac se enteró hizo lo mismo por venganza. La relación era
insostenible. ¿Qué la mantenía pendiendo de un hilo?: Gino. Un chico que
necesitaba excesiva atención porque desde el prescolar se metía en problemas al
cortarle el cabello a otros niños. Tampoco eran unos insensibles que dejarían a
su primogénito a su suerte. Lo intentaron todo. Obviamente fueron violentos con
él. Lo golpeaban constantemente, pero solo lo afectaban más. Vivían un
matrimonio no deseado con un hijo no deseado. Lamento decirte que tú tampoco
fuiste planeado. Qué pena, pero… Intentaron abortarte. Naciste porque tu abuela
materna intercedió por ti. Cuando llegaste al mundo tu mamá salía con un tipo
holandés. Que yo sepa él pagó muchos gastos de tu parto. Cuando cumpliste dos
años tu madre se mudó con él a Holanda.
ROCCO:
Ok. Ya fue suficiente.
NABUCODONOSOR:
Discúlpame. Mira, a pesar de que me golpeaste, yo no podría inventarme todo
esto. No gano ni pierdo nada con decírtelo.
ROCCO:
Ah, entonces lo haces por caridad. Qué lindo. ¿A usted le constaban toda esta
bola de sandeces, subinspectora?
SUBINSPECTORA:
Yo no sé nada acerca de la historia de tus padres, pero sí sobre el asesinato
de tu hermano. Te repito que estuve involucrada en el caso. De hecho, fui una
de los policías que detuvieron a los asesinos. Lo hicimos prácticamente unos
minutos después de que se cometió el crimen y a pocas cuadras de distancia. A
ellos nunca les importó ir a la cárcel. Esa gente es así. Se pasan la vida
entera entrando y saliendo de la cana. Sin embargo, a uno de ellos no le
pareció que tu papá quedara impune. Lo acusó de ser cómplice. Nos dijo que él
les dio la ubicación de Gino. Cuando tu padre vino a declarar le dijimos todo
eso, pero él siempre lo negó. No hubo una denuncia formal. No nos ordenaron
investigar esa línea. Tampoco había pruebas de nada. Tu papá y esos tipos
hicieron un acuerdo de palabra. El caso se cerró.
ROCCO:
Entonces nadie puede confirmar eso. Solo es un chisme. ¿Tú cómo te enteraste? —Le
preguntó mucho más sereno al pastor.
NABUCODONOSOR:
Hubo una testigo durante el acuerdo de tu papá con los criminales. Él los fue a
buscar a un punto de droga. Ellos estaban a cargo de ese negocio. La gente de
la cuadra conocía a tu papá. A todos les pareció extraño que se fuera a meter
ahí cuando estaba amenazado de muerte. El líder de la pandilla salió a hablar
con él. Su nombre era Octavio.
SUBINSPECTORA:
El Cariperro, le decían.
NABUCODONOSOR:
Sí. Vaya nombrecito. Octavio metió a tu papá a una casa para hablar en privado.
Solo estaban ellos y la hermana del Cariperro; le juraron a tu padre que la
chica sería completamente discreta y que jamás diría nada. Obviamente eso no
sucedió. Esa muchacha llamada Roxana también iba al templo. Me lo confesó todo.
Así como me lo dijo a mí, se lo dijo a otras personas. Se volvió un secreto a
voces.
SUBINSPECTORA:
Yo hablé con el Cariperro en el reclu. Me confirmó que efectivamente tu padre
les pidió que lo asesinaran. Fue una charla extraoficial, en los pasillos de la
cárcel. Nosotros platicamos mucho con esos cabrones. Pero dijo que no lo iba a
denunciar porque no tenía nada contra él.
ROCCO:
Me suenan a puras patrañas.
NABUCODONOSOR:
Eres libre de no creerlo. Yo ya cumplí con decírtelo.
ROCCO:
“Cumplí”. Claro. Ya hiciste tu buena labor del día, imbécil.
SUBINSPECTORA:
Amm… Rocco, hay algo más. Es importante. Mientras estabas secuestrado mandé a
Melgarejo a revisar la carpeta del caso de tu hermano. Desde que salió en las
noticias que estabas desaparecido supe que conocía tus apellidos de algún lado.
Luego tu papá empezó a salir en la tele y lo confirmé. Cuando el tal Conectes
fue a declarar mencionó que tenías una “obsesión”, así lo dijo, por entrar a
una audición de teatro. Al parecer, para cumplir el sueño de tu hermano. Luego,
cuando me alié con la doctora, ella y Mariano mencionaron que el bicho tenía
una “obsesión” con la religión. Creí que en esas obsesiones había una pista. Quería ver si en dicha carpeta encontraba algo
que me ayudara a entender de dónde venían. Más que nada porque queríamos
encontrarle un punto débil al gato. Como sea, lo más extraño fue que, cuando
Melgarejo solicitó la carpeta, le dijeron que “alguien” del extranjero ya la
había solicitado antes. No cualquier civil puede hacer eso y menos de otro país,
pero resulta que esta persona es, al parecer, muy influyente. Tanto así que mis
mismos jefes accedieron a darle una copia. Tiempo después investigué y resulta
que el nombre de esta persona es Aurora Blanco Fontana.
ROCCO:
Me lo imaginé —dijo indignado.
SUBINSPECTORA:
Tu mamá está buscando a la testigo porque quieren convencer al Cariperro de
denunciar a tu papá. Es probable que en unas semanas lo logren. Sé que saber
todo esto es horrible para ti. Lo único que te puedo decir es que todas las
personas tenemos un lado horrible que, evidentemente, nunca sacamos a la luz. Al
mismo tiempo, podemos tener un lado amable o “bello”, si lo quieres ver así.
Pero no existen las totalidades. Nunca te quedes con una sola impresión de una
persona. Desconfía de todos. Te lo digo porque yo soy madre de dos niños. Ellos
no viven conmigo porque me divorcié y su papá los ha convencido de que soy una
horrible persona, que están mejor lejos de mí. Me quieren quitar la custodia.
Todos los días trato de convencer a mis hijos de que no crean todas esas cosas
que se dicen de mí. ¿Entiendes lo que quiero decir?
ROCCO:
¿Que debería bajar mi papá de su pedestal? ¿Que debería dejar de culpar por
todo a mi mamá? Sí. Lo entiendo. Hace poco descubrí que mi padre miente un poco
o un mucho respecto a mi hermano. Era muy evidente que no tenían una buena
relación. Vaya, me hizo creer toda esa patraña de que Gino amaba el teatro y
que su sueño era entrar a una prestigiosa compañía, cuando al parecer mi
hermano solo estuvo en un mísero taller de teatro el cual abandonó en dos
meses. ¿Pero de eso a ordenar matarlo? No lo sé. Miren, ya es suficiente. No
tenemos tiempo para mis dramas familiares. Estamos en medio de una guerra. Si
cometemos un solo error vamos a permitir que la bestia siga haciendo su
desmadre. Subinspectora, tenemos que seguir con el plan.
Un Rocco totalmente diferente
caminó hacia el edificio central de la televisora. Luisa le quitó las esposas y
fue detrás de él no sin antes aconsejarle a Nabucodonosor que se escondiera en
algún set mientras ella volvía. Ambos presionaron un botón en la muñeca
de sus trajes y se volvieron invisibles. Luisa detuvo un momento al chico.
SUBINSPECTORA:
Muchacho, entiendo la prisa, ¿pero estás bien? Esto que escuchaste fue muy
duro. No creo que tengas cabeza para lo que viene.
ROCCO:
Desde el 11 de agosto no tengo cabeza para nada y aun así he seguido adelante.
Toda esta serie de cosas que me han pasado quizá eran inevitables. Me voy a
intentar tragar todo este dolor. Ni modo, algún día tendré que cagarlo.
SUBINSPECTORA:
¿Estás seguro?
ROCCO:
Como nunca en la vida.
Afuera de la televisora, Isaac
y Gilberto llegaron corriendo. Ceferino se quedó atrás. Todo el edificio estaba
resguardado por granaderos. Los padres temían lo peor. Se abalanzaron
inútilmente contra el cuerpo policial solo para ser rebotados por los escudos
de acrílico. Isaac, entre su desesperación, comenzó a gritar el nombre de su
hijo. Un policía le soltó un porrazo en la cara para apagar sus gritos.
Adentro, antes de entrar al
edificio, Rocco y Luisa oyeron los gritos del padre.
ROCCO:
¿Escuchaste?
SUBINSPECTORA:
¿Dijo “Rocco”?
ROCCO:
Creo que es mi papá. Está justo en la entrada.
SUBINSPECTORA:
Bueno, Rocco. Estás a unos pasos de al fin reencontrarte con tu familia. Es tu
oportunidad.
ROCCO:
Sabes que ese no es el plan. Aún no es el momento.
SUBINSPECTORA:
Podrías confrontarlo para saber si todo lo que te dijimos es cierto.
ROCCO:
¿Y qué voy a hacer si me dice que sí?, ¿cómo voy a vivir con eso?
Una serie de mensajes llegaron
al intercomunicador de Rocco.
CAPITÁN
CLAVEL: Supremo líder, unos guerreros de tu mundo nos atacan con proyectiles de
acero. Han herido a algunos. No podemos entrar a apoyar al general hasta
derrotarlos. Por lo que se oye adentro, Astro de Luca no la está pasando muy
bien. Te ruego me disculpes… ¿Listos, Guerreros Floridos?... ¡Ataquen ya!
GERALDINE:
Rocco, somos el equipo Alfa. Ya estamos en posición para atacar. ¡Cambio y
fuera! —Aparte—. ¿Si tenía que decir “cambio y fuera”?
VIDEL:
A ver, mi gente, aquí el equipo Delta, ¡digo!, Beta. También estamos en
posición. ¡Cambio!
MARIANO:
Oigan, ya estamos en la bodega. Los de reconocimiento están tanteando el
terreno. Ya casi entramos. ¡Cambio!... ¡Ay! Se me olvidó: somos el equipo Gama.
¡Cambio!
ROCCO:
Nadie les dijo que dijeran “cambio”. Ja, ja. Lo siento, Luisa. Todos están
haciendo su parte. No les puedo fallar. El reencuentro familiar tendrá que
esperar un poco. Voy a subir al estudio a ayudar a mis amigos. Te encargo a
nuestras familias a ti.
SUBINSPECTORA:
Ok. Entonces es mi turno. El pinche Ceferino debe estar allá afuera con tu
papá. Voy pa’llá. Espero que este traje sirva y no me quede atorada en la
pared.
Chocaron los puños y corrieron
en direcciones contrarias. La subinspectora atravesó la pared hacia la calle
gritando eufórica. Rocco se elevó con un chaleco propulsor hasta la azotea del
edificio. Sobrevoló unos metros buscando la ubicación del general por medio de
un localizador. Presionó otro botón en su muñeca para cambiar de traje.
Afuera, los policías golpeaban
inmisericordemente a los dos padres cuando Ceferino y sus hombres llegaron. Al
ver la brutalidad policiaca, inmediatamente el vocero les ordenó a sus hermanos
intervenir. Los dos hombres, de aproximadamente uno sesenta de estatura y complexión
preocupantemente delgada, consumieron dos caramelos fluorescentes. Al tragarlos,
su tamaño aumentó considerablemente. Le creció pelo y una enorme cola peluda a
cada uno. El resto de los policías fueron testigos de cómo de pronto dos
enormes ratas de casi tres metros emergían frente a ellos. Antes de que
decidieran cómo enfrentarlos, los roedores barrieron con la mitad de ellos a
base de potentes coletazos. Ceferino se acercó a auxiliar a los padres.
Mientras lo hacía, un granadero intentó darle un macanazo, pero una de las
ratas lo sujetó con el hocico y lo arrojó cuatro metros a un lado.
CEFERINO:
Disculpen la tardanza. No les pudimos seguir el paso. Nuestro hermano Aaron,
quien se quedó con Candelaria, pronto vendrá a curarlos a ustedes.
Isaac y Gilberto se estaban
reponiendo de la golpiza cuando se percataron de los monstruos.
ISAAC:
¿Y ‘ora? ¿Qué es eso?
GILBERTO:
¡Ah, cabrón! ¿Esas ratotas de dónde salieron?
ISAAC:
Hay que hacernos pa´llá.
CEFERINO:
Tranquilos. Ellos dos son mis hermanos. Esta transformación también es un
milagro de nuestro redentor. No tengan…
Ceferino dejó de hablar
repentinamente. Levantó las manos. Tenía una cara de desconcierto.
CEFERINO:
No estoy armado, ¿qué es lo que desea? —Los padres no entendían con quién hablaba.
No había nadie cerca de él.
VOZ DE
MUJER: ¿No estás armado? Eso lo vamos a ver ahorita. ¡Contra el piso!
ISAAC:
¿De dónde viene esa voz?
GILBERTO:
Yo también la escucho, pero no veo a nadie. —Ceferino no entendía a qué se
referían. Estaba seguro de que había alguien detrás de él. Sentía el cañón de
un arma rozándole la nuca.
CEFERINO:
¿Quién es usted?
VOZ DE
MUJER: A mí no me vas a interrogar, cabrón. ¡Te dije que contra el piso!
ISAAC:
¿Qué pasó, don Ceferino? ¿Hay alguien atrás de usted?
GILBERTO:
¡Hijo de su madre! ¿Ratas gigantes y fantasmas? Valió madres todo.
Ceferino no tenía clara la
situación. La persona detrás de él lo azotó contra el suelo. Después sus
muñecas se juntaron. Sintió cómo lo esposaban. Los padres, que solo lo veían retorcerse,
titubeaban intentando ayudarlo.
CEFERINO:
Ya entiendo qué es lo que pasa. ¿Estas son las formas de actuar de la policía, subinspectora?
SUBINSPECTORA:
¡Ay! Qué perspicaz. Técnicamente ahorita no soy policía. Si quieres llamar a
esto un arresto ilegal, hazlo. Lo único que me importa es capturarte.
CEFERINO:
¿Por qué no da la cara? ¿Qué hará cuando sus superiores sepan esto?
SUBINSPECTORA:
Llámalo brutalidad policiaca o abuso de poder, me vale madres. Igual te voy a
joder.
CEFERINO:
Podría arrepentirse.
SUBINSPECTORA:
¡Ah! Conque hablándome en tono amenazante, ¿eh? ¿Qué? ¿También te vas a
convertir en ratota? No me importa la “habilidad” que te haya dado tu patrón.
Úsala de una vez. Sorpréndeme. No tienes mucho tiempo, te lo advierto.
CEFERINO:
Yo no tengo ninguna habilidad para pelear, subinspectora. Fue una decisión
propia. Despreocúpese.
SUBINSPECTORA:
¡Conste! Órale. Levántate. —Lo forzó a ponerse de pie.
CEFERINO:
¿Qué piensa hacer conmigo? —Preguntó bastante tranquilo—. Esto es un acto de odio injustificado. Le
aseguro que me haga lo que me haga no podrá detener la expansión mundial del
amor. El odio nunca es una carta de victoria.
SUBINSPECTORA:
Ya cállate, mi’jito. Ya andas bien lorenzo. No te engañes a ti mismo. Mi odio
sí está justificado.
Luisa se lo llevó arrastrando.
El vocero no opuso resistencia. Los padres se quedaron en el suelo sin saber
qué hacer. Una de las ratas se percató del rapto e intentó ayudar a su hermano,
sin embargo, un dardo se le clavó en el cuello doblegándola. En pocos segundos
cayó desvanecida.
CEFERINO:
¿Lo mataste?
SUBINSPECTORA:
No. Le disparé un tranquilizante.
Ceferino también se volvió
invisible. La rata que aún continuaba luchando vio a su compañera en el suelo.
Intentó ayudarla, pero un cúmulo de granaderos se le fue encima. Isaac y
Gilberto aprovecharon la distracción para colarse en el edificio.
Al mismo tiempo, en los
recónditos pasillos de la Catedral, los hermanos de la Fe se vieron
sorprendidos por un grupo de seres invisibles que los atacaron. Tuvieron que
usar sus habilidades. Lanzaban rayos por los ojos, fuego por la boca, láseres
por los dedos. Sin embargo, aún con todo ese sorprendente poder, se encontraban
en desventaja al no ver a sus enemigos. El histórico edificio sufrió daños
considerables. Rosario y Aldahir, quienes se encontraban en el sagrario,
tuvieron que salir a intervenir.
Mientras tanto, en la
Basílica, Dorantes no tuvo ningún problema en noquear a Martín, quien intentó
transformarse en perro cuando notó que un intruso se adentró en el campanario. El
hombre fue golpeado en la cabeza antes de que culminara su metamorfosis. El
oficial recibió el aviso de que habían encontrado pistas sobre la ubicación del
Cardenal. Mientras el resto del equipo seguía la pista, la almirante Adara le
ordenó a Dorantes encontrar cuanto antes a El Suricato.
Por otro lado, la doctora coordinaba
a su equipo de científicos para seguir buscando las ondas del tótem. Mariano la
asistía en todo. Estaban dentro de una nave invisible estacionada a una cuadra
de la bodega. Melgarejo, Manríquez, Ahsoka Tano y un grupo de rebeldes se
preparaban para entrar. Todos se colocaron unos cascos con googlees que
captaban las firmas de calor a través de las paredes. Solo localizaron una. Un
hombre inmóvil sentado en una silla. Esperaron una señal para poder entrar.
Volviendo al edificio de la
televisora, la Guardia Florida se protegía con sus escudos de una ráfaga de
balazos cortesía de los granaderos. Sin descubrirse, avanzaban lentamente
apuntando con sus lanzas. A cada paso que daban lanzaban un grito de batalla.
Los refuerzos de la policía seguían llegando. La Guardia empezaba a quedar en
desventaja.
Los hombres que acompañaban a
Prr Prr Cat oyeron los disparos de afuera. De un puñetazo abrieron las puertas
estancadas. Salieron para hacerse cargo de la situación. Cuando vio la salida,
Javier intentó darse a la fuga, pero Astro de Luca cerró las puertas con el uso
de La Fuerza provocando que el prestigioso periodista hiciera un berrinche de
impotencia.
El general rebelde era azotado
contra la pared, contra la mesa, contra el suelo, pero siempre volvía a la
batalla reincorporándose de un salto.
ASTRO
DE LUCA: No sabía que dominabas el sable de luz. Ni siquiera deberías tener
uno. Tener el poder para crearlo no te hace digno de él.
PRR
PRR CAT: Soy el emperador de la dimensión onírica. Domino cada uno de los
saberes que ahí se encuentran.
ASTRO
DE LUCA: Eres bastante arrogante para ser un hombre que predica el amor. Supuse
que serías humilde. ¡Ah! ¡Ah! —Se esforzaba por rechazar los embates del
enemigo.
PRR
PRR CAT: Decir la verdad no es arrogancia. Tienes que rendirte. No tienes
práctica con la vitalidad. Te está costando mucho trabajo respirar. Es cuestión
de tiempo para que te derrote.
ASTRO
DE LUCA: Yo solo sé que una de tus habilidades no es leer el futuro.
PRR
PRR CAT: No lo necesito ya que poseo una gran intuición.
ASTRO
DE LUCA: Ahora ya me copias mis talentos. Estás fuera de control.
Astro de Luca fingía que todo
iba bien, pero Prr Prr Cat lo superaba en cada golpe. Sin embargo, el general
no perdía el optimismo. Si era derribado, reía; le rompieron la nariz, pero él
rio; le quemaron una pierna, sin embargo, siguió riendo; un golpe en la cabeza
le hizo perder el equilibrio, pero nunca dejó de reír. Con los dientes embarrados
de sangre escupía tiras rojas de saliva. Se atragantaba con aquel líquido, pero
lo único que hacía era seguir riendo.
PRR
PRR CAT: Suficiente. Estás llegando a tu límite y yo me tengo que ir. ¿Por qué
no me dices mejor cuál es tu verdadero plan? Solo te estoy siguiendo la
corriente. Sabes muy bien que asesinar no va conmigo. Por favor, no me
presiones para que te mate.
ASTRO
DE LUCA: ¿De qué hablas? ¿No lo ves? Yo hago esto por diversión. Cuando a ti te
crearon te legaron una responsabilidad. ¡Buah! —Rechazó un ataque, mas se
lastimó el brazo seriamente—. Qué aburrido es eso. Estás atado a los deberes
como los humanos. En cambio, a mí me bendijeron con el don de la libertad para
divertirme y divertir a Rocco. Mi existencia se basa en disfrutar este tipo de
momentos. Ese es mi único objetivo, viejo amigo.
PRR
PRR CAT: Eso estaba muy bien en la dimensión onírica, pero aquí no te sirve de
nada. Si eliges divertirte para siempre en este mundo te condenas a la
decepción. Lamento que a mí me toque enseñártelo. La decepción duele más que
cualquier golpe. Nadie se levanta después de ser golpeado por la realidad.
ASTRO
DE LUCA: ¡Oh! Eso es muy profu… ¡Ah! —Prr Prr Cat lo tomó del cuello. Lo
levantó a un metro del suelo. Mientras pataleaba, el general intentó usar La Fuerza
contra su enemigo.
PRR
PRR CAT: Sabes muy bien que eso no funciona conmigo. La Fuerza solo doblega a
los espíritus débiles.
ASTRO
DE LUCA: ¿La Fuerza? ¿Quién dijo que estoy usando la fuerza? Ok. Debo admitir
que sí tengo otro plan. Solo quería hacerte perder tu tiempo.
PRR
PRR CAT: ¿Piensas que no lo sé?
ASTRO
DE LUCA: Pienso que lo sabes, solo que jamás descubriste cómo te vamos a contraatacar.
Eso de que la intuición es una virtud tuya es una patraña.
Prr Prr Cat sonrió confiado. Astro
de Luca presionó el botón del mango de su sable. La luz se retrajo.
PRR
PRR CAT: ¿Te estás rindiendo?
ASTRO
DE LUCA: No. Esa era la señal.
El Jedi volvió a carcajearse
escupiendo borbotones de sangre.
En un ángulo en contrapicada
se pudo observar a una enorme burbuja transparente de tono violáceo atravesar
el techo. Se dirigió hacia el felino, quien no tuvo tiempo de reaccionar, pues
en una fracción de segundo ya estaba dentro de ella. El general se quedó
afuera. Por dentro, la burbuja tenía una textura membranosa. Se notaba frágil,
a punto de reventar. Prr Prr Cat iba a tocarla, pero tuvo un mal
presentimiento. Mientras retiraba su garra vio descender lentamente del techo a
un hombre vestido con un equipo táctico. Su traje era de un tono verde salvia,
con bolsas frontales por todo el saco y el pantalón; además, tenía unas
rasgaduras en las mangas que le colgaban como si fueran hierbas. Llevaba
puesto un casco similar al de un aviador, con unos googlees de plástico
grueso polarizados de tono verdoso. Muy cerca del corazón, tenía bordado el
emblema de la Alianza Rebelde. Portaba una enorme arma larga parecida a un
arpón sofisticado. El tipo, aun flotando en el aire, apuntaba hacia él. Apenas
lo estaba reconociendo cuando lo vio accionar su arma. Una descarga eléctrica
viajó hacia la pantera. Intentó esquivarla, mas no pudo atravesar la burbuja.
La descarga penetró la textura membranosa y se impactó contra su cuerpo. Sintió
cómo la electricidad le quemaba las entrañas. Quedó tan aturdido que casi se
desmaya.
A través de su vista nublada,
pudo ver al hombre levantándose los googlees. Casi lo reconoce, pero sus
ojos se pusieron más borrosos. Se esforzó por mantenerse consciente. Cuando la
bruma visual se disipó, vio al hombre apuntándole a la cara, a unos dos metros
de distancia, por lo que intuyó que el siguiente disparo sería mortal.
Afortunadamente pudo reconocerlo antes de que disparara.
PRR
PRR CAT: Mi amado Rocco. Me llena de gozo volver a verte —expresó con la voz
entrecortada—. Esta vez sí eres el auténtico Rocco. Me duele en el corazón que
me hagas esto. Quizá el odio del mundo te ha doblegado. Eso solo me motiva a
seguir luchando por ti.
ROCCO:
¡Wow! Qué discurso tan meloso. ¿Así les lavas el cerebro a tus esbirros?
La falta de amor en ellos debe estar cabrona. Me sorprende tu retórica. Estas
me gustan para que sean tus últimas palabras. Ciao.
PRR
PRR CAT: ¡Espera! —Rocco detuvo el accionar del gatillo para escuchar al animal
moribundo—. No te voy a implorar por mi vida porque ni siquiera está en riesgo.
ROCCO:
Ja, ja. Mírate nomás, gatucho. Estás delirando. Ni siquiera puedes respirar. La
siguiente descarga será más potente. Por muy fuerte que seas no la vas a
resistir.
PRR
PRR CAT: Eso es verdad. Tu disparo podría matarme si yo estuviera únicamente en
un lugar. —Rocco no comprendió el mensaje.
ROCCO:
No te me pongas metafísico. Recuerda que no puedes teletransportarte. Ya no
puedes ir a otra parte.
PRR
PRR CAT: No me refiero a eso. —Se tambaleó y cayó de rodillas. El impacto lo
hizo sangrar—. ¡Auch! El dolor humano es algo a lo que uno nunca se acostumbra,
¿no es así, Astro de Luca?
El general no podía responder
porque estaba tirado, cerca de perder la consciencia. Rocco lo miró de reojo.
Se enfureció al notar su estado, pero no podía dejar de apuntar al enemigo para
ir a ayudarlo.
ROCCO:
Mi amigo me necesita. No tengo tiempo para tus mafufadas.
PRR
PRR CAT: Creí que seguíamos siendo amigos.
ROCCO:
Tienes un concepto enfermizo del amor. Coercitivo. Si sobrevivieras a esta
seguramente vivirías puras malas relaciones.
PRR
PRR CAT: Después de que dispares prometo no guardarte rencor. Te amo. Le
declararé este amor a todo el mundo.
ROCCO:
¡Güey!, ¡cállate! Qué enfermo te oyes. No lo soporto. No sé por qué hablas en
futuro cuando sabes que tu tiempo se acabó.
PRR
PRR CAT: Porque como te lo repito: yo no estoy únicamente aquí.
ROCCO:
¿Entonces?, ¿estás en nuestro corazón?, ¿vas a decir algo así?
PRR
PRR CAT: No. No es una metáfora. Estoy hablando literalmente. Físicamente no
solo estoy aquí.
ROCCO:
No entiendo el acertijo.
PRR
PRR CAT: No lo hay. Rocco, poseo una habilidad que no conoces y que desarrollé
mientras dormías.
ROCCO:
Mientras tú me dormías.
PRR
PRR CAT: Lo lamento, pero estás a punto de entender por qué lo hice.
ROCCO:
No. Estoy a punto de mandarte al infierno.
Rocco disparó la descarga con
furia. Prr Prr Cat no pudo esquivarla. Cayó rendido al suelo, casi al borde de
la muerte. Rocco no sintió remordimiento. Solo un poco de pena por haber matado
a quien muchas veces dijo amarlo como nadie. Le regaló una última mirada de
compasión. Se dio la vuelta y corrió a auxiliar al general, quien estaba más
herido de lo que parecía.
Afuera, los guerreros
floridos, los granaderos y los hombres de Prr Prr Cat seguían librando una
batalla encarnizada en la que nadie cedía. Rocco intentaba reanimar al general,
quien cada vez estaba más inconsciente, pero se esforzó en hablar una vez más.
ASTRO
DE LUCA: ¡Auch! Este dolor de estar vivo sí que es un martirio. Ahora entiendo
por qué los hombres le temen tanto. Sin el dolor todo sería divertido. Creo que
demostré que únicamente soy un guerrero cualquiera. No soy nada fuera de mi
dimensión.
ROCCO:
Retira lo que has dicho. Lo hiciste muy bien. Todo salió a la perfección. Ahora
no te dejaré morir.
Rocco se acercó el
intercomunicador a la boca para pedir ayuda. Gera respondió a través de uno de
los canales. La calidad del audio no era óptima.
GERALDINE:
Rocco… Ro… Ro… Rocco.
ROCCO:
¿Qué pasa, Gera? Se está cortando un poco.
GERALDINE:
¿Me oyes? Ro… Rocco.
ROCCO:
Se escucha un poco entrecortado.
GERALDINE:
¿Qué pasó con Prr Prr Cat? ¿Por qué se…? —Fue inaudible lo que dijo.
ROCCO:
¿Qué? ¿Puedes repetir lo último, por favor?
GERALDINE:
¿Por qué se te escap…?
ROCCO:
¿Se me escapó? —Volteó aterrado a ver el cuerpo de la bestia, pero aún yacía
inmóvil en el suelo. Parecía que no respiraba—. No te entiendo, Gera. Prr Prr
Cat está aquí. Lo acabo de matar.
GERALDINE:
¿Qué? ¿Entonces por qué lo encontramos debajo del templete?
ROCCO:
¿Cuál templete?
GERALDINE:
El que instalaron aquí en la Plaza Mariana. Hay un cuerpo muy parecido al de él
tirado debajo. Parece que está agonizando. Sus hombres tratan de reanimarlo.
ROCCO:
¿De qué hablas?
VIDEL:
¿Bueno? Aquí el Yeti, ¿allá quién?
ROCCO:
¿Qué pasó, güey?, ¿escuchaste lo que dijo Gera?
VIDEL:
¡Sí!, ¿qué pedo? Aquí en el Zócalo pasa lo mismo. Hay un mono lleno de sangre
tirado debajo de este templete. Igual tiene a unos locos de la Fe alrededor de
él.
ROCCO:
¿Qué?, ¿qué chingados es esto?
PRR
PRR CAT: Es mi nuevo don, Rocco —habló con voz débil—. Es lo que trataba de
decirte. —Tosió agonizante. Rocco volteó lentamente a ver el supuesto cadáver
con miedo—. Desarrollé una habilidad interesante. Fue un regalo de la
oscuridad. No lo creerías. Ahora tengo el don, el don de la ubicuidad.
ROCCO:
No entiendo de qué hablas.
PRR
PRR CAT: Es simple: puedo estar en este lugar y en otros al mismo tiempo
—hablaba mientras seguía tirado en el piso.
ROCCO:
¿Eres omnipresente?
PRR
PRR CAT: No. Eso sería estar en todos los lugares al mismo tiempo
GERALDINE:
¡Rocco!, ¡Rocco!, ¿me oyes? Los hermanos le están haciendo algo a Prr Prr Cat. Creo
que alcanzo a ver a El Suricato.
ROCCO:
¡Atáquenlos! ¡Atáquenlos ya!
Pero mientras Rocco daba la
orden, El Suricato, quien estaba debajo del templete de la Plaza Mariana, se
arrodilló para asistir a su salvador. Impuso las manos sobre él y en cuestión
de segundos lo curó por completo. Dorantes, que lo había estado siguiendo, se
lanzó sobre él disparándole con su blaster, pero el muchacho levantó un
pequeño campo de fuerza transparente y repelió todos los ataques.
Rocco reaccionó. Aún tenía a
la bestia a sus pies, rápidamente le apuntó con su arma, pero justo antes de
disparar, el felino comenzó a comportarse extraño. Gruñía como si estuviera
enfermo. Tanto Videl como Geraldine estaban viendo lo mismo. En ambas plazas,
los hermanos de la Fe lo protegían de los embates de los rebeldes.
Rocco no se lo pensó más y
lanzó el disparo. Le dio de lleno al animal pero soportó todo el impacto,
únicamente lanzó un pequeño quejido. Lucía mucho más resistente. Su cuerpo
aumentaba de tamaño considerablemente. La masa muscular se triplicó. Rocco se
acercó para lanzar otros dos disparos. Con el primero pasó lo mismo que con el
último, solo lo alteró un poco. El segundo lo repelió la bestia con sus propias
manos. Su fuerza también se había multiplicado. Su apariencia empezó a cambiar.
La pantera se convirtió en una nueva criatura. Su torso era amarillo y moteado
como el de un jaguar. Las piernas eran de color fuego adornadas con franjas
oscuras, como un tigre de bengala. Los brazos enormes se volvieron afelpados;
de una blancura equilibrada con discretos lunares negros, como los leopardos de
las nieves. Del cuello para arriba el pelaje negro imperaba. El hocico se
refinó un poco. Los bigotes se le
duplicaron. Los ojos púrpuras volvieron a brillar. Una regia melena comenzó a
caerle de los hombros. Era de color marrón. Le daba un aspecto enigmático, exótico,
como aquellos leones negros que parecen una curiosa casualidad de la naturaleza.
Una traviesa cola estampada con manchas irregulares serpenteó hasta el piso,
era similar a las de los ocelotes. Finalmente, una nueva capa le brotó por los
hombros. Le daba un aspecto más imperial. Tenía hombreras anchas y picudas que
lo hacían lucir intimidante. Las costuras estaban bordadas con finos hilos
dorados. El cuello tenía un soporte sumamente rígido, parecía incómodo, pero inofensivo
ante la dureza de su piel. En medio de la capa estaba bordado también con hilos
dorados el escudo de la Fe del Amor: el corazón en llamas abrazado por un gato
negro resplandecía. Y, por supuesto, la capa era de un color púrpura profundo.
La bestia ahora rebasaba los
tres metros. La burbuja le quedaba chica. Le clavó las uñas con facilidad para
desgarrarla. La burbuja se reventó como un frágil globo. Prr Prr Cat nuevamente
era libre. Rocco le disparó desesperadamente, pero ninguna de sus ráfagas dio
en el blanco ya que el animal se teletransportaba de una a otra zona de la
habitación.
El chico lo buscó con la mirada
y al voltear hacia su lado izquierdo chocó con el abdomen del redentor.
Asustado, dio dos pasos para atrás. Cuando intentaba subir el arma Prr Prr Cat
se la arrancó de un zarpazo. Ahora el muchacho estaba desprotegido.
La Guardia Florida venció
todas las dificultades del pasillo y al fin pudo entrar. El Capitán Clavel,
seguido de Cempaxúchitl, Narciso y Amapola destrozaron las trabadas puertas. Arribaron
con considerables bajas, mas aún se sentían capaces de vencer al enemigo.
El Capitán Clavel tenía un
arañazo en el pecho y algunas heridas en el brazo. Eso no impedía que el brío
de la batalla se le notara en los ojos. Cuando vio al impresionante ser
amenazando a Rocco, ordenó a sus hombres lanzarse al ataque. El supremo líder
intentó advertirles que no lo hicieran, sin embargo, ya era muy tarde.
La bestia trepó la pared con
una habilidad explosiva. Usó el muro para impulsarse y salió disparado como si
tuviera resortes en las patas. Con una sola garra destruyó cinco escudos.
Atrapó en el aire dos lanzas que le arrojaron. Las partió con una sola mano.
Despojó de sus armas a otros cuatro. El Capitán Clavel aprovechó esa
distracción para asaltarlo, pero el monstruo solo se valió de su cola para
desarmarlo. Lo tomó del cuello y lo arrojó contra tres de sus hombres. Se movía
tan rápido que nadie le atinaba un golpe. Se encargó de noquear a cada uno de
ellos.
Nuevamente se lanzó contra
Rocco, quien permanecía tenso. Le temblaban un poco las piernas, se le
dificultaba escapar. El animal estaba a unos pasos de él cuando el Capitán se
repuso para colgársele del cuello. Sacó una daga de su bota. Intentó clavársela,
pero la dureza de su piel rebotó el arma. El monstruo vociferó un rugido
aturdidor. Rocco tuvo que taparse los oídos para no quedar sordo.
La bestia sujetó con su cola
el pie del capitán. Dio un tremendo tirón. Por más que el guerrero quiso
sujetarse de la melena no le alcanzaron las fuerzas para sostenerse. El gato
imperial lo estrelló brutalmente contra el piso golpeándolo en la cabeza. Rocco
entró en shock. La imagen impactante de la sangre saliendo de la nuca del
Capitán Clavel lo dejó perplejo. El chico gritó horrorizado.
El multifelino continuó su
marcha como si nada. Apenas se mostraba agitado. Su hermosa figura no sufrió
ningún rasguño.
PRR
PRR CAT: Esto es lo que genera el odio: tragedia. Por eso quise hacerme
escuchar, pero no tuvieron el valor de aceptar la verdad. Lo lamento, mi amado.
—Le colocó una garra en la barbilla para levantarle la cabeza. El muchacho
estaba conmocionado. Chillaba de la impotencia—. Lo lamento tanto. Debo irme.
No te haré daño. Quiero salvarte. Pronto entenderás que es lo mejor. Ya casi
son las 7. Primero debo ir a otro lugar y luego comenzará el show. Sé
que me acompañarás. No te obligaré a ir. Te espero en la Plaza Mariana o en el
Zócalo. Tú elige. Estaré en ambos lugares al mismo tiempo. De hecho, ya estoy
ahí.
Le dio unas palmadas en la
cabeza con una energía paternal desacomodándole el casco. Rocco parecía un niño
de 10 años disfrazado para jugar. Se subía los mocos. El pecho se le abultaba
espasmódicamente. Se limpiaba las lágrimas con el dorso de las manos. Prr Prr
Cat le dio tres palmaditas más en la nuca. Lo abrazó como un padre. Sin voltear
a verlo, desapareció por completo.
El chico se quedó parado en
medio del desastre. En el pasillo había hombres heridos de los tres bandos. El
estudio estaba repleto de cuerpos derribados. Algunos guerreros todavía se
arrastraban. Otros estaban inconscientes.
Parado como el eje de la zona
de guerra, tenía a su derecha el cuerpo del general Astro de Luca; a su
izquierda, el del Capitán Clavel. No se sabía con certeza si estaban muertos.
Lo más probable era que la vida se les estaba escurriendo como el agua
estancada que se filtra lentamente por la tierra. Se le escaparon algunos
pucheros.
En una esquina, Javier, quien
lo presenció todo, estaba también en shock. Se arrinconó sentado con la
barbilla en las rodillas y arañándose la cara.
Se escuchaba que alguien subía
por las escaleras. En otro momento, Rocco hubiera recordado esa forma de
ascender por los escalones, pero estaba totalmente perdido. Alguien comenzó a
gritar su nombre y el de sus amigos.
GILBERTO:
¡Videl! ¡Geraldine! ¡Rocco! ¿Dónde están?
ISAAC:
¿Qué chingados pasó aquí? ¿Quién le hizo esto a los policías? ¿Quiénes son
estos otros encuerados?
GILBERTO:
¡Dios mío! ¿Qué les habrá pasado a nuestros hijos? ¿Dónde están?
El chico escuchó de espaldas a
dos personas entrar. Ni siquiera volteó a verlos. Tenía la mirada perdida.
ISAAC:
¡Rocco! ¿Eres tú, hijo? ¿Qué pasó aquí? ¿Quiénes son estos hombres disfrazados?
¡Dios mío! ¡Están muertos!
GILBERTO:
¿Ese es Rocco? ¿Dónde están mis hijos? ¡Oye, muchacho! ¿Has visto a mis hijos?
ISAAC:
¡Mira! Es el conductor del noticiero.
GILBERTO:
Señor Javier, ¿qué pasó? —El hombre arrinconado no respondía.
Rocco volvió en sí por un
momento. Volteó hacia a atrás y vio a su padre y al señor Gilberto, pero los
ignoró. Corrió a asistir al Capitán Clavel. Cuando se agachó lo encontró con
los ojos inanimados, secos, marchitos. Puso la ensangrentada cabeza en su
regazo. Su mente fue bombardeada con los recuerdos más soleados que tenía a su
lado. Todas las veces que se refugió en El Reino de las Cruces Floridas después
de haber tenido un mal día. Todas las veces que el guerrero, su guardia, el Rey
Garañón y Reginaldo le transfirieron su alegría. Visualizó innumerables
ocasiones en que el líder de los Floridos cargó en sus hombros pilas de cruces
para plantarlas en el reino. Agradeció su servicio y prometió jamás olvidarlo. Con
solemne respeto lo colocó en el piso.
Caminó con el corazón
destrozado hacia donde estaba el general Astro de Luca. A cada paso le venía
una memoria. Quizás destruir la Estrella de la Muerte era algo trillado en sus
sueños, pero aun así el rebelde cumplió siempre con su papel con una euforia
desmedida. Jamás rechistó ante ningún capricho del actor. Comandó a su ejército
en cada una de las batallas que trazaban una sonrisa en la cara de Rocco. La
Alianza servía para divertir al supremo líder y así lo harían incluso el día de
su muerte. Astro de Luca murió con una sonrisa, disfrutando pelear por Rocco
antes de desangrarse. Fue la muerte más bella que cualquier rebelde podría
tener. El chico lloró sobre el pecho del general sin poder contener todo el
dolor que le causó haber permitido su muerte. Nada en la vida podría cambiar
ese hecho. La culpa tendría que drenarse a través de sus infinitas lágrimas.
Los padres presenciaron la
escena estupefactos. Isaac reconoció los gimoteos de su hijo; era como volver a
verlo a sus cinco años sufriendo por la muerte de Gino. No había duda de que
aquel muchacho envuelto en un singular traje militar era su Rocco, pero no
entendía por qué les guardaba luto a esos dos hombres extraños. No dudó en
llamarlo.
ISAAC:
¡Rocco! ¡Mi‘jito! ¡Por fin te encuentro!
Isaac corrió a abrazarlo, pero
su hijo lo rechazó categóricamente mientras se levantaba. Puso una firme mano
enfrente para separarlos.
ROCCO:
No.
ISAAC:
Rocco, ¿qué tienes?, ¿por qué lloras?, ¿te hicieron algo?, ¿quiénes son estos señores?
ROCCO:
Nunca me vas a volver a abrazar.
ISAAC:
¿Por qué, hijo? —Nuevamente se le acercó. Su hijo lo empujó con ambas manos.
ROCCO:
¡Te dije que no! ¡No! ¡No! ¡No!
ISAAC:
¿Es que no me reconoces?
ROCCO:
Te reconozco. Justo ahora mismo te conozco mejor que en toda mi vida. Por eso
no quiero volver a sentir ningún afecto por ti, miserable pedazo de mierda.
ISAAC:
Hijo qué… qué… ¿Qué es esto, hijo?
ROCCO:
Admítelo.
ISAAC:
No entiendo.
ROCCO:
¡Sí entiendes! ¡No te hagas pendejo! ¡Admítelo!
ISAAC:
No sé qué te pasa. Te desconozco.
ROCCO:
¡Admítelo ya!
ISAAC:
¿Qué quieres que admita?
ROCCO:
¡Que tú mataste a Gino!
ISAAC:
¿Yo?, ¿qué?
ROCCO:
¡Admítelo! ¡Admite que tú lo mandaste matar!
ISAAC:
Estás muy mal, hijo. Ven. Vamos a llevarte al hospital.
ROCCO:
¿No lo vas a admitir? No me trates como a un loco. Sé que ordenaste que lo
mataran. Sé toda la historia entre mi mamá y tú. Sé que me mentiste haciéndome
creer fantasías sobre mi hermano. Usaste el teatro para fomentar un estúpido
sueño que no tiene ningún sustento.
ISAAC:
¿Quién te dijo todo eso?
ROCCO:
Cualquiera. ¿Qué importa? Todos lo saben.
ISAAC:
Claro que no, hijo. ¿Cómo crees que yo sería capaz de eso?
ROCCO:
Déjame. Nunca más me vas a volver a ver.
Rocco corrió hacia el centro
del estudio. Con su intercomunicador teletransportó los cuerpos de los
guerreros floridos, el Capitán Clavel y Astro de Luca a su nave. Presionó un
botón en la muñeca derecha de su traje para hacerse invisible. Isaac se quedó paralizado.
Gilberto los miraba detrás de él también desconcertado.
Rocco activó unos propulsores
en sus botas que se escucharon, pero no se vieron. Atravesó la pared y se fue
volando hacia su nave. El viento se estrelló en su cara limpiándole las
lágrimas. Su rostro de pavor se volvió de furia. Rechinaba los dientes. Tenía
el estómago duro. No quiso perder ningún segundo. Abordó su nave y fijó las
coordenadas hacia la Basílica impulsado únicamente por el odio y por la furia.
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