DREAM WARS: EPISODIO 26 - EL RESCATE DEL SUPREMO LÍDER

Hace mucho tiempo, en una dimensión muy, muy lejana…

(Música épica suena)

                                                     

DREAM WARS

EPISODIO 26

EL RESCATE DEL SUPREMO LÍDER

 

La ambición del malvado Prr Prr Cat lo llevó a secuestrar a Rocco, su protegido, para obtener un poder ilimitado. Su plan era cubrir la tierra con su amor, puesto que pensaba que de este modo complacería a su cautivo.

La desquiciada forma de actuar del villano motivó a un ejército de rebeldes liderado por el valiente general Astro de Luca para ir a rescatar a su supremo líder. Ellos unieron fuerzas con la Guardia Florida y los carismáticos hermanos León, formando así la que fue conocida como La Nueva Alianza Rebelde. El equipo planeó una misión de rescate en los territorios del temible Prr Prr Cat, desatando de este modo la que hasta ahora se conoce como la mayor de todas las guerras oníricas…

Una seguidilla de veloces naves rompía la barrera del sonido para atravesar el espectro onírico. Los primeros en llegar a su destino descendieron la velocidad para frenarse. El cambió provocó un efecto visual que hacía ver a las naves como si hubieran aparecido de pronto. Los asombrosos vehículos sobrevolaban el vacío posicionados frente a una fortaleza invisible.

Mientras tanto, el Halcón Milenario aún no se presentaba. Su escueta tripulación viajaba a la velocidad de la luz. Veían por el parabrisas una serie de ráfagas de luces que aparecían y desaparecían sobre un fondo negro. Videl le avisó a su compañero que apagaría el motor hiperimpulsor. El gungan se agarró de donde pudo para no terminar estrellado. Cuando abandonaron la velocidad de la luz, se dieron cuenta de que fueron los últimos en llegar.

La flota de trescientas naves se encontraba detenida esperando la orden del general. Cuando esta llegó, cada vehículo adoptó su posición de ataque. Al parecer no había líneas enemigas esperándolos o cabía la posibilidad de que se tratara de una trampa.

El general aguardó a que cada una de las unidades confirmara que estaba lista para atacar. Cuando terminó de recibir los mensajes sostuvo unos segundos el aliento para finalmente vociferar un enérgico “¡ataquen!”.

Una lluvia de luces se impactó sobre la fortaleza invisible. El espectáculo era tal que parecía una explosión de fuegos artificiales. Sin embargo, cada impacto era repelido por una barrera transparente. Al rebotar los disparos, se dejaban ver unas tenues ondas expansivas que indicaban el punto exacto en el que se estrellaba el blaster. La superficie era tan dura que algunos disparos rebotaban con la fuerza suficiente para dañar algunas naves. Cuando el general notó que el ataque estaba siendo contrarrestado ordenó a todos que se detuvieran.

Dos cazas se acercaron para hacer labor de reconocimiento. Lanzaron un disparo electrificante que se propagó por la superficie de la fortaleza dejando ver que tenía la forma de un domo. Pudieron ver su tamaño y forma. Era una semiesfera gigante con una altura similar a la de un edificio de cinco pisos.

El general mandó a un grupo de naves a buscar un punto de acceso, alguna zona que pudiera ser penetrada.

No había ningún enemigo a la vista. Sin embargo, cabía la posibilidad de que estos también se pudieran volver invisibles para tenderles una trampa. Astro de Luca se preparaba mentalmente para cualquier cosa.

Finalmente, un miembro del equipo de reconocimiento encontró un punto de acceso. Al parecer, era el único lugar que podía ser penetrado. El general se acercó para cerciorarse de que la entrada fuera segura y posteriormente ordenó a todas las unidades entrar.

Como lo habían previsto, el domo era una fachada. Dentro de él se escondía un territorio en tinieblas. Parecía un cementerio desolado. Una superficie fangosa sostenía escasos árboles con los troncos torcidos, con las ramas enroscadas y hojas secas que pendían de sus puntas. La superficie no era totalmente plana, había algunos pantanos donde se reflejaban los rayos argentados de una luna cacarañada. En algunas zonas había llanuras grisáceas y bultos de tierra que parecían tumbas improvisadas. Al parecer, no se detectaba ningún ruido, tampoco ninguna presencia.  

La flota sobrevoló la zona y rápidamente se dieron cuenta de su finitud. El espacio no llegaba a superar los 8000 m2. Era tan pequeño que las naves hacían esfuerzos para no chocar entre sí. Rocco debía estar ahí. Los espías detectaron su presencia en ese lugar desde hace mucho, ¿pero en dónde?

Cuando los rebeldes se aseguraron de que era seguro salir a tierra, abandonaron sus naves para hacer una búsqueda a pie. El general conservó la calma. Se acercó con su hermana para escuchar ideas.

—¿Es una trampa?

—No estoy segura.

—¿Enviamos al equipo de búsqueda?

—Sí. Que revisen bien la superficie. Los pantanos, los bultos; quizá hay algo más debajo de todo este lodazal.  

La almirante se retiró para dar la orden y Astro de Luca miró a la luna espejeante para pedirle ayuda.

Después de una hora de revisar todo el lugar, el equipo de búsqueda no halló ninguna pista. La impaciencia comenzaba a hacerse presente. El hombre a cargo tenía que hacer algo extra. Tenía que buscar soluciones en donde parecía imposible. Por algo se ganó ese puesto. Era momento de validarlo.

Les pidió a Videl y a Geraldine que bajaran de sus naves para acompañarlo. Dejó a cargo a su hermana y ordenó a todos no bajar la guardia pues en cualquier momento se podría presentar un ataque del enemigo. Los rebeldes conocían bien a su líder, sabían que tenía un plan, así que todos comenzaron a cargar sus armas ya que presentían que pronto comenzaría un ataque.

Los hermanos León abandonaron sus respectivas naves. Siguieron al general un tanto extrañados.

—¿Pasa algo, jefe? —Dijo Videl.

—Únicamente los necesito a ustedes dos.

—¿Por qué nos estamos apartando del resto del ejército? —Preguntó Geraldine.

—Se me acaba de ocurrir una idea.

Astro de Luca caminaba muy concentrado sin darles explicaciones a los muchachos. Miraba a la luna constantemente; ellos veían ese acto como una señal de desesperación.

—Órale. Ya llegamos al otro extremo de esta… ¿Isla?, ¿crees que Rocco pueda estar por aquí? —Mencionó Videl.

—Eh… Sí. Algo así. —Se notaba distraído, como si buscara un objeto que se le cayó al suelo. No hacía contacto visual con los chicos.

—¿Se encuentra bien? Díganos en qué podemos ayudarle —lo interpeló Geraldine.

—¿Ayudarme? Sí. Este… Sí, sí van a ayudarme.

—Astro: deberías calmarte un minuto. Te ves muy ansioso.

—Quisiera calmarme, Videl, pero no me es posible. —Al fin lo volteó a ver a los ojos—. Dime una cosa: ¿por qué fuiste el último en llegar?

—¡Ja! Perdóname. Como verás, es la primera vez que vuelo un Halcón Milenario —respondió con un rastro de sarcasmo.

—¿En serio? ¿Por qué tu hermana no parecía preocupada por ti? Ella fue de las primeras en llegar y jamás la vi inquieta por saber en dónde estabas. ¿Exceso de confianza fraternal?

—¡Ay! —Interrumpió Geraldine—. Se ve que no nos conoce. Será mi hermano menor, pero no soy su mamá. No voy a andar al pendiente del niño todo el tiempo.

—Ustedes conocen a Rocco de casi toda la vida, ¿verdad?

—Simón. 

—Sí.

—¿Seguros?

—General. —Geraldine se sentía bastante acorralada—. Nos está poniendo nerviosos. Entiendo que está inquieto porque no encontramos a Rocco, pero tenemos que conservar la calma todos, sobre todo usted.

—Solo quiero saber una cosa —Astro de Luca hablaba en un tono retador. Su rostro era serio. Tomaba distancia de los chicos mientras ellos dudaban si seguirlo o dejar que se apartara—: ¿son conscientes de que los padres de Rocco no le permitían ver películas de terror?

—No sabría decirte. Creo que alguna vez vimos un par de esas juntos —contestó Videl—. ¿Eso qué tiene que ver ahora?

—Vaya. Qué buenos amigos eran.

—¿Qué insinúas? —Yeti comenzaba a irritarse con la actitud del líder.  

—Parece que no conocen a su amigo.

—General, está hiriendo nuestros sentimientos. —Geraldine también se mostraba incómoda.

—¿Por qué creen ustedes que Rocco no podía ver ese tipo de películas?

—¿Porque se hacía pipí en la cama? Ja, ja, ja, ja —bromeó Videl.   

—¿Te parece gracioso? A mí me parece risible que ustedes no sepan que Rocco tiene cierta tendencia a la violencia. Que después de presenciar el asesinato de su hermano se volvió agresivo. Que golpeaba a sus compañeros de la primaria a la menor provocación. Tú estuviste ahí, ¿no, Videl? ¿Ya lo olvidaste? Toda esta información la sabemos los que habitamos en esta dimensión porque él nos lo ha dicho en sueños. ¡Intuyo que sus mejores amigos tendrían que saberlo! Tendrían que ayudarme a entender una cosa: ¿por qué los esbirros de Prr Prr Cat, desde que lo secuestraron, lo tienen sometido con escenarios imaginarios sacados de esa clase de películas si Rocco nunca las veía? —Alzó la voz gradualmente.   

—No te atrevas a meterte con eso —lo confrontó Yeti—. No sabes todo lo que hemos pasado juntos. Somos casi hermanos. ¿Y qué si olvidé un detalle de nuestra infancia? Soy un güey muy despreocupado. Se me olvidan las cosas con facilidad.

—¿Detalle? Ja, ja. ¿Dijiste “detalle”? Fíjate que para mí los detalles son muy importantes. Si no les pusiera atención a los detalles no sería general. Como, por ejemplo, el detalle de que fuiste el último en llegar hace un momento.

—Otra vez con eso. Una cosa es ser precavido y otra cosa es ser paranoico. Fui el último en llegar porque no tengo práctica, además de estar acompañado por un copiloto al que no le entiendo ni un carajo. A esos detallitos nos les pusiste atención antes de asignarme el Halcón, ¿verdad?

—¿Sabes qué otro detalle llamó mi atención? Que a pesar de que llevo este cinto a la vista, tú jamás mostraste interés por él. Como si no supieras para qué lo llevo puesto.

—Ja, ja, ¿y quién dice que no lo sé?

—Me lo dice el hecho de que no podrás esquivar lo que viene.

Con un increíble y ágil movimiento de manos desenvainó el mango que pendía de su cinto. Presionó un botón que activó un refulgente sabe de luz. El brillo verde se reflejó en los ojos asustados de Videl. Con un movimiento impresionante, el general cortó de tajo al chico. Sorprendido, Yeti observó cómo su cuerpo se dividía en dos partes.  

Cuando Geraldine vio a su hermano partido, se desgarró la garganta con ensordecedores gritos. Corrió botando lágrimas hacia el cuerpo rebanado de su hermano. Mientras, el general abría el compás, extendiendo ambas manos en una pose de victoria.

Geraldine le gritaba improperios. Lo miraba con una furia que le encendía los ojos, eran tan luminosos como el mismo sable de Astro de Luca. El general volteó hacia donde se encontraba su ejército. No podía distinguir cuerpos, pero sí conjuntos de diminutas luces que se multiplicaban poco a poco. Pronto se vio rodeado de miradas eléctricas. Parecía como si una manada de gatos nocturnos lo acecharan.

Tomó la empuñadura del sable con ambas manos. Colocó el láser justo en medio de su cara. Los dos hemisferios de su rostro quedaron divididos por la recta línea verde fluorescente. Su mirada estaba clavada en su próxima víctima: Geraldine. Estaba a punto de decapitarla cuando la chica comenzó a hablar en un tono gutural que claramente no era el de ella.  

—Sabíamos que no sería sencillo engañar al mismísimo general de la Alianza Rebelde.

—Les agradezco su reconocimiento, pero me parece que me han subestimado de alguna forma.

—¡Ah! ¿Sueles confiar mucho en lo que te parece?

—Pocas veces me he visto defraudado por mi intuición.

—Si consideras a la intuición como tu carta de victoria estás en serios problemas.  

Todo lo que la vista del general captaba adquirió una textura viscosa. Como la cera derretida por el calor, los objetos comenzaron a despedazarse en el piso. El fango se hizo más resbaloso y el general cayó dentro de un agujero. Intentó sostenerse de la tierra, mas los objetos se volvieron tan líquidos que fue imposible asirse. Se encontró en caída libre, sobre un vacío sin luz, con materia viscosa cayendo a lado de él. La misma voz volvió a hablarle, pero mucho más amplificada. Dejaba un eco detrás de cada palabra. En su desesperación, el general daba sablazos al aire mientras giraba en la nada.

—No debiste desafiar al Emperador Onírico —dijo la imponente voz—. Sabes que en esta realidad no hay nadie capaz de enfrentarlo.  

—Nos gusta desafiar lo prescrito. Tal vez por eso nos llaman rebeldes.

—¡Ah! Piensas que el coraje de tu sublevación te impulsará para elevarte hasta su altura, pero aquí no existen los mártires. Puedes jugar al héroe, sin embargo, te aseguro que no llegarás ni siquiera a mirar al Redentor a los ojos.

—No necesito estar a su altura. Puedo vencerlo cortándole los pies.

—Tu patética insurgencia te da el valor para presumirte elocuente. No obstante, nadie puede escucharte. Es absurdo que pienses que puedes salvarte con tus palabras.

—¿Acaso no te escuchas? Te notas desesperado por intimidarme con tus discursos. Hasta elegiste la ayuda del eco para oírte más imponente.  

—Pronto se te secará la garganta y no tendrás ni una palabra de consuelo. Entenderás que tus desafíos escuetos son patadas al viento. Te arrepentirás de haber atentado contra el amor.

—¡Bah! Dejen de llenarse la boca con ese absurdo discurso que me da asco. El amor no tiene nada que ver con estas tonterías. Son locuras.

—¿Qué sabes tú de la locura?

—Que debe ser tratada y no venerada.

—¿Intentas hacernos creer que alabamos a un loco?

—Intento cortarlos en pedazos, para empezar. Ustedes son un caso perdido. No son capaces de darse cuenta de que a la locura se le sigue el rastro por el daño que deja a su paso, pero sobre todo, por el daño que le causa a quien la posee. El amor es justamente lo contrario. Pero a mí no me interesa convencerlos de nada. Por eso tomé las armas en vez de un micrófono.

—¿Armas? Veo que tienes un simpático juguete en la mano que no sirve para nada. Posees un arsenal impresionante. Lástima que no sepas dónde está.

—¡Ah! Sí. Bueno. Está por ahí. No soy indispensable para completar el rescate. Mi ejército se hará cargo. Cada uno de ellos sabe lo que tiene que hacer.

—Rocco no te pidió que lo rescataras. Él está protegido por su salvador. Para eso lo creó. No los necesita a ustedes. Los rebeldes solo sirven para jugar.

—Y eso es lo que estamos haciendo. Venimos a jugar con él. Lo necesita. Ha estado muy atribulado últimamente. Es normal. Eso pasa cuando te secuestran en tu propia mente.

—Esto no es un secuestro. Le hemos dado un refugio.

—¡Por favor! El chico está en contra de su voluntad. Lo han confundido para mantenerlo sumiso. ¿Películas de terror? ¡Vamos! Rocco no le teme a eso porque ni siquiera las conoce. Sus papás no dejaban que las viera. Cuando creció nunca tuvo interés en verlas. No puedo creer que ustedes no sepan eso. Los verdaderos Videl y Geraldine deben de saberlo. Y aunque las hubiera visto, se necesita mucho más que eso para perturbarlo. La violencia que presenció cuando asesinaron a su hermano es peor que cualquier escena de horror. Los hombres que propagan la violencia en su país son los verdaderos monstruos. Le hicieron creer al muchacho que esas cosas lo asustan para mantenerlo a raya. Le llenaron la cabeza de tonterías. Si para ustedes eso no es un secuestro es porque son unos completos imbéciles.

—¿Fue por eso que nos descubriste?

—Por eso y porque programé la nave de Videl para que fuera la primera en llegar. El chico no lo sabía. No podría aprender a manejarla en tan poco tiempo. Cuando vi que llegó al último supe que algo andaba mal.

—Conque tenemos a un líder astuto. Pero dejarás de serlo cuando te estrelles con el piso.  

—¿Piso?

El general se topó con una plancha sólida en la que terminó embarrado. El tremendo impacto lo dejó maltrecho. Recogió su sable. Intentó ponerse de pie, pero la superficie comenzó a quebrarse como si fuera de cristal. Cuando volteó para abajo vio que estaba parado sobre una pista de hielo. Finalmente se quebró y volvió a caer. Se estrelló sucesivamente contra superficies de diversos materiales. Plataformas de vidrio, de arena, de madera; todas las atravesaba con el peso de su espalda. Cada golpe causaba carcajadas en la voz intimidante. Fueron tantas las caídas que Astro de Luca empezó a desesperarse. Llegó el momento en que decidió volver a conversar con la voz.

—¡Oye! ¡Oye, tú! Quería decirte algo más.

—Di lo que quieras, tienes tiempo para hacerlo. Caerás aquí eternamente. Habla solo si no puedes lidiar con la desesperación.

—¿Eternamente? ¡Wow! Eso suena terrible. Bueno, con respecto a nuestro anterior tema. Te quería decir que realmente no me siento muy listo.

—¿Te estás ablandando?

—No. Es solo que el asunto no es que yo sea poco listo, sino que ustedes son muy idiotas.

—Sigues con eso. Tus insultos no nos afligen.

—Idiota: quiero hablar con tu jefe, idiota.

—Habla con tu propia miseria.

—Eso sería interesante, pero no tengo tiempo ahora. No tarda en llegar uno de mis hombres a sacarme de aquí.

—¿De qué hablas? Ni siquiera sabes dónde está tu ejército.

—No, pero la cosa es que este sujeto se encontraba en una misión aparte. No partió con nosotros.

—Ya me cansé de tus palabras. Te dije que ellas no te salvarán. Te coseré la boca. —Una aguja y unos hilos le brotaron de los labios. Comenzaron a cosérselos. El general no expresaba más que murmullos. La voz se carcajeó disfrutando la humillación, sin embargo, una tercera voz lo sorprendió.

—Olvidaste coserme los labios a mí… ¡Ey! ¿Estás ahí? ¿Por qué cesaste las carcajadas? ¿Te has cosido los labios a ti mismo?

El oscuro vacío se iluminó hasta volverse completamente blanco. El general cayó en una plataforma que no se quebró. La tercera voz volvió a interpelar al enemigo escondido.

—Veo que has decidido prender las luces. ¿Lo hiciste para verme? Ni así me lograrás encontrar. ¿Sigues ahí? Hooolaaaa…

—Te equivocas. Te he encontrado.

Un fulminante rayo impactó a una nave camuflada que cayó carbonizada como una mosca. El general observó cómo la nave caía humeando por todos lados. La voz intimidante se volvió a carcajear. Sin embargo, una segunda nave, del tipo Cañonera Braha’tok, apareció de la nada y voló hacia donde estaba Astro de Luca. El piloto lo invitó a entrar. Cuando el general estaba a punto de hacerlo, todo volvió a convertirse en tinieblas.

—¡Oh! Crees que puedes controlarnos si apagas la luz —dijo el piloto—. Crees que puedes observar todo desde una posición privilegiada, pero nunca te preguntaste si alguien te observa a ti. Puedes voltear en todas las direcciones, pero tu espalda siempre tendrá un punto ciego.

—Válganse de todos los trucos que quieran. De todos modos, ustedes nunca tendrán las fuerzas para derrotarnos.  

—Bueno, en algo tienes razón —contestó el general, quien se había despojado de los hilos—, nuestras fuerzas no se comparan con las suyas, pero solo necesitamos una. Solo necesitamos… ¡La Fuerza!

Nuevamente el fondo se iluminó de blanco. Otro rayo volvió a caer, mas esta vez no para impactar a los rebeldes. Desde arriba, un ser electrificado descendía en caída libre. Era un perro de raza crestado chino. Pataleaba en el aire con sus manos en su cuello, parecía buscar librarse de un estrangulamiento. Llegó hasta la plataforma en donde la cañonera que rescató al líder aguardaba. Astro de Luca extendía la mano dirigiéndose hacia el perro, que luchaba por librarse de la asfixia.

—Qué impresionantes ilusiones, pero se les olvida que, al igual que su jefe, nosotros también nos criamos aquí. También sabemos jugar con la imaginación de nuestro supremo líder. —El general, quien tenía el control sobre la asfixia del perro, ejerció mayor presión entrecerrando un poco sus dedos. Lo levantó en el aire y luego lo atrajo hasta él—. Quizá no “pueda ver a tu jefe a los ojos”, pero a ti sí. No volverás a hablar por tu propia cuenta. Ahora harás todo lo que te ordene. Desaparece la ilusión. —El perro dejó de luchar. Bajó las patas. Tenía la mirada extraviada. Ya no tenía voluntad sobre sus acciones. El fondo blanco y la plataforma desaparecieron. Nuevamente flotaban sobre el vacío onírico. El piloto misterioso bajó de la cañonera dejando ver su rostro, un rostro que tanto Rocco como Videl conocían a la perfección—. ¿Dónde te parece que estamos? 

—Creo que cerca de donde se lleva a cabo la verdadera batalla.

—Vayamos para allá entonces. ¿Localizaste mi nave? Quiero pelear por mi cuenta.

—Sí. Te llevaré hasta ella.

Con el poder de La Fuerza, el general hizo levitar al perro para meterlo en la nave. Los dos rebeldes la abordaron después. El piloto fijó las coordenadas y ambos partieron a la velocidad de la luz hacia donde estaba el destructor de Astro.

Con una transición de cortinilla hacia la derecha, perdimos de vista a la cañonera y comenzamos a ver el escenario de la verdadera guerra. En medio del vacío verdoso y morado flotaba una pequeña isla en la que no había otra cosa más que una gigantesca mansión tenebrosa. La pesada oscuridad apenas si era contrarrestada por una resplandeciente luna llena que daba todo de sí misma para iluminar un poco el espacio. Las naves rebeldes disparaban contra hordas de zombies voladores que se regeneraban tras cada herida, ellos les impedían a los rebeldes aterrizar en la isla. Adara y Ahsoka dirigían las acciones. El objetivo era penetrar el tétrico inmueble. Se presumía que ahí estaba Rocco. El ejército rival estaba plagado de monstruos terroríficos. Habían protegido su fortaleza con éxito. Los embates de los rebeldes no los habían hecho retroceder ni un poco.

El radio de la cañonera de la almirante comenzó a hacer interferencia. Era su hermano, quien intentaba comunicarse con ella. Al escuchar su voz se sintió aliviada.

—¿Dónde estás, Astro?

—Me desvié un poco del camino, pero mi amigo, a quien tú conoces muy bien, siguió el plan de emergencia a la perfección. Ya estoy llegando. ¿Cómo les va?

—Conque vienes con él. Nosotros no nos hemos acercado mucho. Esos monstruos son duros. ¿Quieres que mande ya a los muchachos?

—No. Que esperen un poco más hasta que llegue. ¿Tuvieron problemas con las ilusiones?

—Pan comido para nosotros. Videl y Geraldine las padecieron por un rato, pero no tardamos en ayudarlos. No sé en qué momento te distrajiste que te lograron separar de nosotros.

—Sabes que a veces me confío de más. Yo era su prioridad, pero jamás me derrotarían con eso. El sujeto que lo intentó lo sabe, por eso me acompaña aquí en la nave. ¿Qué hay de ustedes? ¿Capturaron a los demás perros tenientes?

—No. Al ver que las ilusiones no les funcionaron se refugiaron dentro de la mansión.

—Muy bien. Ya casi llegamos.

—Dense prisa.

Ambos pilotos apagaron sus respectivos hiperimpulsores. Pasaron de ver un montón de luces en barrido a plantarse frente al escenario de la guerra. Era una lucha impresionante. Ninguna de las fuerzas cedía un solo centímetro.

Al ver el destructor de su líder, los rebeldes celebraron y se impregnaron de motivación.

Los recién llegados entraron de inmediato a la acción. Esquivaban una especie de meteoros de fuego que los zombies escupían por la boca. Lo hacían con una habilidad loable.

—Ordénale a tu ejército que se repliegue —dijo Astro al perro teniente que seguía en trance. El can procedió a obedecerlo. De un parpadeo obligó a los zombies a caer en el vacío. Desde dentro de la mansión salieron nuevas líneas enemigas, pero el líder rebelde las replegó de la misma forma—. Manden a los que quieran. Tenemos todo el día.

Al ver que sus soldados se dejaban caer sin ninguna razón, los tenientes enemigos cambiaron su estrategia.

Los rebeldes aprovecharon el momento para aterrizar en la isla. El general ordenó a los hermanos León que hicieran su movimiento. Los muchachos descendieron de sus naves, de igual forma lo hizo la Guardia Florida. Los guerreros del Rey Garañón realizaron una formación en cuña dejando a los chicos hasta atrás. El objetivo era escoltarlos hasta dentro de la mansión.

El Capitán Clavel dirigía a sus hombres con valentía. Los hermanos León portaban sus blasters. También se sentían listos para defenderse. El grupo marchó hacia la entrada del inmueble. Justo cuando estaban a punto de llegar, unas gigantescas pisadas cimbraron el suelo.  

De la entrada de la mansión salieron dos enormes licántropos que apenas si cabían en la puerta. Voltearon a ver a la solitaria luna llena como si fuera su guardiana. Emitieron aullidos insoportables para los tímpanos. De golpe aumentaron su tamaño hasta unas diez veces. Ahora eran colosales monstruos que flotaban frente al muro de naves. La guardia se dispuso a enfrentarlos con una valentía admirable, sin embargo, Astro de Luca habló por un altavoz que se encontraba en el exterior de su destructor para ordenarles que se detuvieran.  

—Capitán Clavel, le ruego que se detenga. No se preocupe. Nosotros nos encargaremos de los cachorros. Ordénales que se lancen al vacío —le dijo al perro cautivo.

—No puedo cumplir esa orden. Las bestias son controladas directamente por los tenientes de la mansión.

—Muy bien, contaba con que no sería tan fácil.

—¿Ejecutarás el plan de ensamble? —Le preguntó el piloto misterioso que lo había rescatado.

—Sí. Creo que es buen momento para lucirnos. ¿Hermana, me escuchas? Hagamos la formación Dios Máquina.

—¿Estás seguro?

—¡Claro! Confía en mí.

El escuadrón que aguardaba en tierra volteó hacia arriba al ver que seis naves rompieron la formación de ataque para alinearse. Se ensamblaban una sobre otra. Estaban formando una nueva figura. Tal movimiento causó un brillo especial en los ojos de Videl que no podía evitar que la boca se le abriera de la impresión.

—¡No-ma-mes, Gera! ¡Se están fusionando como en los Power Rangers! Esto sí es un Megazord. Pinche Rocco, ¿por qué no estás viendo esto?

—Porque está secuestrado ahí dentro, tonto.

—¡Ah! Es verdad.

Tal como lo dijo Yeti, las naves estaban formando lo que parecía ser un gigantesco guerrero. Comenzó a sonar una enérgica canción con tintes de rock ochentero de baja calidad que le agregaba emoción al asunto. Las piernas del guerrero se formaron con las dos Cazas Estelares T-65 Ala-X tripuladas por Noketzal y Freya. El tronco, por la fragata Nebulón-B de Ahsoka Tano. Las dos cañoneras de la almirante y el piloto misterioso modificaron su estructura para formar ambos brazos; sus cañones turboláser y sus lanzadores de misiles lucían imponentes. Finalmente, la cabeza del impresionante Dios Máquina se ensambló en el resto del cuerpo cuando, ante el asombro de todos los presentes, el gigantesco destructor estelar del general cambió su estructura triangular a una semicircular. De su casco se abrieron un par de compuertas para mostrar los intimidantes ojos brillantes del nuevo guerrero. Una enorme espada salió del cañón de la Braha’tok que tripulaba Adara. El súperguerrero la blandió con inusual destreza. Realizó una genial pose en el punto más álgido de la canción. Cuando terminó, una enorme tarjeta en el cielo con caracteres orientales (que ninguno de los presentes sabía si eran japoneses o chinos) anunció su nombre. Los hermanos León se deshicieron en aplausos con la apabullante presentación. 

—¿Qué dice ahí? —Preguntó Videl.

—No, sé, güey. ¡Olvídalo! Prepárate porque ya vamos a entrar.

—Pero necesito saber cómo se llama.

—¡Pon atención!

El flamante Dios Máquina era comandado principalmente por Astro de Luca. Los otros pilotos lo apoyaban. Desde sus respectivos lugares cada uno accionó una palanca con un mango rojo brillante. Desde el centro del cuerpo del súperguerrero se abrió una compuerta que ocultaba lo que parecía ser un enorme cañón de turboláser. Se le auguraba un poder destructor incalculable. Ahsoka Tano apuntó a uno de los licántropos. Fijó el objetivo con ayuda de un telescopio. Los gigantes peludos emitieron un poderoso aullido y se pusieron en marcha para atacar a su enemigo. El cañón central estaba listo para disparar, solo esperaba la orden del general.

—¿Listos para el gran impacto?

—Cuando usted lo ordene, general —dijo la almirante de flota.

—Vamos a divertirnos un poco. ¡Dispara!

El cañón soltó un tremendo disparo láser de un diámetro monstruoso que impactó de lleno contra uno de los licántropos. La bestia fue empujada a kilómetros fuera de la isla dejando escapar un chillido de lamento. Voló tan lejos que no se vio su paradero. Videl no pudo contener la emoción. Celebró escandalosamente. El ataque dio muestra del impresionante arsenal de los rebeldes.  

El segundo licántropo estalló en furia. Aullando, emprendió una carrera contra su enemigo. El guerrero colosal cargó el siguiente disparo, pero el hombre lobo fue más veloz y le dio alcance. Comenzaron a forcejear cuerpo a cuerpo. El guerrero lo atacaba con su enorme espada, pero el monstruo desviaba el ataque con sus garras. Ambos atlantes sacaban chispas en cada encontronazo. Era una pelea asombrosa. La bestia mordió el cañonero donde estaba el piloto misterioso. Una luz roja se encendió en su cabina. No tuvo de qué preocuparse ya que la unidad tripulada por Adara golpeó al monstruo de lleno en la cabeza. Eso solo aumento su furia. Astro de Luca vio cómo los colmillos de su oponente crecían al tamaño de una fragata. No pudo ordenar el siguiente ataque porque los filosos sables se clavaron en una de las piernas del Dios Máquina dejándola casi inhabilitada. El soldado del Emperador Onírico era mucho más peligroso de lo que imaginaban. El hombre a cargo sabía que, a pesar de la ferocidad de la batalla, la misión para rescatar a Rocco no había cambiado ni un poco.

—Capitán Clavel, es su momento de entrar a la mansión —dijo Astro de Luca por el altavoz con un poco de interferencia por los embates del rival.

—¡Guardia Florida!

—¡Sí, Capitán!

—¡Avancen!

Una nueva horda de zombies salió a cargar contra el resto de las naves rebeldes. Los guerreros marcharon hacia la entrada entre el tumulto de la batalla. Tenían la encomienda de buscar en cada rincón de la mansión hasta hallar a Rocco.

La avanzada se plantó en el vestíbulo. La puerta se abrió por si sola. El interior del inmueble era aterrador. Los muebles, las paredes, las ventanas, la decoración, todo era totalmente negro, de un negro carbonizado, como si hubiera sido quemada. Daba la apariencia de que, de ser posible, podría sentirse un frío intolerable. Estaba escasamente iluminada por unas velas intermitentes. Había telarañas enormes en las esquinas. Se escuchaba el eco de una gotera. Ruidos de criaturas anormales a lo lejos.

Frente a ellos había unas enormes escaleras por las que no se podía subir ya que tenían un agujero en los escalones centrales. Había dos pasillos en los extremos de la casa. El Capitán ordenó ir por la derecha. El escuadrón se puso en marcha. Debido a la escasa iluminación avanzaban precavidos sin romper la formación. Los hermanos León miraban con miedo las paredes deterioradas por unas flamas antiguas. Cuando llegaron a la mitad del pasillo, el Capitán ordenó a todos detenerse. Algo no pintaba bien. Remarcaba su talón en el piso de madera para comprobar su firmeza. La superficie se escuchaba hueca, rechinaba de una forma que les provocaba desconfianza. Estaba a punto de ordenar que retrocedieran cuando la mitad del piso desapareció de súbito. Cayó el Capitán Clavel con la tercera parte de la Guardia. El resto permaneció en la mitad del piso que aún existía. Se asomaron al agujero naciente para buscar a sus compañeros, pero apareció la parte ausente del suelo enterrando a los guerreros debajo de sus maderos. Los demás picotearon el piso con lanzas y espadas, pero no lograron penetrarlo. A pesar de ser de madera, tenía una dureza irreconocible.    

Junto con el Capitán Clavel cayeron Cempaxúchitl y Amapola, el segundo y tercero al mando de la Guardia respectivamente. Así que un guerrero llamado Narciso, que era el siguiente en la jerarquía, tuvo que tomar el mando. Regresaron al vestíbulo. Narciso ordenó ir ahora por el lado izquierdo. Pidió que no perdieran de vista a los dos hermanos. La casa estaría llena de trampas, por lo que avanzaron con suma precaución.

Tras comprobar que no hubiera trampas ni en las paredes ni en el piso, Narciso continuó la búsqueda. Estaban a punto de llegar al final del pasillo cuando una siniestra risa de payaso les heló los huesos a todos. Narciso les ordenó que se detuvieran. Levantó su lanza presintiendo un ataque. Sostenía virilmente su escudo. Miraba concentrado en todas las direcciones, pero las escasas velas que alumbraban el camino no revelaban mucho.

Uno de los guerreros que estaba más cerca de los hermanos fue levantado de las axilas por una criatura escurridiza. Nadie tuvo tiempo de detenerlo. Desapareció en el techo oscuro. Unas risillas traviesas se escuchaban desde arriba. Antes de que pudieran asimilarlo, otro guerrero sufrió la misma suerte. Su espada y su escudo cayeron al suelo. Los ruidos de las criaturas eran similares a los de los monos.  

Para evitar más pérdidas, Narciso les ordenó a todos avanzar. Doblaron hacia la izquierda introduciéndose en un nuevo pasillo, pero otros dos hombres fueron sustraídos.

Otra criatura descendió para intentar raptar a Narciso, mas este pudo clavarle su lanza en el pecho haciéndola caer al piso. Cuando se acercaron a verla de cerca notaron que era una especie de mono araña con la cara cadavérica. Narciso le volvió a clavar su lanza para evitar otra sorpresa.

Doblaron ahora hacia la derecha y se toparon con una puerta que les obstruía el camino. Cuando quisieron retroceder se dieron cuenta de que la salida había sido sellada por una pesada reja que cayó del techo. Un guerrero comprobó su dureza cuando su pie fue rebotado después de patear uno de sus barrotes. La perilla de la puerta giró sola soltando un tenue rechinido. Se abrió unos centímetros invitándolos a pasar. Geraldine le advirtió a Narciso que probablemente se trataba de otra trampa. El guerrero se quedó un rato reflexionando. Al sentirse impotente por no evitar la merma de su guardia, dio una iracunda patada sobre la puerta, la cual se azotó contra la pared aflojando la perilla. Sin pensarlo dos veces, entró en la habitación dando un grito de batalla y con su lanza apuntando al frente. Estaba dispuesto a enfrentarse a lo que fuera. El acto motivó al resto de los guerreros quienes no les prestaron atención a las advertencias de Geraldine. Los hermanos León tuvieron que seguir a la Guardia para no rezagarse.

Los guerreros tiraban espadazos o batían sus lanzas, pero no había enemigos que herir. La habitación estaba completamente vacía. Formaron un círculo dejando a los hermanos en medio. No avanzarían hasta que el enemigo hiciera su movimiento. Esta vez no había ni una sola vela en la habitación.

Geraldine sacó una bengala de su bolsillo. La encendió provocando una cascada de chispas y se la pasó a Narciso. El nuevo líder de la Guardia Florida apuntó con ella hacia el frente. Notaron que había una especie de escultura de piedra frente a ellos. La luz era insuficiente para conocer sus detalles. Era una pieza enorme, como de cuatro metros. Parecía un dragón o un ave con alas de ángel.

Una violenta corriente de aire entró por unas ventanas que nadie había notado. Las ráfagas cortaron a algunos guerreros quienes jamás se quejaron.

Del suelo se encendieron unas columnas de luz que rodeaban la escultura. Solo entonces pudieron ver sus detalles: tenía la mano levantada a la altura del cuello. Cuatro alas en su espalda. Su cara era aterradora. Aunque parecía un dragón, no se identificaban bien sus rasgos. Tenía el cuerpo de un homínido. Una fálica serpiente zigzagueaba por en medio de sus piernas. La única persona que pudo reconocerla fue Geraldine.

—Mmm… ¿No será…? ¡Ah, no mames! Sí es. ¡Es Pazuzu!

—¿Quién? —Respondieron todos en coro.

Otro juego de ráfagas volvió a irrumpir obligando a todos a ponerse pecho tierra. Entonces, frente a la estatua, entre corrientes de humo emergió la figura de una adolescente que vestía un camisón azul. La chica parecía ser sometida por la escultura. Estaba de rodillas, con los brazos levantados y los dedos engarrotados. Les daba la espalda a los demás. Gruñía con una engrosada voz que no parecía corresponder a su apariencia. Una tétrica melodía interpretada por un piano les puso la piel de gallina a los hermanos.  

—Gera, ¿esa tonadita es la de…?

—¡Sí!

La chica desafió a la naturaleza humana y se contorsionó estirando los brazos hacia atrás hasta colocar las palmas en el suelo. Arqueó la espalda hasta parecer un transportador. Se giró con manos y pies hasta que su cara quedó frente a Narciso. Lo miraba con su cabeza apuntando al suelo. Al guerrero no pareció asustarle su cara llena de yagas ni sus dientes podridos.

—Nobles Geraldine y Videl, si ustedes conocen a esta criatura, díganme la clave para vencerla.

—Con un exorcismo —respondieron tranquilamente ambos.  

La chica avanzó hacia Narciso, este no tuvo más remedio que arrojarle una lanza, la punta se le clavó en el abdomen, pero no detuvo su avance. La adolescente se acercó tanto que fue capaz de bañar las piernas del líder provisional con vómito. El orgulloso guerrero se enfadó tanto que se le fue a los golpes.

Entonces un enorme candelabro victoriano se encendió solo. El equipo de rescate se vio rodeado por una serie de personajes que los hermanos no dejaban de nombrar.

Un guerrero se batió con Michael Myers, otros esquivaron la temible sierra de Leatherface. Uno fue derribado por una mesa que le arrojó Carrie con telequinesis.

Videl y Gerldine se estaban quedando desprotegidos. No tuvieron otra opción más que unirse a la batalla. Desenfundaron los blasters y comenzaron a apuntar, pero un ser bajito le pateó la espinilla a Videl; era Leprechaun, a quien el mismo Yeti mandó a volar con un disparo.

Debido a su poca habilidad en la batalla, ambos se concentraron en los personajes más pequeños. Así, dejaron rápidamente fuera de combate al muñeco Billy de Saw, a Billy the Dummy de Dead Silence y a la muñeca Anabelle.

Videl se percató de que La Mosca custodiaba celosamente una puerta, pero uno de los guerreros la derribó de una tacleada. Yeti pensó que quizá lo que había tras la puerta podría ser una pista para conducirlos a Rocco. Le dijo a su hermana que lo siguiera. Ambos llegaron a la puerta, giraron la perilla, pero en lugar de pistas se encontraron nada más y nada menos que con Pinhead, quien rápidamente encadenó a Yeti; Geraldine estaba por apuntarle con el blaster cuando Narciso apareció de la nada para decapitar al monstruo, permitiendo que la chica corriera a liberar a su hermano.

Los muchachos notaron que la puerta escondía un pasillo iluminado por luz eléctrica. Cuando Geraldine se asomó dentro de él, notó que las paredes estaban repletas de cuadros con fotografías de Rocco y su familia, incluso los mismos hermanos León aparecían en algunas. Al fondo del pasillo había una ranura en el techo que parecía ser la puerta de un ático. Los muchachos alcanzaron a escuchar el perturbador llanto de un niño que provenía del final del pasillo. La voz que gimoteaba le pareció conocida a Videl. Los chicos decidieron averiguar qué había dentro del ático. Narciso se ofreció a acompañarlos para protegerlos. Los tres se vieron inmersos en el pasillo dejando al resto de los guerreros luchando contra personajes de blockbusters.

Conforme avanzaban notaron que en las fotos donde salía Gino tenía la ropa manchada de sangre. Incluso en algunas se le notaban las heridas de bala en el cuello o la pierna. Pero lo más perturbador de todo era que Gino sonreía en todas. Saludaba a la cámara, abrazaba a Rocco o a su padre. Eran fotos de momentos cualesquiera manchadas por la sangre de su asesinato.

Geraldine no pudo soportarlo. Lloraba, le temblaba la quijada. Videl se llevó las manos a la boca, tenía nauseas. Los gimoteos del niño se escuchaban más fuerte. A pesar de no sentir nada, ambos hermanos pensaron en la cansina sensación de bochorno, como cuando la sangre te calienta la cabeza.

Casi llegando hasta el ático, visualizaron fotos de Gino en la morgue. Otras de Gino dentro de un ataúd en estado de descomposición. Fue suficiente para los muchachos. Se vieron obligados a apartar sus miradas de las paredes.

Finalmente llegaron al ático, pero aquel viaje que emprendieron partiendo desde la puerta los había cambiado por completo. Videl inhaló profundamente y solo entonces recordó que no había nada de aire que aspirar. Narciso entendió que ya era muy tarde para regresar. Se ofreció para entrar primero al ático por si había una amenaza esperándolos. Jaló un delgado hilo que colgaba de la puerta. Cayó una pequeña escalera de madera. Subió con mucha precaución llevando su espada por delante. Notó que el lugar estaba aparentemente despejado y ayudó a subir a los perturbados chicos. Recogieron la escalera, cerraron la puerta y la trabaron con un madero. 

Arriba, la iluminación dependía totalmente de unas cuantas velas. El espacio tenía un trazado pentagonal. Había un candelero en cada esquina. Los gimoteos eran más perceptibles. Era seguro que el niño estaba ahí.

—Conozco esa voz. Estoy seguro de que es él, solo que se oye diferente —dijo Videl.  

Apuntando con sus armas, el trío caminó en la dirección de la que provenía el sonido. En el rincón menos alumbrado, un montecito tembloroso se encontraba cubierto por una colcha. El grupo ralentizó el paso para acercarse con cautela. A pesar de ir con exagerado sigilo, el montecito que lloraba cesó sus lamentos cuando ellos estuvieron demasiado cerca. El trío se petrificó al instante como si jugaran a las estatuas de marfil. El montecito comenzó a hablar.

—¿Quién viene? ¿Salvador, eres tú? —Los tres se miraron en silencio—. Redentor mío, responde, ¿eres tú?

Geraldine estiró su brazo lentamente para quitarle la colcha, pero el montecito se destapó de súbito haciéndolos gritar del susto. La chica intentó inútilmente ahogar su grito pues el niño bajo la cobija ya los estaba observando.

—¿Quiénes son ustedes? ¿Son profetas del Redentor? ¿Vienen a calmarme? Tuve una pesadilla otra vez y estoy muy asustado. ¿Por qué ustedes dos tienen trajes tan raros y el otro señor está casi encuerado?

Videl y Geraldine volvieron a temblar del miedo. Gemiditos de escalofrío escapaban de sus bocas. A pesar de la poca iluminación, ambos lograron reconocer al chico. Era Rocco, pero a los 10 años. Exactamente igual al recuerdo que tenían de él.

—Rocco, ¿eres tú? Bueno, o sea, ¿eres el de a de veras o eres un sueño de ti? —Preguntó Videl.

—No te entiendo. Hablas raro. Si no me conoces, ¿qué haces aquí?

—Es él —dijo sin titubear Narciso—. Es el noble amigo Rocco, pero hace mucho no lo veía con esa apariencia.

—Oigan, me están asustando. Creo que ustedes no vienen de parte de mi salvador.

—No, amigo. Venimos a rescatarte, ¿nos reconoces? Somos Geraldine y Videl. Él es el guerrero florido Narciso. Tú lo creaste con tu imaginación —dijo Geraldine.  

—¿Amigos? ¿Ustedes son mis amigos? Son muy viejos para eso. Eso. Eso. Eso. Eso.

—Bueno, porque somos las versiones adultas de tus amigos. Nos importas mucho, por eso venimos a rescatarte. Alguien te ha estado engañando para controlarte, pero puedes confiar en nosotros.

—¿Cómo podría confiar en una estúpida como tú y en los otros dos imbéciles? —Geraldine se sobresaltó—. ¡Lárguense de aquí!

—Gera, creo que este no es Rocco. Siempre ha sido gruñón, pero no es un patán y menos a esa edad.

—¿Sí? ¿De veras crees que no es él?

—¿Cómo pueden ser tan idiotas? Dicen que vienen a rescatarme, pero están portando armas inútiles. Sepan que no me podrán hacer nada.

Geraldine quiso deponer su blaster para ganarse la confianza del niño, sin embargo, su hermano no se lo permitió. Estaba convencido de que aquella personita no era su mejor amigo. El trío dio unos pasitos hacia atrás. Decidieron apuntarle con sus armas. Narciso apoyaba la desconfianza de Yeti. La tensión aumentaba. El semblante del niño cambió de perturbado a intimidante. La mirada que les clavaba era pesada. Daba miedo. Sonreía malignamente. Alguien golpeó la puerta del ático obligándolos a voltear. En ese momento, la pequeña sombra a sus pies se hizo más grande y abultada. Cuando regresaron la mirada hacia el frente, Rocco se había convertido en una criatura aterradora. Videl no pudo contener el pánico, tanto así que dejó caer su blaster.   

—¡Eso!

—Hola, Videl —dijo el personaje de enfrente agitando alegremente los dedos para saludarlo.  

—¡Es Eso!

—¡Pennywise! —Lo corrigió Geraldine también aterrada.  

Frente a ellos estaba un macabro payaso que sostenía unos globos de colores. Narciso quiso asestarle un espadazo, pero el payaso abrió sus fauces y con filosos dientes de tiburón mordió la espada hasta partirla por la mitad. Geraldine lo atacó con disparos, mas el payaso se transformó en una enorme tarántula.

Videl buscó su arma en el suelo. Justo cuando estaba a punto de tomarla, unas pequeñas manos se la arrebataron. Buscó al ladrón que corrió a esconderse detrás de un baúl. No pudo visualizarlo por completo, únicamente alcanzó a ver unos mechones pelirrojos sacudiéndose con la huida. El ser tenía el tamaño de un niño. A Yeti no le agradaban las sospechas que tenía sobre la identidad del ladrón. Tenía un poco de miedo de ir a buscarlo. Se armó de valor para dirigirse hacia el baúl en donde lo vio esconderse. Caminó a marcha pausada. Esperaba que el pequeño sujeto lo atacara, por lo que se alistaba para esquivar el disparo en cualquier momento. Se encontró con una pelota de béisbol en el piso. La tomó rápidamente para arrojarla cual lanzador profesional hacia el baúl y justo en ese momento el travieso ladrón salió a darle la cara. Era un muñeco bajito con pecas en el rosto que portaba un suéter infantil con un overol encima. Le apuntó con el blaster a Videl para dispararle sin piedad. El joven se puso pecho tierra y sintió cómo alguien accionó otro blaster detrás de él. El impacto derribó al pequeño individuo. Geraldine había salvado a su hermano.   

—¿Qué pedo? ¿Estás bien? —Dijo la chica volviendo a apuntarle a la tarántula gigante que estaba ocupada lidiando con Narciso.

—Sí. Gracias. El pinche Chucky me robó mi arma.

Videl se puso de pie, pero el Muñeco Diabólico ya no estaba. Geraldine se concentró en atacar a un Pennywise que no menguaba con los disparos. El único que parecía causarle problemas era el habilidoso guerrero Narciso, quien esquivaba los golpes de la tarántula con piruetas y rápidamente se incorporaba para intentar clavarle su lanza.  

Nuevamente alguien golpeó la puerta del ático, esta vez lo hizo en reiteradas ocasiones. Yeti tomó el escudo que Narciso dejó caer para ir en busca de Chucky. Pennywise exclamó unas palabras.

—Esta absurda guerra del general Astro de Luca provocará grandes pérdidas. Los sueños no pueden morir, pero sabemos cómo eliminarlos de la memoria de Rocco. El general no debió involucrar a sus simpáticos amigos. Sería una tristeza que él los olvidara para siempre. —El terafósido estrelló a Narciso contra el suelo.

—Son un caso perdido —dijo el Muñeco Diabólico saliendo de otro baúl para volver a dispararle a Videl—. El imperio del amor se levantará en poco tiempo y nadie podrá detenerlo.

—Chucky no dice esas mamadas —exclamó Videl corriendo frente a su enemigo con el escudo por delante—. Apégate a tu papel. —Se lanzó con enorme valentía sin importarle que el muñeco no dejara de disparar. Le cayó encima y comenzó a forcejear con él por el arma.   

La tarántula despojó a Geraldine de su blaster haciéndola caer al suelo. El trío estaba en aprietos. Los golpes en la puerta se volvían más intensos. Alguien estaba a punto de abrirla. Chucky jaló de los cabellos a Videl quien gritaba enfurecido por no poderse librar del muñeco. La tarántula colocó sus patas encima de sus dos presas. Las miró con sus horribles ocho ojos. Abrió sus asquerosas fauces intentando devorarlas. Geraldine gritó pensando que no tenían escapatoria cuando finalmente lograron vencer la puerta del ático. Pennywise y Chucky voltearon para ver quién había irrumpido. Se trataba del Capitán Clavel, quien hacía su regreso triunfal después de haber caído en una zanja. Posó vigoroso en el filo de la entrada del ático. Con los puños en la cintura, erguido, inflando los pectorales y mostrándose serio. La luz eléctrica del pasillo lo iluminaba por la espalda, formando una especie de resplandor azul en su contorno.

A los monstruos no les agradó para nada la llegada del héroe. Ambos dejaron a sus respectivos rivales para lanzarse en contra de él. El capitán rindió la pose para tomar su lanza y su escudo. No dudó en enfrentarlos al mismo tiempo. Con el escudo se protegió de un golpe que le asestó la tarántula, con la lanza atravesó a Chucky por el estómago. Lo azotó contra el piso y le puso el pie encima para poder liberar su arma. Sin quitar su pie lo decapitó dejándolo fuera de combate. Gritó como el guerrero furioso que era. Se concentró en pelear con el terafósido, quien representaba un mayor reto, pero no lo haría solo. Detrás de él entró la tercera parte de la Guardia Florida que cayó en la trampa. Gritaban fieramente mientras corrían con sus armas y escudos a enfrentar a la bestia de ocho patas. La acorralaron con sus lanzas como si fueran hombres prehistóricos cazando un mamut.   

Geraldine le agradeció al capitán y corrió a ayudar a Videl a ponerse de pie. Ambos estaban listos para apoyar a los guerreros floridos cuando escucharon unos ruidos dentro de un baúl. Después se oyó a un niño que balbuceaba dormido. Videl nuevamente reconoció la voz.   

—¿Crees que ahora sí sea él? —Le preguntó a su hermana.

—¡Abre esa maldita cosa ya!

Yeti lo hizo sin titubear. Adentro había un pequeño niño acostado en posición fetal. Su estómago se inflaba y desinflaba con cada respiración. La tierna criatura interrumpió su siesta por una impertinente sacudida de Videl.

—No, menso. No lo despiertes así.

—Pus llevamos prisa.

—No tienes nada de tacto.

El pequeño se levantó adormilado, con baba seca en las comisuras de los labios. Hizo un esfuerzo para despegar sus párpados. Se talló los ojos con el dorso de la mano. Bostezó. Estiró los brazos. Vio a los dos muchachos discutir. Escuchó unos ruidos al fondo. Cuando se asomó, vio a los incansables guerreros ser vapuleados por la tarántula gigante y aun así volverse a levantar. El niño observó todo por unos segundos y se volvió a acostar sin darle importancia, pero cuando Yeti lo notó nuevamente lo sacudió con brusquedad.  

—Cabrón, no te vuelvas a dormir.

—¿Quién eres tú? ¡Suéltame! Déjame dormir.

—¿Cómo que quién soy, güey? Soy Videl, tu compadre.

Al escuchar el nombre, el niño peló los ojos de la sorpresa. Abandonó el estado somnoliento. Salió sobresaltado del baúl.

—¿En serio eres tú? ¡Al fin llegaste! —Empezó a dar brinquitos de felicidad—. ¿Vienes del futuro?

—Eh… No sé, güey. A lo mejor.

—¿Qué edad tienes?

—23.

—El Videl que yo conozco tiene 11.

—Ya sé.

—¿Y tú eres Gera? Te pareces mucho.

—Ajam. Soy yo mera. Pero de 26 años.

—¿Tú eres el verdadero Rocco o eres un sueño? —Yeti lo pellizcó.

—¡Auch!

—¿Te dolió?

—No.

—¿Y entonces?

—No sé. Solo reaccioné. Oigan, los estaba esperando. Acabo de descubrir que alguien está jugando con mi mente. Me hace cosas muy feas para confundirme.

—Sí. Ya lo vimos. Pinche maldito —dijo Geraldine.

—Lo descubrí porque encontré unos recuerdos que estaban como ocultos.

—Entraste a tu subconsciente.  

—Ajá. Creo que fue eso. Y los vi a ustedes. Cuando yo tenía 6, Yeti 7 y Gera 10. Ahí recordé sus nombres. Creo que el que me confunde me hizo olvidarlos, además de otras cosas. Sospecho que es un gato negro que ha venido a verme.

—Sí. Es ese culero —confirmó Geraldine.

—Dice que me ama y que me quiere salvar, pero no le creo. Me da miedo. Quería salir de aquí, pero me mantienen dormido. De repente lo escucho hablar a él y a sus sirvientes. Creo que me están dando pastillas.  

—Deben ser somníferos o alguna droga —dijo Videl.  

—Estaba esperando que alguien viniera a ayudarme. Nunca me imaginé que mis amigos del futuro vendrían. Ahora sí es momento de escapar.

Los guerreros seguían haciéndole frente al monstruo. Solo quedaban de pie el Capitán, Cempaxúchitl, Amapola y Narciso, pero se veían cerca de su límite.  

—¿Quiénes son ellos?

—Eso y nuestros aliados. Eso es la araña.

—Pennywise, Patas, Pennywise.

—¿Puedes ayudar a nuestros amigos? —Le preguntó Videl.

—Amm… Sí. Hace poco descubrí cómo, pero no podía hacer nada porque me volvían a dormir. Ahora que lo pienso, ya tiene un rato que no escucho a los hombres de las pastillas hablar. Se me hace raro. Bueno. Intentaré salvar a los guerreros.

Rocco miró directamente a la tarántula. Entrecerró los ojos haciendo un gesto de furia. El arácnido desapareció dejando al Capitán Clavel golpeando a la nada.  

—Estaba a punto de darle el golpe final —dijo el líder florido. Después notó la presencia de Rocco—. ¡Ah! ¡Qué maravilla! Es el noble amigo Rocco, pero más lozano.   

—¿Puedes hacer eso con cualquier cosa de aquí? —Cuestionó Yeti.

—¡Sí! Te digo que lo acabo de descubrir.

—Entonces ya dominas los sueños lúcidos.

—¿Los qué?

Tanto los muchachos como el niño ayudaron a los guerreros a levantarse. Bajaron hacia el pasillo. Rocco ni siquiera volteó a ver los cuadros. Sabía perfectamente que tenía que ignorarlos. Geraldine se sorprendió al ver ese acto de madurez emocional.

Al cruzar el pasillo, encontraron a los guerreros aun luchando férreamente contra los monstruos. El chico sabía perfectamente quiénes eran los enemigos. Llevaba días conviviendo con ellos. Desapareció a cada uno de los personajes en un segundo. Gosthface intentó escapar para avisarle a los tenientes que Rocco había escapado, pero también desapareció.

Al salir de la mansión, encontraron a dos rebeldes encadenando a un trío de perros crestados chinos hipnotizados. El licántropo gigante era golpeado en el suelo de la isla por el Dios Máquina. El monstruo estaba cerca de perder la conciencia.

Cuando todo el ejército se percató de que su supremo líder había sido al fin liberado, salieron de sus naves para flotar hasta su presencia. Se deshicieron en aplausos y gritos de victoria. Algunos dispararon bengalas al cielo.

El hombre lobo fue al fin derrotado. El guerrero colosal acaba de darle el golpe final cuando notó la presencia de su creador. Aun con su gigantesca corpulencia, logró acomodarse para inclinar la rodilla ante aquel que le dio una razón de ser. El Capitán Clavel imitó el gesto, lo siguieron sus subalternos, provocando un efecto dominó en el ejército rebelde. Todos, a excepción de los hermanos León, se encontraban venerando al supremo líder. Rocco, avergonzado, les ordenó levantarse.  

Un grupo de rebeldes, motivados por Jar Jar Binks, corrieron a cargar a los hermanos León para vitorearlos, pero todo terminó cuando accidentalmente Jar Jar Binks dejó caer a Videl.   

Geraldine aprovechó el momento de humillación ajeno para acercarse a platicar con el Capitán Clavel.

—Capitán, ¿cómo logró salir del agujero?

—Bueno, noble Geraldine. Empezaré por disculparme por eso. Fue vergonzoso haber caído en una trampa tan risible. Afortunadamente, un valiente soldado logró comandar un escuadrón que capturó a los tenientes enemigos. Gracias a eso pudimos salir de aquella zanja.

—¡Increíble! Me gustaría saber quién fue.

—Le debemos todo al noble soldado gungan Jar Jar Binks. Su destreza en la batalla es loable. Mientras sus superiores estaban ocupados peleando contra el licántropo y sus compañeros se las arreglaban para vencer a las hordas de zombies, él encabezó un escuadrón con miembros del equipo de búsqueda para apoyarnos. Se infiltraron en la mansión. Descubrieron todas las trampas puesto que los soldados de esa fracción se especializan en ese tipo de tareas. Jar Jar Binks descubrió la puerta secreta del refugio de los perros tenientes. Peleó valientemente contra ellos.

—Imagino la fuerza que debe poseer ese sujeto.

—No te equivocas. ¡Él usa la legendaria Fuerza!

—¡Órale!

—Después de darles una paliza, utilizó sus poderes para obligarlos a retirar la trampa del suelo. Fue entonces que pudimos salir. Estaremos eternamente agradecidos con él.

—No se ve muy listo, pero, ¡wow! —Yeti escuchaba la conversación con cuantiosa incredulidad.

Los pilotos del Dios Máquina bajaron de la unidad para saludar a Rocco. Videl no pudo ser indiferente al rostro del tripulante de la cañonera izquierda, el piloto misterioso. Era apuesto y carismático. No vestía el traje de los rebeldes, sino su particular chaleco café con una camisa beige. El joven fan de la franquicia dejó salir toda su emoción.

—¡Oh! Gera. ¡Mira! ¡Mira! Es Han Solo. ¡Harrison Ford! —Dijo el desquiciado fanático.

—¿Qué? ¿Estás hablando de mí, muchacho?

—Sí. Soy tu admirador, Han Solo.

—Creo que me confundes.

—¡Ay, no! Otra vez no.

—Mi nombre es…

—No lo arruines, por favor, no lo arruines.

—… Harrison Ford.

—Bueno. No estuvo tan pior.

—¿Pasa algo? —Dijo Adara acercándose a Videl un tanto divertida.

—Nada, almirante. Estoy emocionado por conocer a su… Bueno, es que no sé si ustedes son…

—Así es. Nos descubriste. —Adara abrazó a Harrison Ford y lo miró a los ojos con ternura. Somos hermanos.

—Esto sí que es el colmo. ¡Rocco, ven aquí!

—¿Qué pasó?

—Me vas a explicar ahorita mismo por qué estos personajes tienen tantas inconsistencias.  

—Déjalo en paz —intervino Geraldine—. Rocco, no podemos estar más tiempo aquí. Hay que volver a nuestra realidad. Lo sabes, ¿verdad? Prr Prr Cat debe estar ocupado en estos momentos ya que no impidió tu rescate y nadie te ha obligado a dormir. Hay que aprovechar esta oportunidad.

—Es verdad —dijo Astro de Luca—. Geraldine, Videl. Permítanme felicitarlos. Lo han hecho excelente. Sabía que solo los verdaderos amigos de Rocco podrían salvarlo. Por eso aquella ilusión me hizo sospechar cuando me hicieron creer que ustedes no conocían las aflicciones de su amigo. Eso no es lo que esperaría de los auténticos hermanos León. Los extrañaremos. Nos encantaría festejar con ustedes, pero es muy peligroso que sigan aquí. Deben irse ya. A Rocco lo volveremos a ver en sueños. A ustedes, lamentablemente, no. Ha sido un placer vivir esta aventura juntos. Somos una verdadera alianza —El general estrechó las manos de ambos.  

—Yo también los felicito por su valiente lucha. —Se acercó el Capitán Clavel­—. A nombre de la Guardia Florida, el Reino de las Cruces Floridas y nuestro amado Rey Garañón, les doy las gracias por ayudarnos a rescatar al ser al que le debemos todo.

—No fue nada. Despídannos del Rey y de Reginaldo también, por favor. Les agradecemos todas sus atenciones. 

—Así lo haremos, noble Geraldine.

—Ok. Ok. ¿Pero cómo volveremos? —Cuestionó Videl—. Rocco, ¿sabes volver a la realidad? —El pequeño Rocco sonrió pícaramente.   

—Escuchen todos —dijo el niño con un tono serio de liderazgo—. Los días que pasé aquí dentro me ayudaron a entender mucho de cómo funciona esta dimensión. Pude explorarla un poco y, sobre todo, aprendí de mi dolor. También recordé cómo era mi vida antes de ser aprisionado en mi propia mente, todo lo que viví con ustedes a partir de nuestro reencuentro en San Bartolomé. Sé quién soy, sé quién no soy y sé quién podría llegar a ser. Déjenme decirles que el dolor de mis recuerdos me llevó a encontrar maneras de defenderme. Para librarme de la tristeza intenté con todas mis fuerzas cambiar el desarrollo de mis sueños. Los manipulé. No me gustaban las historias que ellos contaban, por eso las obligué a ser diferentes. Ahora tengo control sobre mis pensamientos más profundos incluso cuando estoy dormido. Sé que hay una entidad en mi cabeza que nos ha causado muchos problemas, pero también puede ayudarnos a resolverlos; hemos ganado un importante aliado en nuestra próxima batalla. Videl, Geraldine: no me enfrenté a esos terribles monstruos que me custodiaban porque los estaba esperando. Tenía que seguir en mi papel de prisionero para que ellos no le dijeran nada a su emperador. No me iba a ir sin ustedes, solo que no los hallaba por ningún lado de mi mente. Ha llegado el momento de salir de aquí. Por ahora, yo permanezco dormido en nuestra realidad. Mientras siga en ese estado podremos salir. Yo nos sacaré. Solo que debo advertirles que allá afuera hay algunos hombres custodiándome. Será necesario conservar nuestras armas para enfrentarlos.  

A los hermanos León les sorprendió la madurez con la que se expresaba el niño de 10 años. Lucía algo diferente. Además, estaba al tanto de cada detalle. Se mostraban algo confundidos. Rocco volvió a ser el vigoroso muchacho de 22 años al que aprisionaron. Estaba listo para volver a su camino inicial. Los hermanos corrieron felices a abrazarlo. Los rebeldes aplaudieron el emotivo momento. Los tres amigos se tomaron de las manos y agradecieron por última vez a los miembros de la alianza.  

—Adiós a todos. Muchas gracias por esta aventura —gritó Geraldine.

El numeroso ejército rebelde no cesaba el vitoreo. Astro de Luca, Adara Milakis, Harrison Ford, Noketzal Ijupi, Freya Leonore, Capitán Clavel, Cempaxúchitl, Amapola, Narciso y Jar Jar Binks, miraban orgullosos a los tres muchachos a los que les debían su admiración. Sabían que era el final de una aventura, pero el comienzo de otra. Estarían listos por si Rocco los requeriría en un futuro.

Videl se despidió personalmente de Jar Jar Binks. Le pidió una disculpa por ser tan impaciente con él. Le dio las gracias por todo. La noble criatura lloró conmovida. Todos comenzaron a decirles adiós a los muchachos.

—Buen viaje, trío fenomenal. Protéjanse en todo momento. Ustedes, con su inquebrantable amistad, son la verdadera cara del amor. No dejen que alguien más les diga cómo sentir —sentenció el siempre valeroso general de la Nueva Alianza Rebelde.

Los tres se volvieron a tomar de las manos emocionados por las palabras de Astro. Los hermanos enfundaron sus armas. Estaban listos para el siguiente reto. Ellos también habían cambiado un poco. Rocco se concentró para ordenarle al asimilador lo que deseaba. El ambiente se impregnó de un denso olor a vinagre. Los muchachos se convirtieron poco a poco en vapor hasta desaparecer. Sus manos, agitándose para despedirse, fueron los último que vieron los miembros de la alianza.

Mientras tanto, en la realidad a la que pertenecían, dos policías encubiertos estaban a punto de ser asesinados. Esperaban la llegada de un milagro.

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