CAPÍTULO 29: POCOS SE LEVANTAN DE UN GOLPE DE REALIDAD

 

***

(Cortinilla)

(Suena música intensa)

“Las noticias con Javier López-Mendiola. El periodista número uno del país. Las noticias con Javier López-Mendiola. Veracidad. Imparcialidad. Profesionalismo. Las noticias con Javier López-Mendiola. Nuestro compromiso es con la verdad. Las noticias con Javier López-Mendiola”

(Cápsula inicial)

Habla Isaac Guerrero González:

La paternidad es un compromiso para toda la vida. Es uno de los regalos más bonitos que le pueden dar a uno. Cuando cargué a Rocco por primera vez y lo vi tan chiquito, tan vulnerable, supe la enorme tarea que había recaído sobre mis hombros. Uno como padre sufre mucho. Se vive todo el tiempo en preocupación.

Hace muchos años me arrebataron a un hijo y ahora… [solloza]. No hay palabras para describir lo que siento [se intensifica el llanto].

(Voz en off del reportero)

Este es el dolor que sufren miles de padres todos los días en el país de los desaparecidos. Hace una semana que nadie ha visto a Rocco Guerrero Blanco, Videl León Bravo, Geraldine León Bravo y un adulto más que aún no ha sido identificado. Los jóvenes se encontraban en una fiesta en la capital del estado angelino. Aproximadamente a las 8 de la noche se suscitó un evento paranormal que hasta la fecha no tiene explicación. Entre bestias aladas, nubes viscosas y relámpagos coloridos, se desató el caos en el lugar de los hechos. Los cuatro implicados escaparon de la fiesta junto con otros dos jóvenes que pudieron llegar a casa. Según el testimonio de uno de ellos, de quien no diremos su nombre por razones de seguridad, la desaparición de los muchachos fue voluntaria ya que, cito textualmente, “Rocco afirmó ser el responsable de aparecer a las criaturas misteriosas en la fiesta, puesto que considera que su mente es capaz de materializar sus sueños. Por eso ha decidido aislarse, para encontrar una solución a este problema. Está loco”, finalizó.  

Aunque Isaac Guerrero aseguró que su hijo se notaba perturbado últimamente e incluso fue a dar al hospital el mismo día del Eclipse Fantasma, “jamás mencionó ser capaz de nada parecido a tener una habilidad de materializar sueños. Quizá Rocco requiere atención psicológica, pero no es un mentiroso. Sería incapaz de inventar un disparate así”. En todo caso, sugieren las familias de los desaparecidos, el testimonio de este muchacho es una absurda invención. Él también quedó afectado por el suceso y no piensa claramente.

Lo que es un hecho es que las autoridades no han sido capaces de encontrar pistas certeras para resolver el caso, aunque la subinspectora de la Policía Federal, Luisa Altamirano, afirma lo contrario.

No se necesita un evento paranormal para que una familia mexicana sea castigada con la pérdida de un ser querido. En nuestro país esto es el pan de cada día. Según cifras del INEGI, en el último sexenio se han reportado más de veinte mil desapariciones. La responsabilidad del Gobierno con estos lamentables hechos es ineludible.  

Mientras tanto, los familiares de los tres amigos se alistan para realizar su propia búsqueda. Diversas asociaciones de padres que sufren la misma violencia se han acercado a ellos. La esperanza de volver a ver a sus hijos es la fuerza que los mantiene de pie. “¿Dónde están?”, grita el país entero conmocionado. Ni los Guerrero Santos ni los León Bravo descansarán hasta encontrar la respuesta.

Para las noticias con Javier López-Mendiola… Tonyyyyyy Martiiinoooo.

(Javier López-Mendiola desde el estudio)

Muy buenas tardes.

Este fue uno de los seis reportajes que presentamos hace poco más de dos semanas sobre el caso de los cuatro desaparecidos en el sureste del país. También entrevistamos a la familia León Bravo y, posteriormente, a la familia del último desaparecido, quien fue identificado posteriormente. Estos reportajes los presentamos cuando la desaparición era reciente.

Al final de esta excelente cápsula a cargo de nuestro reportero Tony Martino se dice “¿dónde están?, grita el país entero conmocionado”. Todos, me incluyo, todos los mexicanos anhelábamos tener esa respuesta pronto.

Bueno, pues hoy, en medio de una crisis nacional, de una guerra civil que se ha desatado en las calles de nuestra ciudad, hay espacio para las buenas noticias.

Al fin, al fin vamos a saber dónde estaban estos cuatro jóvenes pues Rocco, uno de los desaparecidos, se comunicó a este estudio para hacernos saber que desea contar toda la verdad. ¿Escaparon voluntariamente?, ¿son ciertos los testimonios del muchacho que volvió a casa?, ¿cómo es posible que volvieran a desaparecer cuando la policía ya los había rescatado? Y, sobre todo, ¿su desaparición está relacionada con todo el caos que desató La Fe del Amor?

Señoras y señores, esta es primicia nacional. Está aquí en el estudio Rocco Guerrero Blanco para darnos su testimonio de primera mano. Y no solo eso, más adelante arribarán también las tres familias para reencontrarse, frente a los ojos de todos los mexicanos, con sus seres amados.

Te saludo con mucho gusto, Rocco. Dinos por favor, ¿cómo estás? [Javier voltea hacia su izquierda. El cuadro se amplía mostrando también a Rocco sentado al lado del conductor. Ambos están en una mesa. El muchacho sonríe serenamente antes de contestar].

Adentro de una Suburban prestada por la televisora, los familiares de los muchachos se consumían con las ansias de llegar al estudio para el reencuentro. El grupo estaba integrado por Isaac y Candelaria, los tutores de Rocco; Constanza Bravo y Gilberto León, los padres de Videl y Geraldine, quienes iban acompañados de Sigifredo y Rosalinda, los abuelos de los hermanos; también iba Paloma Beltrán, la esposa de Alexis Cárdenas (a quien Usurpador había asimilado). En la cajuela se zangoloteaban todos los hermanitos de Rocco y el pequeño Michelle Cárdenas, el hijo de Alexis. Un chófer y un asistente de Javier López-Mendiola, llamado Cristóbal, trataban de tranquilizarlos haciéndoles saber que ya estaban cerca. Además, Cristóbal les explicaba paso a paso todo lo que tenían que hacer al llegar a su destino. Como en la radio también se estaba transmitiendo la entrevista, el asistente la encendió para que los padres no se perdieran ningún detalle.  

Detrás de ellos, una caravana de automóviles comandada por Ceferino los custodiaba. Los hermanos de la Fe se ofrecieron para acompañarlos en todo momento hasta asegurarse de que finalmente se reencontraran con los chicos.

De vuelta en el estudio, el esperado testimonio del desaparecido más famoso del país había comenzado.

ROCCO: Gracias, Javier, por prestarnos tus micrófonos y a tu audiencia. Vengo en representación de mis otros tres amigos, porque he de decir que Alexis Cárdenas ya también es nuestro amigo. Vinimos aquí porque sabemos que todo el país ha estado al tanto de nuestro caso y creemos que la gente merece saber la verdad. No queremos robarle la atención a cosas más graves que están sucediendo allá afuera. Al contrario, somos muy conscientes de la terrible situación en la que se encuentra nuestra ciudad o bueno, tal vez todo el país. Hemos venido a hablar contigo porque queremos ayudar. Lo que vamos a decirles a continuación puede que sea demasiado para todos, pero créanme, es la verdad. Podemos probarlo. Y sobre todo lo hacemos para desenmascarar a los verdaderos responsables de toda esta cadena de mentiras.

JAVIER: Cuánto misterio. Pues adelante, Rocco. Exprésate todo lo que quieras. Los micrófonos son tuyos.

ROCCO: Te lo agradezco. Quiero empezar por comunicarles que los cuatro estamos bien, al menos físicamente. Quizá un poco desnutridos, pero en general bien. Psicológicamente todos estamos muy tocados. Hemos vivido experiencias muy duras y créanme que ninguno se las buscó. Sí, los cuatro desaparecimos voluntariamente. Si nuestros papás están escuchando esto, les pedimos una disculpa y también a todos los que se preocuparon por nosotros.

En la Suburban, las tres familias recibieron la noticia de una forma no muy agradable. A lo largo del país, algunos televidentes se indignaron al saber la verdad.

ROCCO: Pero lo hicimos por una importante razón: para protegerlos. ¿De qué? Pues de amenazas como las de la fiesta, como las de la carretera al Puerto y como la que nos atacó en el museo de San Topotenango, que es la misma que descaradamente se quiere presentar hoy en los templos. El testimonio de este chico que estaba con nosotros en la fiesta tiene algo de verdad. Les pido a todos que por favor escuchen bien lo que estoy a punto de decir: todas esas amenazas salieron de mi mente.

JAVIER: ¿Qué estás diciendo, Rocco?, ¿tú creaste a todas esas criaturas?

ROCCO: Algo así.

La indignación aumentó. Los ciudadanos no daban crédito de lo que escuchan. Se sentían burlados. El resentimiento germinaba dentro de ellos.

ROCCO: No lo hice a propósito. Yo también soy víctima de esto. Por increíble que parezca es verdad. Lo puedo demostrar.

JAVIER: ¡Vaya confesión! No nos esperábamos esto. Por supuesto que estamos a la expectativa de la demostración, pero primero cuéntanos, ¿desde cuándo puedes hacer esto?

ROCCO: Desde el día del Eclipse Fantasma. Verás, te lo explicaré cronológicamente.

Desde las espaldas de Rocco se observaba un apuntador en su oreja izquierda. Se desenfocó el objeto para enfocar la imagen que estaba frente a él, era todo el equipo de producción consternado.  

El floor manager estaba preocupado. Comenzó a pensar que en algún momento sería viable cortar la transmisión.

El testimonio de Rocco no era lo que nadie esperaba. El muchacho estaba describiendo todo el martirio por el que pasó desde aquel 11 de agosto. Mientras pasaba de héroe a villano a causa de sus propias palabras, su relato resonaba en todas las calles del país. De hecho, en algunos lugares el sonido de tres o más televisores se fusionaba aumentando su potencia en toda la cuadra. Era extraño. Todos esperaban oír crímenes de Estado, pero en cambio escuchaban la ingenua pesadilla de un muchachito capitalino.

Cuando el chico estaba a punto de introducir a Prr Prr Cat en la historia, algo aún más extraño sucedió. Su voz dejó de escucharse. El audio se esfumó. Todos los televisores, los radios y los dispositivos estaban en mute. No era una falla mecánica, tampoco de la transmisión. El mismo floor manager no entendía qué pasaba. Los más hábiles para leer los labios identificaron algunas palabras que se dibujaban en la boca del muchacho: gato-negro; capa-púrpura; salvador. Pero cuando trataban de darle coherencia al relato, la imagen se perdió por completo dejando a todas las pantallas en negro.

En el estudio, Javier notó que el micrófono de Rocco estaba apagado. Solamente él escuchaba lo que decía. Su voz propagaba un eco ininteligible. Se vio obligado a interrumpirlo.

Las palabras inaudibles se viralizaron al instante. Los buscadores de internet se saturaron con la actividad de la gente que intentaba descifrar qué significaba gato-negro; capa-púrpura; salvador.

En el área de Langley, Virginia, sede de la CIA, también estaban monitoreando la transmisión. Grabaron todo antes de que se cortara. Revisaron las palabras de Rocco minuciosamente. Un traductor se encargó de hacer la lectura de labios. Entendieron que Prr Prr Cat se originó en su mente y que se materializó el mismo 11 de agosto. De acuerdo con la investigación que previamente habían realizado, tenían registros de que los testimonios de avistamientos de un gato negro con una capa púrpura eran posteriores a esa fecha. Nunca antes se había hablado de un ser con tales características. “Gato-negro; capa-púrpura; salvador”. Las palabras del joven actor aún no podían ser consideradas disparates.

Habían pasado cerca de cinco minutos y la transmisión no podía retomarse en la televisora. Javier le pidió a Rocco que aguardara, estaba entretenido discutiendo con su floor manager cuando una irruptora voz les puso la piel de gallina.

VOZ: Definitivamente hoy es un día de júbilo. De todas las cosas buenas que han pasado esta es la única que no me esperaba.

JAVIER: ¿Quién dijo eso? No estén jugando, muchachos. —Fingía tranquilidad. La voz hizo una pausa. Javier seguía sin ver a nadie.

VOZ: Ver hacia abajo está subestimado. Tiene una connotación negativa, pero a veces las respuestas que buscamos se encuentran al sur de nuestra orientación.

Javier volteó hacia abajo pero no veía nada. Observó a Rocco, quien tenía la mirada fija en una sola dirección. No parpadeaba. El conductor dirigió su vista hacia esa dirección y encontró la fuente de la voz: un diminuto felino negro con una capa púrpura. “Gato-negro; capa-púrpura…”.

JAVIER: Rocco, ¿es… Él? —El chico no contestó.  

PRR PRR CAT: Puedo escucharte. Si deseas saber quién soy me lo puedes preguntar directamente. —El periodista temía comunicarse con el gato—. Pero ¿por qué la desconfianza? Te aseguro que no muerdo ni rasguño. Me sorprende que un comunicador con tu trayectoria no tenga la mente abierta a las sorpresas. A mí me encantan las sorpresas —decía mientras se acercaba a paso elegante hacia la mesa. Javier se paró asustado y dio un salto hacia atrás. Rocco ni se inmutaba—. Siempre estoy abierto a recibir la más grande de todas las sorpresas, pero esta que acabo de presenciar ha sido la más gratificante de todas: Rocco, mi gran amado, se encuentra con bien. Da la cara de forma pública para defender su verdad. Me parece maravilloso. —Dio un ágil salto para subir a la mesa. Javier intentó correr, pero se estrelló con la pared. Le extrañaba que el joven estuviera tan tranquilo—. Sin embargo, me voy a permitir meter mi cuchara. Ya sé que soy un maleducado por hacer esto, pero juro que mi única motivación es el amor. —Se paseaba elegantemente de un lado a otro por encima de la mesa—. He venido a cortar la transmisión, Rocco, porque te quiero sugerir algo. Más bien, proponer una idea mejor.

ROCCO: ¿Sugerir? ¿Proponer? No me agradan tus eufemismos —dijo con un tono frío, pero lleno de seguridad.

PRR PRR CAT: Entiendo tu desconfianza, amado mío. El mundo te ha fallado. Cuando intentas acercarte a una persona a través del amor siempre habrá alguien que se oponga, alguien lleno de odio que no pueda escapar de esa condición maldita.

ROCCO: Desprecias a los líderes religiosos, pero cada vez suenas más a uno.

JAVIER: No soporto esta horrible tensión. Abraham. —Se dirigió al floor manager—. ¿Qué estás haciendo? Saca a este pinche gato loco de aquí.  

PRR PRR CAT: ¿Lo ves, mi amado? He aquí la prueba. Por cada persona predicando el amor siempre habrá dos predicando el odio. Lo hacen porque creen que los amorosos somos débiles. Por eso, a veces hay que mostrar un poco de fuerza para impedir que aplasten tu voluntad.

Prr Prr Cat volteó rápidamente a mirar al staff. Los ojos le brillaron como faros. La mirada de los hombres se puso en blanco y cayeron desmayados. Javier se echó a correr, pero un hombre con una corpulencia impresionante, vestido con una larga túnica púrpura, se interpuso en su camino.   

Rocco seguía sentado en su silla, observando todo seriamente. Javier cayó de espaldas cuando se topó con el hombre. Otros dos individuos que también portaban la clásica vestimenta de los hermanos de la Fe entraron al set, cerraron las puertas y fundieron los cerrojos con una especie de lava que salía de sus dedos. Javier tiritaba de miedo en el suelo. El chico rompió su voto de silencio.  

ROCCO: ¿Así es como justificas tu violencia?

PRR PRR CAT: No he sido violento con nadie. Todo está bien.

ROCCO: Sabemos bien lo que haces y de lo que eres capaz. Si no te arrepientes de asesinar gente te podemos considerar una amenaza y te vamos a combatir.

PRR PRR CAT: Yo no he venido a combatir. Vine a proponerte algo. Ni siquiera me has dejado hablar.

ROCCO: No me interesa tu propuesta.

PRR PRR CAT: Porque no la has oído.

ROCCO: ¿Por qué escucharía a alguien que no acepta un no como respuesta?

PRR PRR CAT: Porque te daré lo que quieres. Eso es lo que hago. Cumplo los deseos de la gente.   

ROCCO: Tienes una visión distorsionada de lo que deseo.

PRR PRR CAT: Te equivocas. Mi visión es muy clara. En primer lugar, te daré un espacio idóneo para contar la verdad. No aquí, con los magnates de las telecomunicaciones manipulando todo, con los mezquinos periodistas utilizándote para aumentar el rating, sino frente al pueblo, cara a cara, sin filtros.

ROCCO: Quieres que vaya a tu acto masivo en la Basílica o el Zócalo.

PRR PRR CAT: Exacto. Sé lo que vas a decir. No temo a ello. Si deseas confrontar mi discurso aceptaré complacido el debate.

ROCCO: Todo siempre tiene que ser bajo tus términos. La coercitividad es violencia, ¿ves? Te dije que no sabías lo que quiero.

PRR PRR CAT: Que alguien cure tu mente para que puedas hacer una audición la próxima semana. Eso es lo que quieres y puedo hacerlo. Puedo sacar al asimilador de tu cabeza. Tu vida volverá a la normalidad. No tendrás que pasar por todo esto de nuevo. Además, tu familia, así como tus amigos, recuperarán su bienestar.

ROCCO: ¿Quién te va a creer esa estupidez?

PRR PRR CAT: ¿Por qué crees que tengo el tótem en mi poder? No he estado jugando con él. Comprendo su naturaleza.  

ROCCO: Ni siquiera comprendes tu propia naturaleza. Si lo hicieras te detendrías.

PRR PRR CAT: Rocco, puedo salvarte. Como siempre. Para eso me creaste. Esa es mi naturaleza. Todo esto que ves lo hago por ti, porque sé lo que quieres, porque sé lo que deseas.

ROCCO: ¿La audición?, ¿curarme? Eso no es lo que quiero en estos momentos. Te dije que no lo sabías.

PRR PRR CAT: Si deseas algo más solo dímelo.

ROCCO: ¡Ay, gatito! No sabes lo ignorante que eres. Lo que yo quiero más que nada en este instante, lo que realmente deseo… ¡Es matarte!  

Rocco extendió sus manos sobre la mesa. Con un veloz movimiento hizo aparecer una extraña esfera transparente con una sustancia gaseosa dentro. En un abrir y cerrar de ojos dio un aplauso para aplastar la esfera. Ni con sus asombrosos reflejos Prr Prr Cat pudo detenerlo. La esfera translúcida reventó y un polvo dorado como el polen se esparció. El felino estaba tan cerca que no pudo evitar respirarlo. La abundante cantidad de esa sustancia que entró en su nariz le provocó estornudos. Inútilmente intentaba limpiarse el polvo con su garra. Con sumo trabajo logró abrir los ojos solo para ver cómo una barra de luz neón verde se extendía frente a él. Se sorprendió al ver a Rocco manipular un sable de luz como si fuera un maestro Jedi.

PRR PRR CAT: ¿Un Jedi?, ¿en esta dimensión? Vaya, me pregunto quién podrá ser —dijo sarcásticamente, pero Rocco no respondió. En cambio, dio una pirueta para aterrizar encima de la mesa. Se plantó cara a cara frente al gato para apuntarle con el sable. Lo estaba sentenciando—. Deja de ocultarte. Revela tu verdadera identidad. Desde que llegué al estudio supe que no eras Rocco porque no reconozco tu aroma. Tienes un olor desagradable. Cuéntame, ¿qué se siente estar vivo, general Astro de Luca?

ASTRO DE LUCA: No sé si ya te diste cuenta, pero no puedes teletransportarte. Inhibí tu olfato con ese polvo. Te quedarás aquí a luchar dignamente —dijo con otro timbre de voz y una acentuación más heroica.  

PRR PRR CAT: ¡Ah! Un plan. Tenemos a alguien con un plan. Me agrada la gente que planifica. Siempre estará un paso más adelante del éxito que alguien sin planes. Sin embargo, si me consideras a mí un oponente al que deseas combatir, más que un plan, necesitas una estrategia. Tu estrategia será tan buena como mala sea la de tu oponente. Lamentablemente para ti, yo nunca doy un paso si no me respalda una estrategia. —Lo volteó a ver y ya no tenía la apariencia de Rocco. Ahora era completamente el general Astro de Luca con un traje de Jedi.

Prr Prr Cat cambió a su forma bípeda. Lucía como una imponente pantera negra. Apareció también un sable de luz color azul en sus manos. Sin dudarlo, se fue con todo contra el general iniciando así una épica batalla de luces.  

En la planta baja del edificio de la televisora la gente corría asustada. Sabían que había una emergencia en el estudio principal. La seguridad privada de la empresa intentaba irrumpir, pero las puertas lucían impenetrables. Se alarmaron cuando oyeron unos extraños ruidos. Se escuchaba como si dos personas estuvieran luchando, también unos extraños zumbidos sobresalían. Intentaron comunicarse con el staff, pero solo identificaron los gritos de horror de Javier. Fue entonces que pidieron la ayuda de la policía capitalina. Las autoridades no tardaron en llegar y comenzaron a evacuar el edificio.

Corriendo en alguno de los pasillos, el verdadero Rocco, acompañado de Geraldine, Videl y los cinco policías aliados vestidos con unos trajes similares a los de la Alianza Rebelde, entraron a un estudio vacío para organizarse. Abrieron dos enormes puertas. El lugar estaba despejado. Se encontraron con la típica escenografía de una telenovela. Frente a un vecindario de cartón, discutieron el siguiente paso de su plan.

ROCCO: Bien, el general Astro de Luca ya está luchando contra Prr Prr Cat. —Monitoreaba la actividad del líder rebelde por medio del dispositivo en su muñeca al que nombró intercomunicador—. La Guardia Florida ya va en camino al set para apoyarlo. Es hora de ponernos en movimiento. Recuerden: Geraldine, Dorantes, Adara Milakis, Freya Leonore y un escuadrón de la Nueva Alianza Rebelde se dirigirán a la Basílica; ustedes son el equipo Alfa.

GERALDINE: Ok.

DORANTES: Ajá.

ROCCO: Videl, Kiki, Harrison Ford y Noketzal Ijupi comandarán al equipo Beta para ir a la Catedral.

VIDEL: Simón.

BARRAGÁN: ¡Simón!

ROCCO: Melgarejo y Manríquez custodiarán a la doctora y se dirigirán hacia una bodega que está cerca de la Basílica. Al parecer, los miembros de su equipo captaron unas ondas propias del tótem en esa ubicación. Ustedes, como el equipo Gama, los protegerán junto con Ahsoka Tano.

MELGAREJO: Está bien.

MANRÍQUEZ: Sí, señor.

ROCCO: Todos cuentan con naves y armamento. Recuerden que los equipos de búsqueda tienen que hallar al cardenal. Ese es el primer paso. Puede estar en cualquiera de los dos templos según nuestro infiltrado. La misma fuente nos ha confirmado que El Suricato, Martín y Dalia lideran al equipo de la Fe en la Basílica; Rosario y Aldahir hacen lo propio en la Catedral. No sabemos quién custodia la bodega, pero todos ellos y muchos otros miembros de la organización poseen habilidades. El siguiente paso será inhabilitarlos a todos. Tengan mucho cuidado. Son capaces de hacer lo que sea. Mientras tanto, la subinspectora y yo iremos por nuestras familias. Ceferino y otro grupo de hermanos los custodian. Nos encargaremos de ellos. Una vez terminada esa misión, iré a deshacerme de Prr Prr Cat. Confío en que el general logrará retenerlo mientras tanto. Estaremos en comunicación constante todo el tiempo. Lleven los enfrentamientos lo más lejos posible de los civiles. Si soldados gringos o mexicanos los atacan, usen los aturdidores a distancia, no respondan sus ataques. Esta es nuestra oportunidad de terminar con esta pesadilla. Estamos conscientes de que el futuro de nuestra realidad está en juego. Gracias por todo. A sus posiciones. Cuídense mucho.

Los policías se pusieron de acuerdo. Rocco, Videl y Geraldine se apartaron un momento.

GERALDINE: ¿Este es el momento sentimental en el que nos decimos que no muramos?

ROCCO: A ti te encantan estos clichés. Te toca decirlo.

GERALDINE: No se mueran, zopencos, por favor. ¿Recuerdan cuando salimos victoriosos de la mansión embrujada?

VIDEL: Estuvo chingón. Nos rifamos. Pero ahora será muy diferente. Hay muchas vidas en riesgo. Güey, te encargamos a nuestros papás y abuelos. Es lo que más nos interesa de esta misión.

ROCCO: ¿Pudieron hablar con ellos?

VIDEL: Sí, güe’. —Sollozó unos segundos—. Rescátalos de ese pinche loco, por favor.

GERALDINE: No mames, patón, ¿hace cuánto que no veíamos a nuestros papás juntos?

VIDEL: Uhh… Pues creo que desde que se divorciaron. Es bien cagado. Pensé que no me alcanzaría la vida para volver a ver esto. Tus carnalitos ya deben estar bien grandes.

ROCCO: Sí, pinches chamacos. Son un desmadre. Al menos salieron bonitos gracias a los genes de Candelaria.

VIDEL: No como tú, pinche muppet.

Los tres se carcajearon. Videl se disculpaba palmeando el lomo de Rocco en repetidas ocasiones, una de las escasas muestras de afecto masculino. Geraldine tomó a los dos de la mano. En otras circunstancias, los varones las habrían retirado de inmediato, pero, por el contrario, ambos le dieron un fuerte apretón a la chica. El trío fenomenal se miraba con los ojos vidriosos.

ROCCO: Pues no estoy pedo, pero cabrones, los quiero un chingo. Cuídense los culos, por favor.

VIDEL: Cuenta con ello, señor supremo líder. Yo también los quiero.

GERALDINE: No mamen, qué los voy a querer, ¡los amo!, ¡abrazo, perros! Ya me hicieron chillar.

Con un fraternal abrazo sellaron el emotivo momento. Antes de partir cada uno en su propia dirección, se alcanzaron a rozar las puntas de las yemas de los dedos un momento antes de soltarse.

Los equipos abandonaron el set de “Entre el amor y el deseo”. Cada uno se fue por su lado deseándose suerte. Los únicos que se quedaron en el edificio fueron la subinspectora y Rocco.

Unas calles atrás se encontraba estacionada una fragata de escolta Nebulón-B. Videl, Geraldine y los policías la abordaron. Adentro estaba la almirante Adara Milakis esperándolos. La piloto Freya Leonore y el copiloto Noketzal Ijupi hicieron despegar el vehículo. Se dirigieron hacia un terreno baldío en donde aguardaba el resto de la flota rebelde con todas las naves en modo furtivo. Desde ahí, cada equipo partió hacia su destino iniciando sin más la guerra en contra de los falsos profetas del amor.

Justo antes de que la subinspectora y Rocco salieran en busca de los padres, un hombre desesperado comenzó a dar manotazos en la puerta principal. Rocco miró extrañado a Luisa, pero ella no parecía muy sorprendida.

SUBINSPECTORA: Creo que ya llegó.

ROCCO: ¿Quién?

SUBINSPECTORA: Olvidé decirte que el pastor este, nuestro infiltrado, escapó de los hermanos amorosos. Al parecer lo descubrieron. Huyó antes de que “lo llenaran de amor”. Por eso es que alcanzó a darme toda la información, pero me pidió protección a cambio.

ROCCO: ¿Crees que sea él?

SUBINSPECTORA: Sí. Le dije que me buscara acá. ¿Quién toca? —Gritó hacia la puerta.

PASTOR NABUCODONOSOR: ¿Subinspectora Luisa? ¡Soy yo! El pastor.

ROCCO: ¿Cómo se llama?

SUBINSPECTORA: Nab… Condón… ¡Ay, no me acuerdo! Tiene un nombre árabe. Ya sabes, de esos de la biblia.

ROCCO: ¿Abrimos?

SUBINSPECTORA: Tú abres y si nos quieren sorprender me los chingo. —Sacó su blaster y apuntó hacia la puerta.

PASTOR NABUCODONOSOR: ¡Rápido, por favor! Creo que me están siguiendo.

SUBINSPECTORA: Vas.

Le hizo una seña con la cabeza a Rocco para que abriera. El chico apresuró el paso hacia la puerta. Luisa no quitaba el ojo de la entrada ni el dedo del gatillo. Cuando abrieron observaron a un hombre completamente aterrado, andrajoso, sucio y un tanto lastimado. Se fue de bruces adentro del edificio.

SUBINSPECTORA: Rápido. Métete que la policía anda por aquí.

PASTOR NABUCODONOSOR: Usted es policía.

SUBINSPECTORA: Ahorita no. Estoy de vacaciones. ¿Estás seguro de que te están siguiendo?

PASTOR NABUCODONOSOR: No lo sé. No sé nada. —Empezó a llorar—. Siento que me siguen todo el tiempo. Estoy paranoico. Ayúdenme. Ustedes dos… —Sintió la pesada mirada de Rocco. Lo volteó a ver temeroso. El chico jadeaba de furia mientras apretaba los puños. El pastor percibió demasiada aversión—. ¿Nos conocemos?   

 ROCCO: De hecho sí, imbécil. Te conozco muy bien. —Lo levantó con rabia de la camisa y lo estrelló contra una pared.

A pocos kilómetros de ahí, Cristóbal intentaba comunicarse con alguien de la producción, pero nadie contestaba. La transmisión nunca se reestableció. Los familiares estaban seguros de que algo malo había sucedido. Cerca de ellos pasaban algunas patrullas que se dirigían a la televisora. Ante la inoperancia del asistente por ofrecer soluciones, los padres decidieron que lo mejor era llegar caminando al edificio. El chófer, por órdenes de Cristóbal, bajó los seguros de las puertas para evitar que todos perdieran el control, pero la ira familiar fue incontenible. Los padres descendieron uno a uno. Con cuidado fueron bajando a los niños y a los abuelos. Justo detrás de ellos, en su propia camioneta, Ceferino observó cómo todos se disponían a ir a pie. Como estaba al tanto de que su redentor se batía en una pelea, sabía que no podía dejar que los padres lo encontraran así, por lo tanto, él y cuatro de sus hermanos en fe bajaron de sus vehículos para detenerlos. Los padres avanzaron cuatro cuadras cuando Candelaria sintió un dolor en el vientre.

CONSTANZA: Cande, ¿qué te pasa?

CANDELARIA: ¡Ay, no sé! Me está doliendo mucho. ¡Auh!

CONSTANZA: No me digas que ya vas a parir.

CANDELARIA: Se supone que no, todavía falta, pero ¡ay!

Isaac se acercó a ayudar a su esposa. Los padres de los hermanos León la sostenían de los brazos.

MARÍA MARGARITA: Mami, ¿qué tienes?

CARLOS ALFREDO: Mami, ¿estás bien?

CANDELARIA: Isaac, tú adelántate. Estamos perdiendo tiempo.

ISAAC: No manches. No te voy a dejar así. Que tal que ya vas a…

CANDELARIA: No es eso. Estoy segura. Adelántate, mi amor.

CONSTANZA: Váyanse ustedes dos, Gilberto. Nosotros la atendemos.

JESÚS RAMÓN: Papá, voy contigo.

ISAAC: ¡No! Cuida a tus hermanos y a tu mamá. Por favor, se las encargo mucho —dijo todavía titubeando—. Si le pasa algo me hablan. Amor. —Se acercó a darle un beso en la frente—. Vas a estar bien.

Justo cuando él y Gilberto se preparaban para irse, Ceferino les dio alcance. Cuando se pusieron al tanto del malestar de Candelaria, dos de los hermanos de la Fe se ofrecieron a ayudarla ya que tenían la habilidad de curar a las personas. Isaac les agradeció la enorme ayuda. Solo así pudo partir seguro hacia la televisora. Entre él, Gilberto, Ceferino y dos hermanos más emprendieron la carrera para ayudar a los muchachos.

En el estudio, una asombrosa batalla se libraba. Astro de Luca se movía cual esgrimista profesional. A Prr Prr Cat le bastaba su fortaleza para poner en aprietos a su oponente. Ni los altisonantes zumbidos de los sablazos despertaban a todos los desmayados.

En el suelo, Javier se encontraba en shock por todo lo que estaba presenciando.  El resplandor de cada choque de espadas se reflejaba en sus pupilas perdidas.

El Capitán Clavel y su Guardia Florida arribaron al escenario de la batalla. Se encontraron con un escuadrón de granaderos que iba subiendo por la escalera. Los policías les apuntaron con sus armas. Al principio los confundieron con actores de la empresa, pero al ver que sus lanzas eran reales les pidieron identificarse.

POLICÍA: ¿Qué hacen aquí? Ya habíamos evacuado todo el edificio. ¡Bajen esas chingaderas!

La guardia hizo una formación de falange. No respondieron nada bien a la actitud de los uniformados. Estaban preparados para atacar. Los granaderos pusieron por delante sus escudos.

CAPITÁN CLAVEL: Tenemos la orden de resguardar esta zona. Lo que está pasando allá adentro es muy peligroso para ustedes. Salgan de aquí si no quieren terminar lastimados.

POLICÍA: Óyeme bien, pendejo. A mí no me vas a dar órdenes. Ahorita les vamos a ir a romper su puta madre.

Pistolas y lanzas se apuntaron mutuamente. Los dos escuadrones se protegían detrás de sus escudos. Solo estaban esperando a que alguno atacara primero.

En la planta baja Rocco golpeaba a Nabucodonosor. La subinspectora, sin entender la rabia del chico, lo tomó del brazo para someterlo, pero antes de hacerlo, Rocco le asestó otro golpe al pastor haciéndolo besar el suelo.

NABUCODONOSOR: Allí eshtá. Ya te deshquitaste, ¿no? —La sangre de la boca le dificultaba la pronunciación.

ROCCO: Me la debías, hijo de la chingada.

NABUCODONOSOR: Mira, shamaco, no te conozhco o no te recuerdo. —Escupió un gargajo de sangre para poder hablar bien—. Es probable que te haya hecho algo en el pasado. Lo admito. He hecho cosas muy malas. No eres el único que desea pegarme. Pero estoy intentando redimirme. Por eso le digo todo lo que sé a la subinspectora.

SUBINSPECTORA: Rocco, no tenemos tiempo para estas babosadas. Cálmate. Hay que irnos de aquí porque están llegando muchos policías.

ROCCO: Suéltame.

SUBINSPECTORA: ¿Te vas a calmar? Aunque me saques veinte centímetros soy experta en controlar a monigotes como tú. Ese es mi trabajo.

ROCCO: Me voy a calmar si esta rata se larga de aquí.

NABUCODONOSOR: No quiero estar con ustedes. Solo necesito un refugio. La subinspectora me lo debe.

SUBINSPECTORA: Eso es verdad. Lo voy a cumplir.

ROCCO: No me interesa lo que le pase. —Movió bruscamente su brazo para liberarse.

SUBINSPECTORA: Bueno, ¿pero por qué tanto rencor?

ROCCO: Este cabrón tuvo la culpa de que mi papá dejara de ser evangélico. Mi padre es un buen hombre. La persona más buena que conozco. Por eso esta rata se aprovechó de él.

NABUCODONOSOR: ¿Quién es tu papá?

ROCCO: ¡Te vale madres! —Amagó con patearlo.

SUBINSPECTORA: ¡Que te calmes, pues!

NABUCODONOSOR: Me disculpo por lo que sea que le haya hecho a tu papá.

ROCCO: ¡No mames! No me vengas con eso. Te podríamos disculpar porque le robaste dinero a él y a mi mamá o porque les lavabas la cabeza en cada reunión, pero lo que nunca te vamos a perdonar es que dañaste su reputación. Inventaste muchos chismes.

NABUCODONOSOR: Discúlpame, pero no. Yo podré ser muchas cosas, pero no soy un difamador.

ROCCO: ¡No te hagas pendejo! Bien que sabes que lo hiciste.

NABUCODONOSOR: Ni siquiera sé quién es tu papá.

ROCCO: ¡Isaac Guerrero! Soy hijo de Isaac Guerrero. ¡Pinche estúpido! ¿Ya te acordaste?

NABUCODONOSOR: ¿De El Guerrero?, ¿el de la calle Buenavista?

ROCCO: Bien que sabes que lo chingaste.

NABUCODONOSOR: No. —Se puso de pie. Tenía el rostro muy serio. Se sacudió el pantalón. Tomó aire—. Te lo repito: jamás lo difamé.

ROCCO: Y lo niegas, pinche rata. ¡Te voy a dar otros madrazos para que te acuerdes bien!

Rocco lo embistió con toda la violencia posible. El pastor se abrió la cabeza. La subinspectora intentó detener al chico, pero se había vuelto una bestia incontrolable. Incluso le abrió un labio a ella en el forcejeo. Golpeó a su víctima obligándolo a pedir clemencia.

NABUCODONOSOR: ¡Todo es cierto! ¡Todo lo que dije de él es cierto! Estás golpeando a un inocente.

Luisa logró colocarle esposas en una muñeca. Solo así pudo jalarlo para detenerlo.

ROCCO: Tú eres la persona menos inocente del mundo. Deja de decir pendejadas.

NABUCODONOSOR: Es en serio. —Se replegó contra la pared. Se cubría la cara con las manos por el miedo. Sus dientes eran totalmente escarlatas. Respiraba agitadamente en el suelo—. Te lo digo en serio. Tu padre lo hizo. Sí lo hizo.  

ROCCO: ¿Qué hizo?, ¿eh? ¡Dilo si tienes huevos! —Estaba completamente esposado. Luisa veía la escena con miedo, no por la actitud de Rocco, sino porque entendió lo que el pastor quería decir.

NABUCODONOSOR: Tú sabes bien qué fue. Me da pena decirlo.

ROCCO: ¡Ah! Pero no te dio pena regar el chisme por todo el templo. Y ahora sí muy penoso, ¿no? Pinche miserable. Pero ya no llores. Lo voy a decir por ti para que se te quite la pena. —Luisa se mordía los labios por la ansiedad—. Mi papá no le fue infiel a mi mamá, como tú les dijiste a todos. Fue al revés. Ella lo dejó por otro hombre. Entérate bien del chisme primero.   

NABUCODONOSOR: ¿Eh? ¿Eso? ¿Hablabas de eso? —Luisa se relajó un poco al escuchar la confesión de Rocco.

SUBINSPECTORA: Bueno, ya te desahogaste. Tenemos que irnos. —Lo jaló de las esposas, pero él puso resistencia.

ROCCO: No me voy a ir todavía. ¿Cómo que “hablabas de eso”? —Lo remedó—, ¿pues de qué otra cosa iba a hablar?

NABUCODONOSOR: Ese no fue el chisme que la gente decía por ahí. Ni siquiera sabía eso. No fue lo que yo dije.

ROCCO: ¿Entonces qué? —Puso cara de preocupación.

SUBINSPECTORA: ¡Ya!, no le muevas. Vámonos ya. —Nuevamente intentó arrastrarlo.

NABUCODONOSOR: Pues lo otro. Lo de… No me digas que no sabes.

SUBINSPECTORA: ¡Ya cállate, Nabo! —Se puso muy ansiosa—. Vete de aquí. Después te consigo un refugio.  

ROCCO: No. —Se plantó frente a él—. Déjalo que hable. Quiero ver qué chingadera va a decir. ¡Órale, perro! ¡Habla!

NABUCODONOSOR: Lo de tu hermano.

ROCCO: ¿Mi hermano? —Ardió en furia—. ¿Tú qué sabes de mi hermano?

NABUCODONOSOR: Pues lo que todos saben. Menos tú, al parecer.

SUBINSPECTORA: Rocco, en serio. No quieres escuchar esto.

ROCCO: ¿Qué?, ¿tú también lo sabes? —Luisa bajaba la mirada para evitar verlo a los ojos—. ¡Ya dime, chingada madre! ¡Dime!

NABUCODONOSOR: ¿Cómo es posible que no lo sepas?

ROCCO: ¡Que me digas! —Le gritaba en la cara.

NABUCODONOSOR: ¿Tu papá te lo ocultó? Pobre niño. Con razón estás tan loco.

ROCCO: ¡Habla! —Lloraba de la desesperación.

NABUCODONOSOR: No lo puedo creer.

ROCCO: ¡Dilo!

NABUCODONOSOR: Tu papá mató a tu hermano.

Las emociones de Rocco se cimbraron. Se tambaleaba su cordura. La cabeza le zumbaba como si su cráneo fuera un panal de abejas. Las rodillas se le vencieron unos segundos, como cuando estás dormido y sientes que te vas a caer. Lo atormentaba una acidez estomacal. Sufrió las inclemencias del reflujo. Un calor inexplicable lo abochornaba como en una sauna. Mareado, veía casi todo negro con puntitos blancos, como cuando tienes migraña. Cuando el desequilibrio casi lo lleva al desmayo, lo salvó el primer instinto. Cumpliendo su función de mecanismo de defensa, le dio la fuerza para no derrumbarse.      

ROCCO: ¡Ja!, ¡ja! —Escupió una risa brumosa—. Ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. —Reía, reía y reía. Reía aturdido, pero reía—. Ja, ja, ja, ja. —No paraba de reír. Así lo hizo durante tres minutos. Nabucodonosor se quedó sin palabras. A la subinspectora le dio tiempo para asimilar la verdad. ¿La verdad? ¿Esa era la verdad? ¿Un tipo despreciable que no tenía relevancia en su vida era el poseedor de la verdad? ¡No! Se negaba a creerlo. Él no era digno de la verdad. Alguien que usa la mentira como oficio más que como artificio jamás será dueño de la verdad—. ¿De dónde sacaste esa mamada?, ¿qué te dio valor para inventarte algo así? —Nuevamente, el primer instinto—. ¿Qué tan pendejo me consideras?, ¿o te estás sobrestimando?, ¿los madrazos que te metí no te dejan percibir la realidad?, ¿ahora vives en otra realidad? No me explico cómo tienes la osadía de pensar —elevaba gradualmente el tono de voz— que me voy a creer esa reverenda estupidez. Yo estuve presente en el momento en el que mataron a mi hermano, ¡idiota!, ¿sabías eso?, ¡idiota! Mi papá no lo mató. Lo mataron en un asalto.   

Reinó el silencio incómodo. Rocco siguió riendo, pero los otros dos se notaban invadidos por la vergüenza ajena. Pena, no sentían más que pena por Rocco. Aunque no lo deseaba, Luisa sintió la obligación moral de intervenir.

SUBINSPECTORA: Mi niño, lo siento mucho. Lo que dice el pastor es cierto.

ROCCO: ¡No!

SUBINSPECTORA: Sí lo es, mi niño.

ROCCO: ¡Que no!, ¡chingá!, ¡dije que no!

SUBINSPECTORA: Escu… Escúchame —le hablaba con templanza—. Tu papá no mató a tu hermano directamente. Pagó para que lo mataran. No fue un asalto casual. Fue un encargo.  

ROCCO: ¡Tú qué chingados vas a saber! ¿Por qué de repente dos desconocidos saben algo tan delicado de mi vida? Las personas más cercanas a mí saben realmente cómo murió Gino. ¡Todos en mi círculo lo sabemos! ¿Ahora resulta que ustedes dos saben más que ellos?

SUBINSPECTORA: No sé. Rocco, no sé. Así son las cosas. Esto que te digo lo sé porque yo estuve en ese caso.

ROCCO: Esto es una pendejada ridícula. Mi papá no tendría motivos para matar a mi hermano. Él lo amaba. —Bajó estrepitosamente la voz cuando pronunció la última sílaba de “amaba” como si hubiera sido violentado por la duda. Pensó en aquellos horribles sueños que tuvo cuando estaba secuestrado.  

NABUCODONOSOR: Sí tenía motivos —dijo el pastor con pena—. Yo hablaba con tu papá y tu mamá. Mucho. Era su consejero matrimonial. Sí. Ya sé que no tengo la calidad moral para nada de eso. Ese no es el punto. El chiste es que ellos me contaban todo. Quizás ya no conociste a tu hermano o no lo conociste bien. Era un chico muy problemático. Sumamente problemático. Desde muy pequeño anduvo en malos pasos. Se empezó a juntar con amistades que no le dejaron nada bueno. Al principio solo hacía travesuras en la calle. Rompía ventanas, ponchaba llantas. Después empezó a robar cosas insignificantes: dulces de la tienda, dinero a tus papás. Hasta que empezó a robar autopartes o casas. Pronto comenzó a vender droga. Portaba armas. Llegó a las grandes ligas cuando robó un banco, pero entonces tocó fondo: secuestró a algunas personas. Tu papá pasaba por un momento muy difícil. Sufrió el abandono y la infidelidad de tu madre cuando tu apenas eras un bebé. Después, cuando se volvió a casar, Gino, así se llamaba, ¿no? Bueno, tu hermano comenzó a mostrar su mala conducta. No aceptaba a Candelaria. Despreciaba a tu papá por haber permitido que tu mamá los abandonara e incluso —le costaba trabajo decir eso—, te despreciaba un poco. Sintió muchos celos cuando tú naciste. Tu padre sabía cada una de las cosas que Gino hacía. Por si fuera poco, justo cuando empezó lo de los secuestros tu hermano embarazó a una chica.  

ROCCO: ¿Qué?

NABUCODONOSOR: Conque tampoco lo sabías. Gino hizo de todo para obligarla a abortar, pero Isaac intercedió para que no sucediera. A final de cuentas, no pudo eludir el hecho de ser papá, pero evidentemente jamás se hizo responsable de su hijo.

ROCCO: ¿Qué pasó con ese niño?, ¿dónde vive?

NABUCODONOSOR: No tengo idea. Lo siento. Aquello sucedió justo cuando tu padre abandonó el templo. Como bien dijiste, se decepcionó de mí, de la religión. Además, tú eras un niño pequeño. Candelaria se embarazó de uno de tus hermanos. Sumado a que tu papá le daba algo de dinero a la madre del hijo de Gino. Isaac se vio rebasado por la situación. Lo que detonó todo fue descubrir que su hijo era un secuestrador. Los rumores decían que la banda de tu hermano alguna vez secuestró a un niño de seis años. Los padres pagaron el rescate, pero aun así Gino lo asesinó. No se saben los motivos, pero eso provocó una disputa interna entre la banda. Lo expulsaron ya que el asesinato atrajo a la policía. Esos cabrones planeaban matar a tu hermano. Llegaron a amenazarlos de muerte a ti y a tu familia. Gino tuvo que esconderse. Le confesó todo a Isaac y este lo corrió de tu casa.

ROCCO: No sabía que había sido por eso.

NABUCODONOSOR: No soy nadie para juzgar a Isaac. Solo puedo decir que, al estar aterrado por la conducta de tu hermano, tomó su propia decisión. ¿Cruzó la línea? Eso lo decidirá el Creador. Lo único que sé es que su desesperación lo llevó a buscar a la banda de Gino. Les dijo que entregaría a su hijo a cambio de que dejaran de amenazarlos a ustedes. Ellos accedieron. Les dio el pitazo de dónde podrían encontrar a tu hermano.

ROCCO: Cuando me fue a recoger a la escuela.

NABUCODONOSOR: Lamentablemente sí. Lo único que te puedo decir es que el desprecio entre padre e hijo era mutuo. No me extrañaría que un día Gino le hubiera hecho lo mismo a tu papá. En realidad, este problema se desató mucho antes. ¿Conoces la historia del matrimonio de tus padres?

ROCCO: No. Mi papá nunca me ha querido contar eso.

NABUCODONOSOR: Ahora sabrás por qué. Tus papás nacieron en el occidente del país. Ya sabes, en agavelandia. Era un pueblo muy pobre en donde solo vivía una familia rica: la de tu mamá. Ella era hija de un expresidente municipal que se casó con una actriz argentina de ascendencia italiana.

ROCCO: Eso era lo único que sabía. Mi abuela fue la que sugirió nuestros nombres.

NABUCODONOSOR: Tu papá venía de una familia de herreros. Evidentemente no tenían estatus social. Se conocieron cuando la familia de tu padre fue a hacer un trabajo de herrería a la casa del exalcalde. Isaac la veía todos los días. Tu madre, Aurora Blanco Fontana, no entendía tanto las diferencias de clase como tus abuelos. Era una jovencita muy desinhibida, amigable y algo embustera, además de maldosa. Le encantaba molestar a tu papá. Se cayeron muy bien. Se hicieron amigos en poco tiempo. ¿Te suena muy telenovelesco? ¿La historia del pobre y la rica que se enamoran? Pues no fue tanto así. Las familias apenas se estaban dando cuenta de su amistad cuando tu madre se embarazó de Gino a los 15 años. Isaac tenía 16. Como buenos católicos, la familia de Aurora los obligó a casarse para que el niño naciera dentro del sacramento matrimonial. Esto le cayó como anillo al dedo a la familia de tu papá. Se habían sacado la lotería. Obviamente lo obligaron a casarse. Tuvieron una gran fiesta. Una luna de miel envidiable. La familia de la novia les regaló una casa muy cerca de la hacienda de los Blanco Fontana. Todos pensaron que Gino sería un niño afortunado, sin embargo, olvidaban un pequeño detalle: sus padres, apenas unos adolescentes, ni siquiera se conocían. ¿Cómo podían esperar que ese matrimonio prosperara? Dios no se haría cargo de ellos.

ROCCO: No puedo creer que me hayan ocultado todo eso.

NABUCODONOSOR: Se vieron obligados a madurar. Solo tuvieron un mes de tranquilidad. El resto de su matrimonio fue un martirio. Gino nació siendo la víctima de unos padres inexpertos, aunado a que siempre fue un niño problemático. La suerte monetaria de los Guerrero Blanco se terminó cuando acusaron a tus abuelos de lavado de dinero. Imagino que habrán hecho enojar a alguien porque la investigación fue impecable. Perdieron todas sus propiedades. Fueron a la cárcel. Tus papás tuvieron que mudarse a la Capital. Una tía de tu mamá les prestó una casa. Era mucho más pequeña y con muchas carencias, pero nadie más los podía ayudar. ¿Adivina a quién de los dos le costó más trabajo adaptarse a ese estilo de vida?

ROCCO: Sí. Lo sé.

NABUCODONOSOR: Aurora no era indiferente a sus privilegios. Rubia, ojos azules, piel blanca; de familia adinerada; con ascendencia europea. Su brillo opacaba a la piel morena de Isaac, a sus ojos cafés y a su cabello mestizo; a su origen modesto. Quizás no era una mala persona, pero no iba a cambiar de la noche a la mañana su concepto del mundo. No faltó mucho para que su ejército de pretendientes se ofreciera a devolverle la cómoda vida que había perdido. Aurora e Isaac eran unos niños que se caían bien. ¿Eso bastaba para mantener un matrimonio? Por supuesto que cuando se empezaron a conocer realmente descubrieron lo mucho que se detestaban. Aunque hicieron loables esfuerzos nunca hubo las condiciones para que formaran un vínculo. Simplemente no coincidían y no era culpa de ellos. Una infidelidad de ambos era inminente. Tu mamá fue la primera en decidirse a hacerlo. El desfile de pretendientes ricos que le devolverían su mundo comenzó. Cuando Isaac se enteró hizo lo mismo por venganza. La relación era insostenible. ¿Qué la mantenía pendiendo de un hilo?: Gino. Un chico que necesitaba excesiva atención porque desde el prescolar se metía en problemas al cortarle el cabello a otros niños. Tampoco eran unos insensibles que dejarían a su primogénito a su suerte. Lo intentaron todo. Obviamente fueron violentos con él. Lo golpeaban constantemente, pero solo lo afectaban más. Vivían un matrimonio no deseado con un hijo no deseado. Lamento decirte que tú tampoco fuiste planeado. Qué pena, pero… Intentaron abortarte. Naciste porque tu abuela materna intercedió por ti. Cuando llegaste al mundo tu mamá salía con un tipo holandés. Que yo sepa él pagó muchos gastos de tu parto. Cuando cumpliste dos años tu madre se mudó con él a Holanda.

ROCCO: Ok. Ya fue suficiente.

NABUCODONOSOR: Discúlpame. Mira, a pesar de que me golpeaste, yo no podría inventarme todo esto. No gano ni pierdo nada con decírtelo.

ROCCO: Ah, entonces lo haces por caridad. Qué lindo. ¿A usted le constaban toda esta bola de sandeces, subinspectora?

SUBINSPECTORA: Yo no sé nada acerca de la historia de tus padres, pero sí sobre el asesinato de tu hermano. Te repito que estuve involucrada en el caso. De hecho, fui una de los policías que detuvieron a los asesinos. Lo hicimos prácticamente unos minutos después de que se cometió el crimen y a pocas cuadras de distancia. A ellos nunca les importó ir a la cárcel. Esa gente es así. Se pasan la vida entera entrando y saliendo de la cana. Sin embargo, a uno de ellos no le pareció que tu papá quedara impune. Lo acusó de ser cómplice. Nos dijo que él les dio la ubicación de Gino. Cuando tu padre vino a declarar le dijimos todo eso, pero él siempre lo negó. No hubo una denuncia formal. No nos ordenaron investigar esa línea. Tampoco había pruebas de nada. Tu papá y esos tipos hicieron un acuerdo de palabra. El caso se cerró.

ROCCO: Entonces nadie puede confirmar eso. Solo es un chisme. ¿Tú cómo te enteraste? —Le preguntó mucho más sereno al pastor.

NABUCODONOSOR: Hubo una testigo durante el acuerdo de tu papá con los criminales. Él los fue a buscar a un punto de droga. Ellos estaban a cargo de ese negocio. La gente de la cuadra conocía a tu papá. A todos les pareció extraño que se fuera a meter ahí cuando estaba amenazado de muerte. El líder de la pandilla salió a hablar con él. Su nombre era Octavio.

SUBINSPECTORA: El Cariperro, le decían.

NABUCODONOSOR: Sí. Vaya nombrecito. Octavio metió a tu papá a una casa para hablar en privado. Solo estaban ellos y la hermana del Cariperro; le juraron a tu padre que la chica sería completamente discreta y que jamás diría nada. Obviamente eso no sucedió. Esa muchacha llamada Roxana también iba al templo. Me lo confesó todo. Así como me lo dijo a mí, se lo dijo a otras personas. Se volvió un secreto a voces.

SUBINSPECTORA: Yo hablé con el Cariperro en el reclu. Me confirmó que efectivamente tu padre les pidió que lo asesinaran. Fue una charla extraoficial, en los pasillos de la cárcel. Nosotros platicamos mucho con esos cabrones. Pero dijo que no lo iba a denunciar porque no tenía nada contra él.

ROCCO: Me suenan a puras patrañas.

NABUCODONOSOR: Eres libre de no creerlo. Yo ya cumplí con decírtelo.

ROCCO: “Cumplí”. Claro. Ya hiciste tu buena labor del día, imbécil.

SUBINSPECTORA: Amm… Rocco, hay algo más. Es importante. Mientras estabas secuestrado mandé a Melgarejo a revisar la carpeta del caso de tu hermano. Desde que salió en las noticias que estabas desaparecido supe que conocía tus apellidos de algún lado. Luego tu papá empezó a salir en la tele y lo confirmé. Cuando el tal Conectes fue a declarar mencionó que tenías una “obsesión”, así lo dijo, por entrar a una audición de teatro. Al parecer, para cumplir el sueño de tu hermano. Luego, cuando me alié con la doctora, ella y Mariano mencionaron que el bicho tenía una “obsesión” con la religión. Creí que en esas obsesiones había una pista.  Quería ver si en dicha carpeta encontraba algo que me ayudara a entender de dónde venían. Más que nada porque queríamos encontrarle un punto débil al gato. Como sea, lo más extraño fue que, cuando Melgarejo solicitó la carpeta, le dijeron que “alguien” del extranjero ya la había solicitado antes. No cualquier civil puede hacer eso y menos de otro país, pero resulta que esta persona es, al parecer, muy influyente. Tanto así que mis mismos jefes accedieron a darle una copia. Tiempo después investigué y resulta que el nombre de esta persona es Aurora Blanco Fontana.

ROCCO: Me lo imaginé —dijo indignado.

SUBINSPECTORA: Tu mamá está buscando a la testigo porque quieren convencer al Cariperro de denunciar a tu papá. Es probable que en unas semanas lo logren. Sé que saber todo esto es horrible para ti. Lo único que te puedo decir es que todas las personas tenemos un lado horrible que, evidentemente, nunca sacamos a la luz. Al mismo tiempo, podemos tener un lado amable o “bello”, si lo quieres ver así. Pero no existen las totalidades. Nunca te quedes con una sola impresión de una persona. Desconfía de todos. Te lo digo porque yo soy madre de dos niños. Ellos no viven conmigo porque me divorcié y su papá los ha convencido de que soy una horrible persona, que están mejor lejos de mí. Me quieren quitar la custodia. Todos los días trato de convencer a mis hijos de que no crean todas esas cosas que se dicen de mí. ¿Entiendes lo que quiero decir?

ROCCO: ¿Que debería bajar mi papá de su pedestal? ¿Que debería dejar de culpar por todo a mi mamá? Sí. Lo entiendo. Hace poco descubrí que mi padre miente un poco o un mucho respecto a mi hermano. Era muy evidente que no tenían una buena relación. Vaya, me hizo creer toda esa patraña de que Gino amaba el teatro y que su sueño era entrar a una prestigiosa compañía, cuando al parecer mi hermano solo estuvo en un mísero taller de teatro el cual abandonó en dos meses. ¿Pero de eso a ordenar matarlo? No lo sé. Miren, ya es suficiente. No tenemos tiempo para mis dramas familiares. Estamos en medio de una guerra. Si cometemos un solo error vamos a permitir que la bestia siga haciendo su desmadre. Subinspectora, tenemos que seguir con el plan.

Un Rocco totalmente diferente caminó hacia el edificio central de la televisora. Luisa le quitó las esposas y fue detrás de él no sin antes aconsejarle a Nabucodonosor que se escondiera en algún set mientras ella volvía. Ambos presionaron un botón en la muñeca de sus trajes y se volvieron invisibles. Luisa detuvo un momento al chico.

SUBINSPECTORA: Muchacho, entiendo la prisa, ¿pero estás bien? Esto que escuchaste fue muy duro. No creo que tengas cabeza para lo que viene.

ROCCO: Desde el 11 de agosto no tengo cabeza para nada y aun así he seguido adelante. Toda esta serie de cosas que me han pasado quizá eran inevitables. Me voy a intentar tragar todo este dolor. Ni modo, algún día tendré que cagarlo.

SUBINSPECTORA: ¿Estás seguro?

ROCCO: Como nunca en la vida.

Afuera de la televisora, Isaac y Gilberto llegaron corriendo. Ceferino se quedó atrás. Todo el edificio estaba resguardado por granaderos. Los padres temían lo peor. Se abalanzaron inútilmente contra el cuerpo policial solo para ser rebotados por los escudos de acrílico. Isaac, entre su desesperación, comenzó a gritar el nombre de su hijo. Un policía le soltó un porrazo en la cara para apagar sus gritos.

Adentro, antes de entrar al edificio, Rocco y Luisa oyeron los gritos del padre.

ROCCO: ¿Escuchaste?

SUBINSPECTORA: ¿Dijo “Rocco”?

ROCCO: Creo que es mi papá. Está justo en la entrada.

SUBINSPECTORA: Bueno, Rocco. Estás a unos pasos de al fin reencontrarte con tu familia. Es tu oportunidad.

ROCCO: Sabes que ese no es el plan. Aún no es el momento.

SUBINSPECTORA: Podrías confrontarlo para saber si todo lo que te dijimos es cierto.

ROCCO: ¿Y qué voy a hacer si me dice que sí?, ¿cómo voy a vivir con eso?

Una serie de mensajes llegaron al intercomunicador de Rocco.

CAPITÁN CLAVEL: Supremo líder, unos guerreros de tu mundo nos atacan con proyectiles de acero. Han herido a algunos. No podemos entrar a apoyar al general hasta derrotarlos. Por lo que se oye adentro, Astro de Luca no la está pasando muy bien. Te ruego me disculpes… ¿Listos, Guerreros Floridos?... ¡Ataquen ya!

GERALDINE: Rocco, somos el equipo Alfa. Ya estamos en posición para atacar. ¡Cambio y fuera! —Aparte—. ¿Si tenía que decir “cambio y fuera”?

VIDEL: A ver, mi gente, aquí el equipo Delta, ¡digo!, Beta. También estamos en posición. ¡Cambio!

MARIANO: Oigan, ya estamos en la bodega. Los de reconocimiento están tanteando el terreno. Ya casi entramos. ¡Cambio!... ¡Ay! Se me olvidó: somos el equipo Gama. ¡Cambio!

ROCCO: Nadie les dijo que dijeran “cambio”. Ja, ja. Lo siento, Luisa. Todos están haciendo su parte. No les puedo fallar. El reencuentro familiar tendrá que esperar un poco. Voy a subir al estudio a ayudar a mis amigos. Te encargo a nuestras familias a ti.

SUBINSPECTORA: Ok. Entonces es mi turno. El pinche Ceferino debe estar allá afuera con tu papá. Voy pa’llá. Espero que este traje sirva y no me quede atorada en la pared.

Chocaron los puños y corrieron en direcciones contrarias. La subinspectora atravesó la pared hacia la calle gritando eufórica. Rocco se elevó con un chaleco propulsor hasta la azotea del edificio. Sobrevoló unos metros buscando la ubicación del general por medio de un localizador. Presionó otro botón en su muñeca para cambiar de traje.

Afuera, los policías golpeaban inmisericordemente a los dos padres cuando Ceferino y sus hombres llegaron. Al ver la brutalidad policiaca, inmediatamente el vocero les ordenó a sus hermanos intervenir. Los dos hombres, de aproximadamente uno sesenta de estatura y complexión preocupantemente delgada, consumieron dos caramelos fluorescentes. Al tragarlos, su tamaño aumentó considerablemente. Le creció pelo y una enorme cola peluda a cada uno. El resto de los policías fueron testigos de cómo de pronto dos enormes ratas de casi tres metros emergían frente a ellos. Antes de que decidieran cómo enfrentarlos, los roedores barrieron con la mitad de ellos a base de potentes coletazos. Ceferino se acercó a auxiliar a los padres. Mientras lo hacía, un granadero intentó darle un macanazo, pero una de las ratas lo sujetó con el hocico y lo arrojó cuatro metros a un lado.

CEFERINO: Disculpen la tardanza. No les pudimos seguir el paso. Nuestro hermano Aaron, quien se quedó con Candelaria, pronto vendrá a curarlos a ustedes.

Isaac y Gilberto se estaban reponiendo de la golpiza cuando se percataron de los monstruos.

ISAAC: ¿Y ‘ora? ¿Qué es eso?

GILBERTO: ¡Ah, cabrón! ¿Esas ratotas de dónde salieron?

ISAAC: Hay que hacernos pa´llá.

CEFERINO: Tranquilos. Ellos dos son mis hermanos. Esta transformación también es un milagro de nuestro redentor. No tengan…

Ceferino dejó de hablar repentinamente. Levantó las manos. Tenía una cara de desconcierto.

CEFERINO: No estoy armado, ¿qué es lo que desea? —Los padres no entendían con quién hablaba. No había nadie cerca de él.

VOZ DE MUJER: ¿No estás armado? Eso lo vamos a ver ahorita. ¡Contra el piso!

ISAAC: ¿De dónde viene esa voz?

GILBERTO: Yo también la escucho, pero no veo a nadie. —Ceferino no entendía a qué se referían. Estaba seguro de que había alguien detrás de él. Sentía el cañón de un arma rozándole la nuca.

CEFERINO: ¿Quién es usted?

VOZ DE MUJER: A mí no me vas a interrogar, cabrón. ¡Te dije que contra el piso!

ISAAC: ¿Qué pasó, don Ceferino? ¿Hay alguien atrás de usted?

GILBERTO: ¡Hijo de su madre! ¿Ratas gigantes y fantasmas? Valió madres todo.

Ceferino no tenía clara la situación. La persona detrás de él lo azotó contra el suelo. Después sus muñecas se juntaron. Sintió cómo lo esposaban. Los padres, que solo lo veían retorcerse, titubeaban intentando ayudarlo.

CEFERINO: Ya entiendo qué es lo que pasa. ¿Estas son las formas de actuar de la policía, subinspectora?

SUBINSPECTORA: ¡Ay! Qué perspicaz. Técnicamente ahorita no soy policía. Si quieres llamar a esto un arresto ilegal, hazlo. Lo único que me importa es capturarte.

CEFERINO: ¿Por qué no da la cara? ¿Qué hará cuando sus superiores sepan esto?

SUBINSPECTORA: Llámalo brutalidad policiaca o abuso de poder, me vale madres. Igual te voy a joder.

CEFERINO: Podría arrepentirse.

SUBINSPECTORA: ¡Ah! Conque hablándome en tono amenazante, ¿eh? ¿Qué? ¿También te vas a convertir en ratota? No me importa la “habilidad” que te haya dado tu patrón. Úsala de una vez. Sorpréndeme. No tienes mucho tiempo, te lo advierto.

CEFERINO: Yo no tengo ninguna habilidad para pelear, subinspectora. Fue una decisión propia. Despreocúpese.

SUBINSPECTORA: ¡Conste! Órale. Levántate. —Lo forzó a ponerse de pie.

CEFERINO: ¿Qué piensa hacer conmigo? —Preguntó bastante tranquilo—.  Esto es un acto de odio injustificado. Le aseguro que me haga lo que me haga no podrá detener la expansión mundial del amor. El odio nunca es una carta de victoria.

SUBINSPECTORA: Ya cállate, mi’jito. Ya andas bien lorenzo. No te engañes a ti mismo. Mi odio sí está justificado.

Luisa se lo llevó arrastrando. El vocero no opuso resistencia. Los padres se quedaron en el suelo sin saber qué hacer. Una de las ratas se percató del rapto e intentó ayudar a su hermano, sin embargo, un dardo se le clavó en el cuello doblegándola. En pocos segundos cayó desvanecida.

CEFERINO: ¿Lo mataste?

SUBINSPECTORA: No. Le disparé un tranquilizante.

Ceferino también se volvió invisible. La rata que aún continuaba luchando vio a su compañera en el suelo. Intentó ayudarla, pero un cúmulo de granaderos se le fue encima. Isaac y Gilberto aprovecharon la distracción para colarse en el edificio.

Al mismo tiempo, en los recónditos pasillos de la Catedral, los hermanos de la Fe se vieron sorprendidos por un grupo de seres invisibles que los atacaron. Tuvieron que usar sus habilidades. Lanzaban rayos por los ojos, fuego por la boca, láseres por los dedos. Sin embargo, aún con todo ese sorprendente poder, se encontraban en desventaja al no ver a sus enemigos. El histórico edificio sufrió daños considerables. Rosario y Aldahir, quienes se encontraban en el sagrario, tuvieron que salir a intervenir.

Mientras tanto, en la Basílica, Dorantes no tuvo ningún problema en noquear a Martín, quien intentó transformarse en perro cuando notó que un intruso se adentró en el campanario. El hombre fue golpeado en la cabeza antes de que culminara su metamorfosis. El oficial recibió el aviso de que habían encontrado pistas sobre la ubicación del Cardenal. Mientras el resto del equipo seguía la pista, la almirante Adara le ordenó a Dorantes encontrar cuanto antes a El Suricato.

Por otro lado, la doctora coordinaba a su equipo de científicos para seguir buscando las ondas del tótem. Mariano la asistía en todo. Estaban dentro de una nave invisible estacionada a una cuadra de la bodega. Melgarejo, Manríquez, Ahsoka Tano y un grupo de rebeldes se preparaban para entrar. Todos se colocaron unos cascos con googlees que captaban las firmas de calor a través de las paredes. Solo localizaron una. Un hombre inmóvil sentado en una silla. Esperaron una señal para poder entrar.

Volviendo al edificio de la televisora, la Guardia Florida se protegía con sus escudos de una ráfaga de balazos cortesía de los granaderos. Sin descubrirse, avanzaban lentamente apuntando con sus lanzas. A cada paso que daban lanzaban un grito de batalla. Los refuerzos de la policía seguían llegando. La Guardia empezaba a quedar en desventaja.

Los hombres que acompañaban a Prr Prr Cat oyeron los disparos de afuera. De un puñetazo abrieron las puertas estancadas. Salieron para hacerse cargo de la situación. Cuando vio la salida, Javier intentó darse a la fuga, pero Astro de Luca cerró las puertas con el uso de La Fuerza provocando que el prestigioso periodista hiciera un berrinche de impotencia.

El general rebelde era azotado contra la pared, contra la mesa, contra el suelo, pero siempre volvía a la batalla reincorporándose de un salto.  

ASTRO DE LUCA: No sabía que dominabas el sable de luz. Ni siquiera deberías tener uno. Tener el poder para crearlo no te hace digno de él.

PRR PRR CAT: Soy el emperador de la dimensión onírica. Domino cada uno de los saberes que ahí se encuentran.

ASTRO DE LUCA: Eres bastante arrogante para ser un hombre que predica el amor. Supuse que serías humilde. ¡Ah! ¡Ah! —Se esforzaba por rechazar los embates del enemigo.

PRR PRR CAT: Decir la verdad no es arrogancia. Tienes que rendirte. No tienes práctica con la vitalidad. Te está costando mucho trabajo respirar. Es cuestión de tiempo para que te derrote.

ASTRO DE LUCA: Yo solo sé que una de tus habilidades no es leer el futuro.

PRR PRR CAT: No lo necesito ya que poseo una gran intuición.

ASTRO DE LUCA: Ahora ya me copias mis talentos. Estás fuera de control.

Astro de Luca fingía que todo iba bien, pero Prr Prr Cat lo superaba en cada golpe. Sin embargo, el general no perdía el optimismo. Si era derribado, reía; le rompieron la nariz, pero él rio; le quemaron una pierna, sin embargo, siguió riendo; un golpe en la cabeza le hizo perder el equilibrio, pero nunca dejó de reír. Con los dientes embarrados de sangre escupía tiras rojas de saliva. Se atragantaba con aquel líquido, pero lo único que hacía era seguir riendo.  

PRR PRR CAT: Suficiente. Estás llegando a tu límite y yo me tengo que ir. ¿Por qué no me dices mejor cuál es tu verdadero plan? Solo te estoy siguiendo la corriente. Sabes muy bien que asesinar no va conmigo. Por favor, no me presiones para que te mate.

ASTRO DE LUCA: ¿De qué hablas? ¿No lo ves? Yo hago esto por diversión. Cuando a ti te crearon te legaron una responsabilidad. ¡Buah! —Rechazó un ataque, mas se lastimó el brazo seriamente—. Qué aburrido es eso. Estás atado a los deberes como los humanos. En cambio, a mí me bendijeron con el don de la libertad para divertirme y divertir a Rocco. Mi existencia se basa en disfrutar este tipo de momentos. Ese es mi único objetivo, viejo amigo.  

PRR PRR CAT: Eso estaba muy bien en la dimensión onírica, pero aquí no te sirve de nada. Si eliges divertirte para siempre en este mundo te condenas a la decepción. Lamento que a mí me toque enseñártelo. La decepción duele más que cualquier golpe. Nadie se levanta después de ser golpeado por la realidad.

ASTRO DE LUCA: ¡Oh! Eso es muy profu… ¡Ah! —Prr Prr Cat lo tomó del cuello. Lo levantó a un metro del suelo. Mientras pataleaba, el general intentó usar La Fuerza contra su enemigo.  

PRR PRR CAT: Sabes muy bien que eso no funciona conmigo. La Fuerza solo doblega a los espíritus débiles.

ASTRO DE LUCA: ¿La Fuerza? ¿Quién dijo que estoy usando la fuerza? Ok. Debo admitir que sí tengo otro plan. Solo quería hacerte perder tu tiempo.

PRR PRR CAT: ¿Piensas que no lo sé?

ASTRO DE LUCA: Pienso que lo sabes, solo que jamás descubriste cómo te vamos a contraatacar. Eso de que la intuición es una virtud tuya es una patraña.

Prr Prr Cat sonrió confiado. Astro de Luca presionó el botón del mango de su sable. La luz se retrajo.  

PRR PRR CAT: ¿Te estás rindiendo?

ASTRO DE LUCA: No. Esa era la señal.

El Jedi volvió a carcajearse escupiendo borbotones de sangre.

En un ángulo en contrapicada se pudo observar a una enorme burbuja transparente de tono violáceo atravesar el techo. Se dirigió hacia el felino, quien no tuvo tiempo de reaccionar, pues en una fracción de segundo ya estaba dentro de ella. El general se quedó afuera. Por dentro, la burbuja tenía una textura membranosa. Se notaba frágil, a punto de reventar. Prr Prr Cat iba a tocarla, pero tuvo un mal presentimiento. Mientras retiraba su garra vio descender lentamente del techo a un hombre vestido con un equipo táctico. Su traje era de un tono verde salvia, con bolsas frontales por todo el saco y el pantalón; además, tenía unas rasgaduras en las mangas que le colgaban como si fueran hierbas. Llevaba puesto un casco similar al de un aviador, con unos googlees de plástico grueso polarizados de tono verdoso. Muy cerca del corazón, tenía bordado el emblema de la Alianza Rebelde. Portaba una enorme arma larga parecida a un arpón sofisticado. El tipo, aun flotando en el aire, apuntaba hacia él. Apenas lo estaba reconociendo cuando lo vio accionar su arma. Una descarga eléctrica viajó hacia la pantera. Intentó esquivarla, mas no pudo atravesar la burbuja. La descarga penetró la textura membranosa y se impactó contra su cuerpo. Sintió cómo la electricidad le quemaba las entrañas. Quedó tan aturdido que casi se desmaya.

A través de su vista nublada, pudo ver al hombre levantándose los googlees. Casi lo reconoce, pero sus ojos se pusieron más borrosos. Se esforzó por mantenerse consciente. Cuando la bruma visual se disipó, vio al hombre apuntándole a la cara, a unos dos metros de distancia, por lo que intuyó que el siguiente disparo sería mortal. Afortunadamente pudo reconocerlo antes de que disparara.

PRR PRR CAT: Mi amado Rocco. Me llena de gozo volver a verte —expresó con la voz entrecortada—. Esta vez sí eres el auténtico Rocco. Me duele en el corazón que me hagas esto. Quizá el odio del mundo te ha doblegado. Eso solo me motiva a seguir luchando por ti.   

ROCCO: ¡Wow! Qué discurso tan meloso. ¿Así les lavas el cerebro a tus esbirros? La falta de amor en ellos debe estar cabrona. Me sorprende tu retórica. Estas me gustan para que sean tus últimas palabras. Ciao.

PRR PRR CAT: ¡Espera! —Rocco detuvo el accionar del gatillo para escuchar al animal moribundo—. No te voy a implorar por mi vida porque ni siquiera está en riesgo.

ROCCO: Ja, ja. Mírate nomás, gatucho. Estás delirando. Ni siquiera puedes respirar. La siguiente descarga será más potente. Por muy fuerte que seas no la vas a resistir.

PRR PRR CAT: Eso es verdad. Tu disparo podría matarme si yo estuviera únicamente en un lugar. —Rocco no comprendió el mensaje.

ROCCO: No te me pongas metafísico. Recuerda que no puedes teletransportarte. Ya no puedes ir a otra parte.

PRR PRR CAT: No me refiero a eso. —Se tambaleó y cayó de rodillas. El impacto lo hizo sangrar—. ¡Auch! El dolor humano es algo a lo que uno nunca se acostumbra, ¿no es así, Astro de Luca?

El general no podía responder porque estaba tirado, cerca de perder la consciencia. Rocco lo miró de reojo. Se enfureció al notar su estado, pero no podía dejar de apuntar al enemigo para ir a ayudarlo.

ROCCO: Mi amigo me necesita. No tengo tiempo para tus mafufadas.

PRR PRR CAT: Creí que seguíamos siendo amigos.

ROCCO: Tienes un concepto enfermizo del amor. Coercitivo. Si sobrevivieras a esta seguramente vivirías puras malas relaciones.

PRR PRR CAT: Después de que dispares prometo no guardarte rencor. Te amo. Le declararé este amor a todo el mundo.

ROCCO: ¡Güey!, ¡cállate! Qué enfermo te oyes. No lo soporto. No sé por qué hablas en futuro cuando sabes que tu tiempo se acabó.

PRR PRR CAT: Porque como te lo repito: yo no estoy únicamente aquí.

ROCCO: ¿Entonces?, ¿estás en nuestro corazón?, ¿vas a decir algo así?

PRR PRR CAT: No. No es una metáfora. Estoy hablando literalmente. Físicamente no solo estoy aquí.

ROCCO: No entiendo el acertijo.

PRR PRR CAT: No lo hay. Rocco, poseo una habilidad que no conoces y que desarrollé mientras dormías.

ROCCO: Mientras tú me dormías.

PRR PRR CAT: Lo lamento, pero estás a punto de entender por qué lo hice.

ROCCO: No. Estoy a punto de mandarte al infierno.

Rocco disparó la descarga con furia. Prr Prr Cat no pudo esquivarla. Cayó rendido al suelo, casi al borde de la muerte. Rocco no sintió remordimiento. Solo un poco de pena por haber matado a quien muchas veces dijo amarlo como nadie. Le regaló una última mirada de compasión. Se dio la vuelta y corrió a auxiliar al general, quien estaba más herido de lo que parecía.

Afuera, los guerreros floridos, los granaderos y los hombres de Prr Prr Cat seguían librando una batalla encarnizada en la que nadie cedía. Rocco intentaba reanimar al general, quien cada vez estaba más inconsciente, pero se esforzó en hablar una vez más.

ASTRO DE LUCA: ¡Auch! Este dolor de estar vivo sí que es un martirio. Ahora entiendo por qué los hombres le temen tanto. Sin el dolor todo sería divertido. Creo que demostré que únicamente soy un guerrero cualquiera. No soy nada fuera de mi dimensión.

ROCCO: Retira lo que has dicho. Lo hiciste muy bien. Todo salió a la perfección. Ahora no te dejaré morir.

Rocco se acercó el intercomunicador a la boca para pedir ayuda. Gera respondió a través de uno de los canales. La calidad del audio no era óptima.

GERALDINE: Rocco… Ro… Ro… Rocco.

ROCCO: ¿Qué pasa, Gera? Se está cortando un poco.

GERALDINE: ¿Me oyes? Ro… Rocco.

ROCCO: Se escucha un poco entrecortado.  

GERALDINE: ¿Qué pasó con Prr Prr Cat? ¿Por qué se…? —Fue inaudible lo que dijo.

ROCCO: ¿Qué? ¿Puedes repetir lo último, por favor?

GERALDINE: ¿Por qué se te escap…?

ROCCO: ¿Se me escapó? —Volteó aterrado a ver el cuerpo de la bestia, pero aún yacía inmóvil en el suelo. Parecía que no respiraba—. No te entiendo, Gera. Prr Prr Cat está aquí. Lo acabo de matar.  

GERALDINE: ¿Qué? ¿Entonces por qué lo encontramos debajo del templete?

ROCCO: ¿Cuál templete?

GERALDINE: El que instalaron aquí en la Plaza Mariana. Hay un cuerpo muy parecido al de él tirado debajo. Parece que está agonizando. Sus hombres tratan de reanimarlo.

ROCCO: ¿De qué hablas?

VIDEL: ¿Bueno? Aquí el Yeti, ¿allá quién?

ROCCO: ¿Qué pasó, güey?, ¿escuchaste lo que dijo Gera?

VIDEL: ¡Sí!, ¿qué pedo? Aquí en el Zócalo pasa lo mismo. Hay un mono lleno de sangre tirado debajo de este templete. Igual tiene a unos locos de la Fe alrededor de él.

ROCCO: ¿Qué?, ¿qué chingados es esto?

PRR PRR CAT: Es mi nuevo don, Rocco —habló con voz débil—. Es lo que trataba de decirte. —Tosió agonizante. Rocco volteó lentamente a ver el supuesto cadáver con miedo—. Desarrollé una habilidad interesante. Fue un regalo de la oscuridad. No lo creerías. Ahora tengo el don, el don de la ubicuidad.   

ROCCO: No entiendo de qué hablas.

PRR PRR CAT: Es simple: puedo estar en este lugar y en otros al mismo tiempo —hablaba mientras seguía tirado en el piso.

ROCCO: ¿Eres omnipresente?

PRR PRR CAT: No. Eso sería estar en todos los lugares al mismo tiempo

GERALDINE: ¡Rocco!, ¡Rocco!, ¿me oyes? Los hermanos le están haciendo algo a Prr Prr Cat. Creo que alcanzo a ver a El Suricato.

ROCCO: ¡Atáquenlos! ¡Atáquenlos ya!

Pero mientras Rocco daba la orden, El Suricato, quien estaba debajo del templete de la Plaza Mariana, se arrodilló para asistir a su salvador. Impuso las manos sobre él y en cuestión de segundos lo curó por completo. Dorantes, que lo había estado siguiendo, se lanzó sobre él disparándole con su blaster, pero el muchacho levantó un pequeño campo de fuerza transparente y repelió todos los ataques.

Rocco reaccionó. Aún tenía a la bestia a sus pies, rápidamente le apuntó con su arma, pero justo antes de disparar, el felino comenzó a comportarse extraño. Gruñía como si estuviera enfermo. Tanto Videl como Geraldine estaban viendo lo mismo. En ambas plazas, los hermanos de la Fe lo protegían de los embates de los rebeldes.

Rocco no se lo pensó más y lanzó el disparo. Le dio de lleno al animal pero soportó todo el impacto, únicamente lanzó un pequeño quejido. Lucía mucho más resistente. Su cuerpo aumentaba de tamaño considerablemente. La masa muscular se triplicó. Rocco se acercó para lanzar otros dos disparos. Con el primero pasó lo mismo que con el último, solo lo alteró un poco. El segundo lo repelió la bestia con sus propias manos. Su fuerza también se había multiplicado. Su apariencia empezó a cambiar. La pantera se convirtió en una nueva criatura. Su torso era amarillo y moteado como el de un jaguar. Las piernas eran de color fuego adornadas con franjas oscuras, como un tigre de bengala. Los brazos enormes se volvieron afelpados; de una blancura equilibrada con discretos lunares negros, como los leopardos de las nieves. Del cuello para arriba el pelaje negro imperaba. El hocico se refinó un poco.  Los bigotes se le duplicaron. Los ojos púrpuras volvieron a brillar. Una regia melena comenzó a caerle de los hombros. Era de color marrón. Le daba un aspecto enigmático, exótico, como aquellos leones negros que parecen una curiosa casualidad de la naturaleza. Una traviesa cola estampada con manchas irregulares serpenteó hasta el piso, era similar a las de los ocelotes. Finalmente, una nueva capa le brotó por los hombros. Le daba un aspecto más imperial. Tenía hombreras anchas y picudas que lo hacían lucir intimidante. Las costuras estaban bordadas con finos hilos dorados. El cuello tenía un soporte sumamente rígido, parecía incómodo, pero inofensivo ante la dureza de su piel. En medio de la capa estaba bordado también con hilos dorados el escudo de la Fe del Amor: el corazón en llamas abrazado por un gato negro resplandecía. Y, por supuesto, la capa era de un color púrpura profundo.    

La bestia ahora rebasaba los tres metros. La burbuja le quedaba chica. Le clavó las uñas con facilidad para desgarrarla. La burbuja se reventó como un frágil globo. Prr Prr Cat nuevamente era libre. Rocco le disparó desesperadamente, pero ninguna de sus ráfagas dio en el blanco ya que el animal se teletransportaba de una a otra zona de la habitación.

El chico lo buscó con la mirada y al voltear hacia su lado izquierdo chocó con el abdomen del redentor. Asustado, dio dos pasos para atrás. Cuando intentaba subir el arma Prr Prr Cat se la arrancó de un zarpazo. Ahora el muchacho estaba desprotegido.

La Guardia Florida venció todas las dificultades del pasillo y al fin pudo entrar. El Capitán Clavel, seguido de Cempaxúchitl, Narciso y Amapola destrozaron las trabadas puertas. Arribaron con considerables bajas, mas aún se sentían capaces de vencer al enemigo.

El Capitán Clavel tenía un arañazo en el pecho y algunas heridas en el brazo. Eso no impedía que el brío de la batalla se le notara en los ojos. Cuando vio al impresionante ser amenazando a Rocco, ordenó a sus hombres lanzarse al ataque. El supremo líder intentó advertirles que no lo hicieran, sin embargo, ya era muy tarde.

La bestia trepó la pared con una habilidad explosiva. Usó el muro para impulsarse y salió disparado como si tuviera resortes en las patas. Con una sola garra destruyó cinco escudos. Atrapó en el aire dos lanzas que le arrojaron. Las partió con una sola mano. Despojó de sus armas a otros cuatro. El Capitán Clavel aprovechó esa distracción para asaltarlo, pero el monstruo solo se valió de su cola para desarmarlo. Lo tomó del cuello y lo arrojó contra tres de sus hombres. Se movía tan rápido que nadie le atinaba un golpe. Se encargó de noquear a cada uno de ellos.

Nuevamente se lanzó contra Rocco, quien permanecía tenso. Le temblaban un poco las piernas, se le dificultaba escapar. El animal estaba a unos pasos de él cuando el Capitán se repuso para colgársele del cuello. Sacó una daga de su bota. Intentó clavársela, pero la dureza de su piel rebotó el arma. El monstruo vociferó un rugido aturdidor. Rocco tuvo que taparse los oídos para no quedar sordo.

La bestia sujetó con su cola el pie del capitán. Dio un tremendo tirón. Por más que el guerrero quiso sujetarse de la melena no le alcanzaron las fuerzas para sostenerse. El gato imperial lo estrelló brutalmente contra el piso golpeándolo en la cabeza. Rocco entró en shock. La imagen impactante de la sangre saliendo de la nuca del Capitán Clavel lo dejó perplejo. El chico gritó horrorizado.

El multifelino continuó su marcha como si nada. Apenas se mostraba agitado. Su hermosa figura no sufrió ningún rasguño.

PRR PRR CAT: Esto es lo que genera el odio: tragedia. Por eso quise hacerme escuchar, pero no tuvieron el valor de aceptar la verdad. Lo lamento, mi amado. —Le colocó una garra en la barbilla para levantarle la cabeza. El muchacho estaba conmocionado. Chillaba de la impotencia—. Lo lamento tanto. Debo irme. No te haré daño. Quiero salvarte. Pronto entenderás que es lo mejor. Ya casi son las 7. Primero debo ir a otro lugar y luego comenzará el show. Sé que me acompañarás. No te obligaré a ir. Te espero en la Plaza Mariana o en el Zócalo. Tú elige. Estaré en ambos lugares al mismo tiempo. De hecho, ya estoy ahí.

Le dio unas palmadas en la cabeza con una energía paternal desacomodándole el casco. Rocco parecía un niño de 10 años disfrazado para jugar. Se subía los mocos. El pecho se le abultaba espasmódicamente. Se limpiaba las lágrimas con el dorso de las manos. Prr Prr Cat le dio tres palmaditas más en la nuca. Lo abrazó como un padre. Sin voltear a verlo, desapareció por completo.

El chico se quedó parado en medio del desastre. En el pasillo había hombres heridos de los tres bandos. El estudio estaba repleto de cuerpos derribados. Algunos guerreros todavía se arrastraban. Otros estaban inconscientes.  

Parado como el eje de la zona de guerra, tenía a su derecha el cuerpo del general Astro de Luca; a su izquierda, el del Capitán Clavel. No se sabía con certeza si estaban muertos. Lo más probable era que la vida se les estaba escurriendo como el agua estancada que se filtra lentamente por la tierra. Se le escaparon algunos pucheros.

En una esquina, Javier, quien lo presenció todo, estaba también en shock. Se arrinconó sentado con la barbilla en las rodillas y arañándose la cara.

Se escuchaba que alguien subía por las escaleras. En otro momento, Rocco hubiera recordado esa forma de ascender por los escalones, pero estaba totalmente perdido. Alguien comenzó a gritar su nombre y el de sus amigos.  

GILBERTO: ¡Videl! ¡Geraldine! ¡Rocco! ¿Dónde están?

ISAAC: ¿Qué chingados pasó aquí? ¿Quién le hizo esto a los policías? ¿Quiénes son estos otros encuerados?

GILBERTO: ¡Dios mío! ¿Qué les habrá pasado a nuestros hijos? ¿Dónde están?

El chico escuchó de espaldas a dos personas entrar. Ni siquiera volteó a verlos. Tenía la mirada perdida.

ISAAC: ¡Rocco! ¿Eres tú, hijo? ¿Qué pasó aquí? ¿Quiénes son estos hombres disfrazados? ¡Dios mío! ¡Están muertos!

GILBERTO: ¿Ese es Rocco? ¿Dónde están mis hijos? ¡Oye, muchacho! ¿Has visto a mis hijos?

ISAAC: ¡Mira! Es el conductor del noticiero.

GILBERTO: Señor Javier, ¿qué pasó? —El hombre arrinconado no respondía.

Rocco volvió en sí por un momento. Volteó hacia a atrás y vio a su padre y al señor Gilberto, pero los ignoró. Corrió a asistir al Capitán Clavel. Cuando se agachó lo encontró con los ojos inanimados, secos, marchitos. Puso la ensangrentada cabeza en su regazo. Su mente fue bombardeada con los recuerdos más soleados que tenía a su lado. Todas las veces que se refugió en El Reino de las Cruces Floridas después de haber tenido un mal día. Todas las veces que el guerrero, su guardia, el Rey Garañón y Reginaldo le transfirieron su alegría. Visualizó innumerables ocasiones en que el líder de los Floridos cargó en sus hombros pilas de cruces para plantarlas en el reino. Agradeció su servicio y prometió jamás olvidarlo. Con solemne respeto lo colocó en el piso.   

Caminó con el corazón destrozado hacia donde estaba el general Astro de Luca. A cada paso le venía una memoria. Quizás destruir la Estrella de la Muerte era algo trillado en sus sueños, pero aun así el rebelde cumplió siempre con su papel con una euforia desmedida. Jamás rechistó ante ningún capricho del actor. Comandó a su ejército en cada una de las batallas que trazaban una sonrisa en la cara de Rocco. La Alianza servía para divertir al supremo líder y así lo harían incluso el día de su muerte. Astro de Luca murió con una sonrisa, disfrutando pelear por Rocco antes de desangrarse. Fue la muerte más bella que cualquier rebelde podría tener. El chico lloró sobre el pecho del general sin poder contener todo el dolor que le causó haber permitido su muerte. Nada en la vida podría cambiar ese hecho. La culpa tendría que drenarse a través de sus infinitas lágrimas.

Los padres presenciaron la escena estupefactos. Isaac reconoció los gimoteos de su hijo; era como volver a verlo a sus cinco años sufriendo por la muerte de Gino. No había duda de que aquel muchacho envuelto en un singular traje militar era su Rocco, pero no entendía por qué les guardaba luto a esos dos hombres extraños. No dudó en llamarlo.

ISAAC: ¡Rocco! ¡Mi‘jito! ¡Por fin te encuentro!

Isaac corrió a abrazarlo, pero su hijo lo rechazó categóricamente mientras se levantaba. Puso una firme mano enfrente para separarlos.

ROCCO: No.

ISAAC: Rocco, ¿qué tienes?, ¿por qué lloras?, ¿te hicieron algo?, ¿quiénes son estos señores?

ROCCO: Nunca me vas a volver a abrazar.

ISAAC: ¿Por qué, hijo? —Nuevamente se le acercó. Su hijo lo empujó con ambas manos.

ROCCO: ¡Te dije que no! ¡No! ¡No! ¡No!

ISAAC: ¿Es que no me reconoces?

ROCCO: Te reconozco. Justo ahora mismo te conozco mejor que en toda mi vida. Por eso no quiero volver a sentir ningún afecto por ti, miserable pedazo de mierda.

ISAAC: Hijo qué… qué… ¿Qué es esto, hijo?

ROCCO: Admítelo.

ISAAC: No entiendo.

ROCCO: ¡Sí entiendes! ¡No te hagas pendejo! ¡Admítelo!

ISAAC: No sé qué te pasa. Te desconozco.

ROCCO: ¡Admítelo ya!

ISAAC: ¿Qué quieres que admita?

ROCCO: ¡Que tú mataste a Gino!

ISAAC: ¿Yo?, ¿qué?

ROCCO: ¡Admítelo! ¡Admite que tú lo mandaste matar!

ISAAC: Estás muy mal, hijo. Ven. Vamos a llevarte al hospital.

ROCCO: ¿No lo vas a admitir? No me trates como a un loco. Sé que ordenaste que lo mataran. Sé toda la historia entre mi mamá y tú. Sé que me mentiste haciéndome creer fantasías sobre mi hermano. Usaste el teatro para fomentar un estúpido sueño que no tiene ningún sustento.

ISAAC: ¿Quién te dijo todo eso?

ROCCO: Cualquiera. ¿Qué importa? Todos lo saben.

ISAAC: Claro que no, hijo. ¿Cómo crees que yo sería capaz de eso?

ROCCO: Déjame. Nunca más me vas a volver a ver.

Rocco corrió hacia el centro del estudio. Con su intercomunicador teletransportó los cuerpos de los guerreros floridos, el Capitán Clavel y Astro de Luca a su nave. Presionó un botón en la muñeca derecha de su traje para hacerse invisible. Isaac se quedó paralizado. Gilberto los miraba detrás de él también desconcertado.

Rocco activó unos propulsores en sus botas que se escucharon, pero no se vieron. Atravesó la pared y se fue volando hacia su nave. El viento se estrelló en su cara limpiándole las lágrimas. Su rostro de pavor se volvió de furia. Rechinaba los dientes. Tenía el estómago duro. No quiso perder ningún segundo. Abordó su nave y fijó las coordenadas hacia la Basílica impulsado únicamente por el odio y por la furia.   

Comentarios

Entradas populares