CAPÍTULO 22: LA NUEVA ALIANZA REBELDE
Con una persistencia atrevida,
las balsas en las que viajaban Videl, Geraldine y La Guardia Florida intentaban
penetrar la gruesa membrana púrpura que se les apareció enfrente. No era una
tarea fácil, pero las fuerzas opositoras se negaban a sucumbir al grito de:
—¡Resistan!
—¡Sí,
capitán!
—¡Resistan!
—¡Sí,
capitán!
Contagiados por la bravura de
los guerreros, los hermanos León se unieron al grito de guerra vociferando
ellos también el “¡sí, capitán!” con una gallardía notable.
La frondosidad de aquella
cortina gelatinosa comenzaba a menguar. A paso lento, reventaban algunas de sus
venas fibrosas. Sus adversarios apretaban los dientes, fruncían el ceño y
echaban el cuerpo para adelante. Aunque esto no influía en la penetración, los
llenaba de valentía para persistir. Tras su incansable insistencia, la membrana
se quedó sin fuerzas para defenderse. Tuvo que bajar los brazos para permitirle
a las balsas cruzar por un agujero. Los conquistadores celebraron enloquecidos.
—¡Sí!
—¡Viva!
—¡Lo
logramos!
—¡Toma
eso, perra!
—¡Ja,
ja, ja! ¡Pinche Videl! Disculpe, Capitán Clavel: ¿la base rebelde está muy
lejos?
—No.
Llegaremos en dos semanas.
—¿Qué?
Es demasiado.
—Gera,
el tiempo aquí funciona distinto, ¿verdad, Capitán?
—No
creo poder responder esa pregunta, noble Videl.
—Tú,
cállate, patón. Ni sabes de lo que hablas.
—Acuérdate
cómo es cuando sueñas. A veces piensas que ha pasado mucho tiempo y cuando
despiertas solo fueron unos minutos.
—Como sea,
vamos a estar aquí en la balsa dos semanas. Qué tedioso.
—Me
gustaría aclararles una cosa, nobles visitantes, no sé a cuánto equivalgan dos
semanas allá afuera, pero aquí es un tiempo muy corto.
—Capitán
Claveles, aquí ya no hay agua, ¿por qué las balsas siguen flotando? —Cuestionó Videl.
—Aquí
todos tenemos la capacidad de flotar, incluso ustedes.
—Je,
je, je. “Todos flotan”. Si me bajo de la balsa, ¿ya puedo flotar entonces? —Videl
puso una pierna fuera de la embarcación.
—Por
favor, no lo haga todavía. No está acostumbrado y podría perderse en el vacío.
—Ay,
sí, güey, por favor salta. Haznos un paro perdiéndote en el vacío.
—Ni
que tuvieras tanta suerte, pinche pesada. Me pregunto qué otras cosas mágicas
podremos hacer aquí.
—No te
emociones porque lo más seguro es que nosotros no podamos recurrir a esa
habilidad ya que no pertenecemos a la mente de Rocco. Recuerda que todos ellos
son sueños, pero nosotros no o eso creo. La verdad no estoy tan segura.
—Podrían
comprobarlo si gustan. Nosotros hacemos muchas cosas aquí simplemente con
pensarlo, aunque a veces no funciona. Es decir, si yo lo deseo me puedo
convertir en una flor ahora mismo. ¿Lo ven?
—¡Ay,
en la madre! Sí es una flor.
—¡Owww!
Es un clavel.
—Exacto.
Sin embargo, hay veces que este tipo de cosas pasan involuntariamente. A veces
yo no lo decido y mi cara cambia por completo. A veces tengo el cuerpo de otra
persona. A veces tengo habilidades que yo no pedí. Pasa todo el tiempo. Rocco
nos dijo muchas veces que vio rostros de gente familiar en nosotros. Segundos
después, ya teníamos nuestros propios rostros otra vez.
—Y
ahora ya es el Capitán Músculos de nuevo —comentó Videl—. Ya veo. Eso es muy
común en los sueños.
—Órales.
Qué padre.
—Sin
embargo, a veces las personas desaparecen sin razón, como la familia real. Un
día simplemente dejaron de estar.
—¡Ay,
no! Qué triste.
—Pero
eso no puso triste a nuestro Rey en lo absoluto. ¡Atención, nobles Geraldine y
Videl! Estamos a punto de arribar a las tierras rebeldes.
—¿Cómo?
Pero, ¿ya pasaron las dos semanas?
—No.
Solo ha pasado una semana.
—Patón:
que no se te olvide. Una semana aquí son cinco minutos.
—¡No
mames! ¿Entonces el tiempo aquí pasa más rápido? Cuando salgamos nuestros
conocidos serán ancianos.
—Si
salimos.
—Escuchen,
nobles hermanos, deben saber algunas cosas sobre los rebeldes: son una
comunidad hostil. No cualquiera entra en sus territorios. Me adelantaré para
pedirles permiso de ingresar, mas no descartemos que rechacen brindarles ayuda.
—Se lo
agradecemos enormemente, Capitán Clavel.
—No
hay de qué. Mi deber es ayudarlos. ¡Guerrero Amapola!, ¡Guerrero Cempaxúchitl!,
cuiden de nuestros amigos mientras estoy ausente.
—¡Sí,
Capitán!
—¡Sí,
Capitán!
—¿Qué
clase de seres crees que sean los rebeldes? —Preguntó Geraldine a su hermano.
—Deben
ser feos.
—¿Por
qué?
—La
gente bonita no tiene razones para rebelarse ante nada. Ellos viven en una
comodidad permanente.
—No
voy a refutarte eso. Sin embargo, yo no hablaba de estética sino de
rasgos. Este es un mundo totalmente
diferente.
—Esta
es la mente de un humano que pertenece a nuestra realidad. Lo que sea que veas
aquí no puede ser tan diferente a lo que conozcas. Además, Rocco es muy feo, si
los rebeldes fueron creados a su imagen y semejanza tengo más argumentos para
pensar que son feos.
—Tu
lógica suena muy extraña, pero por alguna razón no puedo contradecirte. Este
lugar da miedo. Se siente muy vacío. Fuera del Reino de las Cruces, todo es
oscuridad, aunque no de una negrura total. Como que se alcanzan a percibir
otras tonalidades. Una combinación entre verdes, grises y morados. ¿Sabes cómo
siento que se ve?: como cuando cierras los ojos.
Después de un largo rato de
conversación, el ánimo les volvió de golpe cuando se divisó el regreso del
Capitán Clavel a marcha flotante.
—Gracias
por su valiosa espera. Me disculpo por hacerlos esperar tres meses. Pero me
congratulo de darles buenas nuevas: ¡los rebeldes han accedido a recibirlos!
—¡Perfecto!
—¡Qué
chido!
—Como
les decía, ellos normalmente no aceptan visitas, sin embargo, el joven Rocco
también les platicó de ustedes, así que ya los conocen. Se dicen ansiosos por
ponerse a su servicio. Déjenme decirles que la Alianza Rebelde, como se le
conoce a este pueblo, es una organización al servicio del noble Rocco.
—¿La
Alianza Rebelde dijo? —Se murmuró a sí mismo Videl.
—¡Ay,
bendito Dios! —Celebró Geraldine.
—¿La
Alianza… Rebelde?
—Aproximémonos
de inmediato ya que al parecer se están preparando para una importante misión.
—¡Qué
emocionante!
—¿La
Alianza…?
—Amapola,
Cempaxúchitl: remen a toda velocidad.
—¿…
Rebelde?
—¡Sí,
Capitán!
—¡Sí,
Capitán!
—¡No
me digas que son…!
Las balsas comenzaron a
moverse impulsadas por el remar al aire de los guerreros. Geraldine se percató
de que la oscuridad se hacía más tenue cada que se acercaban a un nuevo
territorio. Las lámparas de gas con las que antes se alumbraban comenzaban a
perder su brillo. Una iluminación parecida a la luz solar los recibía. Cuando
estuvieron lo suficientemente cerca para ver con claridad, Yeti perdió el
control al divisar estacionada una de las naves de los rebeldes.
—¡No-ma-mes!
¡Ya sé dónde estamos! ¡Sí son ellos! ¡Pinche Rocco, te mamaste!
Geraldine no comprendía los
sobresaltos de su hermano. El territorio era similar a una isla de costas
rocosas, de superficies grisáceas. Más apartados de la costa, se veían algunos
seres antropomorfos con trajes naranjas como de astronautas. Algunos tenían
rostros humanos, a otros simplemente no se les distinguía de qué especie eran.
Se escuchaba un trinar de voces. Todos estaban en movimiento. Como bien lo dijo
el Capitán, estaban preparándose para algo importante. La ignorancia de
Geraldine hacia aquella estética se vino abajo cuando vio una veloz nave
sobrevolar por encima de ella. Solo entonces se encontró con un sentimiento de
familiaridad.
—Oye,
Videl: ¿estas naves no son las que salen en…?
—¡Star Wars! ¡Sí! ¡Son de Star Wars!
Videl brincoteaba como un mono
mientras su hermana ponía los ojos tan blancos que parecía sufrir una posesión
demoníaca.
Las balsas por fin tocaron
tierra firme. Sin pedir permiso, Yeti salió disparado a encontrarse con los
rebeldes. El Capitán corrió inmediatamente tras él intentando advertirle algo.
La euforia del muchacho lo volvió sordo. Saltó algunas rocas de aspecto
volcánico en su carrera. En el aire había nubes negras. Se veía como si en la
zona estuviera a punto de suceder una erupción. El Capitán casi lo alcanzaba, pero
en eso tuvo que tomar la decisión de derribarlo. Lo tacleó por
el costado cayendo con él al suelo. En el lapso de la caída, Yeti pudo sentir
cómo el disparo de un blaster le volvió cenizas unos rebeldes cabellos
que le sobresalían de la cabeza. El disparo esquivado siguió su trayectoria
hasta perforar una roca. Contrastando con el nerviosismo del Capitán, Videl se
encontraba sumamente excitado.
—Capitán,
¿vio eso? ¡Me dispararon con un blaster!
—¿Se
encuentra bien, noble Videl? Justo estaba por decirle que me permitiera bajar
primero ya que los rebeldes no lo conocen físicamente y podrían recibirlo de
esta manera.
El Capitán ayudó a Videl a
levantarse. Alzó el brazo para señalarle al francotirador rebelde de raza
rakata que era él. Geraldine y el resto de los guardias les dieron alcance. Yeti
fue enérgicamente reprendido por su hermana. Mientras eso pasaba, un grupo de
rebeldes formó dos filas para hacer un pasillo. Se colocaron en posición de
firmes. Parecían esperar la llegada de algún líder. El capitán dictó a sus
hombres unirse a las filas. Geraldine notó que la expresión de su hermano
cambió de fastidio a admiración cuando vio que el presunto líder se acercaba. Él
también se puso en firmes dejándola a ella en una posición incómoda.
—Mi
amigo el Capitán Clavel, ¿cuántos siglos sin vernos? —Dijo sonrientemente el
tan anticipado individuo.
—Es
verdad que han pasado algunos centenares.
Estrecharon la mano ambos
hombres de igual tamaño y complexión. Cuando Videl reconoció el rostro del
confirmado líder rebelde se le abrió tanto la boca que casi clava su quijada en
su pecho.
—¡Güey,
es Mark Hamill!
—¿Quién?
—Preguntó Geraldine.
—Mark
Hamill. El que interpreta a Luke Skywalker en Star Wars.
—¿Son
ellos? —Cuestionó el sonriente rebelde.
—Sí.
Permíteme presentártelos. De la realidad foránea nos visitan los célebres…
—¡Hola,
Mark Hamill! —Lo interrumpió Yeti.
—¿Qué
significan esas dos palabras después del saludo, muchacho?
—Ese
es tu nombre: Mark Hamill. Bueno, tu nombre en la vida real, porque en la
película te llamas Luke Skywalker.
—Me
parece que me estás confundiendo. Mi nombre es el audaz general Astro de Luca.
—¿Astro
qué? ¡No! Tú eres Luke.
—Creo
que de nosotros dos el que mejor conoce mi nombre soy yo. No tengo motivos para
mentirte. Me llamo Astro de Luca.
—¿Qué
clase de nombre tan horrible es ese? —Los rebeldes rompieron filas para
indignarse contra Videl—. Además, no eras el líder de los rebeldes, esa era tu
hermana. Tú eras un Jedi. —La risa del general pasó de lúcida a nerviosa.
—¡Ya,
idiota! Lo estás incomodando. —Geraldine le pellizcó una lonja—. Esta es una
versión ensoñada. No tiene la obligación de concordar con la realidad.
—Supongo
que existirán algunos malos entendidos porque pertenecemos a realidades
diferentes —dijo el general para relajar los ánimos—, pero les aseguro que
pondremos de nuestra parte para lograr el mejor entendimiento. Nosotros estamos
muy felices de recibirlos. Ansiábamos conocerlos.
—Disculpe
a mi torpe hermano, general. Está aturdido por la emoción. Es un placer
conocerlo. Le agradecemos que haya aceptado este encuentro.
—Bueno,
si no tienen inconveniente, ¿les gustaría acompañarnos a nuestro cuartel? Hay
muchas personas que los quieren conocer.
—Sería
un placer.
—Síganos,
por favor.
—No
ma’, Rocco lo imaginó todo mal —le decía Yeti a su hermana mientras avanzaban
rumbo al cuartel.
Videl caminaba impresionado
mirando toda la flota de los rebeldes. Había cruceros, fragatas, naves de
asalto, cargueros, así como cazas estelares. Al menos eso sí era exactamente
igual a como lo había visto en las películas. Mientras él continuaba atónito, a
Geraldine le intrigaba saber para qué tipo de conflicto se estaban preparando,
ya que alistaban un arsenal de dimensiones impresionantes.
Llegaron a un modesto edificio
que lucía como un hangar. La fachada era bastante descuidada. No había muchos
detalles que resaltar. Adentro, una comitiva de rebeldes esperaba la llegada de
su general. En el centro del grupo de personas estaban dos mujeres que
resaltaban por su atrayente presencia. Como Videl se encontraba distraído
buscando reconocer los rostros de todos ellos, no pudo observar a las figuras
femeninas centrales, sin embargo, esta vez Geraldine fue la primera en recordar
a una de ellas.
—Mira,
patas, ¿ya viste quién es? —Le dio un fuerte codazo en las costillas.
—¡Auch!
¿De quién hablas? ¿Dónde?
—Ahí,
en medio de todos.
—¡Ah,
no mames!... —Entrecerró los ojos—. No alcanzo a ver.
—Pinche
ciego. Es Carrie Fisher.
—¿Neta?
¿La princess? —Los volvió a entrecerrar—. ¡Es verdad! Ay, cabrona, ¿cómo
a ella sí la reconoces?
—Ja,
ja. Obvio. Además, luce como cuando era joven.
—Voy a
pedirle su autógrafo. ¿Tendrán papel y pluma por aquí? No, espera. Mejor no me
acerco. No vaya a salir con que se llama Centella Furiosa o algo así. Mejor me
espero.
—¿Conoces
a la chica de al lado? Se ve como extraterrosa.
—Mmm… —Nuevamente
entrecerró los ojos—. Creo que la he visto en series, pero no en las películas.
Se llama Asuka o algo así. Y sí, no es humana.
—¿Asuka?
¿No la estarás confundiendo?
—Shhh…
Cállate, está hablando el general.
El grupo del general se
encontró con la comitiva que lo esperaba. La mujer del centro, que fue
identificada por los hermanos como Carrie Fisher, actuaba como si también
tuviera autoridad sobre el ejército. Saludó con un abrazo y un beso en la
mejilla al general. Ambos se miraron con dulzura. Los ojos les brillaban. Videl
alcanzó a escuchar que ella llamó al líder “hermano”; encontró plena
satisfacción en ello. Platicaron unos segundos hasta que Astro comenzó a hablar
en voz alta con sus subalternos.
—Escuchen
todos. Para mí es un honor presentar a dos visitantes que aquí conocemos desde
hace mucho tiempo. Nuestro supremo líder Rocco nos ha contado innumerables
anécdotas de ellos. Aunque las últimas veces que nos visitó habló con cierto
resentimiento sobre su relación, sabíamos que era factible que algún día se
reconciliaran. Hoy, inesperadamente los tenemos aquí, en un momento de
coyuntura, de decisión, nos engalanamos con su presencia. Démosles la
bienvenida a dos personas que son totalmente apreciadas en nuestra base: ¡los
hermanos Geraldine y Videl León!
Un vitoreo de la pequeña
muchedumbre les puso la piel de gallina. El escándalo les zangoloteaba los
oídos. El corazón de ambos latía con vehemencia. Ninguno de ellos había
saboreado antes las mieles del reconocimiento. Esbozaron una sonrisa nerviosa,
con la inocencia de quien se ve abrumado por el halago. Cuando estaban lidiando
con el sonrojamiento propio, un droide abrumadoramente simpático gritó algo que
los inquietó de pronto.
—¡Ahora
tenemos a dos importantes aliados para el rescate!
—¿Qué?
¿Cuál rescate? —Preguntó Videl, pero no fue escuchado debido al escándalo.
—¿Qué
dijo?
—Creo
que van a rescatar a alguien, Gera.
—¡Con
ellos seremos invencibles! —Exclamó un soldado.
—¡Son
justo lo que necesitamos! —Gritó uno más. Los hermanos volteaban de un lado a
otro como en un partido de tenis.
—¡Nadie
mejor que sus mejores amigos para salvar al supremo líder Rocco! —Aquello los
alteró alarmantemente. Videl corrió hacia el general.
—Oiga,
Astroboy. —Lo tironeaba irrespetuosamente de su traje naranja— ¡Oiga!
—¿Pasa
algo, amigo Videl?
—¿Cómo
está eso de que van a salvar a Rocco? ¿Qué le pasa a Rocco?
Los gritos de Yeti fueron lo
suficientemente audibles para un sector del grupo, al parecer eso los
conmocionó un poco. De manera escalonada fueron bajando los decibeles hasta que
terminó por no escucharse nada. El general guardó las sonrisas para montarse en
un semblante serio.
—Discúlpennos
a todos. Al parecer dimos por hecho que conocían el estado de nuestro supremo
líder.
—No
sabemos nada de él —dijo Geraldine aproximándose también—. Estábamos juntos en
nuestra realidad, huyendo de… De una amenaza. Cuando finalmente fuimos
alcanzados por dicha amenaza nos cegó una potente luz. Comenzamos a perder el
conocimiento, así como la percepción de nosotros mismos. Nos desmayamos y
despertamos aquí dentro, en el Reino de las Cruces Floridas. Desde entonces no
hemos tenido noticias de Rocco.
El resto del ejército adoptó
la postura de su general. Todos cruzaron las manos. Erguidos, bajaron
ligeramente la cabeza. La mujer identificada como Carrie Fisher tomó la palabra
con un aire de preocupación.
—Los
saludo con enorme placer, muchachos. Mi nombre es Adara Milakis, soy almirante
de la Alianza Rebelde. Me temo que no tenemos buenas noticias. Nuestro supremo
líder… —Hizo una pausa porque los aspavientos le entorpecían la articulación—. ¡Ha
sido secuestrado! —Los hermanos León se miraron con preocupación, pero de
alguna manera sabían que el secuestro de su amigo era una de las posibilidades
sobre su paradero.
—Cuéntennos
cómo paso eso, por favor —dijo Videl.
—Nosotros
somos una fuerza militar creada por Rocco. Estamos bajo su mando. Hemos vivido divertidas
aventuras a su lado, pero también solemos protegerlo de peligros que están
fuera de su alcance. Hace poco, uno de nuestros espías escuchó rumores de que
el supremo líder estaba aquí dentro, pero no por su voluntad. Eso jamás había
sucedido. Nos dio la supuesta ubicación del lugar donde lo mantienen cautivo. Mandamos
a un escuadrón de reconocimiento a investigar. Jamás volvieron. Entonces
decidimos encomendarle la investigación a nuestro jefe de inteligencia. Hasta
ahora no ha regresado porque nos envía constantemente información cifrada sobre
el estado de su investigación. Sabemos quién lo secuestró.
—El
traidor de Prr Prr Cat —dijo una audaz rebelde sin ningún empacho. Se sintió un
desprecio general hacia ese nombre.
—Lamentablemente
sí. Prr Prr Cat era el principal protector de Rocco en esta dimensión. La única
misión de su existencia era amar a nuestro supremo líder. No sabemos por qué
está haciendo esto. Hay ciertas zonas de la mente de Rocco a las que no podemos
acceder. Nosotros nos ubicamos en el subconsciente, nos podemos dar alguna idea
de lo que pasa en el exterior, pero no sabemos lo que sucede en tiempo real.
Sin embargo, el estado en que Prr Prr Cat lo mantiene es deplorable.
—Sabemos
que hace poco irrumpió una fuerza desconocida que tiene control sobre el
subconsciente. —Intervino Astro de Luca—. Una amenaza invisible. Una amenaza…
Fantasma. Eso ha provocado que algunos de nosotros salgan al exterior. Supimos
que el primero en hacerlo fue Prr Prr Cat. Después lo hicieron otras criaturas,
entre ellas uno de nuestros acérrimos rivales: Darth Maul.
—¿Neta?
—Dijo Yeti distrayéndose un poco de la seriedad de la situación—. Me habría
encantado verlo.
—Eso
nos preocupó ya que es una presencia sumamente peligrosa, pero con Prr Prr Cat
cerca de Rocco confiábamos en que todo estaría bien. Quizá ustedes nos puedan
dar los pormenores de por qué la traición del felino bestia. Lo cierto es que
debemos salir lo más pronto posible. Prr Prr Cat ha estado volviendo a esta
dimensión por su cuenta. No sabemos cómo lo hace. Entra y vuelve a salir. Manipula
al líder intentando confundir su mente. Sin embargo, hemos aprendido que hay
ciertas horas en las que se ausenta por un largo rato. Sucede periódicamente.
Eso lo ha vuelto predecible. No falta mucho para que se vuelva a ausentar.
Entonces tendremos que realizar nuestro movimiento.
—General
—el Capitán Clavel habló y dio un paso al frente con gallardía—, le hago saber
que mis guerreros y yo tenemos la total intención de unirnos en su cruzada.
Estamos a su disposición. Quizá no somos muchos, apenas juntamos más de
cincuenta elementos, pero tenemos tenacidad de sobra.
—Te
agradezco, viejo amigo. La Guardia Florida nos será de gran ayuda.
—Amm… —Videl
estaba indeciso ante lo que iba a decir—. General, creo que nosotros también
nos vamos a unir.
—¡No!
¿Qué te pasa? —Le reprochó Geraldine—. No somos guerreros ni soldados, tampoco
pertenecemos a esta dimensión. Simplemente vamos a estorbar.
—Güey,
ahora somos ensoñaciones. Podemos hacer lo que sea.
—No es
así. No es tan fácil. Esto no es un videojuego. Aún no nos adaptamos a esta
realidad.
—Lo
haremos. Aprenderemos. ¿Qué tan difícil puede ser? Gera, esta es una decisión
que no deberíamos discutir. Nuestro amigo está en peligro. No me pienso quedar
de brazos cruzados.
—Eres
su amigo, no su héroe. Dejémosles a los que saben esta misión tan importante. Podríamos
estropearlo.
—¡Mñah!
No sé si no te diste cuenta, pero desde que escapamos de esa fiesta estamos
metidos en esto hasta el final.
—No
estoy claudicando. Creo que podríamos ayudar de otra forma.
El general observaba la
discusión atentamente. Intuyó que no terminaría pronto así que decidió
intervenir.
—Si me
perdonan la interrupción, creo que lo que ambos dicen es sensato. Sepan que no
están obligados a participar, pero si deciden hacerlo me dará mucho gusto
pelear a su lado. No puedo estar más de acuerdo con lo que dice Videl. Ustedes
aquí dentro no son diferentes a nosotros. También pueden pilotar una nave,
también pueden disparar un blaster. Solo tienen que decidirse a hacerlo.
Puedo poner a algunos rebeldes a capacitarlos mientras terminamos los
preparativos finales. Si al final no están listos, pueden esperarnos aquí
durante el rescate.
—Astro,
no sé si sea una buena idea —dijo Adara Milakis—. Es verdad que ellos por ahora
son inmortales, sin embargo, hay ensoñaciones que desaparecen por un tiempo
indefinido. Recuerda lo que le pasó a la familia del Rey Garañón. Nunca sabremos
si Rocco podrá recordarlos de nuevo. En este caso, ellos podrían extraviarse
durante la batalla y no encontrar la salida en la infinidad del vacío.
—Bueno,
si rescatamos a Rocco, bastará con que él los recuerde para encontrarlos. Jamás
olvidaría a sus amigos.
—¿Y si
no lo rescatamos?
Los demás rebeldes pusieron un
rostro desencajado. Estaban motivados por la misión, pero también eran
realistas. Sabían que el plan podría no funcionar. El general hizo una pausa.
Sonrió con la confianza de siempre.
—¿Ya
vieron, Geraldine, Videl? No son los únicos hermanos discutiendo aquí. —Volvió a
ponerse serio. Se frotó las palmas. Dobló ligeramente la rodilla izquierda. Se
remojó los labios—. Acérquense todos, por favor. Necesito que me oigan bien —Un
íntimo círculo de rebeldes, guerreros floridos y humanos se formó alrededor del
general. De ser posible se habría sentido muy cálido. Todos comenzaron a
poner sus brazos sobre los hombros del individuo que tenían al lado. Algunos se
palmeaban la espalda para mostrar camaradería. Nadie habló más dando paso a las
palabras venideras de su líder—. Videl y Geraldine significan mucho para
nosotros. Todavía recuerdo la primera vez que Rocco me habló de ellos. En aquel
entonces era solo un niño. A veces él soñaba que ellos participaban en intensas
batallas galácticas contra imperios liderados por tiranos. Ustedes saben que en
más de una ocasión hemos triunfado a su lado. Es verdad que aquellas eran representaciones
oníricas de los verdaderos hermanos León, pero la forma en que Rocco los
imaginaba concuerda verdaderamente con la personalidad de ambos. Lo pude
comprobar mientras los escuchaba hablar. No sé si sepan lo importantes que
ustedes son para él. Una persona que ha sufrido tanto como nuestro líder
necesita contar con el apoyo de gente que realmente lo estime. Somos muy
dichosos de tenerlos aquí justo en un momento tan crucial como este. A mí, que
conozco a Rocco desde que era pequeño, me parece que las primeras caras que
debe esperar ver cuando sea liberado son las de ustedes, sus amigos, sus
mejores amigos. Esa es la razón por la que yo los llevaría a la batalla. Por
supuesto, pondré todo de mi parte para mantenerlos a salvo en todo momento. Esa
es la promesa de un general. No tendría este rango si no pudiera hacerme cargo
de mi ejército.
Con aquel discurso los
presentes arroparon a Astro de Luca con un alud de aplausos. Era la motivación
extra que necesitaban. Su hermana no tuvo más remedio que confiar en él.
Geraldine veía cómo todos esos seres extraños, con caras azules, peludas,
viscosas; con más de dos ojos, más de una boca o más de dos orejas; seres
sacados de la imaginación de una persona, pero que representaban mucho para su
amigo, la veían con unos ojos llenos de esperanza. La saludaban como si fuera
una celebridad. No pudo negar que se sintió completamente halagada por las
muestras de admiración. Ellos no eran reales bajo su concepto de realidad, pero
estaban ahí. No podía palparlos, ni olerlos, pero estaban ahí. Ella estaba ahí,
en un mundo de fantasía que por el momento era toda su realidad. Una nueva
realidad. Volteaba a ver a Videl divirtiéndose como un niño, conviviendo con
los personajes que lo hicieron feliz en más de una ocasión. Pensó que la idea
de “divertirse como un niño” era absurda. Cualquiera se puede divertir sin
importar su edad. Pensó que el gozo excesivo e indiscreto no debería ser
reprimido nunca. No pudo evitar contagiarse de aquella motivación abrumadora.
Se dejó llevar. Aceptó unirse a la cruzada de rescate. Es verdad que tenía
miedo, pero con algo de astucia, la cual le sobraba, podría ingeniárselas para
aportar algo en la batalla. No obstante, una duda la volvió a inquietar.
—Disculpe,
general. ¡Oiga!
—Dime,
Geraldine.
—¿Contra
quién vamos a pelear exactamente?
—Me
encantó escuchar ese “vamos”. ¡Excelente! Qué bueno que lo preguntas, justo
estábamos por repasar el plan cuando el Capitán Clavel arribó a la base. ¡Rebeldes!
—Su grito silenció el vitoreo—. Es momento de replantear la estrategia al lado
de nuestros nuevos aliados.
—¡Sí, general!
Videl se encontraba parado
sobre un risco en la bahía de la base rebelde. Observaba al horizonte
verdoso-grisáceo-violáceo que tenía enfrente. Miró hacia arriba para ver a una
veloz caza estelar volar por encima de él. Buscaba unos momentos a solas antes
de emprender la misión. Jamás le pasó por la mente algún día encontrarse en una
situación así. Todo pasó tan rápido.
Hace tan solo unas semanas era
un chico común, vertiendo el frío líquido color dorado en un vaso serigrafiado
con la fecha de una boda, un par de nombres completos encerrados en un corazón
y el dibujo de dos novios bailando; escuchando a la Banda Bostik relatando
crónicas de los barrios mexicanos con una furia inspiradora; viendo en su
celular videos de Objetos Voladores No Identificados que supuestamente estaban
clasificados por el Pentágono. Justo en ese momento le llegó una notificación
de Facebook, era una solicitud de amistad. Intentó deslizarla, pero falló
abriéndola por accidente. Detuvo las maldiciones cuando el nombre del contacto
lo sorprendió: Roko Warrior. Después de tres años sin hablarse, su examigo lo
buscaba de nuevo. Pensó que la había mandado por accidente, pero en lugar de
ignorarlo, un impulso lo llevó a abrir su WahtsApp para redactar un mensaje.
Cuando menos se dio cuenta ya lo había enviado. Se sorprendió de haber
reaccionado así. Mil veces antes se dijo que si algún día Rocco lo buscaba lo
mandaría al diablo. Eso no sucedió. Y unas semanas después estaba ahí, dentro
de su mente, siendo una más de sus ensoñaciones, formando parte de un ejército
para rescatarlo.
El general Astro de Luca
llevaba algunos minutos buscándolo, iba acompañado por un droide llamado
Noketzal Ijupi. Lo encontraron mirando reflexivamente hacia el horizonte, con
las manos hacia atrás. Astro pensó que era la primera vez desde que lo conoció
que no lo veía animado. Se acercó lentamente para platicar con él.
—¿Les
quedaron bien los trajes a ti y a tu hermana?
—General.
Señor droide. Nos quedaron muy bien, la verdad. No pensé que hubiera de mi
talla. Sobre todo por los pies. Siempre ando batallando con eso.
—Ja,
ja. Ya veo. Ese traje lo usan por lo regular los wookiees pequeños, por eso son
más amplios de los pies.
—Mark,
que diga, Astro, ya sé que hemos repasado el plan como tres veces, pero hay
algo que no me queda claro: triplicamos al número de enemigos. Tienes un
ejército de más de mil soldados. Tu arsenal es impresionante, ¿realmente es
necesario un despliegue táctico de este tamaño?
—Videl,
no se trata del número de enemigos, sino de lo peligroso que es su líder. Tú ya
presenciaste en carne propia lo que Prr Prr Cat puede hacer. Según lo que me
contaste, eso no se compara con las cosas que yo lo he visto realizar aquí
adentro. Este es su hábitat natural. Él se crio aquí, pertenece a esta
dimensión. Es infinitamente más poderoso que cualquiera de nosotros. Si nos
descubre es casi seguro que perderemos. Es por eso que no escatimamos en
armamento. Puede incluso que ya esté enterado de nuestro ataque. No descartamos
ninguna trampa. Tiene un ejército reducido en apariencia, pero podemos esperar
cualquier cosa de ellos. No olvides que también son ensoñaciones. Creo que
estamos en igualdad de condiciones, pero tenemos una cosa que nos diferencia:
ustedes, nuestro as bajo la manga.
—Yo
creo que nos estás sobrestimando.
—Ya
verás que no cuando llegue el momento. —Le guiñó el ojo.
—Creo
que ya me está entrando la preocupación de mi hermana.
—No te
avergüences por dudar antes de dar un paso definitivo. A todos nos pasa. No
olvides lo que te dije acerca de las ilusiones.
—Pfff…
Es una de las cosas que más me preocupa.
—Si
llegan a caer en una de ellas, solo hagan lo que les dije y estarán bien.
—La
cosa es que no sé si estaremos conscientes de que es una ilusión.
—Ellos
pueden alterar todo lo que ves, pero no lo que recuerdas. No pueden entrar en
tu mente. Esa es la razón por la que tienen a Rocco controlado, porque lo están
manipulando desde dentro. Bueno. Ya casi es hora de partir. ¿Recuerdas el favor
que me pediste? Pues al parecer sí te lo podremos conceder.
—¿De
verdad? —Sus ojos se iluminaron como los de un niño ilusionado.
—No
escatimaremos en brindarles toda la ayuda posible. Te espero en el hangar.
Noketzal: acompáñalo. Tengo que adelantarme.
—Como
ordene, general —respondió el droide.
Videl caminaba hacia el punto de reunión con Noketzal.
A lo lejos veía a múltiples puntitos naranjas rebotando de un lado a otro. Conforme
se acercaban, los rebeldes lo saludaban amablemente. Con algunos chocaba las
manos, con otros incluso hacía saludos personalizados. En las pocas horas que
llevaba ahí socializó mucho mejor que en su propia realidad. A Geraldine
también le fue fácil ganarse a los soldados. La encontró practicando tiros con
un blaster, asistida por la almirante de flota Ahsoka Tano y una humana
llamada Freya Leonore.
—Ya
deja eso, mamacita, no te vayas a lastimar.
—¡Qué
onda, mi sobaco hediondo! ¿Sí te van a cumplir tu caprichito?
—Claro.
Mi querido general el Astrolabio no me iba a decepcionar.
—Señor
Videl —dijo Ahsoka—, ¿cómo se siente con el blaster?
—Mira,
Asuka…
—Ahsoka.
—Ay,
discúlpame. Estos nombres japoneses… Te decía: la verdad a mí se me dan bien
estas cosas. No es por ser machista, ¿verdad?...
—Nooo,
por supuesto que no —dijo Geraldine.
—…Pero
los hombres tenemos más facilidad para dominar el uso de un arma. No me
preguntes por qué, es algo genético. Pero ustedes lo hacen bien.
Ahsoka, Geraldine y Freya lo
miraron con notable repulsión. Se voltearon para seguir con la práctica de
tiro. Videl entendió la situación y junto con Noketzal continuó despreocupado su
camino.
Una tercia de pequeños ewoks
les dieron alcance. Balbuceaban cosas ininteligibles para él, pero gracias a
sus señas pudo entender que Astro de Luca estaba convocando a todos en el
centro del hangar. Videl les avisó a las chicas. Todos corrieron hacia el punto
de encuentro puesto que vieron que el general empezó a decir unas palabras.
—Vengan
todos. Necesito que se reúnan un momento, por favor. —Los hermanos León y
compañía le dieron alcance al resto del grupo—. Ya estamos listos, ¿verdad? —Todos
asintieron con la cabeza. No había nadie que no portara un traje naranja ni un
casco, excepto los miembros de la Guardia Florida, quienes se sentían más
cómodos luchando con pocas prendas. Muy cerca de Astro de Luca se encontraba su
hermana, quien prefería dejarle los discursos inspiradores a él. El liderazgo de
Adara se basaba en otras habilidades—. Escuchen, rebeldes y aliados, si los
tiranos embriagados de poder no existieran, nosotros no tendríamos razón de
ser. Sin embargo, en cualquier universo habrá quien goce de pararse encima de
los demás para lucir prominente. Nadie debería permitir tal afrenta. Es por
ello que la resistencia es necesaria en donde las lágrimas de un sobajado se
derramen. No vamos a permitir que ningunos labios besen la bota del villano. La
dignidad debe preservarse siempre. Que no se nos olvide el motivo de nuestra
lucha: peleamos porque la justicia no florece en nuestros huertos. Luchamos
porque nos han arrebatado sus semillas. Porque las han repartido entre
abominables secuaces. ¡Por eso hay que pelear por ella! Porque es injusto que
una persona sea enclaustrada en sus propios pensamientos. Porque es injusto que
incendien las memorias de aquel que los bendijo con su confianza solo para
lograr sus absurdas metas. ¡Escupo sobre los lunáticos asuntos de Prr Prr Cat!
¡Aquí aborrecemos sus métodos! ¡No le vamos a permitir que lacere la
estabilidad de nuestro supremo líder! Él nos enseñó a luchar bajo estas consignas.
Innumerables batallas en las que volamos detrás de su figura nos lo recuerdan.
Honrémoslo dándolo todo en este enfrentamiento. ¡La guerra en contra de la
tiranía está declarada! Ya no somos la vieja Alianza Rebelde que Rocco concibió
algún día, ahora somos La Nueva Alianza Rebelde y daremos la batalla más
memorable de nuestra existencia.
—¡Sí!
—¡Por
la justicia!
—¡Sí!
—¡Por
la libertad en nuestro mundo!
—¡Sí!
—¡Por
Geraldine y Videl!
—¡Sí!
—¡Por
Rocco!
—¡Sí!
—¡Vamos!
—¡Sí!
—¡Destrocemos
a las fuerzas del traidor!
—¡Sí!
—¿Y
qué están esperando, remedos de holgazanes? ¡Corran a sus naves!
—¡Sí!
Los miembros de la ahora Nueva
Alianza Rebelde se desbordaron en júbilo rumbo a las plataformas de despegue.
Geraldine y Videl, ya bastante adaptados a sus trajes, competían para ver quién
llegaba primero. La chica ganó. Aún tuvo tiempo para esperar el arribo del
perdedor. Ambos celebraron no padecer el cansancio en absoluto. Antes de que
Geraldine partiera hacia su nave, una fragata Nebulón-B, en donde la piloto
Ahsoka Tano la esperaba, volteó con aspavientos a mirar a su hermano. Lo tomó
de los hombros para captar su atención. El chico la miró a los ojos. El
ambiente eufórico así se lo indicó. No se dijeron ni una palabra. Ambos se
dieron un apretón de manos. Al fondo de ellos, un sol inmenso color canela los
envolvía en su silueta. Los ojos vidriosos les temblaban de lo conmovidos que
estaban. No lagrimeaban por una necesidad fisiológica, sino porque tenían el
deseo de demostrar que el corazón les ardía en mil emociones. Soltaron un rocío
de carcajadas cuando notaron que no podían sentir la mano del otro. Se
perdieron en un abrazo que carecía de calidez, pero abundaba en significado. Un
abrazo con aires de eternidad que solo duró veinte segundos. En la colección de
sus memorias, tal muestra de afecto era inédita. Chorrearon lágrimas que no
cosquilleaban en sus mejillas.
—Mucha
suerte, sobaco hediondo.
—Mucha
suerte, cara de pedo.
—Ja,
ja. Ese insulto siempre me ha dado risa. No tiene ningún sentido.
—Por
eso es cagado, como tu cara… De pedo.
—Te
amo, Videl.
—Te
amo, Gera.
—Suerte
con tu regalo. No la cagues esta vez, por favor.
—Salvemos
a Don Berrinchitos y volvamos a casa.
—¡Cámara!
Ambos dividieron su camino.
Geraldine hacia la izquierda, Videl hacia la derecha. Abandonaron la silueta de
la inmensa esfera. Geraldine subió a la nave sonriéndole con complicidad a
Ahsoka. Detrás de ellas marchaba la Guardia Florida para abordar el mismo
vehículo.
Adara Milakis subió a una
Cañonera clase Braha’tok escoltada por un numeroso escuadrón. Noketzal abordó
la famosísima caza estelar T-65 Ala-X en donde su propio droide lo esperaba.
Una nave similar fue a la que Freya Leonore se montó mientras saludaba
amistosamente a su compañero de hojalata. Los únicos que faltaban por abordar eran
Yeti y el líder de la alianza.
Videl caminaba nervioso hacia
donde el general le había indicado. Se frotaba las manos. Un párpado se le
cerraba. Transitaba encorvado. Se preguntaba cómo luciría aquello que
prometieron darle para la batalla. Cuando Astro les dijo que tuvieran la
confianza de pedir lo que fuera, Videl no dudó en ningún momento de solicitar
aquel impresionante transporte. No tuvo miedo de caer en la exageración. Era
una guerra al lado de los personajes que admiraba, en una dimensión donde todo
era posible. ¿Por qué se habría de limitar?
Cuando dejó atrás un enorme
risco que obstruía su vista pudo divisar la promesa del general hecha realidad.
Era colosal, majestuosa, hiperbólicamente cautivadora. Jamás creyó estar frente
a ella en persona. Videl era como una hormiga debajo de una mariposa monarca
con las primorosas alas extendidas. Babeaba por hipnotismo, pero, ante todo, la
veneraba. Sabía de su legado inmortal. Estaba a los pies de una leyenda. El general
bajó de ella y lo encontró con las pestañas entrelazadas en las cejas. Le causó
singular simpatía.
—Puedo
ver que te gusta, Videl.
—Me
hipnotiza, me rindo ante su divinidad. No me queda más que venerarla.
—¡Wow!
Para nosotros es un cacharro. Recuerdo que Rocco también alucinaba con ella. La
pilotó durante algún tiempo hasta que se aburrió. Entonces ya nunca la volvimos
a usar. Siempre tenemos que repararla. Pero ahora, a petición tuya, la volvimos
a alistar. Por ahora está en perfectas condiciones. ¿Estás listo para
pilotarla?
—¿Yo?
¿De verdad? Pero no sé hacerlo.
—No
tengas miedo. Nuestro copiloto estrella te auxiliará.
—¡No
puedo creerlo! ¡Se trata de él!
—Está
allí dentro. Pronto lo conocerás.
—¡Se
lo agradezco infinitamente, mi general!
—Ja,
ja. Gracias, pero aquí no hacemos ese tipo de saludos. Puedes bajar tu mano.
—¡Como
ordene, mi general!
—Debo
ir a mi nave. Ya sabes, cualquier cosa que necesites nos la puedes solicitar a
mí o a mi hermana por el radio.
—Entendido.
—Bueno.
Te dejo a solas con ella. Disfrútala o, mejor dicho: disfrútalo.
—Gracias.
El general dejó a un emocionado Videl que volteó para contemplar de nuevo su regalo. Astro finalmente se dirigió hacia su gigantesco Destructor Estelar clase Nebulosa para abordarlo. Antes de perderlo de vista, dio media vuelta para despedirse del chico. Videl se quedó hablando solo con su euforia.
—Al
fin haré mi sueño realidad gracias a los sueños de Rocco: ¡Voy a pilotar el
Halcón Milenario!
Yeti corrió hacia la nave como
si no hubiera un mañana. Tropezó. Agradeció el no rasparse las rodillas. Se
levantó para ponerse frente a la entrada del carguero. Ascendió por la rampa de
abordaje. Admiraba cada detalle de su interior. Era igual de impresionante que
como lo imaginaba. Corrió por sus pasillos para dirigirse hacia la cabina. Él
sabía exactamente dónde estaba. Cuando llegó, justo como lo había dicho el general,
había alguien sentado en la silla del copiloto, pero aún no se dejaba ver.
Videl creyó estar seguro de quién se trataba.
—¡Ey!
¡Chewie! ¡We’re home!
—¡Misa!
—El copiloto se paró de la silla para mostrarse de cuerpo completo.
—¿Qué?
Tú no eres Chewbacca. Eres… ¿Jar Jar Binks?
—¿A
tusa no gustarle?
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