CAPÍTULO 21: “ADIÓS, TRISTEZA; HOLA, BOTELLA DE LICOR”

¿Qué demonios estará haciendo Melgarejo? Veinte llamadas perdidas no son suficientes para intimidarlo. El muchacho de las tortas padece la extraña enfermedad del tortuguismo. Su demora es aceite para las brasas de mi hambre. Me parece que con esta botella lo único que hago es hidratar mis calamidades, pero no pienso detenerme. Necesito un punto de partida, un anclaje seguro. ¿Dónde estoy parada ahora? Hago cenizas los minutos con cada aspirada. Otra vez tengo que vaciar el cenicero, tirando a la basura el tiempo fragmentado. No me reconozco en este hogar. Siento que no soy yo la que cerró el trato con la casera hace un par de meses. No soy yo la que explotó en la asamblea vecinal la semana pasada, que mandó al carajo a López por sus taladreos nocturnos. No puedo llamar a este lugar “casa”, porque no lo considero una extensión de mí. El edificio es pálido como el fango seco, yo soy esplendorosa e infinita como la arena del Sahara. Esta gayola de 30m2 nunca me podrá absorber porque estoy seca. Alguien exprimió mis ideas y mis sentimientos hasta la última gota. Es por eso que sigo desangrando a este coñac, en esta sórdida noche, en esta cama sin cómplice, con estas manos sin fuego, con estos labios insurrectos. Se ha disipado la negrura en la pantalla del celular. Un cintillo verde me ruega que lo desplace. El aparato sufre espasmos que lo tienen tambaleando en la mesa.

—No me obligues a extrañarte, Melgarejo.

—Es que no podía contestarle.

—¿La conseguiste?

—¡Sí! Por eso…

Alguien llama a la puerta.

—No me cuelgues. Llegó mi comida.

—La espero.

Cuando giro la perilla la fragante texana filtra sus vapores seductores por el resquicio de mi entrada. La tortura a la que me sometió el repartidor no quedará impune.  

—Tu propina depende de lo creíble que sea la justificación que me inventes.

—Es que teníamos mucha gente.

—No te esforzaste en nada… ¿Sigues ahí, Melgarejo?

—Aquí estoy, jefa.

—Híjole, señito, no tengo cambio.

—No te ganaste tu propina así que baja a cambiar ese billete con el de los dulces y me traes mi cambio.

—¿Qué pasó, jefa?

—No te estoy hablando a ti, le dije al muchachito de las tortas.

—Ahorita le traigo su cambio.

—Y me traes un cigarro. Habla… Melgarejo, reacciona.

—Perdóneme. Le decía que ya la encontré. Le di una leída rápida, pero no me dejan sacarle copias.

—Diles que yo te envié. Deja cierro la puerta.

—¿No me van a decir que tiene que venir usted o algo así?

—No. Sí te pueden dejar que la fotocopies.

—Jefa, le tengo que decir algo importante.

—¿Qué chingados quieres?

—Discúlpeme. No quería molestarla.

—No te dije a ti. Es que el de las tortas regresó muy rápido. Deja le abro.

—La espero.

—Tú no eres el de las tortas.

—Y tú no pareces la subinspectora de la Policía Federal.

—Te di mi dirección solo para una emergencia. ¿Es esta una emergencia?

—Ya lo encontramos. Bueno, concretamente, Usurpador lo encontró.

—¡Shh! No digas ese nombre que estoy en una llamada. No sabemos si nos están espiando. Usa los nombres clave.

—Se me olvidaron.

—Deja retomo mi llamada y ahorita te atiendo.

—¿Puedo pasar?

—No… ¡Melgarejo!

—¿Qué pasó, jefa?

—Cuando saques las copias me las llevas a 20 de noviembre esquina con 24 de febrero. Me avisas con tiempo, no seas malvado.

—Sí, jefa. Pero una cosa más.

—¡Ah! ¡Cómo chingas!

—Perdón. Es que es importante.

—Que no te estoy diciendo a ti. Le dije al Halcón Marino que me está tocando la puerta.

—Discúlpeme.

—¡Ah! No era el Halcón. Es el de las tortas. Bueno, el Halcón también sigue aquí.

—Le paso su cambio y su cigarro.

—¿Tienes trola?

—Sí, pero ya me tengo que ir porque tenemos mucha…

—¡Ándale, pues! Sácala pa’ que ya te vayas.

—A ver, póngaselo en la boca.

—No me estés albureando, ¿eh, cabrón?

—¡Oh, pues!

—Usted me recuerda a una amiga muy cercana.

—Por supuesto que no, Halcón. Yo soy única. 

—Ya me retiro, señorita. Buenas noches.

—Donde no me hayas dado bien mi cambio te voy a chingar. Hasta luego. Tú, Halcón, pásate. No podemos hablar en el pasillo.

—Por eso le estaba diciendo que…

El Halcón Marino y yo conversamos oportunamente. Pude reconocer en sus ojos el ímpetu por trabajar en equipo. No nos conocemos, pero tripulamos el mismo barco. Hay nobleza en su voz afable. Es un muchacho que conoce su trabajo como el anciano conoce a las tonalidades del atardecer, como el gato conoce a la luna, como el poeta conoce a la miseria, como el romántico conoce al dolor. Me dio los pormenores de su exitosa misión. Su cómplice se las arregló para ver incluso en aquellos rincones donde no penetra la luz. Ambos tienen una agudeza intuitiva que el célebre Mario Conde envidiaría. Hallaron lo que mis obtusos compañeros del área de investigación no pudieron. Era el momento de ejecutar el paso número dos de nuestra operación secreta. Pero antes, la melodía engorrosa de mi celular rompió con el viento de las palabras cruzadas entre el Halcón Marino y yo. Melgarejo ya estaba cerca del punto de encuentro. Tomé mi abrigo, le di un último beso a la botella y le pedí a mi compañero que me siguiera hasta mi Dodge Charger 98.

Salimos a la hora en que las calles están frías como una morgue. A esa hora, la gran metrópoli aguarda la visita de los espíritus errantes. Se quiebra la calma con la metamorfosis humana. El hombre que de día es benévolo, de noche condena a sus semejantes. “El hombre es el lobo del hombre”. No sabemos qué alaridos se ahogan en la podredumbre de los callejones. Y sin embargo ahí estábamos mi confidente y yo, conversando de banalidades cotidianas.

—Creo que ha bebido demasiado para manejar.

—¿Tú sabes manejar?

—No.

—Entonces no me hagas comentarios acusativos.

—Podríamos pedir un taxi.

—Déjame las tareas sigilosas a mí, muchacho.

—No me quiero ni imaginar cómo será el día que usted y mi jefa se reúnan.

—¿Crees que vayamos a chocar?

—Definitivamente. Son muy parecidas.

—Niño, no digas pendejadas. No hay nadie como yo.

—De hecho, la soberbia es una de sus principales semejanzas.

—La soberbia me ha salvado de varias. Sobre todo en temas amorosos.

—Supongo que es divorciada.

—Supones bien. ¿Y tú? ¿Eres casado o tienes novia o te gusta alguien al menos?

—Me gustan varios.

—¿O sea que eres gay?

—Bisexual.

—Excelente. A mí me gustan los que son así.

—¿Bisexuales?

—Entrones. Que le entran a todo.

—¡Oiga! No. Yo no le entro “a todo”.

—Yo antes era como tú.

—¿Bisexual?

—Entrona. Probaba por aquí y por allá. Hasta que senté cabeza. Ya estoy muy vieja para eso.

—¡Cómo cree! Usted todavía está joven.

—¡Ay! ¡Cómo eres barbero! Por eso tienes un grado académico tan alto a tu corta edad, ¿verdad?

—Sí. La verdad sí soy bien barbero. Pero se lo digo en serio. Usted es muy joven. Vieja mi jefa. ¡Ay! No le vaya a decir. Pero pues ella ya tiene casi 60. Usted se ve como de 38.

—Tengo 46, mi niño.

—¿En serio? Se mantiene en forma.

—¿Tú cuántos tienes?

—27. Apenas los cumplí. El 17.

—No, pues sí eres un chamaco caguengue. Ya llegamos.

Media botella de coñac no es suficiente para atrofiar mi destreza al volante. Con plácida elegancia me orillé al Jetta de Melgarejo. Las puertas del piloto quedaron de frente. Bajamos nuestros vidrios al mismo tiempo. Conversamos de auto a auto. Él lucía tan taciturno como siempre. Me entregó un sobre amarillo con las copias de la carpeta que le encargué.

—Buen trabajo, Melgarejo. Que los jefes no se enteren por ahora de esto. Para como están las cosas me parece que tendremos que actuar sin jurisdicción en algunos casos. Aprecio mucho tu criterio policíaco. Se necesita cuando el mundo está al revés. ¿Qué opinión te merece esto?

—Que tiene razón en todo lo que nos dijo. Creo que lo que hay en ese archivo explica mucho del panorama actual.

—Tsss… ¡Pues oye! ¡Te estoy diciendo! Entonces ponte de acuerdo con Manríquez y vayan a vigilar esa zona. Toma. Mejor apréndete bien la dirección y quema este papelito cuando lo hagas. No dejemos evidencia de nada. Cualquier detalle podría arruinar la operación.

—No, jefa. No se preocupe. Ahorita mismo me la aprendo.

—Pues nos pasamos a retirar porque todavía tengo que leer esto a detalle.

—¡Subinspectora! Espere. Hay algo que tenía que decirle.

—A ver, pues.

—Hace unos días alguien más solicitó revisar esa carpeta. Alguien de más arriba, pero en serio, muy arriba. No me quisieron decir quién, pero lo más extraño es que ese alguien recibió órdenes del extranjero, de una civil, para ser precisos.  

—¡Ah, chingá! ¿Pues a quién de los pesados le interesaría esto? Qué bueno que me lo dices, pero te pasas, ya mero nos íbamos y no me lo ibas a contar.

—Se lo intenté decir durante la llamada, pero usted me interrump…

—Buenas noches, Melgarejo. Maneja con cuidado.

Al ya no haber otra cosa más que decir, me dispuse a retirarme a mis aposentos provisionales. Mantuve una cautela extrema debido a que posiblemente alguien nos intentaría seguir. El muchacho de huesos anchos se ganó mi simpatía, por eso le permití entrar nuevamente a mi mal llamado hogar. Quedaban asuntos por terminar.

—Déjame leer esto con calma. Después me voy a comunicar con mi subalterno, Dorantes, para ver si podemos proceder de forma legal. Podemos utilizar una cuartada para la investigación que le interesa a tu jefa, sería extraoficial. Ya estoy en eso. Siempre había tenido la confianza de los jefes, pero después del fracaso del miércoles me mantienen vigilada.

—No invente. Pero cómo iban a enfrentarse a eso. Está fuera de los límites humanos.

—La cosa es, Mariano, aquí sí te puedo decir por tu nombre, que yo tuve una oportunidad clara para abatir al animal, pero fallé. Debo de confesar con vergüenza que nunca antes me había temblado la mano para plomearme a un objetivo. Con ese monstruo fue diferente. Algo en su anormalidad me heló los huesos. Un titubeo fue suficiente para errar mi disparo. El chingado lión aprovechó ese momento para escapar. Todo lo que pasó después fue mi responsabilidad.

—¿Y por eso se regodea en la miseria? ¿Bebiendo como camionera?

—Se ve que no conoces a los camioneros, mi niño. Mira, no soy beoda de afición, pero sí me gusta suturarme las heridas con 40 grados de alcohol de vez en cuando. No te voy a mentir. Sí me dio el bajón.

—Todos tuvimos un mental breakdown.

—¡Un bajón!

—Mi jefa también quedó muy mal. La pasamos horrible en el museo. Lo tuvimos tan cerca. Nos salvamos de que no nos hiciera nada, pero ella está muy afectada por haber perdido el tótem.

—Otro problemita. Si esta operación fracasa perderemos todo lo que conocemos. Esa bestia no le teme a jugar con fuerzas desconocidas.

—Ya sé. Estoy muy tenso por todo. ¿Cree que los muchachos sigan vivos?

—Sí. A Rocco lo necesita. A los otros dos no, a mi parecer. Pero si los secuestró fue por algo. Quizá para manipular a Rocco. A mis hombres los mató despiadadamente. Pinche desgraciado. Lo que más me extraña es que a Usurpador no lo tocara para nada. A lo mejor ni sabe quién es. Ese discursillo que se trae sobre el amor suena medio trastornado. Yo conozco a muchos locos como él en las cárceles. Dicen cosas semejantes. No sé si de verdad se crean todas sus babosadas. No es más que pura mierda porque ya vimos que no se tienta el corazón para arrebatarle la vida a quien se le interponga. Me partió el corazón informarles a las familias de mis hombres sobre su muerte. O a las familias de los chavos que los volvimos a perder. No le deseo ese sentimiento a nadie.

—Pues sí. Pero bueno. La cosa ahora es: ¿cómo nos vamos a enfrentar a un poder así? Sinceramente creo que esto estará mejor en manos del Ejército o algún gobierno internacional.

—Mis jefes piensan lo mismo y ya están en eso, pero creo que con la brillante cabecita de tu jefa y toda la información de Usurpador podemos aportar bastante para el enfrentamiento.

—Mientras tanto mantendrá oculta la información del monstruo y sus esbirros.

—Sí, mi niño. Tengo un plan.

Cuando estás al borde de una catástrofe mundial tu supervivencia se basa en la fortaleza de tus alianzas. Te guste o no, una amenaza poderosa no se vence en solitario. Tendrás que confiar en desconocidos. Tendrás que confiar en gente que no te agrada. Tendrás que confiar en seres enigmáticos a los que no comprendes. Nunca sabes lo que te puede aportar una persona con la que no te irías nunca a tomar una cerveza.

Los rayos del amanecer son más intensos en un cuerpo con resaca. Los sentía intentando perforarme la cabeza. El cuero cabelludo me humeaba. Me levanté del piso donde dormí toda la noche. Fui a cerrar las cortinas. La luz ultravioleta alteró mi equilibrio. El Halcón Marino se había parado una hora antes. Usó mi cafetera. El teclado de su laptop me taladreaba el cerebro. Por poco no pude tolerar su impertinencia.   

—¿Por qué una policía de tu rango vive en un departamento tan horrible?

—Mi marido, su abogado y mi abogado me desangraron durante el divorcio. Me quedé sin casa y sin hijos. Esto es temporal. Cuando cierre este caso me mudaré a otro lugar. Después pelearé por mis chiquillos.

—Qué optimista. Sigues viendo esto como un caso más, no como un evento catastrófico. ¿A dónde piensas mudarte?

—Al Pacífico. Nací en la ciudad que es famosa por la música de banda, que hoy es más famosa por acunar a los capos de la droga.

—¿Neta? ¡Yo también soy de ahí! Solo que me vine a vivir muy chico a la Capital.

—Lo sé, aunque disminuido, capitalizado, todavía puedo reconocer tu acento.

Le permití su mala educación hasta cierto punto porque me agradaba un poco. Me recordaba a mi hermano menor.

Tras haber desayunado subimos al Dodge con destino al punto de encuentro secreto. Teníamos cita con la Guacamaya Dorada y el Cenzontle Marrón.  

Yo siempre estoy dos pasos adelante en cada caso. Lo estuve también en este hasta que una fuerza colosal desnudó mi fragilidad humana. Quizás pudo vencer mi cuerpo, pero no logró derribar mi reputación. Apenas si la hizo tambalear. No estaría donde estoy si no me fortaleciera con cada derrota. Tienen que hacer mucho más para doblegar mi tenacidad. 

Arribamos a la que, según me informaron, era una casa de la Guacamaya Dorada. Ahí definiríamos nuestra estrategia de contraataque. El animalejo lo volvió un asunto personal cuando trastocó el orgullo de dos señoronas soberbias. Llegó tan lejos que las obligó a formar una alianza.  

La Guacamaya Dorada me permitió estacionar a mi nene en su cochera. Cuando entramos a su casa no me sorprendí para nada. La opulencia de los peones del Gobierno era algo a lo que estaba acostumbrada. Y eso que solo era su “casa de verano”, como ella misma la definió. Supongo que vivía en un caserón mayor.

—Buenos días, subinspectora. Veo que ya aprendió a manejar a Mariano. A veces es un poco lengua larga. Perdónelo, es un defecto de fábrica, pero es bastante eficiente, además de leal.

—Buenos días a ambos. Con su permiso.

—No nos vamos a hablar por nombre clave aquí, ¿verdad? Para serle sincera, empiezo a cansarme de eso.

Le fingí una sonrisa para hacerle saber que no iba a ceder a su inaguantable carácter, pero que tampoco iba a desperdiciar mi tiempo contradiciéndola. La ambigüedad podría menguar las diferencias si la sabíamos manejar.

Ahí estaba sentado en la sala el tal Usurpador. Vestía una piyama de quién sabe quién. Para ser sincera, me intrigaba saber si era de alguna expareja de la doctora. Me dio esa impresión. Él se veía limpio. Hacía juego con los demás objetos de la casa, como si llevara mucho tiempo viviendo ahí. También se mostraba compenetrado con la doctora. Algo me decía que ella estaba instruyendo a nuestro visitante interdimensional en las artes carnales. En fin, él era tan perturbador como lo describían. Pasaba la mayor parte del tiempo en una posición. Respiraba con brusquedad. No hablaba para nada. Su cara parecía la de un maniquí. Reaccionaba de forma muy extraña al cansancio. Se movía un tanto torpe, como el Terminator de la primera película.

Mariano preparó un té para todos. La doctora no dejaba de referirse a la bebida como infusión. De hecho, cada que yo le decía té, ella inmediatamente decía la palabra “infusión” con un tono marcado, algo regañón, pero disimulaba su sangronería bebiendo inmediatamente después y mirando hacia un lado. Cabe resaltar que ella no probó la “infusión”. Su achichincle preparó un espresso para ambos.

Después de ingerir nuestras respectivas bebidas, pusimos en marcha la elaboración del plan en la que los doctores llamaron “sobremesa”. Iniciamos retomando los pormenores de la operación previa.

—Don Usurpador, ¿sería usted tan amable de explicarme cómo encontró la guarida del lobo?

—Por supuesto, subinspectora. La palabra lobo la está usando en sentido figurado, ¿verdad?

—Sí la está usando así. Ya te expliqué que a la policía le encantan este tipo de metáforas. —No entendí por qué la doctora tuvo que intervenir. Y aunque crean que no me di cuenta, estuvo a nada de tomarlo de la mano, pero la retiró inmediatamente.

—Ya entiendo. Ustedes disculpen. Fue relativamente sencillo. En realidad, Prr Prr Cat, así lo llaman Rocco y sus amigos, no se está escondiendo. Tiene tomado un templo religioso llamado Alianza del Sinaí. Ahí se refugia. Desde ahí opera. No obstante, sí tiene cercado el perímetro del templo. Una especie de barrera invisible obstruye el paso. No puedes acercarte a menos que uno de sus protegidos te permita pasar, esto con la finalidad de visitar a su señor para pedirle algún favor milagroso. La bestia escucha las peticiones del pueblo cada domingo dentro del templo. Por lo que escuchamos, su organización se hace llamar “La Fe del Amor”.

—Conque no se anda con medias tintas.

—Descubrimos su ubicación gracias al tremendo olor a vinagre que él expide. Cada pensamiento que Rocco materializa posee el mismo olor. Después, los mismos vecinos de la colonia San Miguel, que es donde se ubica el templo, nos relataron el modus operandi del felino parlante.

—Subinspectora, ¿sus jefes están al tanto de esto? —Preguntó la doctora con una cortesía simulada.

—Aún no. Se supone que mis hombres y yo estamos investigando los alcances de la amenaza. Ellos aún no entienden cómo enfrentarlo. Ni siquiera el presidente tiene idea de por dónde empezar.

—El presidente es un estúpido. Él ni siquiera es quien toma las decisiones. Supongo que eso usted ya lo sabe. Ahora, ¿les va a compartir esta información? ¿Tienen un armamento que pueda hacerle frente a esta eventualidad?

—Realmente no tengo intención de darles toda esta información a mis jefes.

—¿Cómo? ¿Está pensando en actuar por su cuenta? ¡Válgame! Entonces debe de tener un buen plan. Cosa que no creo, no por dudar de sus capacidades, sino por la ignorancia que posee respecto a los alcances de la amenaza. ¿Está convencida de engañar al Estado y a las autoridades internacionales? Es que no veo cómo pueda salir bien librada de esto. Podría perder mucho más que su trabajo. Una cosa es la confianza en uno mismo y otra cosa es la demencia parida por la desesperación.

—¿Por qué no nos cuenta cómo los engañó usted durante años? Díganos sus secretos, que buena falta nos hacen.

—Porque ellos no sabían lo que estaba escondiendo. No es lo mismo esconder un maderito inanimado que un monstruo desquiciado que se autoproclama el nuevo Mesías.

—Bueno, pues ahora ya todo el Gobierno sabe lo que es ese maderito, sin embargo, poco saben del Mesías. Déjeme preguntarle otra cosa: ¿no le preocupa que el Estado recupere su pieza misteriosa en un eventual enfrentamiento contra el gato?

—Conozco las consecuencias de ese desenlace.

—¿No deberíamos recuperarlo nosotros mismos?

—Si tuviéramos una mínima posibilidad, por supuesto, pero lo dudo.

—¿Entonces piensa rendirse?

—¿Cree que soy una peleadora? ¿Acaso no me está viendo? Me oriné encima cuando la abominación esa se puso a cinco centímetros de mí. Gracias a eso perdimos un objeto que puede ser crucial para la estabilidad de nuestra realidad. Me duele haberlo perdido, pero ¿qué podía hacer? ¿Írmele a trompadas? Esas no son mis cualidades.

—No me alié con usted por su destreza física, lo hice porque su cerebrito es superior al mío, además de que conoce los pormenores de un objeto que queremos recuperar, del cual hemos estado hablando mucho, pero no olvidemos que rescatar las vidas de tres jóvenes secuestrados es nuestra prioridad.  

—Lo dudo.

—¿Disculpe?

—Dudo que la prioridad sean esas vidas humanas.

—A ver, creo que no está entendiendo la situación: esa cosa ya mató a tres de mis elementos. Hemos perdido más que una artesanía a la que aún ni conocemos bien. ¿No cree que esos niños corren un montón de peligro?

—Difiero. Yo sí conozco bien al tótem y me parece que su pérdida tendrá más consecuencias que las pérdidas humanas.

—¡Pero qué chingados está diciendo usted! —Me levanté con furia pateando la mesa del centro. Un centímetro más y se estampa en las espinillas de la cretina esa.

—¡Ya estuvo bueno! —Intervino Mariano—. No pienso ser su niñero durante toda la reunión. Compórtense como adultas. Estamos al borde de un colapso interdimensional. Les guste o no, ustedes tienen más posibilidades de resolver esto que el Estado mismo. Las necesitamos. Cooperen o jálense las greñas de una vez. No sé. Pero no vamos a dar el primer paso si siguen midiéndose el ego en cada oración. Yo no pienso permitir que mi realidad se vaya al carajo, ¿entienden?

—A veces es medio intenso, ¿verdad? —Dijo la doctora en un tono más conciliador.

—Sí, un poco insoportable para su edad también —le contesté esforzándome por reducir mi ira. Volví a sentarme respirando profundamente. El Usurpador ni pelaba los ojos. Movía su cabeza lentamente de arriba a abajo como si nos estuviera escaneando. Creo que le interesaba bastante estudiar los comportamientos violentos de los humanos.   

—Ja, ja. Muy chistosas las dos. Nada como joder al Mariano para reconciliarse.

—Aquí no pasó nada —les dije—. Si todos estamos dispuestos a cooperar… —La doctora asintió con su omisión. Entrelazó los dedos y me miró con una sonrisilla hipócrita, pero que me bastó para saber que seguiría con el plan—. Empecemos por conocer la naturaleza de nuestro enemigo. Usurpador: el bicho es un sueño de Rocco materializado por un ser llamado asimilador que proviene de su dimensión, ¿cierto?   

—Así es.

—Los sueños escapan de la mente del susodicho por medio de un vapor que sale de su nariz al estar inconsciente, ya que el tal asimilador está alojado justo en su subconsciente.

—Así es.

—Me pregunto, si los objetos pueden salir, ¿pueden volver a entrar?

—Así es. Ya sea que Rocco lo decida o que el sueño que expulsó tenga una consciencia propia y entre voluntariamente. Ahora que lo pienso, creo que olvidé decirles esta capacidad a los chicos.

—Estoy recopilando algunas de las cosas que ya me había platicado brevemente. También mencionó que por ahora el gato psicópata es el único sueño con consciencia que Rocco ha expulsado.

—Hasta donde sabemos, sí.

—Supongo que si Rocco lo intenta regresar el animalillo se va a negar rotundamente.

—Así es.

—Si queremos regresarlo por donde vino tendríamos que incapacitarlo. Uff… Qué problemita. Vayamos ahora a las cualidades del animalejo. Los sueños materializados conservan todas las propiedades con las que fueron creados, es decir, que si Rocco lo imaginó con poderes, el gato pasó a este plano con cada uno de esos poderes.

—Así es.

—¿Los cuáles son…?

—Según lo dicho por Rocco, tiene una fuerza física sobrehumana. Habilidades propias de los felinos más feroces. Se puede convertir en cualquier especie de felino a voluntad, además de que puede hacer otra transformación con una apariencia antropomórfica. Puede curar cualquier enfermedad o regenerar cualquier parte de un cuerpo vivo. Puede hablar, por supuesto. Hacer brillar sus ojos. Me parece que también se teletransporta, esto lo hace por medio del olfato. Se teletransporta a lugares en donde exista un aroma que pueda reconocer.

—Pero su mayor poder ¡es el amor! —Interrumpió Mariano sarcásticamente—. Es como un Osito Cariñosito.  

—No. Su mayor poder es la mente de Rocco. Las que acabo de mencionar eran sus habilidades primarias, sin embargo, ahora que tiene a Rocco a su disposición, entra en su cabeza para abastecerse de nuevas técnicas utilizando la imaginación del chico. Por los testimonios de la gente supimos que ahora es capaz de crear barreras invisibles, cualquier objeto que imagine o darles habilidades sobrehumanas a las personas. Nos contaron que hay algunas personas por ahí a las que el Salvador, así le llaman ellos, les otorgó un poder.

—Más bien, se refirieron a esos poderes como “dones”. —Precisó Mariano.

—Es por eso que lo consideran un ser milagroso, quizá, al nivel de una deidad.

—Qué peligroso suena todo eso. —Continúe yo—. Ahora le será más fácil manipular masivamente. Mientras tenga a Rocco secuestrado, posee un poder ilimitado. Pero entonces, ¿por qué secuestró también a sus amigos?

—Creemos que es para manipular a Rocco —mencionó Usurpador.

—Según la experiencia de Usurpador, el muchacho tiene muchas carencias emocionales. Es un traumadito —dijo la doctora con su característico tacto—. Creo que, con el fin de darle una especie de soporte emocional, su amiguita le dibujó al mentado gato. Rocco lo asoció con una fuente de cariño… De amor, para ser más específicos. Soñaba constantemente con él. Era su superhéroe, el salvador de sus pesadillas, su proveedor de afecto. De ahí que la bestia constantemente se llene la boca con la palabra “amor”.  

—Pero ¿entonces por qué el bicho está tan demente si fue creado con una buena causa? —Volví a cuestionar.  

—La mente humana es una zona atribulada —me contestó Usurpador con un tono de sabiduría—. Lo he podido comprobar al estar dentro de una. Rocco evidentemente alberga una cantidad de heridas emocionales que ha acumulado durante su vida. No ha podido drenarlas. En el subconsciente se alojan muchos de los pasajes más oscuros del pensar humano. Tengo la teoría de que Prr Prr Cat, al habitar su mente, pudo acceder a estos rincones alejados de la consciencia. Quizá se contaminó de todo eso. Supongo que además de los pensamientos dolorosos, también aprendió de la rabia, la desilusión, la frustración, el odio y demás sentimientos con los que el hombre lidia durante su vida. Dicho de otra forma: Prr Prr Cat es un ser con sus propias carencias emocionales tratando de cumplir la misión que Rocco le dio. El actúa de la forma que le parece necesaria porque así lo aprendió de Rocco.

—No conocemos a Rocco lo suficiente para saber todos los horrores de los que el gato se pudo haber impregnado —dijo la doctora.  

—Yo creo que ni él los conoce, Samantha —le contestó Mariano.

En ese momento sentí el típico cosquilleo que te incita a decir algo que solo tú sabes y podría ser oportuno para la conversación, pero no me atreví. Aunque Rocco y yo no nos conocemos, ciertamente poseo información relevante sobre su pasado. La carpeta que Melgarejo fotocopió me ayudó a entender muchas cosas sobre el sufrimiento del chico, ya que está directamente relacionada con su familia. Quizás debí compartir esa información con el equipo, pero debido a la gravedad de su contenido creí que podría estar siendo imprudente. Mariano me vio dubitativa. Como no quise externar lo que pensaba llevé la conversación a otro terreno.

—Bueno, ya sabemos datos importantes sobre los alcances del bicho, sin embargo, me extraña que sus objetivos vayan encaminados a una rebelión en contra de la religión. Ustedes saben lo que planea, ¿cierto?

—Cuando nos atacó en el museo tocó el tema directamente. Prácticamente planea derrocar a todas las religiones del mundo e instaurar una nueva “fe” basada en el amor —respondió la doctora.

—¿Qué se trae contra la religión?

—No lo sabemos. Creo que es algo que también sorprendió a Rocco, por lo que vi en el museo —dijo Usurpador—. Al parecer, culpa a los líderes religiosos de alejar a la gente del amor con sus fallas, de decepcionarlos. Despotricó en contra de todos los dioses a los que llamó inexistentes y se dijo el único capacitado para darle a la gente todo lo que las deidades les han prometido.  

—Está muy cabrón ese güey. Pero cabrón, eh.

—No sé cuáles sean sus motivos, pero yo creo que lo hace porque la religión siempre ha sido un medio efectivo para la manipulación en masa. Veo muchas contradicciones en lo que dice: quiere acabar con la religión, pero de algún modo está instaurando otra. Quiere derrocar a los dioses, pero él mismo aspira a comportarse como uno. A final de cuentas está cayendo en los mismos vicios de los líderes religiosos. —Aportó Mariano.

—¿Cómo piensa liberar al mundo de la religión?

—Bueno, además de lo que ha escuchado mi mamá, que es una de nuestras principales fuentes en esto, se nos acercó voluntariamente una persona que dijo saber mucho sobre la operación que está ejecutando Prr Prr Cat. Lo encontramos merodeando el templo con una actitud un poco preocupada, como si se cuidara de alguien. Nos contó mucho de lo que les hemos estado diciendo. De hecho, nos dio su teléfono para que lo contactáramos.

—Me parece muy sospechoso.

—Habla como si tuviera algo en contra de Prr Prr Cat. Quizá deberíamos contactarlo. El caso es que él nos dijo lo que planea el gato a corto plazo: el 15 de septiembre desea asaltar la Basílica y la Catedral, además de secuestrar al cardenal.

—¿Qué?

—¿Pero qué carajos quiere? Está enfermo.

—Supongo que es lo mismo que ha estado haciendo en los templos de San Miguel. Por ahora sabemos que ha tomado tres, dos católicos y uno evangélico. Puso a dos de sus hombres a dirigir las dos iglesias católicas. Trata de extender el mensaje de su fe para atraer gente. Yo creo que lo que planea hacer el 15 es lo mismo, pero a gran escala.

—Debe ser una declaración de principios. Sabe que así atraerá la atención de todo el país. Se está preparando para dar un gran show. ¿La amenaza al cardenal no es motivo suficiente para decirle esto a sus jefes? —Me cuestionó otra vez la doctora.

—¿Otra vez con eso? Ya sabemos que la situación es grave, que hay mucha gente expuesta, pero aún no hemos dicho lo que planeamos hacer al respecto.

—Ok. Solo quería confirmar. Perdonen que insista con esto pareciendo insensible hacia las vidas humanas, pero me sigue preocupando el tótem. Sospecho que si tiene pensado hacer un gran número el 15, sobre todo en el Zócalo que es donde se da el grito, de alguna manera podría involucrar a la pieza. No sé cómo supo de ella en tan poco tiempo que lleva en este mundo, pero conoce bien su funcionamiento.

—Bueno, ya me explicaron que es un puente interdimensional, lo cual vuelve esto un asunto sumamente jodido. ¿Me están diciendo que planea conectar el puente?

—Yo creo que él está enterado de la existencia de los asimiladores parientes de Usurpador. Sabiendo que la vida de Rocco es limitada, probablemente piensa en una reserva en caso de que se quede sin su fuente de poder.

—Este desgraciado es capaz de cualquier cosa. Qué pinche miedo.

—Eso era lo que temíamos Mariano y yo, por eso decidimos contarle todo a los muchachos.

—La cosa es que Prr Prr Cat estaba escuchando todo sin que nosotros lo supiéramos. Obtuvo suficiente información sobre la naturaleza del tótem.

—Necesito saber una cosa más ya por último: ¿es mortal? ¿Rocco les dijo algo?

—Jamás mencionó nada al respecto durante el tiempo que compartí con ellos —me contestó Usurpador.

—Entonces por ahora parece que lo más viable es encerrarlo en la mente de Rocco.

—De acuerdo, pero con el asimilador en su cabeza, es probable que el individuo escape otra vez durante el sueño del muchacho.

—¡Ay! Esto es muy frustrante

—Perdonen si lo que menciono les ofende —amenazó Usurpador—, pero a mí me parece que la solución más sencilla sería matar a Rocco. Si él muere todos los sueños que materializó también lo harán.

Tuvimos un silencio incómodo que se extendió por un minuto. Todos nos volteábamos a ver. Estábamos temerosos de contestar a esa propuesta tan arrojada. Pero el más insolente del grupo decidió romper el hielo.   

—¿Lo vamos a considerar o no?

—Sí —dije con sentida resignación—. Deberíamos considerarlo. Sacrificar a la oveja enferma para salvar al rebaño. Pero sería nuestra última opción, ¿ok? —Nadie se ofendió con lo que dije—. Pfff… Esto es demasiada información.    

—Y eso que Usurpador ha mejorado notablemente su capacidad de síntesis —dijo la doctora con evidente orgullo, como si ella hubiera tenido que ver en ese avance.

—Bueno, pues. Recapitulemos brevemente para ya por fin pasar a la elaboración del plan: el objetivo de este equipo clandestino es rescatar a los tres chicuelos secuestrados, además del tótem interdimensional. Nos enfrentamos a una pesadilla vuelta realidad que cada día se hace más poderosa y cada vez junta a más personas para su desquiciada cruzada antireligión. Si no lo hacemos, su culto tendrá alcances globales. Si puede hacerse de los dos principales templos religiosos de México, ¿qué le impedirá llegar al Vaticano o a La Meca? Sus intenciones son mundiales. Creo que somos capaces de resolverlo por nuestra cuenta para evitar que el tótem o Rocco caigan en manos oficialistas, lo cual desencadenaría un problema mayor.

—Subinspectora, de una vez le digo: si su maravilloso plan del que ha estado alardeando durante la última media hora resulta ser una porquería, como creo sinceramente que lo será, no la acusaré con nadie, pero tampoco participaré en ello. Prefiero ver el fin del mundo desde la comodidad de mi sala de caoba, sinceramente.

—Otsss —Le guiñé el ojo—. Lo único que necesito son pistas y ya tengo varias. Esa es mi especialidad. Confíen en mí. Yo siempre estoy dos pasos adelante. Solo quiero saber una cosita más. Don Usu: ¿el animalejo este es muy inteligente?

—No sé cómo medir la inteligencia humana, pero sus capacidades cognitivas deben ser similares a las de Rocco, puesto que él es su principal fuente de aprendizaje.

—Doctora gruñona, ¿usted cómo lo vio? ¿El chamaco de veras es muy listo?

—Basta con verlo muy poco para saber que no. Estos chavos tienen una inteligencia medianona. Me parece el menos despierto de los tres.

—Me lo supuse. Entonces ahora tenemos un punto de partida. Ahora sí pasemos al plan. Díganme una cosa: ¿hace cuánto que no van a una boda?

 

Mi muñeca izquierda no tiene la firmeza para redactar la bitácora del día. 40 grados de alcohol han menguado mis fuerzas. Las derrotas no han quebrado mi espíritu, pero sí han dejado fisuras. Trato de repararlas lo más pronto posible, sin embargo, algún día terminaré derrumbándome. Veo en el espejo una cara borrosa. Tiene el aspecto de una ardilla boba. Le suelto toda clase de improperios porque no me gusta la forma en que me mira. ¿Qué acaso no sabe quién soy ni cuál es mi rango? ¿Qué sabe ella sobre mis matrimonios? ¿Cómo se atreve a hablar de mis hijos? El vecino de al lado volvió a la taladreada. Son las dos de la mañana. Quisiera poder tomar mi glock 19 e ir amablemente a pedirle una tacita de azúcar, pero me encuentro en una batalla aguerrida contra las sábanas. ¿En qué momento se volvieron tan resbalosas?

Otra noche más en el suelo. Qué amarga es la vida, pero hacemos todo lo posible por seguirla viviendo. Un placer culposo.

Los astros que nos vigilan desde tan lejos, ¿se burlan de nuestro efímero paso por la tierra? Apuesto a que la eternidad ni nos conoce, y aquí estamos, desperdiciando horas de vida en planear cómo mantener el orden de nuestra realidad. Amamos creer que tenemos el control, por eso medimos el tiempo. Cuando alguien aprenda a leer el viaje de la luz, descubrirá a una insignificante civilización que quiso colgarse del tiempo, pero se le cansaron las manos y terminó desintegrada en el vacío. Tú que estás en el futuro, captando la luz que emana de la tierra, escucha esta canción que tengo para ti. Espero puedas apreciarla. Yo no sé si serás capaz de comprender la chingona frase con la que termina: “adiós, tristeza; hola, botella de licor”.


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