CAPÍTULO 22: LA NUEVA ALIANZA REBELDE

Con una persistencia atrevida, las balsas en las que viajaban Videl, Geraldine y La Guardia Florida intentaban penetrar la gruesa membrana púrpura que se les apareció enfrente. No era una tarea fácil, pero las fuerzas opositoras se negaban a sucumbir al grito de:

—¡Resistan!

—¡Sí, capitán!

—¡Resistan!

—¡Sí, capitán!

Contagiados por la bravura de los guerreros, los hermanos León se unieron al grito de guerra vociferando ellos también el “¡sí, capitán!” con una gallardía notable.

La frondosidad de aquella cortina gelatinosa comenzaba a menguar. A paso lento, reventaban algunas de sus venas fibrosas. Sus adversarios apretaban los dientes, fruncían el ceño y echaban el cuerpo para adelante. Aunque esto no influía en la penetración, los llenaba de valentía para persistir. Tras su incansable insistencia, la membrana se quedó sin fuerzas para defenderse. Tuvo que bajar los brazos para permitirle a las balsas cruzar por un agujero. Los conquistadores celebraron enloquecidos.

—¡Sí!

—¡Viva!

—¡Lo logramos!

—¡Toma eso, perra!

—¡Ja, ja, ja! ¡Pinche Videl! Disculpe, Capitán Clavel: ¿la base rebelde está muy lejos?

—No. Llegaremos en dos semanas.

—¿Qué? Es demasiado.

—Gera, el tiempo aquí funciona distinto, ¿verdad, Capitán?

—No creo poder responder esa pregunta, noble Videl.

—Tú, cállate, patón. Ni sabes de lo que hablas.

—Acuérdate cómo es cuando sueñas. A veces piensas que ha pasado mucho tiempo y cuando despiertas solo fueron unos minutos.  

—Como sea, vamos a estar aquí en la balsa dos semanas. Qué tedioso.

—Me gustaría aclararles una cosa, nobles visitantes, no sé a cuánto equivalgan dos semanas allá afuera, pero aquí es un tiempo muy corto.

—Capitán Claveles, aquí ya no hay agua, ¿por qué las balsas siguen flotando? —Cuestionó Videl.

—Aquí todos tenemos la capacidad de flotar, incluso ustedes.

—Je, je, je. “Todos flotan”. Si me bajo de la balsa, ¿ya puedo flotar entonces? —Videl puso una pierna fuera de la embarcación.

—Por favor, no lo haga todavía. No está acostumbrado y podría perderse en el vacío.

—Ay, sí, güey, por favor salta. Haznos un paro perdiéndote en el vacío.

—Ni que tuvieras tanta suerte, pinche pesada. Me pregunto qué otras cosas mágicas podremos hacer aquí.

—No te emociones porque lo más seguro es que nosotros no podamos recurrir a esa habilidad ya que no pertenecemos a la mente de Rocco. Recuerda que todos ellos son sueños, pero nosotros no o eso creo. La verdad no estoy tan segura.

—Podrían comprobarlo si gustan. Nosotros hacemos muchas cosas aquí simplemente con pensarlo, aunque a veces no funciona. Es decir, si yo lo deseo me puedo convertir en una flor ahora mismo. ¿Lo ven?

—¡Ay, en la madre! Sí es una flor.

—¡Owww! Es un clavel.  

—Exacto. Sin embargo, hay veces que este tipo de cosas pasan involuntariamente. A veces yo no lo decido y mi cara cambia por completo. A veces tengo el cuerpo de otra persona. A veces tengo habilidades que yo no pedí. Pasa todo el tiempo. Rocco nos dijo muchas veces que vio rostros de gente familiar en nosotros. Segundos después, ya teníamos nuestros propios rostros otra vez.

—Y ahora ya es el Capitán Músculos de nuevo —comentó Videl—. Ya veo. Eso es muy común en los sueños.

—Órales. Qué padre.

—Sin embargo, a veces las personas desaparecen sin razón, como la familia real. Un día simplemente dejaron de estar.

—¡Ay, no! Qué triste.

—Pero eso no puso triste a nuestro Rey en lo absoluto. ¡Atención, nobles Geraldine y Videl! Estamos a punto de arribar a las tierras rebeldes.

—¿Cómo? Pero, ¿ya pasaron las dos semanas?

—No. Solo ha pasado una semana.

—Patón: que no se te olvide. Una semana aquí son cinco minutos.

—¡No mames! ¿Entonces el tiempo aquí pasa más rápido? Cuando salgamos nuestros conocidos serán ancianos.

—Si salimos.

—Escuchen, nobles hermanos, deben saber algunas cosas sobre los rebeldes: son una comunidad hostil. No cualquiera entra en sus territorios. Me adelantaré para pedirles permiso de ingresar, mas no descartemos que rechacen brindarles ayuda.

—Se lo agradecemos enormemente, Capitán Clavel.

—No hay de qué. Mi deber es ayudarlos. ¡Guerrero Amapola!, ¡Guerrero Cempaxúchitl!, cuiden de nuestros amigos mientras estoy ausente.

—¡Sí, Capitán!

—¡Sí, Capitán!

—¿Qué clase de seres crees que sean los rebeldes? —Preguntó Geraldine a su hermano.

—Deben ser feos.

—¿Por qué?

—La gente bonita no tiene razones para rebelarse ante nada. Ellos viven en una comodidad permanente.

—No voy a refutarte eso. Sin embargo, yo no hablaba de estética sino de rasgos.  Este es un mundo totalmente diferente.

—Esta es la mente de un humano que pertenece a nuestra realidad. Lo que sea que veas aquí no puede ser tan diferente a lo que conozcas. Además, Rocco es muy feo, si los rebeldes fueron creados a su imagen y semejanza tengo más argumentos para pensar que son feos.

—Tu lógica suena muy extraña, pero por alguna razón no puedo contradecirte. Este lugar da miedo. Se siente muy vacío. Fuera del Reino de las Cruces, todo es oscuridad, aunque no de una negrura total. Como que se alcanzan a percibir otras tonalidades. Una combinación entre verdes, grises y morados. ¿Sabes cómo siento que se ve?: como cuando cierras los ojos.  

Después de un largo rato de conversación, el ánimo les volvió de golpe cuando se divisó el regreso del Capitán Clavel a marcha flotante.

—Gracias por su valiosa espera. Me disculpo por hacerlos esperar tres meses. Pero me congratulo de darles buenas nuevas: ¡los rebeldes han accedido a recibirlos!

—¡Perfecto!

—¡Qué chido!

—Como les decía, ellos normalmente no aceptan visitas, sin embargo, el joven Rocco también les platicó de ustedes, así que ya los conocen. Se dicen ansiosos por ponerse a su servicio. Déjenme decirles que la Alianza Rebelde, como se le conoce a este pueblo, es una organización al servicio del noble Rocco.

—¿La Alianza Rebelde dijo? —Se murmuró a sí mismo Videl.

—¡Ay, bendito Dios! —Celebró Geraldine.

—¿La Alianza… Rebelde?

—Aproximémonos de inmediato ya que al parecer se están preparando para una importante misión.

—¡Qué emocionante!

—¿La Alianza…?

—Amapola, Cempaxúchitl: remen a toda velocidad.

—¿… Rebelde?

—¡Sí, Capitán!

—¡Sí, Capitán!

—¡No me digas que son…!

Las balsas comenzaron a moverse impulsadas por el remar al aire de los guerreros. Geraldine se percató de que la oscuridad se hacía más tenue cada que se acercaban a un nuevo territorio. Las lámparas de gas con las que antes se alumbraban comenzaban a perder su brillo. Una iluminación parecida a la luz solar los recibía. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca para ver con claridad, Yeti perdió el control al divisar estacionada una de las naves de los rebeldes.

—¡No-ma-mes! ¡Ya sé dónde estamos! ¡Sí son ellos! ¡Pinche Rocco, te mamaste!  

Geraldine no comprendía los sobresaltos de su hermano. El territorio era similar a una isla de costas rocosas, de superficies grisáceas. Más apartados de la costa, se veían algunos seres antropomorfos con trajes naranjas como de astronautas. Algunos tenían rostros humanos, a otros simplemente no se les distinguía de qué especie eran. Se escuchaba un trinar de voces. Todos estaban en movimiento. Como bien lo dijo el Capitán, estaban preparándose para algo importante. La ignorancia de Geraldine hacia aquella estética se vino abajo cuando vio una veloz nave sobrevolar por encima de ella. Solo entonces se encontró con un sentimiento de familiaridad.

—Oye, Videl: ¿estas naves no son las que salen en…?

—¡Star Wars! ¡Sí! ¡Son de Star Wars!

Videl brincoteaba como un mono mientras su hermana ponía los ojos tan blancos que parecía sufrir una posesión demoníaca.

Las balsas por fin tocaron tierra firme. Sin pedir permiso, Yeti salió disparado a encontrarse con los rebeldes. El Capitán corrió inmediatamente tras él intentando advertirle algo. La euforia del muchacho lo volvió sordo. Saltó algunas rocas de aspecto volcánico en su carrera. En el aire había nubes negras. Se veía como si en la zona estuviera a punto de suceder una erupción. El Capitán casi lo alcanzaba, pero en eso tuvo que tomar la decisión de derribarlo. Lo tacleó por el costado cayendo con él al suelo. En el lapso de la caída, Yeti pudo sentir cómo el disparo de un blaster le volvió cenizas unos rebeldes cabellos que le sobresalían de la cabeza. El disparo esquivado siguió su trayectoria hasta perforar una roca. Contrastando con el nerviosismo del Capitán, Videl se encontraba sumamente excitado.

—Capitán, ¿vio eso? ¡Me dispararon con un blaster!

—¿Se encuentra bien, noble Videl? Justo estaba por decirle que me permitiera bajar primero ya que los rebeldes no lo conocen físicamente y podrían recibirlo de esta manera.

El Capitán ayudó a Videl a levantarse. Alzó el brazo para señalarle al francotirador rebelde de raza rakata que era él. Geraldine y el resto de los guardias les dieron alcance. Yeti fue enérgicamente reprendido por su hermana. Mientras eso pasaba, un grupo de rebeldes formó dos filas para hacer un pasillo. Se colocaron en posición de firmes. Parecían esperar la llegada de algún líder. El capitán dictó a sus hombres unirse a las filas. Geraldine notó que la expresión de su hermano cambió de fastidio a admiración cuando vio que el presunto líder se acercaba. Él también se puso en firmes dejándola a ella en una posición incómoda.

—Mi amigo el Capitán Clavel, ¿cuántos siglos sin vernos? —Dijo sonrientemente el tan anticipado individuo.

—Es verdad que han pasado algunos centenares.

Estrecharon la mano ambos hombres de igual tamaño y complexión. Cuando Videl reconoció el rostro del confirmado líder rebelde se le abrió tanto la boca que casi clava su quijada en su pecho.

—¡Güey, es Mark Hamill!

—¿Quién? —Preguntó Geraldine.

—Mark Hamill. El que interpreta a Luke Skywalker en Star Wars.

—¿Son ellos? —Cuestionó el sonriente rebelde.

—Sí. Permíteme presentártelos. De la realidad foránea nos visitan los célebres…

—¡Hola, Mark Hamill! —Lo interrumpió Yeti.

—¿Qué significan esas dos palabras después del saludo, muchacho?

—Ese es tu nombre: Mark Hamill. Bueno, tu nombre en la vida real, porque en la película te llamas Luke Skywalker.

—Me parece que me estás confundiendo. Mi nombre es el audaz general Astro de Luca.

—¿Astro qué? ¡No! Tú eres Luke.

—Creo que de nosotros dos el que mejor conoce mi nombre soy yo. No tengo motivos para mentirte. Me llamo Astro de Luca.

—¿Qué clase de nombre tan horrible es ese? —Los rebeldes rompieron filas para indignarse contra Videl—. Además, no eras el líder de los rebeldes, esa era tu hermana. Tú eras un Jedi. —La risa del general pasó de lúcida a nerviosa.   

—¡Ya, idiota! Lo estás incomodando. —Geraldine le pellizcó una lonja—. Esta es una versión ensoñada. No tiene la obligación de concordar con la realidad.

—Supongo que existirán algunos malos entendidos porque pertenecemos a realidades diferentes —dijo el general para relajar los ánimos—, pero les aseguro que pondremos de nuestra parte para lograr el mejor entendimiento. Nosotros estamos muy felices de recibirlos. Ansiábamos conocerlos.

—Disculpe a mi torpe hermano, general. Está aturdido por la emoción. Es un placer conocerlo. Le agradecemos que haya aceptado este encuentro.

—Bueno, si no tienen inconveniente, ¿les gustaría acompañarnos a nuestro cuartel? Hay muchas personas que los quieren conocer.

—Sería un placer.

—Síganos, por favor.

—No ma’, Rocco lo imaginó todo mal —le decía Yeti a su hermana mientras avanzaban rumbo al cuartel.  

Videl caminaba impresionado mirando toda la flota de los rebeldes. Había cruceros, fragatas, naves de asalto, cargueros, así como cazas estelares. Al menos eso sí era exactamente igual a como lo había visto en las películas. Mientras él continuaba atónito, a Geraldine le intrigaba saber para qué tipo de conflicto se estaban preparando, ya que alistaban un arsenal de dimensiones impresionantes.

Llegaron a un modesto edificio que lucía como un hangar. La fachada era bastante descuidada. No había muchos detalles que resaltar. Adentro, una comitiva de rebeldes esperaba la llegada de su general. En el centro del grupo de personas estaban dos mujeres que resaltaban por su atrayente presencia. Como Videl se encontraba distraído buscando reconocer los rostros de todos ellos, no pudo observar a las figuras femeninas centrales, sin embargo, esta vez Geraldine fue la primera en recordar a una de ellas.

—Mira, patas, ¿ya viste quién es? —Le dio un fuerte codazo en las costillas.

—¡Auch! ¿De quién hablas? ¿Dónde?

—Ahí, en medio de todos.

—¡Ah, no mames!... —Entrecerró los ojos—. No alcanzo a ver.

—Pinche ciego. Es Carrie Fisher.

—¿Neta? ¿La princess? —Los volvió a entrecerrar—. ¡Es verdad! Ay, cabrona, ¿cómo a ella sí la reconoces?

—Ja, ja. Obvio. Además, luce como cuando era joven.

—Voy a pedirle su autógrafo. ¿Tendrán papel y pluma por aquí? No, espera. Mejor no me acerco. No vaya a salir con que se llama Centella Furiosa o algo así. Mejor me espero.   

—¿Conoces a la chica de al lado? Se ve como extraterrosa.  

—Mmm… —Nuevamente entrecerró los ojos—. Creo que la he visto en series, pero no en las películas. Se llama Asuka o algo así. Y sí, no es humana.

—¿Asuka? ¿No la estarás confundiendo?

—Shhh… Cállate, está hablando el general.

El grupo del general se encontró con la comitiva que lo esperaba. La mujer del centro, que fue identificada por los hermanos como Carrie Fisher, actuaba como si también tuviera autoridad sobre el ejército. Saludó con un abrazo y un beso en la mejilla al general. Ambos se miraron con dulzura. Los ojos les brillaban. Videl alcanzó a escuchar que ella llamó al líder “hermano”; encontró plena satisfacción en ello. Platicaron unos segundos hasta que Astro comenzó a hablar en voz alta con sus subalternos.

—Escuchen todos. Para mí es un honor presentar a dos visitantes que aquí conocemos desde hace mucho tiempo. Nuestro supremo líder Rocco nos ha contado innumerables anécdotas de ellos. Aunque las últimas veces que nos visitó habló con cierto resentimiento sobre su relación, sabíamos que era factible que algún día se reconciliaran. Hoy, inesperadamente los tenemos aquí, en un momento de coyuntura, de decisión, nos engalanamos con su presencia. Démosles la bienvenida a dos personas que son totalmente apreciadas en nuestra base: ¡los hermanos Geraldine y Videl León!

Un vitoreo de la pequeña muchedumbre les puso la piel de gallina. El escándalo les zangoloteaba los oídos. El corazón de ambos latía con vehemencia. Ninguno de ellos había saboreado antes las mieles del reconocimiento. Esbozaron una sonrisa nerviosa, con la inocencia de quien se ve abrumado por el halago. Cuando estaban lidiando con el sonrojamiento propio, un droide abrumadoramente simpático gritó algo que los inquietó de pronto.

—¡Ahora tenemos a dos importantes aliados para el rescate!

—¿Qué? ¿Cuál rescate? —Preguntó Videl, pero no fue escuchado debido al escándalo.

—¿Qué dijo?

—Creo que van a rescatar a alguien, Gera.  

—¡Con ellos seremos invencibles! —Exclamó un soldado.

—¡Son justo lo que necesitamos! —Gritó uno más. Los hermanos volteaban de un lado a otro como en un partido de tenis.

—¡Nadie mejor que sus mejores amigos para salvar al supremo líder Rocco! —Aquello los alteró alarmantemente. Videl corrió hacia el general.

—Oiga, Astroboy. —Lo tironeaba irrespetuosamente de su traje naranja— ¡Oiga!

—¿Pasa algo, amigo Videl?

—¿Cómo está eso de que van a salvar a Rocco? ¿Qué le pasa a Rocco?

Los gritos de Yeti fueron lo suficientemente audibles para un sector del grupo, al parecer eso los conmocionó un poco. De manera escalonada fueron bajando los decibeles hasta que terminó por no escucharse nada. El general guardó las sonrisas para montarse en un semblante serio.

—Discúlpennos a todos. Al parecer dimos por hecho que conocían el estado de nuestro supremo líder.  

—No sabemos nada de él —dijo Geraldine aproximándose también—. Estábamos juntos en nuestra realidad, huyendo de… De una amenaza. Cuando finalmente fuimos alcanzados por dicha amenaza nos cegó una potente luz. Comenzamos a perder el conocimiento, así como la percepción de nosotros mismos. Nos desmayamos y despertamos aquí dentro, en el Reino de las Cruces Floridas. Desde entonces no hemos tenido noticias de Rocco.  

El resto del ejército adoptó la postura de su general. Todos cruzaron las manos. Erguidos, bajaron ligeramente la cabeza. La mujer identificada como Carrie Fisher tomó la palabra con un aire de preocupación.

—Los saludo con enorme placer, muchachos. Mi nombre es Adara Milakis, soy almirante de la Alianza Rebelde. Me temo que no tenemos buenas noticias. Nuestro supremo líder… —Hizo una pausa porque los aspavientos le entorpecían la articulación—. ¡Ha sido secuestrado! —Los hermanos León se miraron con preocupación, pero de alguna manera sabían que el secuestro de su amigo era una de las posibilidades sobre su paradero.

—Cuéntennos cómo paso eso, por favor —dijo Videl.   

—Nosotros somos una fuerza militar creada por Rocco. Estamos bajo su mando. Hemos vivido divertidas aventuras a su lado, pero también solemos protegerlo de peligros que están fuera de su alcance. Hace poco, uno de nuestros espías escuchó rumores de que el supremo líder estaba aquí dentro, pero no por su voluntad. Eso jamás había sucedido. Nos dio la supuesta ubicación del lugar donde lo mantienen cautivo. Mandamos a un escuadrón de reconocimiento a investigar. Jamás volvieron. Entonces decidimos encomendarle la investigación a nuestro jefe de inteligencia. Hasta ahora no ha regresado porque nos envía constantemente información cifrada sobre el estado de su investigación. Sabemos quién lo secuestró.  

—El traidor de Prr Prr Cat —dijo una audaz rebelde sin ningún empacho. Se sintió un desprecio general hacia ese nombre.  

—Lamentablemente sí. Prr Prr Cat era el principal protector de Rocco en esta dimensión. La única misión de su existencia era amar a nuestro supremo líder. No sabemos por qué está haciendo esto. Hay ciertas zonas de la mente de Rocco a las que no podemos acceder. Nosotros nos ubicamos en el subconsciente, nos podemos dar alguna idea de lo que pasa en el exterior, pero no sabemos lo que sucede en tiempo real. Sin embargo, el estado en que Prr Prr Cat lo mantiene es deplorable.

—Sabemos que hace poco irrumpió una fuerza desconocida que tiene control sobre el subconsciente. —Intervino Astro de Luca—. Una amenaza invisible. Una amenaza… Fantasma. Eso ha provocado que algunos de nosotros salgan al exterior. Supimos que el primero en hacerlo fue Prr Prr Cat. Después lo hicieron otras criaturas, entre ellas uno de nuestros acérrimos rivales: Darth Maul.  

—¿Neta? —Dijo Yeti distrayéndose un poco de la seriedad de la situación—. Me habría encantado verlo.

—Eso nos preocupó ya que es una presencia sumamente peligrosa, pero con Prr Prr Cat cerca de Rocco confiábamos en que todo estaría bien. Quizá ustedes nos puedan dar los pormenores de por qué la traición del felino bestia. Lo cierto es que debemos salir lo más pronto posible. Prr Prr Cat ha estado volviendo a esta dimensión por su cuenta. No sabemos cómo lo hace. Entra y vuelve a salir. Manipula al líder intentando confundir su mente. Sin embargo, hemos aprendido que hay ciertas horas en las que se ausenta por un largo rato. Sucede periódicamente. Eso lo ha vuelto predecible. No falta mucho para que se vuelva a ausentar. Entonces tendremos que realizar nuestro movimiento.

—General —el Capitán Clavel habló y dio un paso al frente con gallardía—, le hago saber que mis guerreros y yo tenemos la total intención de unirnos en su cruzada. Estamos a su disposición. Quizá no somos muchos, apenas juntamos más de cincuenta elementos, pero tenemos tenacidad de sobra.   

—Te agradezco, viejo amigo. La Guardia Florida nos será de gran ayuda.

—Amm… —Videl estaba indeciso ante lo que iba a decir—. General, creo que nosotros también nos vamos a unir.   

—¡No! ¿Qué te pasa? —Le reprochó Geraldine—. No somos guerreros ni soldados, tampoco pertenecemos a esta dimensión. Simplemente vamos a estorbar.  

—Güey, ahora somos ensoñaciones. Podemos hacer lo que sea.

—No es así. No es tan fácil. Esto no es un videojuego. Aún no nos adaptamos a esta realidad.

—Lo haremos. Aprenderemos. ¿Qué tan difícil puede ser? Gera, esta es una decisión que no deberíamos discutir. Nuestro amigo está en peligro. No me pienso quedar de brazos cruzados.

—Eres su amigo, no su héroe. Dejémosles a los que saben esta misión tan importante. Podríamos estropearlo.

—¡Mñah! No sé si no te diste cuenta, pero desde que escapamos de esa fiesta estamos metidos en esto hasta el final.

—No estoy claudicando. Creo que podríamos ayudar de otra forma.

El general observaba la discusión atentamente. Intuyó que no terminaría pronto así que decidió intervenir.

—Si me perdonan la interrupción, creo que lo que ambos dicen es sensato. Sepan que no están obligados a participar, pero si deciden hacerlo me dará mucho gusto pelear a su lado. No puedo estar más de acuerdo con lo que dice Videl. Ustedes aquí dentro no son diferentes a nosotros. También pueden pilotar una nave, también pueden disparar un blaster. Solo tienen que decidirse a hacerlo. Puedo poner a algunos rebeldes a capacitarlos mientras terminamos los preparativos finales. Si al final no están listos, pueden esperarnos aquí durante el rescate.

—Astro, no sé si sea una buena idea —dijo Adara Milakis—. Es verdad que ellos por ahora son inmortales, sin embargo, hay ensoñaciones que desaparecen por un tiempo indefinido. Recuerda lo que le pasó a la familia del Rey Garañón. Nunca sabremos si Rocco podrá recordarlos de nuevo. En este caso, ellos podrían extraviarse durante la batalla y no encontrar la salida en la infinidad del vacío.

—Bueno, si rescatamos a Rocco, bastará con que él los recuerde para encontrarlos. Jamás olvidaría a sus amigos.

—¿Y si no lo rescatamos?

Los demás rebeldes pusieron un rostro desencajado. Estaban motivados por la misión, pero también eran realistas. Sabían que el plan podría no funcionar. El general hizo una pausa. Sonrió con la confianza de siempre.   

—¿Ya vieron, Geraldine, Videl? No son los únicos hermanos discutiendo aquí. —Volvió a ponerse serio. Se frotó las palmas. Dobló ligeramente la rodilla izquierda. Se remojó los labios—. Acérquense todos, por favor. Necesito que me oigan bien —Un íntimo círculo de rebeldes, guerreros floridos y humanos se formó alrededor del general. De ser posible se habría sentido muy cálido. Todos comenzaron a poner sus brazos sobre los hombros del individuo que tenían al lado. Algunos se palmeaban la espalda para mostrar camaradería. Nadie habló más dando paso a las palabras venideras de su líder—. Videl y Geraldine significan mucho para nosotros. Todavía recuerdo la primera vez que Rocco me habló de ellos. En aquel entonces era solo un niño. A veces él soñaba que ellos participaban en intensas batallas galácticas contra imperios liderados por tiranos. Ustedes saben que en más de una ocasión hemos triunfado a su lado. Es verdad que aquellas eran representaciones oníricas de los verdaderos hermanos León, pero la forma en que Rocco los imaginaba concuerda verdaderamente con la personalidad de ambos. Lo pude comprobar mientras los escuchaba hablar. No sé si sepan lo importantes que ustedes son para él. Una persona que ha sufrido tanto como nuestro líder necesita contar con el apoyo de gente que realmente lo estime. Somos muy dichosos de tenerlos aquí justo en un momento tan crucial como este. A mí, que conozco a Rocco desde que era pequeño, me parece que las primeras caras que debe esperar ver cuando sea liberado son las de ustedes, sus amigos, sus mejores amigos. Esa es la razón por la que yo los llevaría a la batalla. Por supuesto, pondré todo de mi parte para mantenerlos a salvo en todo momento. Esa es la promesa de un general. No tendría este rango si no pudiera hacerme cargo de mi ejército.

Con aquel discurso los presentes arroparon a Astro de Luca con un alud de aplausos. Era la motivación extra que necesitaban. Su hermana no tuvo más remedio que confiar en él. Geraldine veía cómo todos esos seres extraños, con caras azules, peludas, viscosas; con más de dos ojos, más de una boca o más de dos orejas; seres sacados de la imaginación de una persona, pero que representaban mucho para su amigo, la veían con unos ojos llenos de esperanza. La saludaban como si fuera una celebridad. No pudo negar que se sintió completamente halagada por las muestras de admiración. Ellos no eran reales bajo su concepto de realidad, pero estaban ahí. No podía palparlos, ni olerlos, pero estaban ahí. Ella estaba ahí, en un mundo de fantasía que por el momento era toda su realidad. Una nueva realidad. Volteaba a ver a Videl divirtiéndose como un niño, conviviendo con los personajes que lo hicieron feliz en más de una ocasión. Pensó que la idea de “divertirse como un niño” era absurda. Cualquiera se puede divertir sin importar su edad. Pensó que el gozo excesivo e indiscreto no debería ser reprimido nunca. No pudo evitar contagiarse de aquella motivación abrumadora. Se dejó llevar. Aceptó unirse a la cruzada de rescate. Es verdad que tenía miedo, pero con algo de astucia, la cual le sobraba, podría ingeniárselas para aportar algo en la batalla. No obstante, una duda la volvió a inquietar.

—Disculpe, general. ¡Oiga!

—Dime, Geraldine.

—¿Contra quién vamos a pelear exactamente?

—Me encantó escuchar ese “vamos”. ¡Excelente! Qué bueno que lo preguntas, justo estábamos por repasar el plan cuando el Capitán Clavel arribó a la base. ¡Rebeldes! —Su grito silenció el vitoreo—. Es momento de replantear la estrategia al lado de nuestros nuevos aliados.

—¡Sí, general!

Videl se encontraba parado sobre un risco en la bahía de la base rebelde. Observaba al horizonte verdoso-grisáceo-violáceo que tenía enfrente. Miró hacia arriba para ver a una veloz caza estelar volar por encima de él. Buscaba unos momentos a solas antes de emprender la misión. Jamás le pasó por la mente algún día encontrarse en una situación así. Todo pasó tan rápido.

Hace tan solo unas semanas era un chico común, vertiendo el frío líquido color dorado en un vaso serigrafiado con la fecha de una boda, un par de nombres completos encerrados en un corazón y el dibujo de dos novios bailando; escuchando a la Banda Bostik relatando crónicas de los barrios mexicanos con una furia inspiradora; viendo en su celular videos de Objetos Voladores No Identificados que supuestamente estaban clasificados por el Pentágono. Justo en ese momento le llegó una notificación de Facebook, era una solicitud de amistad. Intentó deslizarla, pero falló abriéndola por accidente. Detuvo las maldiciones cuando el nombre del contacto lo sorprendió: Roko Warrior. Después de tres años sin hablarse, su examigo lo buscaba de nuevo. Pensó que la había mandado por accidente, pero en lugar de ignorarlo, un impulso lo llevó a abrir su WahtsApp para redactar un mensaje. Cuando menos se dio cuenta ya lo había enviado. Se sorprendió de haber reaccionado así. Mil veces antes se dijo que si algún día Rocco lo buscaba lo mandaría al diablo. Eso no sucedió. Y unas semanas después estaba ahí, dentro de su mente, siendo una más de sus ensoñaciones, formando parte de un ejército para rescatarlo.

El general Astro de Luca llevaba algunos minutos buscándolo, iba acompañado por un droide llamado Noketzal Ijupi. Lo encontraron mirando reflexivamente hacia el horizonte, con las manos hacia atrás. Astro pensó que era la primera vez desde que lo conoció que no lo veía animado. Se acercó lentamente para platicar con él.   

—¿Les quedaron bien los trajes a ti y a tu hermana?

—General. Señor droide. Nos quedaron muy bien, la verdad. No pensé que hubiera de mi talla. Sobre todo por los pies. Siempre ando batallando con eso.

—Ja, ja. Ya veo. Ese traje lo usan por lo regular los wookiees pequeños, por eso son más amplios de los pies.

—Mark, que diga, Astro, ya sé que hemos repasado el plan como tres veces, pero hay algo que no me queda claro: triplicamos al número de enemigos. Tienes un ejército de más de mil soldados. Tu arsenal es impresionante, ¿realmente es necesario un despliegue táctico de este tamaño?

—Videl, no se trata del número de enemigos, sino de lo peligroso que es su líder. Tú ya presenciaste en carne propia lo que Prr Prr Cat puede hacer. Según lo que me contaste, eso no se compara con las cosas que yo lo he visto realizar aquí adentro. Este es su hábitat natural. Él se crio aquí, pertenece a esta dimensión. Es infinitamente más poderoso que cualquiera de nosotros. Si nos descubre es casi seguro que perderemos. Es por eso que no escatimamos en armamento. Puede incluso que ya esté enterado de nuestro ataque. No descartamos ninguna trampa. Tiene un ejército reducido en apariencia, pero podemos esperar cualquier cosa de ellos. No olvides que también son ensoñaciones. Creo que estamos en igualdad de condiciones, pero tenemos una cosa que nos diferencia: ustedes, nuestro as bajo la manga.

—Yo creo que nos estás sobrestimando.

—Ya verás que no cuando llegue el momento. —Le guiñó el ojo.

—Creo que ya me está entrando la preocupación de mi hermana.

—No te avergüences por dudar antes de dar un paso definitivo. A todos nos pasa. No olvides lo que te dije acerca de las ilusiones.  

—Pfff… Es una de las cosas que más me preocupa.

—Si llegan a caer en una de ellas, solo hagan lo que les dije y estarán bien.

—La cosa es que no sé si estaremos conscientes de que es una ilusión.

—Ellos pueden alterar todo lo que ves, pero no lo que recuerdas. No pueden entrar en tu mente. Esa es la razón por la que tienen a Rocco controlado, porque lo están manipulando desde dentro. Bueno. Ya casi es hora de partir. ¿Recuerdas el favor que me pediste? Pues al parecer sí te lo podremos conceder.

—¿De verdad? —Sus ojos se iluminaron como los de un niño ilusionado.

—No escatimaremos en brindarles toda la ayuda posible. Te espero en el hangar. Noketzal: acompáñalo. Tengo que adelantarme.

—Como ordene, general —respondió el droide.   

Videl caminaba hacia el punto de reunión con Noketzal. A lo lejos veía a múltiples puntitos naranjas rebotando de un lado a otro. Conforme se acercaban, los rebeldes lo saludaban amablemente. Con algunos chocaba las manos, con otros incluso hacía saludos personalizados. En las pocas horas que llevaba ahí socializó mucho mejor que en su propia realidad. A Geraldine también le fue fácil ganarse a los soldados. La encontró practicando tiros con un blaster, asistida por la almirante de flota Ahsoka Tano y una humana llamada Freya Leonore.  

—Ya deja eso, mamacita, no te vayas a lastimar.

—¡Qué onda, mi sobaco hediondo! ¿Sí te van a cumplir tu caprichito?

—Claro. Mi querido general el Astrolabio no me iba a decepcionar.

—Señor Videl —dijo Ahsoka—, ¿cómo se siente con el blaster?

—Mira, Asuka…

—Ahsoka.

—Ay, discúlpame. Estos nombres japoneses… Te decía: la verdad a mí se me dan bien estas cosas. No es por ser machista, ¿verdad?...

—Nooo, por supuesto que no —dijo Geraldine.

—…Pero los hombres tenemos más facilidad para dominar el uso de un arma. No me preguntes por qué, es algo genético. Pero ustedes lo hacen bien.

Ahsoka, Geraldine y Freya lo miraron con notable repulsión. Se voltearon para seguir con la práctica de tiro. Videl entendió la situación y junto con Noketzal continuó despreocupado su camino.

Una tercia de pequeños ewoks les dieron alcance. Balbuceaban cosas ininteligibles para él, pero gracias a sus señas pudo entender que Astro de Luca estaba convocando a todos en el centro del hangar. Videl les avisó a las chicas. Todos corrieron hacia el punto de encuentro puesto que vieron que el general empezó a decir unas palabras.    

—Vengan todos. Necesito que se reúnan un momento, por favor. —Los hermanos León y compañía le dieron alcance al resto del grupo—. Ya estamos listos, ¿verdad? —Todos asintieron con la cabeza. No había nadie que no portara un traje naranja ni un casco, excepto los miembros de la Guardia Florida, quienes se sentían más cómodos luchando con pocas prendas. Muy cerca de Astro de Luca se encontraba su hermana, quien prefería dejarle los discursos inspiradores a él. El liderazgo de Adara se basaba en otras habilidades—. Escuchen, rebeldes y aliados, si los tiranos embriagados de poder no existieran, nosotros no tendríamos razón de ser. Sin embargo, en cualquier universo habrá quien goce de pararse encima de los demás para lucir prominente. Nadie debería permitir tal afrenta. Es por ello que la resistencia es necesaria en donde las lágrimas de un sobajado se derramen. No vamos a permitir que ningunos labios besen la bota del villano. La dignidad debe preservarse siempre. Que no se nos olvide el motivo de nuestra lucha: peleamos porque la justicia no florece en nuestros huertos. Luchamos porque nos han arrebatado sus semillas. Porque las han repartido entre abominables secuaces. ¡Por eso hay que pelear por ella! Porque es injusto que una persona sea enclaustrada en sus propios pensamientos. Porque es injusto que incendien las memorias de aquel que los bendijo con su confianza solo para lograr sus absurdas metas. ¡Escupo sobre los lunáticos asuntos de Prr Prr Cat! ¡Aquí aborrecemos sus métodos! ¡No le vamos a permitir que lacere la estabilidad de nuestro supremo líder! Él nos enseñó a luchar bajo estas consignas. Innumerables batallas en las que volamos detrás de su figura nos lo recuerdan. Honrémoslo dándolo todo en este enfrentamiento. ¡La guerra en contra de la tiranía está declarada! Ya no somos la vieja Alianza Rebelde que Rocco concibió algún día, ahora somos La Nueva Alianza Rebelde y daremos la batalla más memorable de nuestra existencia.

—¡Sí!

—¡Por la justicia!

—¡Sí!

—¡Por la libertad en nuestro mundo!

—¡Sí!

—¡Por Geraldine y Videl!

—¡Sí!

—¡Por Rocco!

—¡Sí!

—¡Vamos!

—¡Sí!

—¡Destrocemos a las fuerzas del traidor!

—¡Sí!

—¿Y qué están esperando, remedos de holgazanes? ¡Corran a sus naves!

—¡Sí!

Los miembros de la ahora Nueva Alianza Rebelde se desbordaron en júbilo rumbo a las plataformas de despegue. Geraldine y Videl, ya bastante adaptados a sus trajes, competían para ver quién llegaba primero. La chica ganó. Aún tuvo tiempo para esperar el arribo del perdedor. Ambos celebraron no padecer el cansancio en absoluto. Antes de que Geraldine partiera hacia su nave, una fragata Nebulón-B, en donde la piloto Ahsoka Tano la esperaba, volteó con aspavientos a mirar a su hermano. Lo tomó de los hombros para captar su atención. El chico la miró a los ojos. El ambiente eufórico así se lo indicó. No se dijeron ni una palabra. Ambos se dieron un apretón de manos. Al fondo de ellos, un sol inmenso color canela los envolvía en su silueta. Los ojos vidriosos les temblaban de lo conmovidos que estaban. No lagrimeaban por una necesidad fisiológica, sino porque tenían el deseo de demostrar que el corazón les ardía en mil emociones. Soltaron un rocío de carcajadas cuando notaron que no podían sentir la mano del otro. Se perdieron en un abrazo que carecía de calidez, pero abundaba en significado. Un abrazo con aires de eternidad que solo duró veinte segundos. En la colección de sus memorias, tal muestra de afecto era inédita. Chorrearon lágrimas que no cosquilleaban en sus mejillas.

—Mucha suerte, sobaco hediondo.

—Mucha suerte, cara de pedo.

—Ja, ja. Ese insulto siempre me ha dado risa. No tiene ningún sentido.

—Por eso es cagado, como tu cara… De pedo.

—Te amo, Videl.

—Te amo, Gera.

—Suerte con tu regalo. No la cagues esta vez, por favor.

—Salvemos a Don Berrinchitos y volvamos a casa.

—¡Cámara!

Ambos dividieron su camino. Geraldine hacia la izquierda, Videl hacia la derecha. Abandonaron la silueta de la inmensa esfera. Geraldine subió a la nave sonriéndole con complicidad a Ahsoka. Detrás de ellas marchaba la Guardia Florida para abordar el mismo vehículo.

Adara Milakis subió a una Cañonera clase Braha’tok escoltada por un numeroso escuadrón. Noketzal abordó la famosísima caza estelar T-65 Ala-X en donde su propio droide lo esperaba. Una nave similar fue a la que Freya Leonore se montó mientras saludaba amistosamente a su compañero de hojalata. Los únicos que faltaban por abordar eran Yeti y el líder de la alianza.

Videl caminaba nervioso hacia donde el general le había indicado. Se frotaba las manos. Un párpado se le cerraba. Transitaba encorvado. Se preguntaba cómo luciría aquello que prometieron darle para la batalla. Cuando Astro les dijo que tuvieran la confianza de pedir lo que fuera, Videl no dudó en ningún momento de solicitar aquel impresionante transporte. No tuvo miedo de caer en la exageración. Era una guerra al lado de los personajes que admiraba, en una dimensión donde todo era posible. ¿Por qué se habría de limitar?

Cuando dejó atrás un enorme risco que obstruía su vista pudo divisar la promesa del general hecha realidad. Era colosal, majestuosa, hiperbólicamente cautivadora. Jamás creyó estar frente a ella en persona. Videl era como una hormiga debajo de una mariposa monarca con las primorosas alas extendidas. Babeaba por hipnotismo, pero, ante todo, la veneraba. Sabía de su legado inmortal. Estaba a los pies de una leyenda. El general bajó de ella y lo encontró con las pestañas entrelazadas en las cejas. Le causó singular simpatía.  

—Puedo ver que te gusta, Videl.

—Me hipnotiza, me rindo ante su divinidad. No me queda más que venerarla.

—¡Wow! Para nosotros es un cacharro. Recuerdo que Rocco también alucinaba con ella. La pilotó durante algún tiempo hasta que se aburrió. Entonces ya nunca la volvimos a usar. Siempre tenemos que repararla. Pero ahora, a petición tuya, la volvimos a alistar. Por ahora está en perfectas condiciones. ¿Estás listo para pilotarla?

—¿Yo? ¿De verdad? Pero no sé hacerlo.

—No tengas miedo. Nuestro copiloto estrella te auxiliará.

—¡No puedo creerlo! ¡Se trata de él!

—Está allí dentro. Pronto lo conocerás.

—¡Se lo agradezco infinitamente, mi general!

—Ja, ja. Gracias, pero aquí no hacemos ese tipo de saludos. Puedes bajar tu mano.

—¡Como ordene, mi general!

—Debo ir a mi nave. Ya sabes, cualquier cosa que necesites nos la puedes solicitar a mí o a mi hermana por el radio.

—Entendido.

—Bueno. Te dejo a solas con ella. Disfrútala o, mejor dicho: disfrútalo.

—Gracias.

El general dejó a un emocionado Videl que volteó para contemplar de nuevo su regalo. Astro finalmente se dirigió hacia su gigantesco Destructor Estelar clase Nebulosa para abordarlo. Antes de perderlo de vista, dio media vuelta para despedirse del chico. Videl se quedó hablando solo con su euforia.

—Al fin haré mi sueño realidad gracias a los sueños de Rocco: ¡Voy a pilotar el Halcón Milenario!

Yeti corrió hacia la nave como si no hubiera un mañana. Tropezó. Agradeció el no rasparse las rodillas. Se levantó para ponerse frente a la entrada del carguero. Ascendió por la rampa de abordaje. Admiraba cada detalle de su interior. Era igual de impresionante que como lo imaginaba. Corrió por sus pasillos para dirigirse hacia la cabina. Él sabía exactamente dónde estaba. Cuando llegó, justo como lo había dicho el general, había alguien sentado en la silla del copiloto, pero aún no se dejaba ver. Videl creyó estar seguro de quién se trataba.

—¡Ey! ¡Chewie! ¡We’re home!

—¡Misa! —El copiloto se paró de la silla para mostrarse de cuerpo completo.

—¿Qué? Tú no eres Chewbacca. Eres… ¿Jar Jar Binks?

—¿A tusa no gustarle?


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