CAPÍTULO 23: MIENTRAS TANTO
I
Como si el mundo no fuera lo
suficientemente conflictivo ya, ahora tenía que lidiar con la intromisión de
fenómenos paranormales.
Siempre hay lugar para la
tragedia. Se acercaba la temporada de huracanes. Recientemente, un terremoto de
7.1 grados Richter había devastado Taiwán. La contingencia ambiental en China
era insoportable. Estados Unidos lidiaba con su eterna maldición: los tiroteos
escolares. Actos terroristas en el Reino Unido. Incendios en el Amazonas.
Narcoguerra en México. Brotes de enfermedades en África. Amenazas nucleares en
Corea del Norte. Feminicidios en todo el mundo. Ocupación en Palestina y un
interminable etc.
El caos habitual de la
humanidad ahora competía con oscurecimientos vespertinos, bestias híbridas
portadoras de rabia, fenómenos de la naturaleza inexplicables, como nubes
viscosas que expulsaban rayos neón o un sol de papel aparecido de la nada. Todo
eso era noticia en México.
Además, en la zona sureste de
la República, se rumoraba que un asesino en serie había surgido. Los relatos
acerca de su modus operandi eran perturbadores. Se hablaba de que tasajeaba a
sus víctimas con un arma incandescente parecida a una espada, pero con hoja de
neón en lugar de acero. Muchos afirmaban haberlo visto, lo describían como si
tuviera la apariencia del mismísimo demonio: tenía la cara roja intervenida con
algunas franjas negras y una fila de cuernos en la frente. Vestía un traje negro
con una capucha incapaz de ocultar su exótica naturaleza. Un grupo de
autodefensa ya se organizaba para ir a cazarlo en la sierra donde se le había
visto por última vez.
Pero lo más misterioso sucedía
en el centro del país. Poco a poco llegaban los rumores de un ser milagroso que
predicaba el amor verdadero. A veces se hablaba de él como si fuera un genio
salido de una lámpara, otras como si fuera el Mesías caminando entre mortales y
también como si fuera un sacerdote predicando dogmas de una fe prometedora: la
Fe del Amor. Pero había un pequeño sector de la población que no estaba
tranquilo con estos rumores. Los líderes de todas las religiones comenzaron a
temer por su integridad. Se llegó a saber que esta misteriosa presencia iba
tras sus cabezas. Había testimonios de templos que fueron tomados por sus
discípulos. En todos, los predicadores de esos lugares fueron juzgados
severamente. Esto aumentaba la popularidad de la nueva figura. La gente le
temía, pero también estaba intrigada por conocerla.
Por supuesto que los cerebros
conspiranoicos del país no creían que estos hechos estuvieran aislados. Los blogs
de internet se llenaron de teorías sobre la relación que pudieran tener los acontecimientos.
De manera formal, los medios de comunicación masiva organizaban paneles y paneles
de hombres que se decían expertos en el tema. Gastaban saliva en
interesantísimas discusiones que nunca llegaban a ninguna conclusión. Solo
había una certeza: en México se comenzaba a percibir un ambiente apocalíptico
que contagiaba al resto de las naciones. Mientras el pánico corría entre la
gente y el Gobierno se daba de topes por no saber cómo calmar el asunto, los
grandes empresarios ya comenzaban a planear una forma de beneficiarse con la coyuntura.
La comunidad internacional,
encabezada por Estados Unidos, aumentaba la presión hacia el gobierno mexicano
para dar soluciones concretas o de lo contrario intervendrían. La población se
cansó de los comunicados que no explicaban nada. A diario se perdían millones
de pesos en investigaciones que no llegaban a ningún sitio.
Mientras tanto, los
desplazados por la narcoguerra, las víctimas de racismo, los defensores del
medio ambiente violentados, las madres de los desaparecidos, las víctimas de
violencia machista, las comunidades sumergidas en la pobreza, los pueblos en
resistencia contra los abusos del Estado; todos ellos tenían que lidiar con su
propia miseria porque el mundo estaba muy ocupado con el caos interdimensional
para hacerles caso.
II
En el puerto, refugiados en
una casa abrazada por palmeras, naranjos y Mangiferas, haciéndole frente a los
casi cuarenta grados centígrados con un valiente ventilador de tres velocidades, el maestro Leandro y
Adán retozaban abrazados sobre una hamaca. Descansaban al fin del acoso
policíaco. Se determinó que no eran ni cómplices ni culpables de secuestrar a
los chicos, sin embargo, por mentir en sus declaraciones y ayudar a los
muchachos a escapar de la policía, fueron sentenciados a pagar una multa que
los padrinos de Leandro ayudaron a liquidar.
El maestro besaba con ternura
la frente de Adán. En su cabeza no se esfumaba el recuerdo de los muchachos.
Estaba preocupado por ellos. Le dolió bastante saber que la policía no pudo
rescatarlos. Realmente no podía hacer nada por ellos. Pensaba en que si Rocco
seguía vivo quizá necesitaría recurrir a los sueños lúcidos para salvarse. La
única experiencia que el chico había tenido con esta práctica no fue del todo
mala, pero no era suficiente. En cuanto a Usurpador, Geraldine y sobre todo
Videl, lo único que deseaba era que la vida le alcanzara para verlos de nuevo.
Cada noche ofrendaba un racimo de lágrimas en su memoria.
III
Por supuesto que Leandro no
era el único que les lloraba. La mamá y la abuelita materna de los hermanos
León, acompañadas de Carmela, viajaron a la Capital para encontrarse con el
padre y el abuelito paterno de los muchachos. Una vez reunidos, se dirigieron a
la casa de la familia de Rocco para brindarse apoyo mutuo.
Todos los días rezaban el
rosario. Muchos vecinos y algunos desconocidos conmovidos por su causa se
hacían presentes para participar en el ritual. Pero no pensaban dejar todo en
manos de los santos, las reuniones también se realizaban con el objetivo de
planear la búsqueda de sus hijos.
Algún día apareció en la
puerta de la familia Guerrero Santos la que se decía era la exesposa del cuarto
desaparecido: Alexis. La joven llamada Paloma Beltrán Vidanta llegó a la casa
con un pequeño niño de 3 años que afirmaba era el hijo de su exmarido y que
llevaba por nombre Julio Cárdenas Beltrán. Ellos vivían en otra ciudad desde la
separación marital, pero al compartir la frustración a causa de la ineptitud de
las autoridades, la chica tomó la decisión de buscar a las otras familias para
que todos se apoyaran entre sí.
Por otro lado, los cuatro
diablillos de la casa estaban devastados por la desaparición de su hermano
mayor. Fueron diagnosticados con depresión clínica y ansiedad. Estaban más
irritados que de costumbre. Su conducta escolar era preocupante. Los maestros
reportaban que agredían a sus compañeros física y verbalmente. Su rendimiento
escolar descendió. Su nutrición tampoco era óptima. La directora de la escuela
aconsejó a los padres sacarlos por un rato. Aunque había compañeritos que se
burlaban por su situación, también muchos otros los apoyaron de múltiples
formas. Los padres de estos niños acudían a su casa para brindarles algún apoyo
económico, también les ofrecían palabras de aliento. Toda la gente que los
apoyaba lo hacía con una sola consigna: que no se rindieran en la búsqueda de
sus hijos.
La pequeña Sofía Leticia que
habitaba en el vientre de Candelaria se comportaba más inquieta que de
costumbre. También a ella le afectaba la situación de su aún desconocido
hermano. Pero el peor de todos era Jesús Ramón. Afortunadamente Isaac pudo
alcanzarlo en el Puerto. Cuando lo recogió en las orillas del malecón, la
noticia sobre los acontecimientos del museo ya era de dominio público. El chico
no pudo reponerse del shock. Pasó días sin comer ni hablar.
Los cinco padres y los dos
abuelos no cesaron la presión hacia las autoridades. Solicitaron una audiencia
con la subinspectora Luisa (quien seguía a cargo del caso), el inspector
general, el comisario general, el procurador de la República e incluso con el
presidente. No tardaron en encabezar un movimiento al que se sumaron cientos de
familias de otros desaparecidos en el país. La conmoción del caso llevó a que
en redes sociales se ejerciera una presión mediática contra las autoridades,
quienes se vieron obligadas a prometer la audiencia, aunque no había una fecha
asegurada, ya que la investigación de la subinspectora, se decía, iba por buen camino.
Mientras tanto, faltaba solo una
semana para la audición en la compañía Jorge Ibargüengoitia, aunque cada vez
parecía importar menos.
IV
El escuadrón secreto
encabezado por la subinspectora Luisa cumplía cabalmente con su plan.
La doctora, Mariano y
Usurpador trabajaban en la parte científica. Samantha reunió de nuevo a su equipo
de especialistas en un laboratorio de la ENAH. Buscaban la forma de localizar el
tótem por medio de un radiotelescopio casero que captaba ondas lejanas.
Por otro lado, la subinspectora,
el oficial Dorantes y los policías primeros Manríquez, Melgarejo, así como la
joven novata Barragán alías “Kiki”, trabajaban en la parte
detectivesca. Se organizaron para vigilar los movimientos de la Fe del Amor. El
posible cómplice del que Mariano les había hablado resultó ser el pastor
Nabucodonosor. Cuando conocieron su historia accedieron a trabajar con él como
infiltrado. Para obtener el perdón de Prr Prr Cat, Nabucodonosor tuvo que
aceptar unirse a la Fe del Amor haciendo tareas menores, pero gracias a eso
tenía acceso a valiosa información sobre los planes de la bestia. La mamá de
Mariano también era una oportuna informante. Ella les daba los pormenores del
sentir general de la comunidad de San Miguel. Rápidamente entendieron la organización
jerárquica de la Fe: Prr Prr Cat estaba a la cabeza con Ceferino como su mano
derecha ostentando el cargo de “vocero”. El Suricato, Martín, Rosario, Aldahir
y Dalia fueron designados como “capellanes” de los cinco templos que la organización
ya había tomado. Supieron también que había una gran movilización en torno a la
Basílica de Guadalupe y la Catedral Metropolitana. Los policías se
sorprendieron con lo bien organizado que estaba el grupo. Lo que sucedería el
15 de septiembre prometía ser un evento catastrófico.
La subinspectora encontró el
equilibrio perfecto entre avanzar en el caso y ocultarles información a sus
superiores. Evidentemente la ubicación de Prr Prr Cat fue una de las cosas que
el Gobierno descubrió primero ya que el gato no se preocupaba por ser discreto.
Lo que no se sabía era que tres de los cuatro desaparecidos se encontraban en
el templo Alianza del Sinaí secuestrados por la Fe.
Por presiones internacionales,
tanto la Policía Federal como el Ejército Mexicano unieron fuerzas para
enfrentar a la bestia. Únicamente estaban esperando a que la Luisa les
autorizara el momento de atacar. Le dieron un plazo de dos días, ya que se
hablaba de que las fuerzas norteamericanas se estaban alistando para intervenir
en el enfrentamiento. El gobierno mexicano quería resolver todo por su cuenta
para hacerse del tótem sin la intervención de ninguna otra nación.
Pero a la subinspectora no le
asustaba el plazo. Ella estaba lista para rescatar a los chicos y al tótem en
un día. Su plan fue lo suficientemente convincente para todos, hasta para la doctora
Samantha, que era la más escéptica del grupo. Se declararon listos para iniciar
el rescate. La alegre novata Kiki estaba ansiosa por comenzar. Indudablemente
era su momento. La misión dependía de ella.
V
Prr Prr Cat apenas si se daba
abasto entre seguir manipulando a Rocco y cumplir los milagros de la gente que
cada domingo lo iba a ver. Mientras tanto, Ceferino coordinaba el ataque a los
santuarios.
En poco tiempo la organización
se nutrió de gente más que valiosa para la misión. Informáticos, ingenieros,
empresarios, exmilitares. Había de todo. Personas que aportaban sus
conocimientos profesionales como agradecimiento a los milagros que el amor del
Salvador les otorgó. A la Fe del Amor no le faltaba nada. Rápidamente
obtuvieron información valiosa sobre las cabezas de los principales cultos del
país. Al cardenal lo tenían vigilado todo el día. Como a Prr Prr Cat le gustaba
prevenirse, algunos de sus seguidores ya comenzaban a trabajar en reunir
información relativa al Vaticano.
Mientras tanto, en la casa de
Ceferino, la dulce Jezabel se preguntaba constantemente a dónde iba su padre
todos los días. Cada vez pasaba menos tiempo con ella. Lola odiaba tener que
mentirle a la pequeña. Se sentía muy mal por ver cómo su esposo se apartaba
poco a poco de la niña justo ahora que había recuperado su salud. Tanto que
lucharon para que volviera a sonreír y sin embargo Ceferino casi nunca la veía
hacerlo. La esposa no se guardaba nada. Le hacía saber tales preocupaciones al
vocero.
Por otro lado, en San Miguel
la gente comenzaba a portarse de forma extraña. Los milagros del Salvador
dotaron a muchos de los vecinos de increíbles habilidades que jamás se pensaron
posibles para los humanos.
Todo se sentía como si una
tremenda bomba estuviera a punto de explotar.
VI
Rocco estaba acostado en el
piso en un lugar completamente en tinieblas. Despertaba sin recordar sus sueños.
Tenía la sensación de haber olvidado cosas importantes. Cada vez que volvía en
sí lo hacía más desmotivado. Perdió el miedo, también las intenciones de
escapar. La mayor parte del tiempo estaba solo, pero a veces escuchaba voces
que a lo lejos conversaban. De repente llegaba a escuchar su nombre en aquellas
charlas. No alcanzaba a distinguir lo que decían. Justo poco después de
empezarlas a escuchar se volvía a dormir hasta despertar sin recordar más que
el evento vivido en el parque de diversiones. Un montón de preguntas rondaban
su cabeza: ¿qué pasó con Gino?, ¿cómo acabó ahí?, ¿quién le estaba haciendo
eso?, ¿por qué había tenido tan mal presentimiento justo antes de entrar al
cementerio embrujado?, ¿cómo es que no podía recordar el nombre de su mejor amigo?, ¿la relación entre sus padres realmente era así de cariñosa? Decidió
que tenía que hurgar profundamente en sus recuerdos.
VII
La flota de la Nueva Alianza Rebelde volaba a toda velocidad hacia donde se encontraba Rocco. Videl estaba sumamente decepcionado de su nuevo compañero. Pensó que jamás debió dar por hecho que la petición del Halcón Milenario incluiría a Chewbacca como copiloto en lugar de uno de los personajes que más detestaba de Star Wars. Hacía un increíble esfuerzo por entender lo que el gungan decía. A pesar de eso, pudo aprender a pilotar la nave. Comenzaba a acoplarse a las facilidades que la imaginación de Rocco le brindaba. Realmente lo único que debía hacer era desear algo para que se cumpliera.
El general se comunicaba con
su ejército en todo momento por un radio integrado en cada nave. Trataba de
verificar que nadie tuviera dificultades. Les informó que llegarían
aproximadamente en dos meses. Los hermanos León, francamente malos con las
matemáticas, sufrían convirtiendo las semanas en lapsos de cinco minutos.
Finalmente pasó el tiempo
estimado. Astro de Luca les pidió a todos activar el modo furtivo. Videl tuvo problemas
para accionarlo. Jar Jar Binks intentó explicarle cómo pero no lograba darse a
entender. Cuando Astro activó el suyo, aceleró para emprender la recta final
hacia el destino. Pudo ver cómo todos lo siguieron a excepción del Halcón
Milenario. Intentó comunicarse con Videl, pero este no respondía. Algo andaba
mal
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